Blog de Naky Soto

Una pérdida, por Naky Soto

Por Naky Soto | 5 de septiembre, 2013

NS

Nadie habla de ellas. Es un tabú forjado en el dolor de quien las vive, el respeto tácito a esto que ocurriendo y teniendo explicación, jamás será consuelo. Una pérdida: así le llaman.

Cuando el obstetra en el ecosonograma cambió el tono de voz, lo presentí sin entenderlo. Presumo que en una reacción de autodefensa, apagué mi comprensión. Escuchaba pero no entendía. ¿Que el embrión no tiene vida? “No hay fluido sanguíneo, no late el corazón”. ¿Cómo era posible? Pocos días antes lo vi, lo escuché, era una vida, pequeñita, de un centímetro y medio, en su saco, en medio de esas manchas grisáceas que si no te las explican, no entiendes. Pero ya no hay vida.

El porcentaje más alto de pérdidas dentro del primer trimestre suele ocurrir por problemas del propio embrión. Es mejor que ocurra temprano y no más adelantado el embarazo. Mi racionalidad asume estos argumentos, pero mis emociones no. Probablemente el pragmatismo sea el mejor estímulo que puedes brindarle a un ser desconsolado, obligándole a enjugar las lágrimas con criterio, a pensar en los procedimientos que deben celebrarse a continuación.

El poder de la familia

Del embarazo supieron sólo nuestros amores más cercanos. Es costumbre no hablarlo hasta pasado el tercer mes, pues se supone que es el tiempo de superar los mayores riesgos, y en palabras de una abuela: “a partir de ahí es que los muchachitos siguen su curso”. Un poco de cábala, pero mucho más de sabiduría, comprobada dolorosamente en esta circunstancia.

El aval más grande que tenemos en la vida es nuestro capital emocional. Nuestras familias y amigos son una liga de superhéroes. En estos días, decidieron quitarse sus capas de vuelo para tejernos una manta de abrigo, de protección. Mi hermana es más poderosa que Superman y su fe, inconmensurable. Y a pesar de tanto amor, este es un cuadro que le resta verbo a cualquiera, haciéndoles sentir torpes porque nadie sabe qué decir, qué hacer, cómo ayudar. Las reacciones varían de persona a persona, pero yo, contraviniendo el principio fundamental de compañía, sólo quería estar sola.

El valor del silencio

Quería estar sola. Para no explicar mi llanto constante, mis breves ejercicios de negación, mi rabia nacida desde esta extraña derrota e incluso el sentimiento de culpa por producirles tristeza a quienes deseo hacer felices. Una parte de mí generó lo que llamaré «el rechazo a la esperanza», algo sumamente complejo de explicar a quién desea brindarte consuelo y fortaleza.

La esperanza como la risa, no se pueden imponer, no operan desde la racionalidad. La esperanza no crece en un terreno que acaba de ser golpeado, para bien, supongo, pero golpeado igual.

Mi silencio contó con las interrupciones dulces de Pepe, mi perro reconvertido en gato, merodeandome sin cesar, montándose en mi regazo e invitándome a acariciarle como siempre lo hace, hundiendo su trompa bajo mis manos y levantando la cabeza con energía.

Las caricias son un mantra poderoso, ese movimiento continuo que facilita la reflexión desde lo sedoso del contacto, lo real de su presencia. Peleé con Dios. Le dije cosas fuertes, le torcí los ojos y oré con mas costumbre que fe. E igual tuve que hacerme exámenes, responder a las instrucciones de mi obstetra, tuve que combinar con mediana eficiencia, mi tristeza y mi operatividad, dualidad que sólo hizo posible LuisCarlos, que reservando su propio dolor, me recordó en cada mirada por qué somos una familia.

La imposibilidad fáctica del guayabo

Este es un dolor de otra dimensión. Yo viví desamores, como no. Se ha muerto gente amada y me ha dolido, pero esta es otra dimensión. Lo es, porque afortunadamente he tenido una vida signada por el amor, el respeto y muchas certezas en mi cotidianidad. Eso hace a mi espíritu bastante frágil para el dolor, una bendición desde toda perspectiva. Salvo esta.

