Blog de José Ignacio Hernández

La distorsión de la Historia: a propósito del 5 de julio; por José Ignacio Hernández

Por José Ignacio Hernández G. | 4 de julio, 2014

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0. La distorsión de la historia. Otro aniversario del 5 de julio de 1811 plantea, de nuevo, la importancia de reflexionar sobre lo que significó nuestra Independencia.

En estos días volveremos a oír las premisas sobre las cuales ha descansado la “historia oficial”: que el 5 de julio se firmó el Acta de la Independencia, lo cual dio paso a una heroica gesta militar.

Seguramente también escucharemos que la Independencia permitió romper el yugo español y, quizás, alguien intentará convencernos de que el 5 de julio fue una revolución de los desposeídos o una revolución antiimperialista. Incluso, ya fue anunciado otro “desfile cívico-militar” para conmemorar el 5 de julio.

Todo esto responde, en parte, al “relato invariable” de la Independencia, al cual se ha referido la historiadora Inés Quintero. Es decir, al entendimiento de la Independencia desde la mecánica repetición de unas premisas exentas de todo análisis crítico.

Estas premisas se separan de lo que creo, es el genuino significado del 5 de julio: un acto jurídico enmarcado en el proceso de formación de nuestra República Liberal a través del Estado de Derecho.

1. La firma fue el 7, no el 5. La historia no se limita a la repetición de fechas, es cierto. Pero ello no le resta importancia a ese dato numérico, en especial, cuando la historia corre el riesgo de basarse en afirmaciones falsas.

Lo que nos ha enseñado la historia oficial es que el 5 de julio de 1811 se firmó el Acta de la Independencia, como quedó “inmortalizado” en el célebre cuadro de Lovera.

Pero eso no fue así.

Luego de la instalación del Congreso, en marzo de 1811, los debates discurrieron lentamente hacia lo que sería un tema central: asumir la decisión de crear una República sin vínculos con la Corona española. Hasta ese momento los venezolanos, retomando la tradición del Derecho español, habían constituido una Junta en defensa de “nuestro” rey Fernando VII. Pero en julio de 1811, el Congreso comenzó a debatir la necesidad de romper todo vínculo con la España.

El debate se extendió hasta la mañana del 5 de julio. Leer ese debate es hoy una tarea indispensable, para conocer, de primera mano, en qué consistió nuestra Independencia. En la mañana de ese día se aprobó la declaratoria de Independencia y se encomendó a Juan Germán Roscio la confección de un documento para justificar esa decisión, como años antes se hizo en Estados Unidos de Norteamérica.

Roscio, nuestro prócer civil, trabajó en el Acta hasta el 7, cuando fue leída, aprobada y firmada. Luego esa Acta será copiada a los libros del Congreso. Es ésa copia la que se exhibe hoy día en la sede del Poder Legislativo, pues el Acta original está perdida. Como perdida parece estar nuestra memoria histórica sobre la Independencia.

2. ¿ Y en qué consistió la Independencia? Nadie mejor que Juan Germán Roscio para explicarnos en qué consiste la Independencia y cuál es la relación entre ésta y la formación de una República Liberal.

La Independencia, explicó Roscio el 3 de julio de 1811, consiste en “no depender de ninguna nación extranjera y no como ha dicho el señor preopinante en la abolición del gobierno monárquico y establecimiento del republicano”. Es decir, el debate era decidir si Venezuela seguiría formando parte de la Corona española o no, y la decisión fue a favor de la Independencia. O sea: de nuestra formal separación de la Corona para dar paso a la creación de un nuevo Estado.

Pero ahora debemos preguntarnos: ¿independientes para qué? La respuesta, nuevamente, la encontramos en las actas del Congreso.

Ese mismo 3 de julio, Alcalá explicó que la independencia a la Corona española era necesaria para “tener toda la libertad” y para “echar los cimientos de una constitución libre”. Es decir, que la independencia de la Corona era necesaria  para consolidar un sistema republicano liberal. Peñalver, ese mismo 3 de julio, repitió la idea: “Es innegable que tenemos derecho para ser libres e independientes y que sobre estos principios vamos a formar una Constitución republicana. Los señores Miranda y Yanes han demostrado bien que ésta es incompatible con los reyes”.

