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Camino a las parlamentarias con el rancho ardiendo; por Alonso Moleiro

Por Alonso Moleiro | 4 de marzo, 2015

Camino a las parlamentarias con el rancho ardiendo; por Alonso Moleiro 640

En términos históricos, la relación del país con el chavismo como proyecto de poder parece estar llegando a un embudo. Como cualquiera podría haberlo imaginado, la prolongación de la actual dirigencia en el gobierno ha causado una especie de corto circuito en el sistema nervioso nacional; un caos absoluto que toca la vida cotidiana de todos.

El gobierno tiene entre sus manos un absurdo cambiario que no encuentra cómo resolver. Descoyuntada la relación con las divisas extranjeras, se ha acumulado un grave volumen de deudas y se han roto parte de las cadenas productivas y de comercialización. Los trastornos ocasionados a la industria nacional nos hacen más dependientes del petróleo, y su precio ahora ha descendido de manera brusca. Nuestra dependencia del exterior en materia económica es uno de los eslabones más débiles del país desde el punto de vista estratégico.  Con esto, en Venezuela la cotidianidad es un infierno desde cualquier punto de vista y desde cualquier clase social.

Ahora que no hay dinero, las máculas de la actual gestión comienzan a brotar, purulentas, frente a toda la sociedad.

No se trata exclusivamente de que estamos en una crisis económica. Venezuela lleva demasiado tiempo mal, con o sin crecimiento del Producto Interno Bruto. Promoviendo invasiones, fomentando tomas, justificando excesos, desregulando normas, irrespetando pactos, confiscando bienes, expropiando empresas, comprendiendo al hampa, comprando motos, trayendo armas, el chavismo ha terminado por construir una sociedad horrible, violenta y paranoide,  el escenario natural de la triangulación y el ilícito,  pozo en el cual se larvan proyectos criminales que han tomado todos los caminos del país. La corrupción y la doble moral que fomenta el chavismo desde el poder ha necrosado todas nuestras instituciones, muy especialmente al Poder Judicial, rama del poder público tutelada, que subsiste en un contexto de libertad condicionada por el Palacio de Miraflores.

Como nunca antes, las providencias, los procedimientos administrativos, el manojo de normas, la excepción burocrática, expresada en instrumentos como el control de cambios, ha pervertido por completo al gobierno y a buena parte de la sociedad.  El gobierno tiene sometido al empresariado a un continuo proceso de extorsión. El morbo de la corrupción, tan denostado en el pasado, aquel que se fustigaba en los programas televisivos de denuncia que ya no existen, reaparece hoy, más fuerte que nunca.

Aquel que, en algún momento de estos 15 años, haya suspirando cavilando reflexiones del tipo “¿y esto en qué irá a parar?”, ya se puede dar por respondido. Esto “paró” en la infernal Venezuela que tenemos a nuestros ojos. De la mano de su líder, el chavismo tuvo para sí un tiempo histórico que pudo aprovechar, alimentado con dinero y votos,  con una legitimidad social y cierta eficiencia política. Ese modelo ahora ha colapsado por completo.  El líder ha fallecido; no hay caudillo al cual empotrarle la masa para completar la ecuación con el ejército. El diagrama de poder, sin Hugo Chávez, se ha desdibujado por completo. Entramos en la zona de la crisis, con el boquete infernal de la inflación escupiendo chispas, sin divisas, y con un Presidente que no está preparado para atender la contingencia.

La implosión del chavismo es un hecho fácilmente comprobable y hoy constituye el signo más visible de este tiempo. Se expresará en términos electorales. Sobre esa marea podrá gestarse el salto definitivo de la oposición democrática para plantearle al país la existencia de una nueva voluntad.

Eso no quiere decir que el gobierno va a entrargar el poder el mes que viene, ni que no le queden recursos por agotar. El tiempo histórico tiene una dimensión diferente al tiempo personal. El arma más efectiva que le va quedando a Maduro es la que está a la vista: reprimir. Poner al país a pagar el precio de su fracaso. Los chavistas tienen el poder en las manos, están muy apurados en esconder sus marramucias y han demostrado hasta dónde pueden llegar. Teóricamente, pueden gobernar en minoría, controlando con ráfagas represivas los malestares de la crisis en un contexto caotizado. Es un movimiento político acorralado y muy cerca de conocer una derrota grave; pero todavía con cierta fuerza social, con identidad política, con pocos escrúpulos, y además armado.

Lo que sucede es que su margen de maniobra se estrecha dramáticamente, en todos los órdenes: el económico, el político, el social, el internacional, el diplomático.  Venezuela tiene el déficit fiscal más grave de su historia; la corrupción roja dilapidó las arcas de la nación en Cadivi y no quedan recursos con los cuales atender demandas elementales, como por ejemplo la escasez de medicinas.

