Perspectivas

Las ideas importan; por Luis Roberto Rodríguez

Por Luis Roberto Rodríguez | 18 de septiembre, 2015
Parque Nacional el Ávila y ciudad de Caracas ,fotografía hecha desde el Volcán,Edo Miranda Venezuela

Parque Nacional el Ávila y ciudad de Caracas, fotografía hecha desde el Volcán,Edo Miranda Venezuela por Eugenio Optiz. Haga click en la image para ver la completa la galería de paisajes de Venezuela.

Más allá de lograr una transición dentro del marco constitucional, que sin duda alguna es la prioridad, la oposición debe presentar una propuesta ideológica coherente que sustente una visión de futuro a mediano y largo plazo para Venezuela. Esta tarea pendiente se dificulta, por una parte, ante el reto que significa conciliar la enorme variedad de orígenes políticos de la oposición, y por otra parte, la urgencia de llegar a una transición para empezar a resolver la gravísima crisis que, en todos los órdenes, sufre el país. Pero para proponer una visión de largo plazo es preciso plantearse la pregunta: ¿Una transición hacia qué? Es claro que seguir haciendo lo mismo pero sin corrupción, que es lo que algunos proponen, no es viable, ni tampoco lo es volver a los esquemas del pasado. Peor aún sería tratar de asumir una actitud pragmática basada en un “como vaya viniendo, vamos viendo”. Esto constituye una irresponsabilidad histórica, pues implica desperdiciar una oportunidad de lograr consensos sólidos y duraderos que incorporen las lecciones contenidas en las traumáticas experiencias de las últimas dos décadas. Sería echar por la borda todo el potencial de un momento fundacional que enrumbe al país por una senda de progreso, inclusión y modernidad.

Para que una iniciativa de esta naturaleza sea viable es necesario que recoja los principios, valores, deseos y aspiraciones de la mayoría de la población. Esta discusión pasa ineludiblemente por definir el papel del Estado. En este sentido, las etiquetas tradicionales de izquierda y derecha han quedado atrás, como se demuestra al enunciar las características que debe tener la propuesta. La reducción de la pobreza tiene que ser el objetivo fundamental, pero al mismo tiempo es crucial entender que la única manera de reducir la pobreza de modo sostenido es aumentando la productividad del trabajador venezolano para lograr un crecimiento económico incluyente. Dentro de este orden de ideas es necesario considerar dos aspectos fundamentales: el entorno y las herramientas.

El entorno se refiere al marco institucional, en lo moral, político, económico y social, dentro del cual se desenvuelven los ciudadanos. Es este marco institucional el que define la estructura de incentivos que enfrentan los ciudadanos y por lo tanto orientará su conducta y desempeño. Para crear un entorno que favorezca un crecimiento económico incluyente es esencial lograr un consenso sobre lo que el Estado debe hacer, y más aún, sobre lo que no debe hacer. Proponemos un Estado fuerte, competente e inclusivo, cuyo objetivo fundamental sea apoyar las aspiraciones individuales de los ciudadanos, que son el motor y motivo del progreso. Un Estado que respete escrupulosamente la libertad de cada ciudadano de elegir su proyecto de vida de acuerdo a sus talentos, sus sueños, su actitud y su esfuerzo. Esto debe venir acompañado de un ciudadano que entienda que su destino está en sus manos y que es primordialmente su responsabilidad. Lo que no debe ser es que, en nombre de una falaz igualdad y un propósito velado de concentrar el poder, el Estado controle cada vez más ámbitos de la vida de los ciudadanos, haciéndolos más dependientes del Estado, al tiempo que promueve la conformidad y la resignación ante las dificultades.

Adicionalmente, el aumento de la productividad requiere de un entorno que facilite el tránsito de los trabajadores del sector informal al sector formal de la economía. Esto implica el desarrollo de un sector privado vigoroso, con capacidad y deseo de invertir en el país. Pero esto no se dará sin garantías creíbles a los derechos de propiedad y a la libertad de empresa. El rol del Estado, más allá de garantizar estos derechos, consiste en promover la competencia leal entre los agentes económicos y proteger los derechos de los consumidores. La competencia leal e intensa es un elemento esencial para la innovación y el aumento de la eficiencia que junto a la inversión son los mecanismos por excelencia para aumentar la productividad.

En cuanto a las herramientas, la pobreza extrema, al agudizar las necesidades básicas de corto plazo, constituye una difícil barrera para el diseño de un proyecto de vida a largo plazo. En tal sentido, el proceso de desarrollo económico consiste en la gradual superación de las barreras que impiden la participación efectiva de los ciudadanos en el proceso productivo, de manera que les permita generar valor para sí mismos y para la sociedad.

