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Vernos sin mentirnos; por Rafael Cadenas

Por Rafael Cadenas | 14 de junio, 2016
Vernos sin mentirnos; por Rafael Cadenas 640

Mask (1929) de Henry Moore.

Las traducciones de D. H. Lawrence que he realizado, fueron publicadas a través de los años, en diferentes medios. Corresponden a una selección de Mira, lo hemos logrado y Pensamientos.

Estos poemas nos invitan a la autenticidad, a vernos sin mentirnos, honestamente, a percatarnos de nuestros automatismos, a romper con el encierro egoico, a sentir el misterio del que formamos parte. Me parecen portadores de salud. Deberían ser tomados en serio.

Prefacio

Estos poemas se llaman Pansies (Pensamientos) porque son Pensées más que cualquier otra cosa. Pascal o La Bruyère escribieron sus Pensées en prosa, pero siempre he creído que un pensamiento real, no una argumentación, sólo puede existir en verso o en alguna forma poética. Hay un elemento didáctico en los pensamientos en prosa que los hace repugnantes y ligeramente intimidatorios. Quien tiene mujer e hijos ha dado rehenes a la fortuna. Este es un pensamiento bien expresado; pero inmediatamente irrita por su segura afirmatividad. Se aplica demasiado directa a la realidad práctica de la vida. Si fuera presentado en poesía resultaría prácticamente menos regañón. No queremos que nos regañen.

Así pues desearía que estos Pansies fuesen recibidos como pensamientos más que como cualquier otra cosa; pensamientos fortuitos que son verdaderos e inoportunos cuando el humor y la circunstancia cambian. Me gustaría que fuesen tan fugaces como las propias flores que llamamos pensamientos (pansies), que se marchitan tan pronto y cuya variedad de aspecto es tan fascinante mientras duran. Y las flores, me parece, no son meramente bonitas-bonitas. Llevan en su fragancia la terrenalidad del humus y de la tierra corruptiva de donde brotan. Y los pensamientos, con sus caras rayadas, nos recuerdan tantas otras cosas que ya no son pensamientos.

En todo caso, ofrezco un manojo de pensamientos, no una corona de inmortelles siemprevivas. No quiero flores eternas, y no quiero ofrecérselas a nadie. Una flor pasa, y eso es tal vez lo mejor de ella. Si podemos asistirla en su frugalidad, su aliento, su aspecto tal vez mefistofélico, tal vez de Ofelia pálida, la impresión que da, el gesto de su cabal florecer y la manera como se despide de nosotros –eso era la flor, la tuvimos, y ninguna inmortelle puede darnos algo que se le compare. Así pasa con los pensamientos poemas (pansy poems); son el aliento de un instante, y un instante eterno contradice el próximo instante eterno. Pero no los claven. Así no los conservarán más.

D. H. Lawrence, Bandoi, marzo 1929

 

EMOCIONES CEREBRALES

Estoy harto de las emociones cerebrales de la gente
nacidas en sus mentes y forzadas por la voluntad
a sus pobres cuerpos en desorden.

Gentes sintiendo cosas que piensan sentir, que tienen la intención
de sentir,
ellas quieren sentir,
precisamente porque no lo sienten.

Pues claro, si uno en realidad siente algo
no necesita afirmar que lo siente.

 

TRAGEDIA

La tragedia me parece un gran ruido
más fuerte de lo que conviene.

La tragedia se me hace como un hombre
enamorado de su propia derrota.
Que es sólo una manera inelegante de enamorarse de sí mismo.

No me importan mucho las aflicciones e infortunios
de Lear y Macbeth y Hamlet y Timón:
les importaban tan excesivamente ellos mismos.

Y cuando pienso en la gran tragedia de nuestra civilización
material mecánica
aplastando la vida humana natural
a veces me siento derrotado; y entonces de nuevo sé
que mi propia pequeña derrota no me hará ningún bien a mí ni a
nadie.

 

NULO

Sé que no soy nada.
La vida ha ido más debajo de mi límite de baja marea.
Me doy cuenta de que no siento nada, ni en la aurora.
La aurora asciende con un resplandor y un azul, y yo digo: ¡Qué bella!
Pero soy un embustero, no siento ninguna belleza; un comentario
mental, un cliché.