Cuando salí del consultorio del obstetra, me monté en el ascensor con la necesidad de encontrar un espacio medianamente discreto para llorar, a todo pulmón, como lo necesitaba. En la cabina se montó una muchacha italiana que a todo volumen hablaba de las fallidas predicciones sobre el sexo de su bebé. Hablaba gritando, se reía. Los minutos que duró el descenso me parecieron una eternidad.

Al ir a hacerme las pruebas obligatorias para interrumpir mi embarazo, una señora hermosa amamantaba a su bebé en el laboratorio. Cuando salí, me crucé con varias embarazadas, gente con coches, niñitos lindos corriendo y más embarazadas. Este será mi escenario lo quiera o no, y de mí depende que verles no se convierta en una laceración. En Venezuela es muy difícil vivir el guayabo de una pérdida, porque si alguna variable compite en sus estadísticas con la criminalidad, es la cantidad de nacimientos por día.

Más fácil es conseguir cocaína

Cytotec es la medicina recetada para la apertura del cuello uterino, pero su localización en Caracas y posterior adquisición nos llevó horas de trámites, prueba de vivir bajo un gobierno punitivo e ineficiente.

En los días más tristes de mi vida, tuvimos que ir y venir de farmacias, con informes médicos, pruebas de laboratorio y hasta ecosonogramas impresos que quedarán en el archivo de la farmacia -¿?- como prueba de que no quise abortar “irresponsablemente”.

Todos los papeles tenían, además del membrete de la clínica, dirección y teléfonos de los médicos, sus firmas y sellos con el resto de sus datos legales. Ningún farmacéutico se tomó la molestia de llamar y verificarlos. Tuvimos que enfrentar su suspicacia, sus explicaciones sobre el riesgo de perder sus licencias e incluso las historias sobre lo penoso de vender esa medicina. Y estas pastillas eran apenas el primer trámite para la extracción del embrión.

Legrado uterino

Esta breve cirugía, mejor conocida como curetaje, necesita los mismos protocolos de un parto. Ninguna institución médica cuenta con salas diferentes para unos y otros, así que, debimos vivir todo el proceso entre los llantos dulces de recién nacidos y la euforia de los familiares que celebraban su llegada a la vida. El último tramo de un proceso difícil, con cierto porcentaje de crueldad para mi percepción, pero así tenía que ser.

Hubo un corte de energía eléctrica a nivel nacional, que retrasó todos los procesos, la obscuridad de un sistema colapsado en varios sentidos. Otra prueba para nuestra entereza. LuisCarlos subió y bajó escaleras para mediar entre esas capas burocráticas a las que poco le interesan los motivos de tu ingreso, y que parecieran cruzarse para ralentizar lo que debiera ser más eficiente. Estuvo allí hasta que me llevaron a quirófano, y cuando desperté de la anestesia con sus dedos jugando en mi cabello y sus palabras separándome de la desorientación.

Unas horas después, salimos a casa a bañarnos, a arroparnos, a seguir.

***

He interumpido mi silencio para estas líneas, porque narrarlo es asumirlo, asumirlo es cerrar un ciclo, sin prescindir del dolor, agradecida del cobijo de nuestros amores y del alcance que la ilusión de una vida nueva tiene en cualquier biografía.

Mientras escribo cae una lluvia torrencial, igualita a la que envuelve mis emociones.

Solidaridad del cielo, presumo.

Porque fuerte es como la muerte el amor.

Cantar de los Cantares 8:6

Naky Soto 

Comentarios (29)

Marta
5 de septiembre, 2013

Abrazo Naky. En la distancia para que no interrumpa tu necesidad (comprensible) de estar sola. Abrazo fuerte también para Luis Carlos. Eres una valiente al compartir esto. Sé que suena trillado, pero: todo va a salir bien. Cuídense.

Susana @soysugar
5 de septiembre, 2013

Se que nada conforta en estos instantes, que ninguna luz apaga la oscuridad. Pero aunque sea sólo para decirte que no estas sola, me uno a tu llanto, a tu callado llanto que tanta mujeres hemos llorado. Nadie puede entender el dolor, el profundo significado de esa perdida que perdura para siempre, de ese “pudo ser”, de esa esperanza rota. Y no importa lo que pase, siempre la llevamos como una cicatriz imborrable. Gracias por compartir tu historia Naky.

