Blog de Naky Soto

Pasaporte a Nicolás, por Naky Soto

Por Naky Soto | 10 de enero, 2014

Pasaporte a Nicolas

Después de tres meses de espera, el 30 de diciembre llegó el mensaje del Saime con la fecha y hora asignadas para renovar mi pasaporte. Desoyendo la recomendación de mi esposo, llegué con apenas media hora de antelación a mi cita, consiguiendo un gentío por delante. ¿Qué es una cola más para una venezolana? Me acerqué hasta la puerta para comprobar si debía hacerla, a pesar de tener una hora establecida para la gestión. Un panal de gente interrumpía la visión del único guardia, enjuto y achacoso, que respondía las mismas preguntas con paciencia y algo de autoridad. En efecto, esa cola desestructurada era obligatoria para ingresar a la oficina donde me darían el número para entonces realizar el trámite.

Poderes de los gemelos fantásticos. ¡Actívense! ¡En forma de lugares comunes! De pequeña, cada vez que escuchaba a los mayores hablar, tenía la sensación que decían las mismas cosas, que lo único que alteraban era la repartición del guión. Un día era mi tío Othar el indignado por la corrupción y mi papá el esperanzado; otro era mi abuelo el que no soportaba más la guanábana partidista y mi mamá la encargada de calmarle por algunos cambios positivos que describía sin mucho entusiasmo. Esto no hay quien lo aguante. Ya llegamos al llegadero. Esto se lo llevó quien lo trajo. Aprendí esas frases y las repetía en mis conversaciones con amigos imaginarios, cuando jugaba a ser grande, ataviada con zapatos de tacón y fingía que fumaba, tomándome un jugo en los vasos de cristal que se usaban para el whisky.

La conversación de mis compañeros de cola era como un programa de variedades con un productor borracho, sorteando las críticas por inseguridad con las de la barba del Gobernador del estado Miranda; un insulto para el Presidente y otro para los que lo legitimaron asistiendo a la reunión en Miraflores; el horror por el asesinato de Mónica Spear y la rabia porque los otros 24.000 asesinados no contaron con “la suerte de que le resolvieran el crimen rapidito y le trajeran a la familia en un vuelo pa’ ellos solos” (sic). La desilusión por la Mesa de la Unidad y el desastre de este gobierno que lo ha empeorado todo. La resignación ante la cola para el pasaporte y la decisión de hacer otra en el mercado más cercano, porque había llegado azúcar y aceite de maíz.

Por primera vez en mucho tiempo, me dediqué a escuchar sin interactuar con ninguno de los opinólogos. Desestimé la mayoría de sus comentarios. Escucharlos era oír al Presidente. Eran un resumen de él. Una redistribución falaz de sus declaraciones, vacuas, repletas de obviedades, con la única garantía de que al ser escuchadas, otro las respaldaría sólo por haberlas oído previamente, por conocer lo que estaba diciendo, porque él también lo ha repetido, como se repite el coro de una canción de Arjona, para vergüenza -y negación- de sus más intensos detractores.

Tu pum pum mami mami. No me va a matar. El aprecio de este gobierno por el control ha logrado ser trasladado a las puertas de cualquier local venezolano. Muchos círculos con la franja transversal, en rojo, anuncian la prohibición de fumar, portar armas, discriminar por raza, y en este caso, la impudicia de mostrar piel, prohibiendo los chores, las franelillas y los escotes, aunque el cartel no especificara -a diferencia de los otros- cuál ley establece el mandato. Lo curioso es que todas las funcionarias portaban, además de sus chemises con el logo de la institución, sus siglas en la espalda y la firma del finado en una manga, ¡leggins! Esas medias panty un poco más gruesas, que no moldean sino que marcan sinuosamente lo que tienes -regularmente de más- desde la cintura hasta los tobillos. Pero al parecer, eso no despierta la concupiscencia de nadie.

Cuando era la cuarta de la cola, aparecieron tres mujeres declarando que ellas iban antes que yo. Jamás estuvieron paradas delante de mí en las 2 horas de espera. Estaban sentadas en las jardineras, conversando bajo la sombra de un apamate. Esto sí me hizo hablar, pero igual ingresaron antes, por la confirmación de sus antecesores de que ellas habían estado allí con sus respectivos: ¡cada quién hace la cola como le da la gana!, ¡qué amargada, señora!, ¡ay sí, gran vaina tres puestos!, etc. Otra clave para la aceptación de un hombre cuyo único valor político fue contar con la unción del líder. Que arribara al poder no dependía de sus logros, sino de la capacidad de muchos para ser alcahuetas de una decisión que igual consideraron absurda.

