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‘Es increíble ser amenazada por alimentar a los niños’; una entrevista a Ann Cooper por Jonathan Dias

Por Jonathan Dias | 7 de junio, 2015
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Ann Cooper fotografiada por Rosa Virginia Urdaneta

A primera vista, la actitud afable y la sonrisa generosa no dan pistas sobre lo audaz y determinada que es Ann Cooper. Hace más de una década desde que la prensa estadounidense la bautizó como  ‘The Renegade Lunch Lady’. El nombre caló y ella lo adoptó, al punto de que es lo primero que dice su resumen biográfico en el portal web de su fundación.

La verdad es que Cooper no es cualquier lunch lady. Además de ser la Directora de Servicio de Alimentos del distrito escolar de Boulder Valley, en Colorado, dirige varios programas de alimentación escolar que trascienden las fronteras de su estado a través de la Cheff Ann Fundation. Su empeño está en lograr que los niños coman saludablemente y así revertir los graves problemas nutricionales de su país.

El apodo resulta de haber abandonado una exitosa carrera como chef egresada del Culinary Institute of America reconocida internacionalmente. Dejó atrás los fogones de hoteles, restaurantes y cruceros prestigiosos y libros publicados para ocuparse de ser una lunch lady, un oficio nunca bien ponderado según los estereotipos que nos llegan de la industria cultural estadounidense a través de las pantallas de cine y televisión.

Cuando habla de su carrera, dice que el punto de inflexión fue la publicación de su segundo libro Cosecha Amarga: La perspectiva de un chef sobre los peligros ocultos en los alimentos que comemos y lo que puede hacer al respecto:

“Entonces me pidieron que dirigiera el servicio de alimentación de una escuela de Nueva York. Y cuando lo hice, salí del mundo respetable de los chef. Empecé a decir en los medios ‘Ya no soy un chef: soy una lunch lady’ y periódicos como New York Times dijeron: ‘Si eres una lunch lady, entonces una renegada’”

Desde entonces, aparte de cocinar, también escribe, da conferencias y mantiene una batalla titánica contra los alimentos hechos con productos químicos.

El viraje profesional de Cooper no se entendería a cabalidad sin saber que, luego de haber sido expulsada de la escuela secundaria por mal comportamiento, decidió viajar 3.200 kilómetros de Massachusetts en la costa este hasta Colorado en el centro-oeste del país para convertirse en un ski bump: una persona que, sin trabajar, se dedica a esquiar:

“Pensé que no necesitaba trabajar, que el dinero de alguna manera llegaría y yo símplemente esquiaría. Cuando llegué a Colorado no tenía dinero. Llamé a mis padres y ellos sólo dijeron ‘¿En serio?’ y luego click [dice mientras cuelga un teléfono imaginario]. Había tenido un trabajo antes, pero nunca había trabajado, nunca había cocinado porque no lo hacía en casa. Entonces convencí a alguien para trabajar en un local que sirve desayunos en un pequeño pueblo de esquiadores y me enamoré de la comida”

Quince años después del primer huevo frito que aprendió a cocinar, Ann Cooper volvió a la escuela a hacer desayunos y no parece querer hacer otra cosa. Como parte de su misión de divulgar una alimentación sana en las escuelas, Ann Cooper viajó a Caracas para explicar cómo lograrlo en la segunda conferencia del Ccs Forum 2015.

*

¿Qué ha logrado durante los 15 años que lleva realizando sus proyectos de alimentación escolar?
Actualmente alimentamos a más de 2 millones de niños al día con todos los grupos alimenticios incluidos. Trabajamos con Michelle Obama en un programa llamado Movamos los bufés de ensaladas a las escuelas. Mi fundación dirige el programa con su colaboración y hemos recaudado más de diez millones de dólares y equipamos cuatro mil bufés de ensaladas en todo el país. También tenemos La Lonchera, que es un portal web en el que cada escuela alrededor del mundo, pero especialmente en Estados Unidos, puede descargar recetas, modelos financieros y herramientas de mercadeo para lograr el objetivo de abandonar la comida procesada. También hacemos una variedad de programas de donaciones como Misión Nutrición, donde hacemos donaciones a escuelas para que realicen eventos enfocados a  educación alimenticia y a que los niños cultiven vegetales. Igualmente hacemos donaciones a las escuelas para ayudar a promover desayunos en la escuela, luego de que haya sonado el timbre de entrada. Tenemos un programa en el que damos equipamiento a las cocinas de las escuelas y asistencia técnica. Incluso tenemos un programa dedicado a los padres.

¿Cuál de sus programas se podría implementar en países con un contexto diferente?
La Lonchera. Muchas escuelas lo utilizan. Las herramientas ya están en castellano en el sitio web y todo el portal puede ser traducido por cualquiera en Google. Todas las herramientas que ofrecemos pueden ser adaptadas para cualquier lugar del mundo.

Ha tenido un gran alcance. ¿Qué queda por hacer en su fundación?
Solamente estamos alcanzando a dos millones de niños diariamente. Y en Estados Unidos hay treinta millones de niños. Sólo nos faltan 28 millones de niños para que en cada escuela tenga mejor alimentación. Incluso en mi propio distrito escolar en Boulder, donde tenemos 1.200 niños en 56 escuelas, siempre podremos servir mejor comida, siempre podremos lograr que más niños coman saludablemente, siempre podremos servir comida más saludable y siempre podremos llegar a más padres. Es un proceso interminable.