Mi conciencia toda es cliché
y yo soy nadie.
Existo como organismo
y nulidad.

Pero no puedo hacer nada al respecto
salvo admitirlo y dejar eso a la luna.

Se dice que hay pausas creadoras,
pausas como la muerte, vacías y muertas como la muerte misma.
Y en estas tremendas pausas tiene lugar el cambio.
Tal vez es así.

La tragedia ha terminado, ha dejado de ser trágica, la
última pausa se cierne sobre nosotros.
¡Pausa, hermanos, pausa!

 

ESTAR VIVO

La única razón para vivir es estar completamente vivo
y usted no puede estarlo si lo aplasta un temor secreto,
y está tiranizado por la amenaza: ¡consiga dinero, o coma
inmundicia!
y forzado a hacer mil cosas más mezquinas que su naturaleza,
y forzado a aferrarse a posesiones con la esperanza de que lo harán
sentirse a salvo,
y forzado a vigilar a quien se le acerque, por temor de ser
embaucado.

Sin un poco de confianza mutua no podemos vivir.
Al final, enloquecemos.
El castigo por el miedo y la mezquindad es ser más mezquinos de
lo que somos.
Ser más mezquinos de lo que somos es el castigo por el miedo y la
mezquindad.

Para estar vivo, usted tiene que sentir un generoso flujo,
y bajo un sistema competitivo eso es imposible, realmente.

El mundo está en espera de un nuevo gran movimiento de
generosidad
o una gran ola de muerte.
Debemos cambiar el sistema, y hacer libre el vivir para todos los
hombres,
o veremos morir a los hombres y moriremos nosotros también.

 

EL ESPÍRITU COMBATIVO

En realidad, somos mejores de lo que sabemos.
Seguimos a rastras una interminable tradición de combate,
triunfo, conquista,
y sentimos que debemos mantenerla, seguir combatiendo,
triunfando, conquistando,
cuando en realidad la idea de esta infinita lucha imbécil
nos mata, nos da una náusea mortal.
Estamos hartos de combate.
Sentimos que si todo el sistema de combativa competitividad no
revienta pronto
reventaremos nosotros.
Queremos un mundo nuevo de salvaje paz, donde el vivir sea libre.

No esta paz de hiena amansada donde ningún hombre se atreve a
decirle a otro que es ladrón
y sin embargo cada hombre es empujado a robar a cada hombre;
esta linda paz en la que cada hombre tiene que luchar, y luchar
sucio,
para lograr un medio de vida en el vil combate
que llamamos libre competencia y empresa individual
y justa oportunidad.

¿Por qué tenemos que luchar por un medio de vida?
Un medio de vida debería ser tan libre para un hombre como para
un pájaro,
aunque la mayoría de los pájaros tienen que pagar, con sus vidas,
donde están los hombres.

¿Por qué debemos animarnos con la mezquina emulación?
Si nos animamos debería ser por algo que queremos hacer
y sentimos que es digno de hacerse.
Los esfuerzos de los hombres, como los esfuerzos de los pájaros de
primavera,
serían encantadores si surgieran del hombre mismo, puro
impulso espontáneo para hacer algo, para producir
aunque sea una olla.

Veo al latonero, sentado día tras día en un banco
reparando y soldando las ollas de toda la aldea
y feliz como un aguzanieves junto a un estanque,
como también a los pescadores sentados remendando sus redes,
felices como también eran los reyes, que ciertamente ya no lo son.
El trabajo es la clave en la vida de un hombre.
Pero debe ser trabajo libre, no sólo hecho por dinero
sino por diversión.

¿Por qué debemos competir unos con otros?
En realidad, cuando el latonero se ve tan feliz en su labor
inmediatamente quiero ponerme a hacer algo alegre también.
Una actividad libre y gozosa alienta otra.
Los hombres no son realmente mezquinos.
Los vuelve mezquinos el miedo y el sistema de rebatiña.
Los jóvenes saben bien estas cosas.
¿Por qué no se preparan para reaccionar frente a ellas?
Entonces serían felices. Pues somos mucho mejores de
lo que nos permite el sistema.

