Blog de Alonso Moleiro

Una crisis llamada Maduro; por Alonso Moleiro 

Por Alonso Moleiro | 24 de septiembre, 2014

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Si alguna institución cursa en este momento en una enorme crisis en Venezuela, ésa la Presidencia de la República. Luego de años transitando un clima de opinión con una Primera Magistratura disponedora y omnipresente, de la mano de Nicolás Maduro el país se desplaza suspendido en medio de los dominios de la nada.

Los datos que arrojan al respecto los sondeos de opinión son particularmente elocuentes. Maduro, un dirigente político sin arraigo alguno, desprovisto, en última instancia, de atributos para ejercer una función tan delicada, transita un peliagudo terreno enfangado con crisis económica y ausencia total de liderazgo. Su presencia en el poder retrata por sí sola la gravedad del momento venezolano actual. El abismo que se abre sobre los pies de este país.  Hace mucho tiempo que Venezuela no tenía en el Palacio de Miraflores a una figura tan desprovista y accidental.

 La circunstancia, en sí misma muy problemática, no debería sorprender a nadie. La presencia de Maduro es el resultado del desafortunado proceso de enfermedad y muerte de Hugo Chávez. El desaparecido caudillo no tuvo previsto jamás, como no podía tenerlo nadie, que podía morir, y terminó estructurando un movimiento político en el cual nadie podía hacerle sombra.

Antes que un líder, cosa que jamás ha sido, ni será, Nicolás Maduro es un funcionario público. Un señor que dejaron encargado de ejecutar una encomienda sin tener los atributos naturales para eso.  Un dirigente sindical con algunas aptitudes específicas, al cual los hados colocaron en el poder sin que nadie, comenzando por él mismo, tuviera previsto qué hacer ante la eventualidad.

Lo que las encuestas de esta semana están revelando es un dato por demás paradójico: la “era Maduro” es la cabal expresión del chavismo sin liderazgo. Toda una ironía: si algo no se ha dejado de decir  en el tránsito de estos 14 años es que el oficialismo es un movimiento caudillesco; articulado en torno al mito del hombre fuerte, que coloca por delante la pasión y la subjetividad frente a la desabrida racionalidad electoral de sus adversarios.

Por insólito que suene, cuatro de los cinco líderes fundamentales invocados por los estudios demoscópicos de este momento son opositores: Maduro, el quinto en discordia cuando toca evaluar atributos cualitativos, es además el único chavista que aparece en el radar.

 Venezuela cursa en este momento un espantoso y cruel proceso de ruina en medio de la abundancia. Sus efectos están parcialmente disueltos en medio del eclipse informativo que han ido urdiendo con método los funcionarios chavistas que ejercen la cartera de la comunicación.  El naufragio de la economía y los sectores productivos, tantas veces advertido por economistas y académicos, es, sobre todo, una herencia de la terquedad y el dogmatismo de Hugo Chávez, un astuto político que, como otros líderes de su signo, no entendía nada de finanzas.

La papa caliente ha recaído ahora sobre un inocente Maduro, a quien la Presidencia le ha caído en las manos sin haberla pedido, haciendo buena aquella máxima universal que contempla que el trajinar político, llevado a estos extremos, es el escenario natural de lo inesperado.

Y mientras el país se marchita sin que a nadie le importe, de cadena en cadena, vemos cada tanto al pobre Maduro, forzando reflexiones pedagógicas apuradas y ejerciendo un papel orientador que no puede cumplir. Maduro no transmite nada.  Lleva hasta el límite del absurdo los recursos del disimulo: si los problemas nacionales no se resuelven, sino que se agravan, lo que queda es apoyarse en la censura ministerial para comportarse como si no estuviera pasando nada.

No es lo mismo: no lo será jamás. No se trata sólo de la Oposición: parte importante del chavismo tampoco le cree a Maduro. El país le está pidiendo decisiones a una persona  incapaz de tomarlas: preso, en medio de una encomienda sentimental llamada Plan de la Patria, que profundizará la crisis; desconocedor absoluto de cuestiones elementales de estado; sin pensamiento geométrico; dogmático; y, ahora que ha visto lo endeble que es su figura, amenazante y represivo.

Con su torpe retórica, su discutible telegenia, sus equívocos y sus torpezas, Maduro expresa con dramatismo el enorme vacío nacional que se registra con la muerte de Chávez. Su presidencia tiene un amargo sabor a epitafio, a secuela, a consecuencia indeseada. Es la expresión de la decadencia nacional.