Florángel
5 de septiembre, 2013

Naky. Hay palabras que son hermosas, con esa hermosura extraña de los textos tristes. Mi respeto y consideración para ti. Sabía que escribías estupendo, pero esto ha superado, desde mi hembra, desde la madre que soy, todo lo sensible que podemos, empáticamente, sentir las mujeres. Un abrazo respetuoso. Florángel

Ricardo La Fontaine
5 de septiembre, 2013

Te deseo que el consuelo llegue pronto, mejor que nadie has descrito estos duros momentos. Espero que juntos puedan remontar esta situación y que Dios, a quien a veces no entendemos, los bendiga. Un gran abrazo

Mayra Villavicencio
5 de septiembre, 2013

Mi respeto y mis lágrimas en solidaridad. Eres muy valiente al compartir esto. Ese AMOR se te manifestará de nuevo: tangible, profundo, eterno.

Enrique Larrañaga
5 de septiembre, 2013

Mil gracias por el relato vívido de una situación que algunos hemos vivido. Y en particular por la consideración del silencioso dolor masculino. Y pá’ lante…

Carlos Mora
5 de septiembre, 2013

Me recordó Providence, de Iria, la escalera de caracol que llegó a un vacío. Las travesuras que no vimos, los pasos inmóviles, las sonrisas disecadas. Igual que Providencia, lo leo tras las brumas de las lágrimas. Un abrazo querida y lejana amiga.

alex
5 de septiembre, 2013

ahogo mis lagrimas por tu relato, leerte fue revivir lo pasado, hice tus palabras mias, fuerza y mas fuerza

Manuel Gómez
5 de septiembre, 2013

Naky, es muy lamentable y ciertamente no superable por nuestra propia naturaleza, pero, recuerda que Dios nos pone a prueba cada día y que los tiempos de dios son perfectos, que hay mal que por bien no venga, mañana cuando el tiempo pase darás gracias a la vida por darte esa experiencia, yo lo viví con mi esposa en dos oportunidades y ahora tenemos dos hermosos hijos (varón y hembra)ambos profesionales y son nuestro orgullo, quizás esto no te ayude en este momento pero es parte de la vida. Estamos contigo

Oswaldo Aiffil
5 de septiembre, 2013

¡Mis respetos y solidaridad, apreciada!

Alfonso Molina
5 de septiembre, 2013

Un abrazo muy fuerte.

spons
5 de septiembre, 2013

“Fuerte es como la muerte el amor”.

Libertad Moncada
5 de septiembre, 2013

Hola Naky, te entiendo completamente. Por unos minutos he revivido el dolor de hace algunos años atrás. Así como tú, también me enfadé con Dios… con el tiempo se fue pasando la tristeza… también comprendí que no hay culpables. Ese mismo Dios, nos dio ahora una nena. Espero que te levantes y sigas soñando. Un abrazo muy grande.

Carolina Acosta-Alzuru
5 de septiembre, 2013

Es inmensa la valentía de tu texto, Naky. Yo pasé por ahí hace muchos años. Has descrito perfectamente el doloroso limbo y las ironías que lo inundan. Años después oí a mi mamá decir que nunca me había visto tan callada por tanto tiempo. Era mi primer bebé. Eso le agrega temor. Pero te aseguro que las olas de dolor, como dice Joan Didion, se irán espaciando. La sonrisa regresará y los hijos llegarán. Mientras tanto, los abrazo, desde este espacio donde todos tenemos los ojos húmedos.

Hernani
6 de septiembre, 2013

Nada puede suplantar los sentimientos individuales. Ya sean estos espontáneos o inducidos. Pero agradecer su valentía al exponerlos de una manera tan humana es necesario hacerlo. Fortaleza y fe porque vivir hará la diferencia.

Maria Pia
6 de septiembre, 2013

He vivido algo igual! Te puedo decir que mucho pedí una nueva oportunidad y Dios me la concedió. Lucha! él no nos abandona. Lo que pasa tiene una razón. Tiempo…

Diego
6 de septiembre, 2013

Lo sinto muchísimo. Un abrazo inmenso.