 

UN HOMBRE

Lo que más me importa en un hombre
es aquella inquebrantable chispa interior
donde es él mismo
intrépidamente.

Y todo lo que quiero es ver la chispa centelleando
vívida y limpia.

Pero ¡ay! nuestra civilización
la aplasta sin piedad
y deja la viviente arcilla del hombre.

Porque cuando la chispa es destruida en él
no puede evitar ser un esclavo, un esclavo con salario,
un esclavo del dinero.

 

INMORTALIDAD

Sólo es inmoral
estar muerto-vivo,
con el sol extinto en nosotros
y atareados apagando el sol
en otros hombres.

 

IMAGEN DE HOMBRE

¡Lástima que cuando un hombre se ve en un espejo
no se ladra a sí mismo, como hace un perro
o se eriza de furiosa indignación, como un gato!

¡Lástima que se vea tan maravilloso,
un poquito menos que los ángeles
y tan interesante!

 

COBARDES

En toda la creación, sólo el hombre se acobarda y le teme a la
vida.
Sólo a él lo aterra su propio posible esplendor y deleite.
Sólo él se angustia hasta la agonía ante la necesidad de ser algo
mejor de lo que es,
pobre gusano mental.

Aunque tal vez al mamut le crecieron muchos colmillos dientes
y al gigante alce extinto los cuernos,
por miedo de un desconocido enemigo;
quizá ellos también murieron de miedo,
como le sucederá probablemente al hombre.

 

LA VIEJA, VIEJA HISTORIA DE LA LIBERTAD

Los hombres luchan por la libertad, y la ganan con duros golpes.
Sus hijos, criados en la felicidad, se la dejan arrebatar, pobres
idiotas.
Y sus nietos vuelven a ser esclavos.

 

LOS DESARRAIGADOS

Quienes se quejan de su soledad deben haber perdido algo,
perdido alguna conexión viviente con el cosmos, fuera de ellos,
perdido su fluir vital.
Como planta a la que han cortado las raíces.
Y están llorando como plantas a las que han cortado raíz.
Pero la presencia de otras personas no les dará una nueva conexión
con las raíces.
Sólo les hará olvidar.
Deberían lenta y laboriosamente, en soledad, echar nuevas raíces
en lo desconocido, y arraigarse.

 

GRADOS DE INICIACIÓN

Ningún hombre, a menos que haya muerto, y aprendido a estar solo
entrará en contacto.

 

VIDA PLENA

Un hombre no puede vivir plenamente si no muere y deja de
preocuparse.
Deja de preocuparse.

 

INEXISTENCIA

No existimos si no estamos profunda y sensualmente en contacto
con aquello que puede ser tocado pero no conocido.

 

OMNISCIENTE

Todo lo que sabemos es nada, somos simples papeleras atestadas
a menos que entremos en contacto con lo que se ríe de todo lo que
sabemos.

 

DIOS Y EL ESPÍRITU SANTO

No hay pecado contra Dios, ¿qué le importa a Dios el pecado?
Pero existe el pecado contra el Espíritu Santo, pues el Espíritu
Santo está con nosotros
en la carne, es parte de nuestra conciencia.

El Espíritu Santo es la parte más profunda de nuestra propia
conciencia
donde nos conocemos como lo que somos
y conocemos nuestra dependencia del más allá creador.

De modo que si vamos contra nuestra más profunda conciencia
naturalmente destruimos en nosotros nuestro yo más esencial,
y una vez destruido, no hay remedio, ninguna salvación,
nos anulamos.

 

CURACIÓN

Yo no soy un mecanismo, un conjunto de varias partes
y no es porque el mecanismo funcione mal que estoy enfermo.
Lo estoy por heridas hechas al alma, al profundo yo emocional
y esas heridas requieren mucho mucho tiempo; sólo el tiempo
puede ayudar

y paciencia, y cierto difícil arrepentimiento,
largo y difícil arrepentimiento, darse cuenta del error
de la vida y liberarse uno mismo
de la interminable repetición del error
que la humanidad ha decidido santificar.

 

REVERENCIA ABSOLUTA

No siento reverencia absoluta hacia nadie o hacia nada humano
ni hacia personas, cosas o ideas, ideales, religiones e instituciones,
hacia estas cosas siento sólo respeto, y un tinte de reverencia
cuando veo en ellas un palpitar de vida.

