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#Perspectivas // Las versiones de Uribana; por Patricia Clarembaux

Por Patricia Clarembaux | 6 de diciembre, 2014

Las versiones de Uribana; por Patricia Clarembaux 640

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Un director preso, doce custodios detenidos y múltiples versiones aún no explican con certeza por qué 145 presos de la cárcel de Uribana se intoxicaron con medicamentos ni cómo es que unos 35 fallecieron en lo que el gobierno ha mostrado como un suicidio colectivo.

La ministra de Servicios Penitenciarios, Iris Varela, confirmó por escrito el mismo miércoles 26 de noviembre los primeros 13 muertos por “ingesta descontrolada” de fármacos como antibióticos, antiepilépticos, antihipertensivos y alcohol absoluto.

Ya para entonces, a las puertas del penal los familiares se mostraban incrédulos ante la versión oficial: “Son malandros, pero no pendejos para envenenarse ellos mismos”, dijo al teléfono la hermana de un recluso que prefirió el anonimato.

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Tras la salida en libertad de dos presos, las familias agolpadas a las puertas de esta cárcel del occidente venezolano supieron que dentro de Uribana ocurría una intoxicación masiva, presuntamente producto de la ingesta de un agua que había sido entregada a la población de mano de las propias autoridades. Un dato que luego reafirmó uno de los sobrevivientes a la prensa.

El director del Observatorio Venezolano de Prisiones, Humberto Prado, confirmó entonces la versión que dijo haber escuchado de varios familiares. Desde ese momento en adelante, la cifra de muertos subió y bajó al ritmo de la prensa, pero no del gobierno: 15… 18… 25… 13… 35…

El mismo jueves, el Ministerio Público aseguró que presentaría a la justicia al director del penal, Julio César Pérez, “por su presunta responsabilidad” en lo ocurrido en Uribana, aunque no precisó por cuáles delitos.

A los familiares la decisión les pareció ajustada a derecho. Estaba incluso entre las solicitudes hechas por la población penal desde el lunes, cuando habían iniciado la huelga de hambre por las múltiples violaciones de Derechos Humanos que denunciaban de Pérez contra ellos y sus familiares.

Hablaban de golpizas injustificadas, de la mala alimentación en el penal, de comidas descompuestas, del hacinamiento en el que viven 3.700 reclusos en un espacio para 850, causante además de brotes de sarna, de tuberculosis, de cualquier virus.

Hablaban de eso y más.

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El Ministerio Público aseguró que investigaría “la muerte de varios internos” con un “equipo multidisciplinario” de especialistas en protección de derechos fundamentales y en delitos comunes.

Una nueva versión, la última conocida, la emitió Iris Varela en un programa de radio el martes, cuando declaró que habría sido “detectada una mafia” de 12 custodios penitenciarios de Uribana que confesaron el tráfico de “armas, teléfonos y drogas con los privados de libertad”. Eso dijo la ministra.

El mismo día, William Ojeda, Presidente de la Comisión Parlamentaria que se fue a Uribana a investigar los hechos (y no el equipo multidisciplinario del Ministerio Público), presentó como conclusión que los reclusos ingirieron los fármacos “debido al síndrome de abstinencia derivado de sus problemas de adicción”.

Así se cerró el ciclo de versiones. Cuenta final: 35 muertos y no se sabe qué pasó en Uribana.

Fueron demasiadas las voces.

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Uribana, erigida para ser una cárcel modelo, no ha sido la fuente de buenas noticias que se esperaba tras su apertura en 1999, durante el primer año del gobierno chavista.

Entre 2011 y 2012, las autoridades encontraron unos 17 túneles cavados por escapistas. Y apenas comenzando 2013, unos 61 reclusos murieron tras una reyerta por el control del penal.

Esta prisión, construida bajo el calor del estado Lara, sigue siendo recordada por episodios como aquella dantesca escena en la que, tras un motín donde murieron 16 presos, algunos fueron decapitados y sus cabezas hicieron las veces de balones de fútbol.