El 4 de julio, Miguel Peña resumió la posición de la Sociedad Patriótica de la siguiente manera: “¿Cómo formar una constitución liberal, justa y republicana bajo un sistema representativo, si al mismo tiempo dependemos moralmente de un poder legítimo que se constituya en España?”

Frases elocuentes. La Independencia fue entendida como un instrumento para sancionar una “Constitución republicana”. Es decir, para fundar un Estado de Derecho, como meses después quedaría reflejado en la Constitución aprobada el 21 de diciembre.

El Acta confeccionada por Roscio se orientó a justificar la decisión de romper los vínculos de la Corona, resumiendo los “actos abusivos” que habían conducido a esa decisión. Pero el Acta no puede leerse de manera aislada. Es preciso recordar que la Independencia, como ruptura formal del vínculo con España, fue concebida como un instrumento necesario para consolidar un sistema republicano y representativo, o sea, una República Liberal organizada como Estado de Derecho.

Esa ruptura no fue, por supuesto, inmediata y uniforme. Aquellos venezolanos intentaron construir una República Liberal en el medido de una sociedad colonial, lo cual implicó avances y retrocesos, y decisiones que incluso podrían considerarse contradictorias. La ruptura, además, en modo alguno fue instantánea: hasta el siglo XX estuvieron vigentes en Venezuela normas del Derecho español. Pero lo que interesa destacar es que el fin último querido al aprobar la Independencia fue organizar al naciente Estado como una República Liberal. Algo que hoy, más que nunca, debemos tener presente.

3. El mito de la Independencia. El debate del Congreso de 1811, al cual hemos hecho una muy breve alusión, quedó en cierto modo olvidado ante la preponderancia de estudiar nuestra Independencia desde el mito y el culto al héroe de la gesta militar. En su obra La Independencia a Palos, el historiador Elías Pino Iturrieta lo resume muy bien: el estudio de la Independencia de Venezuela se caracteriza por la extralimitación. En especial, por la tendencia al culto a Bolívar, como muy tempranamente señalara el historiador Germán Carrera Damas. Los venezolanos leemos a Bolívar, dice Elías Pino, como si se leyera al Evangelio.

Ese culto al héroe empaña la visión de la Independencia y dificulta comprender exactamente en qué consistió la decisión de los venezolanos de ser independientes. Para quienes enseñamos Derecho Público en las aulas universitarias, es indispensable dejar a un lado la retórica del mito para encuadrar la Independencia como una decisión jurídica enmarcada en un complejo y contradictorio proceso orientado a instaurar un sistema republicano y representativo, por medio de una “Constitución republicana”. Somos independientes pues ello es condición necesaria (más no suficiente) para tener una República Liberal.

¿Y qué significa ser una República Liberal? Allí están los textos de Juan Germán Roscio y Francisco Javier Yanes para recordarlo. Ser una República Liberal implica comprender que la sociedad, libre y organizada, antecede al Estado. Es comprender que la defensa de la vida, la libertad, la propiedad y la seguridad exige establecer límites al Gobierno, a través del principio de legalidad, la supremacía de la Constitución, la separación de poderes y la promoción de los derechos humanos. Ser independientes, en fin, significa promover, cultivar y proteger a la libertad republicana.

La Independencia se opone, por ello, a toda forma de despotismo, incluso, del despotismo derivado del Gobierno electo por la Venezuela independiente.  Ya lo dijo Roscio: “la sociedad no ha querido, ni podido conferir a sus representantes, jefes o mandatarios el derecho de ser injustos, ni de someterse a sus caprichos, ni tampoco dándoles facultad de ofender a sus miembros, a quienes debe seguridad, protección y equidad”.

4. La Independencia, la unión cívico-militar y la Patria. Nada más alejado a la Independencia, por ello, que organizar en su honor un desfile por la “unión cívico-militar” en defensa de “la Patria”. La propia idea de un desfile es esencialmente contraria a los postulados de la Independencia. De acuerdo con la Real Academia Española de la Lengua (cuya autoridad,  por cierto, no se ha visto mermada por la “ruptura con el vínculo colonial) desfilar implica marchar bajo un orden dado. Pero la sociedad civil no puede marchar bajo un orden coactivo pues dejaría de ser sociedad libre y estaría traicionando con ello a su propia Independencia.