Pero hacia algo jamás visto, desconocido, creador,
de lo que provengo
siento absoluta reverencia. Y callemos.

 

FE

Por siempre sin nombre,
por siempre desconocido,
por siempre inconcebido,
por siempre irrepresentado,
mas por siempre sentido en el alma.

 

REVOLUCIÓN EN CUANTO TAL

Es bastante curioso que las revoluciones sean hechas por autómatas.
Los hombres en verdad vivientes nunca las hacen,
no pueden, la vida significa demasiado para ellos.

 

LA MÁS PROFUNDA SENSUALIDAD

La más profunda de todas las sensualidades
es el sentido de la verdad
y la segunda experiencia sensual más profunda
es el sentido de la justicia.

 

VENENO

Lo que ha matado a la humanidad –porque el grueso de la
humanidad está muerto–
es la mentira;
la mentirosa afectación de parecer sentir lo que no sentimos.

 

MANDAMIENTOS

Cuando Jesús nos mandó a amar a nuestro prójimo
nos forzó a vivir una gran mentira, o a desobedecer,
pues no podemos amar a nadie, prójimo o no, mediante una
orden,
y el amor falso ha podrido nuestra médula.

 

BÚSQUESA DE LA VERDAD

No busques nada, nada
que no sea la verdad.
Quédate muy quieto y trata de llegar a la verdad.

Y la primera pregunta que debes hacerte es:
¿hasta qué punto soy yo un gran mentiroso?

 

MENTIRAS SOBRE EL AMOR

Todos somos mentirosos, porque
la verdad de ayer se vuelve mentira mañana,
mientras que las letras son fijas
y vivimos según la letra de la verdad.

El amor que siento por mi amigo, este año
es diferente del que sentía el año pasado.
Si no fuese así, sería mentira.
Pero repetimos ¡amor! ¡amor!
como si fuera una moneda de valor estable,
en vez de una flor que muere y da nacimiento a un nuevo capullo.

 

EL DESCENSO

Ellos temen descender de nuestro idiota cielo de lata
porque no saben qué encontrarán cuando bajen.

No necesitan preocuparse, los más de ellos nunca bajan en
absoluto,
tienen que mantenerse arriba,
y aquellos que sí descienden han de sufrir un cambio de sentido
hacia algo nuevo y extraño.

Volverse perceptivos como lo son las hojas
y finos como son finas las flores
y fieros como es fiero el fuego
y sutiles, plateados, tintineantes y rumorosos
como el agua de lluvia
y ser no obstante hombres,
pero que han renacido de la rigidez de las ideas fijas,
resurrectos de la muerte del movimiento y la emoción mecánicos.

 

OLVIDAR

Poder olvidar es poder ceder
ante Dios que mora en el olvido profundo.
Sólo en el puro olvido estamos con Dios.
Pues cuando sabemos completamente, hemos dejado de saber.

 

SABER TODO

El hombre no sabe nada
hasta que no sabe cómo no saber.

Y el más grande de los maestros te dirá:
El final de todo conocimiento es el olvido.
Dulce, oscuro olvido, cuando
hasta yo mismo ceso, y soy consumado.

El taller de al lado. Traducciones, bid & co. Editor, 2005. Venezuela. Curaduría: Josefina Núñez

Rafael Cadenas 

Comentarios (1)

henrique Meier
16 de junio, 2016

Aquella casa desde donde se escuchaba el rumor del rio, y la algarabía de pájaros libres en su reino. ¡Ah!, su inmenso jardín, o tal vez un jardín con una hermosa casa colonial, árboles variados, frutales: mangos, limones, naranjas agrias, aguacates, puma rosas, cambures, mamones y una fruta que no he vuelto a comer desde la tierra mítica de mi infancia: el mamey. Y plantas hermosamente cuidadas, como si el propio jardinero del Edén hiciese su labor con esmero. Alguna vez vi una fotografía en la que aparezco de cinco o seis años recostado de un árbol con un fusil de juguete en mi hombro, inocente de lo que ocurriría después: la expulsión de ese tiempo mágico, plano, sin fisuras de la infancia.

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