Perspectivas

Del caos de la deuda a su extinción; por Carlos Hernández Delfino

Por Carlos Hernández Delfino | 5 de julio, 2015
 Juan Vicente Gómez, retratado por Luis Felipe Toro.

Juan Vicente Gómez, retratado por Luis Felipe Toro.

Cuando el general Cipriano Castro, al frente de su Restauración Liberal, alcanza el poder en octubre de 1899, Venezuela era una nación depauperada por años de guerras, revoluciones y revueltas. El atraso y el caos fiscal eran los signos dominantes de esos tiempos, cuando una pesada deuda y la secular vulnerabilidad del país a los avatares de los mercados internacionales, no dejaban margen alguno para cubrir las más primarias necesidades de la población. A ese propósito tampoco podían contribuir unas instituciones débiles y una precaria administración pública. Los precios del café, principal producto de exportación venezolano, comenzaron a declinar drásticamente en 1899 (40%) al tiempo que se debilita la producción, con lo cual el valor de la exportación de ese producto se redujo en 46%. Esa condición habría de empeorar hasta 1903, por la inestabilidad interna y por los efectos del bloqueo naval a las costas venezolanas en 1902 perpetrado por las potencias coaligadas.

La deuda pública estaba conformada por empréstitos externos e internos de distintas épocas y por las reclamaciones nacionales e internacionales contra la nación venezolana por perjuicios reales o simulados causados a venezolanos y extranjeros en momentos de confrontación civil. Desde los tiempos de Angostura comenzaron a acumularse obligaciones financieras y comerciales para cuya satisfacción debieron contratarse empréstitos voluminosos durante los primeros años de Colombia la Grande. En los episodios de euforia financiera internacional que se sucedieron durante el siglo XIX, las naciones en formación, impulsadas por el apremio, recurrieron al endeudamiento con prescindencia de sus capacidades de pago. A tal punto llegó la embriaguez especulativa de esos años, que el general Gregor MacGregor logró contratar préstamos en Europa por 500.000 libras esterlinas, entre 1823 y 1825, para colonizar el extravagante “Reino de Poyais”, una ficción de país que él creó en la costa norte de Nicaragua.

Hasta el desmembramiento de la Gran Colombia, nada cambió. No se pagó la deuda y el crédito de Colombia se degradó a la peor de las calificaciones. Con la disolución fueron distribuidas proporcionalmente las deudas entre las naciones resultantes y a Venezuela le correspondió 28,5 por ciento de deuda externa e interna; esto es, cerca de 28 millones de pesos, lo que representaba más de cinco veces los ingresos públicos de 1840, año en que fue reconocida y asumida esa deuda. Ese fue el origen de la deuda pública venezolana.

Los gobiernos llamados conservadores se caracterizaron por la pulcritud administrativa, el orden fiscal y el cumplimiento estricto del pago de la deuda. Por el contrario, a las complicaciones políticas, económicas y fiscales que les tocó enfrentar a los Monagas, se suma el desbarajuste fiscal que habían provocado con su improvisación en materia de impuestos y de deuda. Entre 1847 y 1958, la deuda pública creció más de dos veces hasta alcanzar 48 millones de pesos.

De allí en adelante la historia resume una trayectoria accidentada de nuevos empréstitos contratados para paliar la situación creada por el incumplimiento de obligaciones previas y para financiar los costos de una larga sucesión de rebeliones, alzamientos y revoluciones. Durante la dictadura que asumió el general José Antonio Páez, se contrató un empréstito por un millón de libras esterlinas. Al concluir la Guerra Federal, Antonio Guzmán Blanco suscribió un polémico empréstito por un millón y medio de libras, el cual, según él mismo afirmó en un gesto de incontenible sinceridad o de frío cinismo, fue el origen de su considerable fortuna. En 1896, durante el gobierno de Joaquín Crespo, fue negociado otro empréstito por 50 millones de bolívares cuya principal finalidad fue honrar deudas atrasadas con los constructores del ferrocarril de Caracas a Valencia. Para aquel momento ya la deuda pública había alcanzado 190 millones de bolívares, es decir, cuatro veces los ingresos fiscales de 1896. Ese fue el último empréstito bancario del siglo y no se contrataría otro hasta la década de 1960. En todas estas experiencias, se encuentran elevados costos financieros, ineficiente aplicación de los recursos, opacidad de las cuentas y alegatos de manejos indebidos. Por ejemplo, en 1893 se creó la Deuda de la Revolución, surgida de las reclamaciones relacionadas con la Revolución Legalista de Joaquín Crespo. El Gobierno había adquirido un sello especial para distinguir los títulos legítimos de esa deuda. Un alto funcionario del Ministerio de Guerra sustrajo el sello y estuvo toda una noche falsificando títulos que comenzaron a circular de inmediato junto a los auténticos, con lo cual el precio de esa deuda bajó estrepitosamente.

Después vendría el bloqueo naval a Venezuela por Alemania, Inglaterra e Italia, en respuesta a las deudas impagadas y a las provocaciones y desplantes del “cabito”, en medio de una nueva crisis fiscal que fue dramáticamente empeorada por el bloqueo. Castro se vio forzado a negociar los Protocolos de Washington con los extranjeros que habían profanado el sagrado suelo de la Patria. Las reclamaciones aceptadas por Venezuela superaron la cifra de 38 millones de bolívares que en alta proporción debió ser honrada en un lapso muy breve. Cuando los desordenes renales de Castro le dejaron el camino libre a su compadre, Juan Vicente Gómez, a fines de 1908, la deuda pública total alcanzaba a 212 millones de bolívares, más de cuatro veces los ingresos fiscales de 1909.