Luego tenemos la “unión cívico-militar”, a la cual hacíamos referencia en un anterior artículo en Prodavinci. Entre la sociedad civil y el poder militar no puede haber unión en igualdad de condiciones, sencillamente porque no hay tal igualdad: sólo el poder militar tiene el monopolio de la fuerza.

Y toda unión entre desiguales termina, tarde o temprano, imponiendo la preeminencia de quien tiene el mayor poder. Algo que implicaría la dependencia de la sociedad civil al poder militar y, por ello, la traición a la Independencia.

Cito a Roscio nuevamente: depender de un solo hombre es esclavitud. También lo es, agrego, depender del poder de la fuerza.

Ahora bien: el planteamiento anterior no puede llevarnos al extremo de rechazar la relevancia del poder militar. Nadie niega que la Independencia se tradujo en campañas militares, notables por lo demás. Pero lo que no puede perderse de vista es que esas campañas militares se hicieron para materializar la aspiración de los venezolanos de organizarse como República Liberal. Por eso el poder militar existe: para la proteger a la República Liberal, pero nunca lo contrario. Así lo entendió muy bien la Constitución de 1811, que promulgó la absoluta dependencia del poder militar al poder civil, negando con ello una “unión cívico-militar”.

Y nos queda, por último, la Patria. Es ya reiterado en planteamiento de invocar cada 5 de julio a la Patria, un concepto fácilmente manipulable y que podría justificar la abdicación a nuestros principios republicanos. Francisco Javier Yanes, otro civil artífice de la Independencia, lo advirtió muy bien: “el patriotismo ha causado la ruina de muchas naciones”.

De esta manera, este 5 de julio, más que conmemorar a la Patria, al antiimperialismo o la “unión cívico-militar”, deberíamos releer las actas del Congreso de los días 3, 4 y 5 de julio de 1811 y comprender así cómo aquellos venezolanos, en un tiempo sin duda complejo, asumieron la Independencia como un paso necesario para la conformación de una República Liberal bajo el Estado de Derecho.

El 30 de julio de 1811, en el Congreso, Yanes señalaba que la ilustración ha disipado las densas tinieblas de la ignorancia. Ojalá los venezolanos del siglo XXI podamos disipar las densas tinieblas que hoy nublan la comprensión de la Independencia.

José Ignacio Hernández G.  José Ignacio Hernández es abogado venezolano, Doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de la UCV y UCAB. Puedes seguirlo en Twitter en @ignandez

Comentarios (9)