Hoy Uribana es una muestra de lo que todavía ocurre silenciosamente en muchas de las prisiones venezolanas, donde las ONG han contabilizado 6.313 muertos en 15 años y un nivel de hacinamiento de hasta 190%.

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Aunque el gobierno limita sus visitas a dos por mes (una conyugal y una familiar) y los obliga a vestir un uniforme amarillo como símbolo  del nuevo régimen de extrema disciplina, aunque se presume que de armas no hay ni una hojilla de afeitar, son los “pranes” quienes definen sus propias leyes y cometen toda clase de delitos. La reinserción social sigue siendo una tarea inalcanzable para la ministra y su equipo.

Patricia Clarembaux Periodista venezolana. Autora del libro A ese infierno no vuelvo, editado por Ediciones Punto Cero.

Comentarios (5)

Esteban Agudo
6 de diciembre, 2014

Patricia, te recuerdo que los muertos del año 2013, no fueron producto de una reyerta, sino un asesinato colectivo por la guardia nacional ( nunca investigado con seriedad).

Edgard J. González.-
6 de diciembre, 2014

Sorprende que este escrito con fecha de hoy sábado 6 de diciembre refiera sólo 35 muertos, cuando ayer ya se contaban 43 y esa cifra podría crecer, en base a los otros 78 intoxicados que hubo (y otras fuentes aseguran que las 2 cifras son adulteradas por el oficialismo, pues pudieran haber sido aún mayores que las reconocidas. Es praxis habitual eso de reducir u ocultar los datos inconvenientes).

isman
7 de diciembre, 2014

el sistema penitenciario venezolano es de los mas brutales de america …desde la epoca de Gomez, las carceles siguieron siendo mataderos , donde los presos morian de hambere , enfermedad y cargados de grilletes . Las prisiones en Venezuela estan todas a reventar , con medios primitivos para la reeducacion de los delincuentes . Las carceles son centros de educacion criminal que manejan los pranes y los funcionarios corruptos que se benefician del negocio de trafico de drogas y armas , que rentan mucho dinero ,ya que los capos de bandas siguen operando desde prision para dirigir a sus malandros que operan fuera , en casas , comercios, calles , con toda la impunidad del mundo . En la dictadura de Perez Jimenez , existia la carcel de La Planta , que tan solo nombrarla ya daba escalofrios . El que entraba raramente vovlia a salir vivo , pero antes de morir sufria las mayores vejaciones imaginables . La delincuencia no se conbate solo con mas policias , mas carceles , y mas leyes represivas , hay que convertir la calle en escuela de respeto y ciudadania , y para ello hay que educar a toda la infancia y juventud y drle a sus padres medios de vida dignos y a elos cuando sean mayores trabajo . En los paises civilizados en esta materia , hay una normaq escrita : CONDENA EL DELITO PERO COMPADECE AL DELINCUENTE . Y asi tiene que ser . La reforma del codigo penal debe llevar explicito que los penales deben de ser para que el preso se rehabilitre y no para que se haga aun mas delincuente . Todo el sistema carcelario venezolano esta en entredicho , y la señora Iris , deberia de haber renunciado hace tiempo , porque lleva muchos muertos en los penales , y el estado es responsable de sus vidas .