Alonso Moleiro 

Comentarios (15)

VMRO
24 de septiembre, 2014

Apreciado Moleiro: Se despacha usted con una flojera, un análisis sobre un lider que no le corresponde, proyectando, seguramente, la sombra de quien realmente le gustaría fuera el Presidente de Venezuela.

Disculpe y prometo que le leo el articulo, a que le invite a reescribirlo, atribuyéndole todas las virtudes que no tiene Maduro y usted las reclama, en alguien de la querida oposición venezolana

Un abrazo Bolivariano!

Freddy Siso
24 de septiembre, 2014

Lo más grave de todo ello, no es que Maduro esté solo y además, que sea un bate quebrado. Es que en todo el PSUV no tiene un solo eslabón de donde agarrarse. El chavismo terminará siendo el fracaso más triste de esta Nación.

Belkys Hernàndez
24 de septiembre, 2014

Ante una descripciòn tan lapidaria! Siento la necesidad de desahogo de esta inmensa desolaciòn, que, como a mi, pienso que està embargando a màs de uno en el paìs. Hoy, haciendo cola en una caja de auto mercado, sentìa que los venezolanos nos hemos convertido en una especie de seres babosos sin capacidad de reacciòn ante la gravedad de lo que nos acontece. Como somos tan impredecibles, espero que en algùn momento reaccionaremos y revertiremos esta barbarie que nos hemos dejado imponer. Ojalà y no sea muy tarde!

Rafael Pérez
25 de septiembre, 2014

El desastre actual es el resultado de las políticas equivocadas del delirante caudillo. Las consecuencias de sus errores anticipadas por todos los economistas del país, crónica de un desastre anunciado, que el difunto caudillo si estuviera vivo hubiera sido incapas de atacar y menos de resolver. El responsable del desastre no vivió para ver los resusltados de sus incesantes delirios. El DC nunca pudo poner un cabinete de ministros que produjera resultados, situación agravada por el hecho de mantenerlos permanentemente como auditorio de sus interminables peroratas.

@manuhel
25 de septiembre, 2014

El sr Moleiro tiende hacia la oposición al Gobierno y yo también. Esto a manera de intro.

El sr Maduro es un incapaz para el cargo de Presidente de la República y eso no lo puede discutir nadie con argumentos. Así que los chavistas fieles a Maduro se valen de artimañas y subterfugios para defenderlo.

Maduro no cuenta con el perfil, ni la preparación, ni el liderazgo ni con un aval que le sirva de respaldo a sus decisiones. No las toma porque sabe que si se equivoca lo llevan a la hoguera sus propios compinches, entonces prefiere estirar la cabulla y ver hasta donde le alcanza.

Para los chavistas, el primer argumento de defensa en contra de la crisis y de lo mediocre que ha sido Maduro como Presidente, es decir que con Capriles estariamos igual o peor. Que con los escualidos nada sería diferente porque fueron los de la cuarta los que comenzaron a crear estas condiciones que han acabado con la institucionalidad y los buenos modales de la República.

Maduro a pesar de tener todos los poderes a sus pies se encuentra atrapado en un túnel sin salida, donde el se consiguió en medio del laberinto y ahora no tiene ni idea de como salir de el.

Amanecerá y veremos. Por lo pronto, los chavistas que pusieron a Maduro allí donde está con su voto no podrán lavar su culpa con pataleos y excusas, porque como dijo Alí Primera: “La inocencia no mata al pueblo, pero tampoco lo salva (de culpa)”

mr.rebel
25 de septiembre, 2014

Por años, los adecos y copeyanos construyeron al venezolonao mediocre de hoy, que sirvió de plataforma para el nacimiento y desarrollo del chavismo. Ahora, es el venezolano quien construye a sus gobernantes, Maduro no es otra cosa que el reflejo de la decadencia venezolana.