Estelio Mario Pedreáñez
4 de julio, 2014

Magnífico artículo, aunque me atrevo a comentar que no debemos olvidar que la Independencia de Venezuela, como la del resto de las antiguas colonias españolas en la América continental (ya que Cuba y Puerto Rico continuaron como colonias españolas hasta la Guerra Hispano Americana de 1898, Estados Unidos contra España), se debió a la reacción criolla ante la invasión de España por las tropas francesas, la abdicaciones de Bayona de los Reyes de España (los cobardes Carlos IV y Fernando VII)en favor de Napoléon Bonaparte y la imposición de su hermano José Bonaparte como José I “Rey de España y de las Indias”, y “las Indias” eran las naciones de la América Española. Esta crisis de la España debilitada, invadida por Francia y sumida en una guerra desesperada por recobrar su propia independencia decidió a los criollos hispanoamericanos a buscar su propia independencia. No querían ser súbditos de los franceses, con todo el temor que el nombre de Francia significaba en la época. Recordemos que Bolívar dijo en la Sociedad Patriótica el 04 de julio de 1811 “…Qué importa si España ceda a Bonaparte sus esclavos o decida conservalos, sí hemos decidido ser libres…”. Y ese fué el proyecto: Hacer en la América Española lo que los colonos ingleses hicieron en la América del Norte, una república independiente al estilo griego o romano: con esclavos. Porque más que la Revolución Francesa fue el ejemplo de los Estados Unidos al que imitaron en Venezuela (y en casi toda América Hispana) para redactar la Constitución de 1811 y con ello mantener la esclavitud de los negros. Que no hubo unanimidad y que el decadente Imperio Español reaccionó militarmente con sus menguadas fuerzas explica la larga y cruentísima guerra civil e internacional que se desencadenó hasta 1825, porque nuestros próceres civiles y militares, con contadas excepciones, no fueron en realidad “Libertadores” solo “Independizadores”. La I República de Venezuela fue esclavista a pesar de hablar de libertad y de la “esclavitud” sufrida por los venezolanos bajo el yugo español como una de las causas que justificaron la Independencia Nacional, la esclavitud verdadera, la de los negros considerados como “propiedad” se mantuvo y así fue hasta 1854 cuando el General José Gregorio Monagas propuso su abolición y el Congreso de Venezuela así lo decidió, previo pago de las indemnizaciones a los “propietarios”. Como venezolano, tenemos que reconocer la lamentable verdad histórica: NO ABOLIERON LA ESCLAVITUD DE LOS NEGROS, DE LOS VERDADEROS ESCLAVOS, ní Francisco Miranda, ní Simón de Bolívar, ní José Antonio Páez, que gobernaron Venezuela con plenitud de poderes, a pesar del limitado expediente militar de otorgarles la libertad a los esclavos reclutados y combatientes en la filas de los ejércitos patriotas, o a gestos de humanidad en la esfera privada. En esto fueron superados por el cura, prócer y mártir mexicano Miguel Hidalgo en 1810 y por los gobernantes de Chile, quienes en 1823, abolieron la esclavitud de los negros en Chile. Y sobre Simón de Bolívar, quien “quiso ser Rey”, allí están su Proyecto de Constitución para Bolivia de 1826 y su Discurso de Angostura con su Proyecto de Constitución para Venezuela de 1819: Pretendió imitar al Presidente Vitalicio de Haití desde 1806, Alexander Petion, imitador del general y después Emperador de los Franceses Napoleón Bonaparte (traidor a la Revolución Francesa), quien imitó a Julio César destruyendo la República en Roma; pero Bolívar, por su afán de poder vitalicio, logró el efecto contrario y cayó en desgracia política porque sus contemporáneos venezolanos, granadinos, bolivianos, panameños, ecuatorianos y peruanos, que hicieron una cruentísima guerra de 15 años contra los partidarios del Rey de España, no se dejaron engañar y dijeron al unísono: “Bolívar se quiere hacer Rey”. Y lo dejaron casi totalmente solo. Y lo más grave aún, no solo en el caso del mantuano Simón de Bolívar, sino también en el llanero Páez, en el hijo de comerciantes canarios Francisco Miranda, en el inmaculado Sucre, en el valiente Santiago Mariño y demás Libertadores, Precursores y Padres de la Patria, quienes capitanearon un esfuerzo colectivo de todos nuestros pueblos para independizarnos de un Imperio Español en decadencia: No abolieron la esclavitud. No lograron o no quisieron revolucionar las sociedades esclavistas hispanoamericanas que, salvo excepciones, continuaron siendo esclavistas ya independientes. Ni Miranda, ni Bolívar ni Páez abolieron la esclavitud de los negros en las sociedades esclavistas en las que nacieron y gobernaron, aunque el prócer y mártir mexicano Miguel Hidalgo y Costilla (un cura que no aceptó las tesis esclavistas de la Iglesia Católica de su tiempo) dictó en 1810 en Guadalajara, Jalisco, México (la Guadalajara primigenia está en España), al inicio de la Guerra de Independencia Mexicana el siguiente Bando aboliendo la esclavitud: “…Todos los dueños de esclavos deberán darles la libertad dentro del término de díez días, so pena de muerte, la que se les aplicará por trasgresión de éste artículo…”. Hidalgo fue derrotado y fusilado en los inicios de esa guerra, Miranda murió prisionero en 1816 y Bolívar triunfó en lo militar y gobernó muchos años hasta que murió en 1830, pero los negros continuaron esclavos en Venezuela hasta 1854 y también en Ecuador, Colombia y Panamá. Gran injusticia: Países con “Libertadores” llenos de esclavos y esclavistas. Y ahora muchos Presidentes “democráticos” (pienso que todo es una mascarada para continuar eternamente en el poder por ambición personal, tal como los jefes del “comunismo”) en nuestra sufrida Hispanoamérica, muchos gobernantes prevalidos del poder, quieren imitar la antirrepublicana idea de Simón de Bolívar con su copiada propuesta de “Presidencia Vitalicia con facultad para nombrar sucesor” olvidando que a pesar de sus grandes méritos, que ellos no tienen, Bolívar fracasó en su nefasto proyecto, y olvidando que el mismo Bolívar, al que tanto invocan y dicen imitar, fusiló a cuanto cobarde, ladrón o traidor a la Patria se le atravesó en su camino, incluso a muchos libres de tales culpas (como al General Manuel Piar, anti-esclavista), pero que no lograron escapar al temperamento impetuoso de Simón de Bolívar, a quien nunca la tembló el pulso para ordenar fusilamientos y tampoco para decretar y ejecutar la “Guerra a Muerte”. Porque Simón de Bolívar peleó en guerras de verdad, no en programas de radio o televisión, y no se rendía ni andaba llorando asustado al enfrentar una derrota. Sí Simón de Bolívar viviera (murió en 1830) le indignaría que lo compararan con tantos cobardes, ladrones y traidores que dijeron o dicen imitarlo.