Durante el lapso de 1809 a 1829, Venezuela cumplió religiosamente con el servicio de la deuda, aun en tiempos de la mayor penuria fiscal, como fue el caso en 1921. A comienzos de 1930 la deuda total se había reducido a 52,8 millones de bolívares, de la cual Bs. 24,3 millones era deuda externa. Ese año Gómez recomendó al Presidente nominal de la República, Dr. Juan Bautista Pérez, la cancelación total de la deuda externa e interna, como un homenaje al Libertador en el primer centenario de su muerte. La deuda externa fue amortizada mediante una remesa en oro tomada de las reservas del Tesoro. El petróleo hizo posible esta operación. Al morir Gómez en 1935, la deuda pública interna era solamente 3,7 millones de bolívares, parte de la cual no había sido reclamada por los acreedores.

La decisión de pagar anticipadamente la deuda externa, en plena crisis internacional, cuando las naciones latinoamericanas se declaraban incapaces de continuar sirviendo sus obligaciones externas, y cuando se dejaban sentir las necesidades de una Venezuela pobre y atrasada, no encuentra justificación en el terreno de la racionalidad económica y hay que buscar entonces la explicación en la peculiar personalidad del dictador, en su apego a la disciplina financiera cultivada como exitoso empresario rural, y en el recuerdo de las calamidades a que se vio sometido el país por los reiterados incumplimientos en los pagos de la deuda, incluido el bloqueo de 1902.

Carlos Hernández Delfino Investigador y docente de postgrado en la Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad Central de Venezuela especializado en historia económica de Venezuela y economía.

Comentarios (4)

Edgard J. González.-
5 de julio, 2015

“Deuda Total 52,8 millones de bolívares, de la cual Bs. 24,3 millones era deuda externa. Ese año Gómez recomendó la cancelación total de la deuda externa e interna, Al morir Gómez en 1935, la deuda pública interna era solamente Bs 3,7 millones”: ¿Se puede concluir que pagaron los Bs 52,8 millones en 1929, y esos 3,7 era deuda contraída desde 1929 hasta diciembre del 35, o eran deuda remanente de aquel total de Bs 52,8M?. ¿Cómo podríamos conocer el monto real de las deudas externa e interna actuales, y las cantidades reales de Reservas en dólares y en lingotes de oro que mantenga Venezuela hoy?

Olmar Centeno
6 de julio, 2015

Tal vez sea cierto que el pago de la deuda externa en esos momentos no tenga un justificativo en el marco de la racionalidad económica. Igualmente es cierto que Gomez fue un tirano, que tuvo presos políticos por arrobas y muchos de ellos fueron asesinados, que se apropió de bienes y tierras y un largo etcétera. Pero tambien es cierto que su mandato puso fin a las guerras civiles que impedian el progreso del país. No hizo progresar a Venezuela, pero echó las bases que permitieron el desarrollo económico que tuvimos en los sesenta años que siguieron a su muerte

Agustín Contreras A.
6 de julio, 2015

La sanguinaria dictadura gomecista, trajo cambios muy importantes al país. Acabo con las guerras intestinas, cualquiera con cinco peones y tres escopetas tomaba un pueblo y así seguía. Organizo política y económicamente el país, creando el Ministerio de Fomento. Y, algo importante, mejoro la producción agropecuaria en lo referente a la producción de café, y mejorando los rebaños de bovinos.

Estelio Mario Pedreáñez
7 de julio, 2015

El Bloqueo Naval a Venezuela de 1902-1903, la agresión imperialista de Gran Bretaña, Alemania e Italia, usó el pretexto de las deudas con dichas naciones (tres monarquías europeas), pero en realidad pretendieron apropiarse de Venezuela, desmembrándola y repartiéndose su territorio. Así, Gran Bretaña planeaba apoderarse de toda la Guayana y el Oriente venezolano, Alemania quería la Isla de Margarita, Puerto Cabello, el Zulia y los Andes venezolanos, e Italia lo que quisieran darle los otros. Estos planes de conquista territorial se frustraron ante la posición de Estados Unidos que les lanzó un ultimátum a los imperios europeos agresores y movilizó su marina de guerra (el Almirantazgo Británico reculó cuando se enteraron que los barcos de guerra de Estados Unidos zarparon de sus bases en Puerto Rico rumbo a Venezuela). El funesto Cipriano Castro nunca ordenó movilizar a las fuerzas militares venezolanas y solo pidió y se escudó en la intervención norteamericana, incluso nombró al Embajador de los Estados Unidos en Venezuela como el “Representante Plenipotenciario” de Venezuela en las negociaciones para solucionar el conflicto y pagar las deudas, que terminó entregando las principales aduanas del país al control de gobiernos extranjeros. Venezuela no se desintegró, no por el valor de su gente, sino por los intereses propios de una potencia extranjera: Los Estados Unidos. Maldito todo gobernante que deje el destino de Venezuela en manos de gobiernos extranjeros.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.