El Estado debe facilitarles a los ciudadanos el acceso eficiente y efectivo a las herramientas básicas para lograr la participación productiva. Estas herramientas son los servicios de salud y educación, que tienen mucho que mejorar, tanto en cantidad como en calidad. Pero ante un panorama de recursos fiscales escasos, es necesario aumentar la eficiencia y reducir la corrupción. Esto se puede lograr mediante la provisión mixta de los servicios públicos. Es decir, el Estado financia mas no necesariamente provee directamente estos servicios que pueden ser prestados por entes privados bajo la supervisión del Estado para garantizar la calidad y la inclusión. Para que se materialice la eficiencia y se reduzca la corrupción es esencial que la selección de los agentes privados se haga bajo condiciones competitivas y transparentes, abiertas al escrutinio de la sociedad civil y de los medios de comunicación.

Cabe destacar que esta alternativa se inscribe dentro del debate que se está dando sobre el papel del Estado a nivel mundial. En los países desarrollados los cambios han sido motivados por la imposibilidad de soportar las cargas que significa un Estado de bienestar cada vez más costoso, tal como ha sucedido en los países nórdicos como Suecia, Finlandia y Dinamarca. Allí, una vez que se hizo evidente que el Estado no podía hacer frente a las crecientes promesas de bienestar que había ofrecido, se puso en marcha un proceso de reformas que redujo significativamente el tamaño y el costo del Estado e incorporó la participación del sector privado a la provisión de servicios públicos. Lo interesante es que una vez implementado el rediseño del Estado, se dieron cuenta que no sólo era más económico sino que la calidad de los servicios mejoraba también.

En las naciones en desarrollo, el fin del ciclo de altos precios de las materias primas, causado por la transición de la economía china de un crecimiento basado en inversión y exportaciones a otro basado en el consumo interno, está en este momento obligando a muchos países a reconsiderar el papel del Estado. El capitalismo de Estado, incluso en países donde parecía ser exitoso como Brasil, ha demostrado ser ineficiente y corrupto. La propia China, que cuenta con condiciones favorables para el capitalismo de Estado, por tener una burocracia competente y meritocrática, está reduciendo el peso del Estado en las empresas públicas y abriéndolas a la competencia del mercado.

Esto no es una utopía, en Hong Kong más del 90 por ciento del trabajo social lo realizan organizaciones no gubernamentales (ONG) pagadas por el Estado, la propia China continental ha comenzado a experimentar con éxito con esta alternativa. Los países nórdicos, como ya lo mencionamos, han implementado arreglos de esta naturaleza. En Venezuela misma, Fe y Alegría y Sanitas proveen servicios educativos y de salud de mucha mejor calidad y a un costo significativamente menor que el Estado directamente.

La clave está en no ver al sector privado y público como antagónicos sino como complementarios. Es decir, el sector público puede apalancarse en la creatividad y energía del sector privado para cumplir su papel y el sector privado necesita de un Estado competente y un marco institucional estable para poder florecer. Como señalamos al principio, Venezuela se aproxima a un momento que tiene la posibilidad de ser fundacional en cuanto a definir una visión de futuro que reconozca las aspiraciones del ciudadano como motor y motivo del progreso. El objetivo fundamental es la reducción sostenida de la pobreza a través de un aumento de la productividad del trabajador venezolano que conduzca a un crecimiento económico incluyente. Las ideas importan, y mucho. Para conquistar un futuro mejor. No desperdiciemos esta oportunidad histórica.

Luis Roberto Rodríguez 

Comentarios (4)

Gastón Echeverría C
18 de septiembre, 2015

Un tema muy bien planteado que se adaptaría perfectamente al rescate de Venezuela. El asunto, es que para emprender esas grandes ideas, se requiere un cambio político y eso, amigo Luis Roberto Rodríguez, no está en sus propuestas. Para implementarlas, hay que cambiar al régimen….¿Pero cómo y cuándo? . Gracias. Los Blogs de Gastón Echeverría C. ( Vía Google ) .

Gastón montiel acosta
18 de septiembre, 2015

Comparto totalmente lo planteado en el escrito. Agrego que el mayor reto para los venezolanos es aceptar que el éxito como país depende de su rol protagónico en el cumplimiento de los cambios planteados y en exigir a sus gobernantes el cumplimiento de la Constitución. Dejar de ser un ciudadano pasivo y convertirse en ciudadano activo, dueño y responsable de su éxito o fracaso, de su futuro.

Jose R Pirela
19 de septiembre, 2015

El cambio no vendrá de la población-masa. Es una población sin educación, y acostumbrada al Estado- tutor.

El cambio debe ser patrocinado por un Pacto Político respaldado por intelectuales convencidos y responsables de la necesidad de la transformación del Poder económico (petróleo) y militar del Estado-Tutor.

La transición no sería fácil, las presiones vendrían de todas partes, pero si no se enfrentan ahora, esperar que la renta petrolera deje de financiar la existencia de la república, sería un suicidio colectivo.

A.L. Paúl V.
21 de septiembre, 2015

Excelente planteamiento. Espero tenga la difusión que merece, y sirva de papel de trabajo para concretar propuestas alrededor de las cuales se unan los esfuerzos que se requieren.

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