Blog de Lucas García

El especial, por Lucas García

Por Lucas García París | 16 de agosto, 2013

restaurante chino textoDecidimos meternos un chino ese mediodía y el pana me habla de Corea del Norte.

— ¿Viste? —exclama—. Arrancó el Armagedón.

— ¿Otra vez? —le digo mientras visualizo ese ámbar enrojecido que tienen las costillitas chinas.

Nos sentamos en una mesa. El pana mira hacia los lados, me codea.

— Estos chinos están en una vaina —dice.

Saludo al Sr. Huan, que siempre me atiende con una sonrisota.

— ¿De qué estamos hablando? —pregunto.

Porque a menos que el calendario chino tenga también una fecha del fin del mundo no sé qué tienen que ver nuestros anfitriones con el acabose, a no ser que se trate de que van a cobrarse lo que debemos del fondo chino aquel.

— ¿No viste la noticias? ¡Los norcoreanos, vale, que van a lanzar un ataque nuclear!

— ¿Eso no era una película con el tipo que hace de Thor? ¿El remake de aquella vaina mega reaccionaria que hizo Millius en los ochenta?

— ¡Qué Millius ni que niño muerto, Lucas! ¡Los norcoreanos, chico, los chinos del carrizo que se volvieron locos!

El Sr. Huan entrega la carta y me sonríe. Eso sí, atisbo un deje de desconfianza hacia a mi acompañante. Ordenamos unas bebidas y decimos que ordenamos en un momento.

— Bróder —le digo—, no hables mal de la gente que te va a servir la comida.

— Es que andan en una vaina, Lucas.

— Andan en una vaina desde la muralla china, chico.

— ¿Lo ves? ¡Los chinos, vale, los chinos!

— ¿Pero no eran los norcoreanos?

— ¡Es la misma vaina!

El Sr. Huan vuelve con las bebidas. Mi amigo se engrincha. Yo pido un arroz blanco, costillas y mostaza china. El pana pide el especial del día.

— ¿Compartimos unas lumpias, Lucas? —pregunta el pana.

Le digo que no. Ni de broma voy a compartir nada con un sujeto que arranca con una de peligro amarillo en pleno restaurante sechuán.  El Sr. Huan me guiña el ojo. Ay, murmuro, pensando en el adobo que va a recibir el plato del pana en la cocina.

— Tienes que bajarle la chola a lo de los chinos —le digo a mi compañero.

— ¿Yo? ¡Que se lo bajen ellos, Lucas! ¡Son los que van a estallar el mundo!

— ¿Pero no estábamos hablando de los norcoreanos?

— ¡Es la misma vaina!

Recuerdo que el pana salió con la misma película en un italiano. Se puso a hablar pestes de La Cosa Nostra, de cómo todos los ítalo-descendientes eran carne de camorra. Dios sabe que le pusieron en la cuatro formaggi, pero parmesano no era.

El Sr. Huan trae los platos. De nuevo me sonríe pero mira al pana de reojo con inquina. La sonrisa se amplia.

— El especial —dice, poniéndole el plato humeante enfrente.

Lucas García París 

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