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El problema es el modelo; por Alonso Moleiro

Por Alonso Moleiro | 25 de noviembre, 2014

El problema es el modelo; por Alonso Moleiro 640

“El problema es el modelo”. Es una frase que se escucha con frecuencia en estos días. La decadencia nacional también es la expresión del fracaso de una forma de interpretar el estado. Ha fracasado la hiperconcentración, la centralización, la sobreesatización, la fantasía comunal. La continuidad de estos males continuará agudizando la agonía nacional. El país ha desperdiciado enormes cantidades de dinero, está devaluada de nuevo, y hoy tiene muy poco de pie. Es un fracaso económico y productivo, pero también social y político. El fracaso de una manera de aproximarse a Venezuela.

En el –así llamado– modelo bolivariano podemos identificar sin el menor esfuerzo, en términos más amplios, también, el fracaso de un modelo de gestión. Son taras que se expresan en la lentitud de los servicios y la crónica inoperancia de todos los aspectos de la vida cotidiana. En este momento presentan un indeseable tejido graso adicional gracias a nuevos errores cometidos por el chavismo en la economía, expresados en la inflación y el desabastecimiento. Jorger Giordani se puso a administrar personalmente los precios: triplicó la inflación. Corpolec es una rémora pero también faltan toallas sanitarias.

Ecuador y Bolivia, naciones del Alba, se aproximaron con prudencia a los mandatos de la economía, respetaron al sector privado, filamento natural de la producción en el mundo moderno, fomentaron la inversión y el ahorro, y hoy presentan balances económicos claramente más confortables que los nuestros. Entre otras cosas, captan talento académico mal pagado en las asediadas universidades autónomas venezolanas, con mucho que aportar en aquellos parajes, con jugosas propuestas salariales que les permiten mejorar las plantas profesionales de aquellos y el horizonte vital de éstos.

Agropatria, Edelca, Sidor, Venalum, Alcasa. Quiebra, dispendio, ausentismo, irresponsabilidad.  Pdvsa, compañía con la cual se ha traficado políticamente de forma imperdonable: hace rato que es incapaz, por ejemplo, de suplir sola la demanda nacional de aceites para motores, que también están escaseando. Los activos nacionales convertidos en chatarra. Se malbaratan fortunas en grandes misiones y proyectos comunales de fantasía, se lastiman de forma gravísima las arcas nacionales y se produce una alarmante desinversión. Se ha lastimado al comercio, una actividad fundamental en cualquier economía sana. Por eso es que no hay enjuagues para el pelo ni el resto de las fruslerías burguesas que tanta fruición clandestina le produce al gobierno.

Queda afectado, también, el margen de respuesta institucional de las alcaldías y gobernaciones, instancias naturales en la relación del ciudadano con el estado. Hoy están mucho más debilitadas, y su margen de maniobra es muy inferior al de hace 15 años. Tampoco acá hay modelo de gestión comunal alguna al cual anteponer. El estado centraliza, el dinero se bota, y el país se hunde socializando la miseria. Necesitar acetaminfonen en tiempos de chinkunguña, y no tenerlo, expresa una situación miserable.

Las cosas podrían estar bastante menos mal en Venezuela con un mínimo de sentido común. El espíritu de la Constitución está siendo quebrantado. Venezuela es una República Federal y Descentralizada. Es necesario postular de nuevo el estado federal. La desconcentración de competencias y la gestión mixta, estado promotor, sector privado actor, con nuevas y mejores formas de socialización del capital. Ese debería ser, también, parte del debate nacional planteado en las venideras elecciones parlamentarias de 2015.

Alonso Moleiro 

Comentarios (8)

Beatriz Moreno
25 de noviembre, 2014

expone clara y de forma coherente el fracaso de este modelo que han ensayado durante 15 años

Antolin
25 de noviembre, 2014

Y se puede ir más allá; porque no es descabellado interpretar que la necesidad de acetaminfonen en tiempos de chinkunguña, o de una pastilla de unos pocos de bolívares para no convulsionar, es una forma de genocidio. Sí lo es.

Pilar
26 de noviembre, 2014

Las dos causas de todos los males: ignorancia y codicia. Ignorancia que anula el cambio: Una claque desinformada y de mente deformada, plagada de ideas arcaicas y lesivas que no pueden abandonar por falta de horizontes intelectuales. Codicia que el cambio amenazaría: Un anillo de malvivientes que los sustentan: los de los grandes negocios con dólares, bienes, y hasta droga.

@manuhel
26 de noviembre, 2014

El problema es el modelo, pero el modelo democrático.

Porque mientras los que son mayoría estén a gusto con este sistema, nada podemos hacer el resto.

Son las reglas de este modelo democrático chucuto.

Petrusco
27 de noviembre, 2014

Nuestro problema es cultural y la cultura se desarrolla desde el hogar, la comunidad, los medios de comunicación y, en último lugar, las instituciones.

Sin cambio cultural, acá podemos montar el modelo político-económico que sea y las cosas no se solucionarán.

Ricardo E. Römer G.
27 de noviembre, 2014

Hay que desmontar el Estado Capitalista. Nadie lo menciona. ¿Será que no existe? ¿O, no se ve porque no se sabe lo que es? La cultura antropológica, la que interesa a estos fines, es engendrada por la operación de la infraestructura que comienza con la Constitución, las leyes y reglamentos, las estructuras del estado que unen los sistemas y su administración y aplicación estricta vía la justicia.El estado Capitalista es una contradicción a la Democracia. En efecto, vivimos en delirio, especialmente desde el ’58 para acá. Hablar de una Federación sin desmontar el Estado Capitalista, es contradictorio más aún en combinación en el contexto de un petroestado.

José R Pirela
28 de noviembre, 2014

Mientras no se acometa el debate sobre el cambio de propiedad del Petróleo y pase al bolsillo de la población, todo lo que se diga es cháchara política.

Ricardo E. Römer G.
28 de noviembre, 2014

Desmontar Estado Capitalista = Desmontar Petroestado = hacer que el gobierno dependa totalmente de el pago de impuestos de las personas.Se requiere una prohibición expresa al estado de llevar a cabo actividades de participación en el mercado de bienes y servicios. El estado debe deber todo a sus constituyentes.

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