La mecánica consultiva impuesta por Chávez en la Constitución del 99 le funcionaba a la perfección al gobierno cuando tenía, como tuvo hasta el 2013, el viento a su favor. En esta ocasión, como en casi todos los órdenes de la gestión de gobierno, este dispositivo obra en contra de Maduro. La llegada a una costa electoral colocará al oficialismo ante la verdad. Ante su verdad. Ante la eventualidad de ver su ruina frente al espejo.

En este contexto es que debemos comprender el proceso represivo en curso, y la necesidad de asistir, disciplinada y estoicamente, a unas elecciones, en este caso a las parlamentarias, aún con las cosas en contra. Para hacer posible la suprema necesidad de otorgarle soporte político a un eventual proceso de transición y dirimir los dilemas de Venezuela en el marco de la paz y la legalidad.

Alonso Moleiro 

Comentarios (6)

leonardo
4 de marzo, 2015

Henrique Capriles tiene mucha razón cuando afirma la posibilidad de que las elecciones legislativas sean suprimidas (sin olvidar que muchas cosas pueden ocurrir de aquí a noviembre). Es algo que, sin duda, ha de formar parte de las hipótesis que maneja el chavismo. Y al tiempo puede ser una forma de provocación. La transición es algo que ninguna revolución contempla. El chavismo tiene aún, como usted lo dice, (y pese a todo) cierta fuerza social y tiene a las fuerzas armadas. Es decir que tiene la sartén por el mango! La relación de fuerzas le sigue siendo favorable, y la capacidad de asustar al pueblo que se benefició con el socialismo del siglo XXI, pues no se pueden olvidar los innumerables intentos de golpe de estado y de asesinatos presidenciales que serán desmontados a tiempo en los meses que vienen!!

Gustavo Sandoval
4 de marzo, 2015

Digale eso a los lideres de la mesa de la unidad. Alguien tiene que liderar este despelote para poder capitalizar el descontento generalizado. Hay que explicarle a la gente suficientemente que se deben enfocar todas las energías en organizarse para la elecciones, sin egoísmos ni personalismos. Es tiempo de darle todo a Venezuela.

Margarita Oviedo
4 de marzo, 2015

Siempre lúcido en sus análisis.

Gastón Echeverría C.
4 de marzo, 2015

Un crudo pero verdadero artículo. Esta dicho todo. El problema es otro: ¿Cómo se van a ganar unas elecciones parlamentarias, con el desgano de la gente de abajo, que ya no cree en los políticos. La decepción es grande. La crisis de credibilidad es igual a la crisis económica, social y pilítica que vivimos. Las encuestas no lo van a reflejar, pues no les conviene. De haber elecciones, la cifra de abstención, permitirá que el régimen actual se consolide. Necesitamos nuevos y buenos políticos que tengan programas reales. Que hablen cara a cara en los cerros y barrios populares. No es pesimismo, es una realidad que todos veremos. Gracias, GEC.

Freddy Siso
4 de marzo, 2015

Es triste descubrir que ningún político se exprese respecto a muchísimas opiniones que expresan los artículistas. Pareciera que viven al margen y no leen nada que les importe. Y así es el país, y así lo quíso la dictadura médiatica: que nadie opine, que nadie lea. Quisiera decir, que si por mí fuera, desaparecería a las Fuerzas Armadas Bolivarianas para siempre. ¿Para qué sirven? Los civiles hemos demostrado, defender mejor a Venezuela que todos los uniformados que ha tenido en su historia.

Jorge Kwan
5 de marzo, 2015

A grandes pinceladas ese es nuestro presente. Con tres problemas, a cual más grave, la deuda externa, la escasez, las elecciones en condiciones perfectamente negativas.El gobierno ha optado por enfrentar el tercero ante la imposibilidad de dar respuesta inmediata a los otros dos. Y la única respuesta posible ha sido la represión de los opositores con la esperanza de que se retiren de la competencia electoral, o se debiliten entre pugnas internas para enfrentar las agresiones cada vez más descaradas y graves.Si nada de esto resulta quedará como alternativa la suspensión del proceso electoral. El alto costo político a lo interno del país quedaría compensado por la eliminación del riesgo electoral. El incremento de la represión se hace en la seguridad de que en la oposición se incrementarán posiciones muy convenientes al gobierno: a) respuestas violentas desesperadas, b)fortalecimiento de actitudes pacifistas con fuertes rechazos por parte de los grupos violentos y el consiguiente deterioro de la oposición, y c) frustración generalizada de la población que, en el peor de los casos replicaría un nuevo “caracazo”- Hay que recordar los antiguos modelos de simulación que se estudiaban en CENDES sobre el comportamiento probable de gobiernos autoritarios: el control represivo necesariamente debía ser cada vez mayor hasta que …

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