¿Cuál ha sido el mayor reto para alcanzar a beneficiar más niños?
El reto más grande es cambiar la comida en las escuelas. Primero, dónde conseguirla y asegurar su buena calidad. Segundo, cómo pagar por ella. Tercero, equipamiento y qué hacer cuando no tienes una cocina. Cuarto, recursos humanos y cómo hacer que personas que no han cocinado en años cocinen. Y, finalmente, mercadeo: cómo lograr que los niños se coman la comida, porque hay niños que han crecido comiendo comida rápida, nachos, dulces, comida alta en azúcar y alta en grasas. En Estados Unidos los niños ven más de diez mil comerciales al año de comida chatarra. La gran industria gasta entre 17 y 20 millardos de dólares cada año en mercadear esta comida a los niños. Entonces, ¿cómo vamos a hacer que coman brócoli? Pues igual: mediante mercadeo.

Por ejemplo, hacemos ‘Días de Arcoíris’, cuando los niños tienen la oportunidad de hacer un arcoíris con vegetales y frutas de al menos tres colores en sus platos y recibir una calcomanía. Mira estas fotografías de niños realizando arcoíris en sus platos [dice mientras me muestra un almanaque de su fundación con fotografías de los eventos]. También damos clases de cocina, un concurso de Iron Chef en el que los niños compiten para hacer el mejor plato y su receta se incluye en el menú. También producimos menús que tienen dibujos artísticos de los niños. Allí promocionamos una competencia el mejor dibujo se incluye en este menú que llega a la casa de cada uno de los padres del distrito escolar. Hacemos alrededor de 200 y 300 eventos anuales con nuestros niños en el distrito escolar para ayudarlos a alimentarse mejor. Incluso tenemos cartas para regalarle a los niños, como esas barajitas intercambiables, para jugar. También hacemos visitas a las granjas y traemos a los agricultores a las escuelas.

La idea es interesarlos realmente en la comida. Y cuando cocinas con un niño, cuando siembras alimentos con un niño, o comes con un niño, ellos se comprometen. Y cuando llega el momento de que ellos tomen decisiones, entonces pueden enfrentarse a las grandes corporaciones que están tratando de matarlos con su comida.

En 2007 realizó una conferencia TED en la que dijo que apenas diez compañías controlan lo que comemos. ¿Ha recibido alguna presión de estas empresas?
En efecto controlan el 90% de lo que compramos en el supermercado. He tenido amenazas de muerte [deja escapar la frase sin darle demasiada importancia, pero guarda silencio unos segundos antes de proseguir]. Y algunas de estas grandes compañías han publicado avisos de página completa en revistas diciendo que estoy destruyendo los negocios en Estados Unidos y que todo lo que digo está mal. Esas grandes compañías movilizan a los medios en mi contra y ese tipo de cosas, pero lo que está pasando de cualquier modo. Nadie ha intentado hacerme daño, pero recibo correos electrónicos con amenazas de muerte, artículos en periódicos y esos avisos a página completa. Nadie me ha hecho daño, al menos hasta ahora. Es increíble que te amenacen por alimentar a los niños.

He leído en su web que promueven la comida sustentable. ¿Qué es eso?
Para mí, la alimentación sustentable es comida producida para ser consumida de modo que no dejen un impacto negativo en el planeta. Entonces, se producen sin químicos o utilizando químicos que no enfermen a las personas, ni a los productores ni a los consumidores. Y desde un punto de vista ambiental, que no estén matando a la tierra. Entonces, usualmente digo que es un concepto triple: personas sanas, planeta sano y comida sana. Debe haber suficiente dinero en el sistema como para que las personas se acerquen a los alimentos de una manera limpia y ambiental.

¿Hay alguna acción legal o política que esté impulsando para prevenir los químicos en los alimentos?
Lo que tratamos de hacer es atacar desde el lado del consumidor. Si los consumidores no quieren comprar comida con aditivos químicos, eventualmente los productores dejarán de producirla porque no tendrán a quien vendérsela. En Estados Unidos hay un montón de compañías, incluidas Wallmart y McDonald’s, que están retirando los pollos con antibióticos. Eso es un gran paso. Y el cambio viene del consumidor que dice ‘No queremos antibióticos en nuestra comida’.

También hemos visto cómo el gobierno va a empezar a analizar la aprobación de alimentos sin modificación genética (GMO, por sus siglas en inglés). Entonces, por primera vez en Estados Unidos, los consumidores tendrán la opción de no consumir alimentos modificados genéticamente. Cuando los consumidores dicen ‘No lo quiero’ las empresas de servicios de alimentos dicen ‘No lo voy a comprar’ y eso impide que los productores la produzcan porque no tienen mercado para ella. Cuando dejen de comprarla, entonces dejará de existir.

*

Antes de ir a la siguiente entrevista de su apretada agenda en Caracas, Ann Cooper asegura que:

“Lo más importante que tenemos son los niños: ellos heredarán la tierra, el país y enseñarán a sus propios niños. Si no podemos plantar la cara por la salud de nuestros hijos lo perdemos todo. Por eso todos debemos tomar acciones para asegurarnos que tengan comida saludable en casa, en la escuela y entender qué es comida saludable. También enseñarlos a hacer lo mismo para que lo hagan con sus hijos y así sucesivamente”

Lo dice quizás con la esperanza de que en el futuro luchar por la salud de nuestros descendientes no sea trabajo de renegados.

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Jonathan Dias 

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