Julian Vasquez
10 de diciembre, 2014

El punto ciego, también conocido como papila óptica, mancha ciega o disco óptico, es una zona de la retina que carece de células sensibles a la luz, perdiendo así toda la sensibilidad óptica. En esa zona no se ve absolutamente nada. Así como existe un punto ciego en el ojo, también muchos tenemos puntos ciegos en la conciencia. Arremetemos contra las políticas de represión, torturas y fusilamientos de dictadores como fueron Franco y Pinochet en su momento y no vemos los de otros dictadores que utilizando las banderas de la izquierda y del socialismo han creado regímenes verticales, represivos y donde existe la pena de muerte solo por disentir. Otro ejemplo del “punto ciego”: nosotros, los venezolanos sensibles y compasivos ante el abuso del poder, nos horrorizamos, con razón, ante la masacre de Igualá. Nos enardecemos y estamos al lado de las protestas y manifestaciones de repudio de nuestros hermanos mexicanos. ¡Es algo intolerable! Y lo menos que podemos hacer es indignarnos. Pero el caso es que algunos de los defensores del gobierno, no logra ver el horror de las torturas y el enigma de los 47 muertos de Uribana. Eran malandros, pero también eran seres humanos. Sin embargo, no hay indignación, ni defensa de sus derechos humanos. Ante la inexistencia de una explicación científica-médica, de un informe elaborado por especialistas que le diga a la opinión pública lo realmente ocurrido, solo nos quedan los testimonios de los familiares y presos publicados por la prensa:

“Nosotros estamos de acuerdo con el régimen, porque necesitamos hombres nuevos, pero no sé en qué los están transformando. En la casa nos enseñan que el mal trato genera violencia y aquí lo hacen por placer. ¿Qué están creando, un monstruo?” Estas son las palabras de Yulibeth Torres, madre de uno de los internos de Uribana, quien más adelante declara: “Jamás pensé que en Venezuela, en época de democracia, se vieran actos de torturas y maltratos a los cuales han sido sometidos estos privados de libertad”, analizaba Torres (El Impulso el 10 de diciembre 2014)

Según relataron los mismos privados de libertad, el miércoles 19 de noviembre llegó, Julio Cesar Pérez, el nuevo director que venía con un prontuario de represión y torturas a Uribana. De de inmediato se paseó por todos los módulos expresando que era el “diablo” y los venía a poner en cintura. Comenzó a darles órdenes a los custodios de Uribana, pero ninguno se prestó y por ello buscó a su grupo, funcionarios del Grupo de Respuesta Inmediata (GRI) de Fénix y con un grupo de al menos veinte personas, sometían a los internos. A inmensas torturas fueron sometidos los internos, quienes indican que los maltratos, por lo general, se le aplicaba a quienes se portaban mal, pero este director lo hacía por placer y con todos. “Cuando pedíamos respeto, sacaban una especie de bate, que decía Derechos Humanos y con eso nos daba. Nos clavaban piedras en la cabeza, nos ponían desnudos sentados en el asfalto a llevar sol, nos pegaban en los dedos con una tabla, nos ponían firmes con una bomba lacrimógena en la mano, o nos echaban un polvo que pica en la cara y no nos podíamos mover”, fueron algunas de las torturas a las cuales eran sometidos los reos. Fueron cinco días que los privados de libertad estuvieron sumidos en la total violación de sus derechos humanos, a pesar de las denuncias ante el Ministerio Público. También se solicitaba la presencia de Iris Varela, ministra de Servicio Penitencio, pero nadie daba respuesta, por ello estalló la furia de los presos. A través de algunos contactos entre ellos mismos, el lunes 24 de noviembre, en la mañana se declararon en huelga de hambre, para posteriormente salir de sus módulos y tomar el control del penal. (Ídem)

Hasta la fecha, solo sabemos que el Director del Penal está detenido y algunos custodios son investigados. ¿Cómo es eso?, siempre hemos considerado que la responsabilidad no se delega, así que la responsabilidad está mucho más arriba de la cabeza del señor Julio César Pérez. ¿Quién lo nombró? ¡Quién lo supervisaba?, ¿Ante quién él respondía? … Preguntas sin respuesta…

¿Somos o no somos solidarios con nuestros semejantes? Entonces por qué no nos movilizamos, como tan extraordinariamente lo han hecho los mexicanos. Para que sin miedo, sin esa sumisión con el poder que lo que da es vergüenza, con verdadero coraje nos indignemos y comencemos a pedir, a quienes deben ser nuestros servidores, una explicación. Porque finalmente debemos abrir “el punto ciego” y… ¡qué entre la luz!

isman
11 de diciembre, 2014

me gsta la opinion de julian vazquez , razonada y bien explicadita .

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