Con el papelito en la mano, me senté a esperar lejos de las tramposas y sus encubridores. El sistema avanzaba por la intervención exclusiva de una muchacha que entremezclaba la atención al ciudadano y a su teléfono. Decía un número en voz alta, invitaba al poseedor a sentarse, le hacía 4 preguntas, ordenaba que volviera a su silla a esperar que le llamaran nuevamente y agarrando su celular, tecleaba. Y sonreía. Habilidad que no le vi interpretar frente a ningún ciudadano. Cuando faltaba un número para atenderme, todos se levantaron de sus puestos de trabajo. Circulaban con sus loncheras, sin hacer contacto visual con los que esperábamos. Se preguntaban qué habían llevado para comer, si lo había hecho la noche anterior, discutían el orden para el uso del microondas. Nadie tuvo la cortesía de decirnos: “Estamos en hora de almuerzo, retomáremos funciones a tal hora”. Nadie. Aunque en la puerta indicara que la atención es de 8:00 a 4:30, en horario corrido.

Porque es muy duro pasar. El Niágara en bicicleta. En la pantalla plana ubicada en una esquina de la sala apareció mi número seguido del puesto Nº 2. Allí reposaba un hombre joven, bronceado, que jugaba a sacarse los restos de comida con la uña de su meñique. Sentándome me pidió el código de la cita, el comprobante de cancelación de las 3 unidades tributarias y la fotocopia de mi cédula. Ratificó mis datos y comenzó su monólogo.

Vive en el Tuy y llegar a Caracas le resulta complicado. Le enfurece que sus compañeros sean tan chismosos, si él llega tarde es problema suyo y del jefe. Ha pedido muchas veces que lo trasladen de oficina pero no han atendido su solicitud. En su criterio, hace bien su trabajo y si a alguien no le gusta, igual se la tiene que calar, porque la gente tiene que entender que ellos tienen días malos como todo el mundo, que a él no le pagan para ser simpático ni buena gente. Él no pide pa’l café, él trabaja y se gana su sueldo, que tampoco es muy bueno. A carcajadas contó que en las camionetas que usa para llegar al tren, lo han asaltado 5 veces, y regularmente se ha salvado porque no lleva mucha plata encima.

Todo esto antes de preguntarme si nací en la parroquia La Candelaria. El pollo que me comí estaba frío.  4 dedos de la mano derecha sobre la pantalla del escáner. ¿Fuiste a comprar aceite pa’l mercado? Pulgar derecho. Mi chamo chiquito se porta burda ‘e mal. 4 dedos de la mano izquierda. Tengo vistea’a a mi hija mayor, anda con un carajito que no me gusta. Pulgar izquierdo. El jefe de mi mujer es peor que un batido de todos los compañeros míos. La firma en el otro escáner. Ahora espera que te vuelvan a llamar por tu nombre. Chao, y reza oíste, reza pa’ que me cambien de esta maldita oficina. Casi 20 minutos de historias que no pedí, que no necesito saber, que explican el retardo del proceso.

Con el comprobante en la mano, me dijeron que con suerte el pasaporte estará listo en dos meses, aunque hay algunos que llegan muy rápido, en mes y medio más o menos, pero lo normal es entre 2 a 3 meses, igual me envían un mensajito y cuando lo reciba debo esperar 48 horas, buscar el comprobante y presentarme en la oficina para que me lo entreguen.