Ana María Sánchez
25 de septiembre, 2014

Ciertamente es una realidad axiomática el desastre que vive Venezuela, sin embargo cuando leo análisis de este tipo no puedo dejar de preguntarme ¿Habrá solución? no quiero ser pesimista pero aun con su falta de liderazgo y su marcada tendencia hacia la ignorancia supina para conducir un país TIENE EL PODER mientras tanto tenemos un graduado de Harvard privado de libertad porque el actual presidente tiene el dominio total de los poderes públicos y entonces? Yo me siento desahuciada…por muchos años logré insuflar mi esperanza pero ante ésto YA NO PUEDO 🙁

lars
25 de septiembre, 2014

Chávez no solo no entendía nada de finanzas, sino que tampoco le interesaba. A Chávez nunca le interesó la economía, ni tenía cabeza para eso. Lo más cerca que llegaba era cuando ponía en escena sus inconducentes unidades socialistas de producción a través de Aló Presidente. Para Chávez la economía se limitaba a “pónganme plata allí”, para esto o para aquello. Sus operadores, como Giordani y Ramírez, lo satisfacían irresponsablemente, y ya vemos las consecuencias. La relación que tuvo Chávez con el dinero y los recursos fue tomarlos y gastarlos, nunca en su vida produjo nada, ni se interesó por hacerlo. Un tipo con las limitaciones, el ego y la megalomanía de Chávez, que fue aspirado de golpe a las alturas del poder y que tuvo en sus manos la cantidad de recursos que tuvo, debe haber sentido una embriaguez de ambición para gastar sin miramientos, algo parecido a esas personas que se sacan el premio gordo de la lotería y a los dos años no no solo no les queda ni un céntimo, sino que están endeudados.

ELIAS
25 de septiembre, 2014

Señor Alonso Moleiro He leído con atención, como siempre, sus artículos y por supuesto el del día 24-09 hogaño, publicado en Prodavinci. Es el caso que usted dice “Y mientras el país se marchita sin que a nadie le importe…” quisiera discrepar en eso último por dos razones la semántica en cuanto a que si es así, usted ni siquiera debe traer a colación y escribir algo que no le importe y segundo la lógica: es que somos millones que sí nos importa y mucho, por ser nuestro país y la única patria que tenemos.

Edgar Allan
25 de septiembre, 2014

Esta crisis no se llama Maduro, se llama Chavez. El problema es que ni los gobierneros ni los opositores se atreven a llamarla por su nombre. Unos por que parecen una secta alrededor de la estampita de un difunto, por amor o por ambición, y otros para conseguir simpatías (votos) en la filas de los ex-simpatizantes de la “robolución”.

Esto que estamos viviendo es consecuencia única y exclusivamente del legado del “gigante”. Maduro, en si mismo, es parte del legado del “gigante”.

Clovis mendez
25 de septiembre, 2014

Verdaderamente es un closeup de la desnudez del socialismo del siglo XXI, del momento actual de sus estertores finales. Creo que poco a poco el venezolano se esta despertando de esa etapa vivida por todos, donde un grupo de oportunistas dilapido los.mayores ingresos del país en época republicana, en hacer creer que seriamos potencia mundial en todo. Quedará para los historiadores honestos relatar este parapeto bolivariano de 15 años, por mi parte Lo viví y lucharé porque el futuro de mi país sea todo lo contrario a esta orgia socialista.

Arturo Gartner
26 de septiembre, 2014

La crisis no es Maduro; él heredó la crisis. La cosas hay que decirlas por su nombre: la crisis se llama Chávez. Él y nada más él es el responsable de esta desgracia.

gerardo
27 de septiembre, 2014

Maduro es uno mas de los herederos intrascendentes de caudillos omnipotentes, que la enfermedad o la muerte los aleja del poder. Esto no es tan preocupante como el hecho de que parte de la población venezolana crea que este tipo tiene las condiciones para rescatar al pais del desastre en que el otro lo dejó.

isman
27 de septiembre, 2014

la crisis no se llama maduro ni chavez, ni ad ni copey ni mud, la crisis se llama venezuela, porque somos un pueblo incapaz de crear riqueza trabajando porque estamos a acostumbrados a vivir de las subvenciones que genera el petroleo . Ya lo dijo hace Otero Silva en Oficina num 1 , que tanta riqueza iba a convertir a venezuela en un pueblo inculto y miserable .

Faitha Nahmens
6 de octubre, 2014

Pensar como piensa el comentarista de VMRO, que nadie de la oposición reúne los requisitos para ser y hacer lo que no es ni hace ni hará Maduro, es un pensamiento absolutamente maniqueo, desesperanzado, falto y absolutamente trágico ¿Cómo no?. Creo que cualquiera, en realidad, es mejor que este tipo fatuo, desinformado, mentiroso, que no se ha formado para nada y menos para lo tanto que le habría tocado. Desbaratar ha sido la ley chavista, dizque para conquistar la justicia y acabar con la pobreza -en realidad, con el país todo- y la de Maduro, desbaratar hasta el parapeto con clavitos montado por el iluminado de Sabaneta. Ay.

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