margarita
4 de julio, 2014

Una clase Magistral que me ha emocionado y de la que, además, he extraído unos datos que desconocía. Gracias

Mario Briceño
4 de julio, 2014

Magnífico artículo. En estos momentos de confusión de toda índole y distorsión de nuestra historia, se hace inmensamente importante que este tipo de escrito se haga del conocimiento de estudiantes universitarios, bachillerato, y toda persona que pueda sentarse un rato a leer y a aprender para cortar en pedazos la espesa ignorancia que se come a la sociedad engañada, herida por los mandatarios, e insultada por los que se creen los dueños de la verdad. Lo felicito y nuestra tarea parece que es ardua en estos días por venir.

lars
5 de julio, 2014

Lástima que el 5 de Julio no se celebre como debería ser, el 7 de julio: tuviéramos un fin de semana largo… Era solo un chiste malo. En realidad el artículo me ha gustado mucho.

Francisco González Cruz
5 de julio, 2014

Excelente artículo. Pero además recordar que quienes declaran la independencia son las provincias, quenies deciden crear una Confederación. De allí el origen federal de nuestra república. Ya antes varias de esas provincias (Mérida, Barinas y Trujillo) habían sancionado sus constituciones provinciales. Y a su vez estas provincias se conformaron desde los municipios. Eran las bases de la república liberal descentralizada.

Luis Mariano Talavera Rivas
6 de julio, 2014

Felicito al autor y me adhiero íntegramente a cada una de sus palabras. En cuanto a la abolición de la esclavitud, traída al foro, es un tema que se encuentra, en la mayoría de los casos, mal abordado y analizado, en virtud de la subjetividad sentimental que hoy prende en el ánimo de la mayoría en contra de, sin lugar a dudas, tan deleznable y cuanto adjetivo peyorativo le cabe a esa práctica. Pero, el análisis puramente objetivo y técnico del asunto es muy distinto, a saber: Los independentistas, desde El Yucón hasta La Patagonia, eran dependientes de sus esclavos para ser y seguir siendo socialmente lo que fueron. De allí que cuando Francisco de Miranda, a quién no sé por qué quién trae el tema al foro incluye en el mismo saco, propuso su abolición, fue rotundamente rechazada y se dice que, ex actas, se le increpó que para él era muy sencillo al no poseer tierras ni industrias que requieran de ellos. Así las cosas, y habida cuenta que una nación que apenas nace sobreviviría apenas segundos sin una sólida economía, que en ese entonces dependía fundamentalmete de esa terrible práctica, por mucho que se quisiese no podía ser inmediata su abolición. Mas, es un tema demasiado amplio y complejo para tratarlo en tan limitado espacio. Todos podemos pensar con el corazón, si no estamos en función de estado, porque cuando se trata de éste, si no priva la fría y despiadada razón todo se puede pierder. Por último, toda la situación actual de nuestra querida latinoamérica se le debe en su mayoría a el secuestro tan prolongado que han perpetrado los militares al poder civil, en todos los casos se ha utilizado ese eufemismo de CÍVICO-MILITAR, ello ha derivado también, tal con se señala, en una garrafal distorsión de la historia, en nuestro caso siempre ha sido más estudiado el mito de la Venezuela Heróica, del Edecán del Gral. Falcón Eduardo Blanco, que cualquier otro texto a nivel escolar.