En los años 1600. Cuando el tirano mandó. El Presidente anunció el reacomodo del gabinete ministerial, que incluye reciclajes inexplicables, más militares y ratificaciones de ministros con gestiones cuestionables en algunos casos y nefastas en su gran mayoría. Las declaraciones del Presidente incluyeron una solicitud de alto a la matazón que todos conocemos pero que jamás son reseñadas por los medios del Estado. Él también repetía lo que otros dicen, cargado de clichés e indignaciones injustificables siendo el responsable de que esas matazones ocurran. Él también quiere cantar a Arjona, ser uno más. Gozar del poder sin asumir sus responsabilidades: llegando a la hora que le de la gana, furioso por los que se burlan de sus palabras, jugando con su celular y sonriendo a sus aduladores. Los que se burlan de él. De él, que teniendo pa’l café lo da y lo dice en voz alta y si no lo da lo promete, porque hay recursos. Él, narrando anécdotas que a nadie importan, en cadena nacional, fingiendo ser popular, porque no lo es, incluso copiando al calco cuentos narrados por su antecesor. Él, sacándose los restos de sus declaraciones anteriores con el meñique del finado, multiplicado a colores, viéndonos, amparándolo. Porque él estaba en la cola aunque no lo hayamos visto. Su hijo, al que tenía vistea’o. Porque resolviendo un crimen en 48 horas, los demás tendrán que esperar, y con suerte verán resultados en meses, rogando no recibir un mensajito que les avise de otra muerte. Mientras otros repiten que esto no hay quien lo aguante, que ya llegamos al llegadero, que esto se lo llevó quien lo trajo. Y Capriles se quita la barba y así no legitima a nadie. O sí, pero llega leche o harina, y te salvas de un asalto mientras haces una cola. Una cola más. Hasta que llegue el pasaporte. O la muerte.

Naky Soto 

Comentarios (10)

Diego Ramírez
10 de enero, 2014

Magnífico, como de costumbre.

KBULLA
10 de enero, 2014

Lo triste de tu relato, es que nada de lo que dices asombra, pues quien viva en Venezuela ha vivido -y vive- eso, todos los días.

Y no se puede hablar de clases sociales(esas que los sociólogos y economistas clasifican con letras del alfabeto: A,B C…)a la hora de hablar del mal ciudadano, pues ese comportamiento amoral es lo más democrático de nuestra sociedad “igualitaria”.

Paradójicamente, estos venezolanos salen al exterior y vienen comentando lo bien educados, amables y limpios que son los habitantes de los países que tuvieron la suerte de visitar, pero no de asimilar o hacerse del propósito de cambiar, dado lo que han visto.

Algo así como vivir hablando mal del gobierno, pero a la hora de votar, ir y hacerlo para reelegir al gobernante (alcalde, gobernador, etc.)que peor los ha tratado y atendido durante su período de mandato.

Siempre recuerdo y cito (y no me cansaré de hacerlo) la valla que había a la entrada de la UCV en la Plaza Venezuela, cuya reflexión era obra del propio dueño de las vallas VEPACO:

“Porque somos lo que somos, es que estamos como estamos”.

maria carnicero
11 de enero, 2014

Pues casi me da pena decir que me trataron bastante bien, eso sí llegué dos horas antes pero es que soy media loca por la puntualidad. Y me entregaron el pasaporte DOS SEMANAS después y sin tener palanca.

Valentina
11 de enero, 2014

Y aun con todo lo narrado, tuviste suerte. Cuando me asignaron la cita, despues de dos meses de solicitada, llegué a la oficina, me quitaron una de las planillas y me dijeron que no estaban sacando pasaporte porque la maquina se dañó y que me llamarían para reasignar la cita. Un mes despues vuelvo a preguntar porque no han reprogramado la cita y me dicen, “no señora, esa oficina está en remodelacion hasta marzo, si tiene prisa vaya al centro a la oficina de atencion al soberano”.

Antonio Pisano Bartolomeo
11 de enero, 2014

Excelente articulo, que sirve para refrescar la memoria, ya que lo narrado, es algo que se vive en Venezuela , desde 1959 en forma progresiva. A mi en lo particular no me extraña, a pesar de que cuando me tocò sacar mi ultimo pasaporte vigente (hace 4 años) lo hice de forma expedita, ya que el sistema en ese entonces no habìa sido tocado (todavìa) por el gusano de la corrupciòn. Però, que esperamos los mortales? Es que alguien piensa que agarrando al señor del cuento que vive en el Tuy, y poniendole una Chemisse , un carnet vistoso, un buen mobiliario, equipos modernos y mejorandole el sueldo, las cosas van a cambiar? “El que nace barrigon ni que lo fajen chiquito”! Y “deseos no empreñan”! Lo que padecemos en este paìs no es solo la desidia e incapacidad de los que estàn en el lado de adentro del mostrador, sino tambièn y en una buena parte, los que estamos del lado de afuera. Cuantos de esos, no llegan ofreciendo algùn “regalito” para agilizar el tramite? Ah! pero el corrupto es el de adentro, el de afuera es y sigue siendo repetable. No señor! Es algo trillado, pero Nicolas no va a cambiar nada,y Capriles mucho menos, aquì los unicos que podemos cambiar somos nosotros, siendo y dando ejemplo de ciudadanos correctos, honestos, cumplidores de las normas y de las leyes, denunciando sin miedo a quien haya que denunciar. Estamos actuando de igual forma como se actua en cualquier junta de condominio, que de 72 propietarios, despuès de tres convocatorias, asisten solo 11 a la asamblea de propietarios, y despuès de las toma de decisiones los otros 61 se la viven quejandose de la junta de condominio. Para arreglar esta vaina, no solo debemos participar con el voto cada vez que sea necesario, sino que tenemos que participar activamente todos los dias en cada una de las situaciones que se nos presente, no hacernos de la vista gorda cuando veamos o nos enteremos de un acto bochornoso de corrupciòn, o de cualquier otra indole delictiva. Y recordar que este condominio, es donde vivimos, criamos a nuestros hijos y donde muy probablemente moriremos, aunque tengamos un pasaporte al dia.

