Las Ciudades Inexistentes

La paradoja del automóvil, por Marco Negrón

Por Marco Negrón | 17 de octubre, 2013

Un estudio reciente de dos investigadores de la Universidad de Toronto, Duranton y Turner, sirvió para confirmar lo que ya en 1962 Anthony Downs había definido como la “ley fundamental de la congestión vial”: ampliar las vías o construir nuevas no basta para mejorar la fluidez del tráfico. Estudiando 100 áreas metropolitanas de Estados Unidos, encontraron que la cantidad de kilómetros recorridos por cada automovilista aumenta proporcionalmente al incremento de la vialidad, con lo cual la congestión se mantiene constante; más sorprendente aún, comprobaron que, por sí mismo, el fortalecimiento del transporte público tampoco reduce la congestión porque, como constataron, cada automovilista que sale de la circulación es sustituido por otro.

Los autores señalan que, entre los costos de desplazamiento en auto, normalmente sólo se consideran el de la gasolina (en países donde no la regalan), la depreciación del vehículo y el tiempo de viaje, pero se obvia la importante externalidad negativa que genera cada automovilista: su personal contribución a la congestión. Como han señalado otros autores, el problema del tráfico expresa la imposibilidad de saciar la demanda de todo aquello que sea gratuito, como ocurre en casi todas partes con las vías públicas. Concluyen, en consecuencia, que los beneficios relacionados a la reducción de los tiempos de viaje que resultan del mejoramiento de la red vial y del transporte colectivo son considerablemente inferiores a sus costos, notoriamente elevados.

Con ello no se quiere decir que esas inversiones no sean necesarias y convenientes, sino que si el objetivo es aliviar la congestión se necesitan otras medidas como el impuesto a la misma, una tasa que se paga por el derecho a circular en sectores y horas de alta congestión, implementado exitosamente en Londres y Singapur pero del que los políticos suelen huir horrorizados.

Curiosamente, la “ley fundamental de la congestión vial” se confirma entre nosotros por reducción al absurdo: el extremo caos de nuestras calles nos ha llevado a reducir los viajes al mínimo indispensable, de modo que cuando algún alma piadosa logre mejorar la infraestructura vial de la ciudad, regresaremos ansiosos a recuperar los kilómetros que en estos años no hemos podido recorrer. Para encontrarnos de nuevo en la cola.

Marco Negrón 

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