Wolfgang U. Molina
7 de julio, 2014

Sr. Hernandez,

Muy interesante artículo por el tema la riqueza de los hechos citados, pero decepcionante en cuanto al análisis de su significación histórica y las implicaciones que derivan en el atraso que sufrió la América hispánica. La Independencia significó para nuestros pueblos y en particular para Venezuela, romper lazos con una monarquía lejana y con poco poder, para caer en manos de las ambiciones de los caudillos arribistas de toda especie a lo largo de dos siglos. Hubiésemos hecho mejor en apoyar a la Constitución de Cádiz de 1812 que ya preveía conceder autonomía a las provincias americanas. Los poderes locales habrían tenido el contrapeso de un poder contralor centralizado para impedir los excesos de aquellos. Muy seguido nos deslumbra, como a la gente de aquella época, la trayectoria fulgurante de los Estados Unidos y revolución de independencia, pero poco estudiamos la estabilidad y la prosperidad de la han gozado países como Australia o Canadá, técnicamente súbditos de la corona británica.

En su artículo Ud. hace una referencia casi directa a las distorsiones e interpretaciones interesadas de esta fecha histórica por el actual régimen chavista. En ello no puedo sino estar de acuerdo con Ud. Pero olvida que todos los gobiernos venezolanos han hecho una interpretación interesada de esta fecha y de todo el proceso que nos sumió en las guerras de independencia, encubriendo la devastación de la economía, la desinstitucionalización de nuestras sociedades y las muertes ocasionadas, que proporcionalmente fueron tantas que modernamente se hablaría de un genocidio. La declaración de Independencia y la guerra que de ahí se desprendió, sumergieron a nuestros países en el rezago histórico del que doscientos años después seguimos intentando salir.

En fin, nada que celebrar. Mucho si que lamentar.

Wolfgang U. Molina

Estelio Mario Pedreáñez
28 de julio, 2014

¡Caramba, Señor Wolfgang Molina: Los venezolanos de 1811 querían, y los del presente queremos, ser independientes, no una colonia! El objeto de la Historia es buscar la verdad de los hechos pasados y no las infinitas posibilidades de lo que no sucedió, pero ya que usted compara el Imperio Británico de principios del siglo XIX con el Imperio Español no olvide que el primero no solo era la primera potencia militar y económica del mundo, sino una monarquía constitucional, mientras el segundo, por la incapacidad de su clase gobernante, no solo era un Imperio en total decadencia militar y económica, segundón de Napoléon Bonaparte, sino que vivía el despotismo de sus incapaces y cobardes reyes de la casa de Borbón (de origen francés) Carlos IV y Fernando VII “El Deseado” (quizá el peor y más nefasto Rey que haya conocido reino alguno), antepasados del los reyes españoles. El bravo pueblo español necesitó librar una guerra de independencia contra los franceses de 1808 a 1814 para restaurar en el trono al catastrófico y absolutista Fernando VII, “El Rey Felón”, quien junto con su padre (Carlos IV), abdicó en Bayona como rey en favor de Napoleón Bonaparte quien nombró a su hermano José como “Rey de España y de las Indias”, así pués, que los venezolanos en 1811 y todos los países hispanoamericanos que declaron su Independencia en esa época, decidieron no ser más súbditos de España ní de Francia. Y si es cierto que la invasión de las tropas de Bonaparte y la imposición de su hermano como el nuevo “Rey José I” desencadenó las Independencias de la mayoría de las naciones hispanoamericanas, también existieron otras múltiples causas de fondo, que podemos resumir en que estas sociedades hispanoamericanas eran ya distintas a la atrasada sociedad española y reclamaban sus derechos al gobierno propio, los orgullosos criollos de inicios del siglo XIX estaba cansados del ser llamados “indianos” y discriminados por ello (ahora en España, 200 años después, usan mucho la palabra “sucadas” con fines denigrantes). La autodeterminación de los pueblos es un gran avance en la concepción de la política mundial. Pobre el pueblo que es gobernado por extranjeros. Aún existen ejemplos de esta condición de minusvalía política como los kurdos, víctimas eternas de sus distintos dominadores. España para los españoles y Venezuela para los venezolanos.

Rafael Aldana
5 de julio, 2017

Querido Nacho: Gracias por estas luces…a difundirlas por doquier para rescatar nuestra história patria. Un fuerte abrazo!!!

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