n. bone
11 de enero, 2014

Bien escrito…verdades que nos acompañan a diario pero que quiero ver erradicadas de mi pais.

chai
11 de enero, 2014

Hace unos 3 anios que saque mi pasaporte me sorprendio la rapidez con que me dieron cita y luego no tardo ni una semana cuando ya estaba listo. Pero por lo que leo la cosa se volvio una miesma. Y ahora sacar un pasaporte es un caos.

@manuhel
13 de enero, 2014

Yo lo que no entiendo es cómo le hacen los ni-ni o abstencionistas para calarse estas colas todo el año cuando les toca sacar este tipo de documentos, o para cumplir con los trámites burocráticos, para comprar los artículos de primera necesidad, o para algo más sencillo aún: sacar dinero de un cajero electrónico.

Ellos que cuando tocan elecciones no se molestan en hacer una cola al año para ir a votar y provocar el cambio de este sistema que cada día se deteriora más, prefieren en cambio padecer penurias todo el año, quiéranlo o no.

No entiendo esa lógica tan ilógica de ese tipo de gente.

Tampoco entiendo el por qué Arjona y Paulo Coelho tienen tanto éxito entre las féminas latinoamericanas, pero eso -sin duda- es algo que nadie sabrá explicar.

Benjamín Guzmán.
14 de enero, 2014

Estimada Naky; ¡¡ Gracias por sus crónicas llenas de humanidad y sencillez !! . Soy peruano … pero de corazón venezolano , porque amo a una bella caraqueña. Por ese amor me decidí hace algún tiempo a conocer y entender la realidad, idiosincracia y los valores ( y anti-valores ) de los venezolanos,y la verdad me quedo con la certeza de que en muchos sentidos , el temperamento, la forma de sentir y vivir, las virtudes…y también los defectos son comunes y compartidos entre los venezolanos y los peruanos y por ende con tooodos los latinoamericanos.

Venezuela es un país maravilloso, bello, un regalo de Dios a la vista y a todos los sentidos, pero al igual que a Perú, le falta a sus habitantes desarrollar el civismo, los modales, las buenas costumbres, el amor intrínseco por la patria, la devoción por la cultura propia de cada país.

Algunos países como Perú, hemos tenido algo más de suerte, y nos ha tocado gobiernos medianamente buenos ( ó no tan malos quizá ) y eso nos ha permitido años de crecimiento económico y una disminución de las brechas sociales pero….nada está garantizado, el verdadero crecimiento no es el de las exportaciones tradicionales y no tradicionales, es el de una educación de calidad y reflexiva , el de servicios de salud y seguridad eficientes y honestos, …y eso no se consigue sólo con dinero.

Más de una vez, he comentado en estos foros , la frase de Kennedy ; ” No te preguntes que puede hacer tu país por tí,… pregúntate que puedes hacer tú por tu país ” y aunque suena a lugar común , tiene una enorme dosis de verdad.

Gracias nuevamente por sus crónicas que me hacen querer más Venezuela, Dios la bendiga.

Diego Ramírez
31 de octubre, 2014

Vuelvo a ti.

Releo tu escrito y no tengo otra alternativa que sonreir. Tengo pasaporte biométrico, vigente, y me lo cancelaron para solicitar otro en mi consulado. De eso ya van 3 meses y aún espero el humo blanco.

Lo irónico, puedo viajar por todo el mundo menos a Venezuela.

Es absurdo éste absurdo realismo mágico.

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