Marbelin Becerra
6 de septiembre, 2013

Leer todo fue revivir nuevamente lo q hace dos meses me paso y yo aun no entendia el porque??? porq a mi???? ya tengo una niña de 8 años este era el segundo q con tanta ilusion lo esperabamos y tenia dos meses y 15 dias y fue tal cual su corazon no latia no habia flujo sanguineo !!! no fue como los eco anteriores y aun las lagrimas y la tristeza me consume quien me tiene de pie es mi hija , mi esposo, mi familia pero es un dolor inexplicable!!! de verdad todo tal cual, mas bien es mi historia tambien!!! duele amiga pero la vida continua!!!!

Mary Rosa Quinteiro
7 de septiembre, 2013

Mis palabras de apoyo para tí, Naky. Yo también pasé por eso en marzo de este año y es muy doloroso, pero piensa que ahora tendrás un angelito que cuida de tí y que seguramente muy pronto, al intentarlo, lo lograrás con éxito. Acá es España dicen: “mujer legrada, mujer preñada”, por aquello de que el cuello queda limpito, como nuevo… Así que seguramente prontito te veremos con tu pancita. Dios los bendiga y que lo más importante ahora es cuidarse y recuperar la salud. Todo lo mejor.

Graciela Caldevilla
7 de septiembre, 2013

Mucha fortaleza… cariños y bendiciones para ambos

Mercedes
7 de septiembre, 2013

Estimada Naky, Estas hecha de coraje. Grande la suerte que tendrán tus hijos. ¡Animo! MM

Carmen Alicia Castillo
8 de septiembre, 2013

Le pusiste palabras a ese dolor infinito cuya dimensión conocemos quienes lo hemos vivido.Vendrán tiempos mejores… Abrazo grande y solidario para ti y para LuisCarlos.

Mayra Perna
8 de septiembre, 2013

Mientras escribo esto mis lagrimas no dejan de car, mi solidaridad, mi amor, mi amistad, mis bendiciones a ti y a Luis Carlos, Eres un ser especial y valiente, mis respetos.

@manuhel
9 de septiembre, 2013

Naky, un gesto, un guiño, una palmadita, un abrazo, un sentimiento que compartido debe pesar menos, unas ganas de gritar en silencio, justo ahora; una esperanza que siempre está allí, siendo complice de una nueva oportunidad que seguro va a venir.

Ruth m Castro
10 de septiembre, 2013

Bello y profundamente lleno de sentir lo que trasmites en sólo letras. Lamento tu pena pero se con certeza que tienes oportunidades de sobra para traer un nuevo ser al mundo. Paciencia, aceptación, tolerancia y siempre amor y más amor!

Francisco Garcia
29 de octubre, 2013

Abrazo en silencio.

Jessica
6 de noviembre, 2013

Defines muy bien esta bandada de sentimientos encontrados que marcan nuestras vidas PARA SIEMPRE, situación que me ha tocado vivir 2 veces, en tan solo 2 años, pero en cada una de ellas he asumido,me he levantado y he superado gracias a mi familia y esposo, con las esperanzas intactas de algun día poder ser madre. Saludos

YOLIMAR MOLINA
19 de septiembre, 2014

Lograste colocar palabras a ese inmenso dolor con el que me identifico. Hace ya casi 13 años viví junto con mi esposo una “perdida”, el amor profesado por él, nuestras familias, amigos y la fe en la misericordia del señor me confortaron un poco. Seis meses después logre mi segundo embarazo, y dos años después el tercero. Soy una mama añosa, como nos llaman los obstetras en el país, pero hoy inmensamente feliz con mis dos tesoros. Confianza en Dios, recuerda siempre bendecir incluso en este duro momento y pensar : ” Jesús yo confío en ti”.

PATRICIA
19 de febrero, 2015

.. gracias por escribirlo tan fiel a los sentimientos de todas las mujeres que hemos pasado por ello: “ya llegará”, “no era el momento” y todas esas cosas que te dicen y no tienen sentido para uno, no es consuelo, pero no los culpo porque nadie sabe como consolar cuando se pierde un amor que nadie vio, toco o conoció… porque ese amor se siente muy dentro de una madre…

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