Premio Eugenio Mendoza 12+1

9. Paul Parrella // Entrevistas a los participantes en el Premio Eugenio Mendoza 12+1

Por Premio Mendoza | 11 de febrero, 2015

Paul Parrella es el noveno de los entrevistados como participantes de la Edición 12+1 del Premio Eugenio Mendoza, cuyo veredicto fue decidido por el jurado conformado por Sandra Pinardi, Luis Pérez Oramas y Harry Abend el pasado lunes 26 de enero. En Prodavinci hemos hecho una misma entrevista a cada uno de los doce participantes en la muestra, con la intención de conocer su visión del panorama actual a través de 12+1 preguntas y así, desde las ideas, completar la visión que plantean sus obras. La muestra de los doce artistas que participaron en la Edición 12+1 del Premio Eugenio Mendoza está actualmente expuesta en la Sala Mendoza, en la Universidad Metropolitana. Puede conseguir toda la información haciendo click acá.

Paul Parrella

1. ¿Cuáles han sido las obsesiones que te han acompañado a lo largo de tu formación como artista y en qué medida se reflejan en esta pieza que forma parte de la muestra Premio Eugenio Mendoza 12+1?
Durante mi formación, llegué a pensar en muchas ocasiones que mi obsesión principal era el paisaje, la naturaleza en comunión con un encuentro desde la materia pictórica. Sin embargo, con el paso del tiempo entendí desde los propios espacios de contemplación que del paisaje sólo me interesaba comulgar con aquellos elementos que, al igual que yo, se encontraban en tránsito. No me conmovía tanto ante los elementos eternos (el mar, las montañas) como me llegaba a conmover con la aparición y desaparición de las sombras sobre el suelo o el movimiento de las nubes en la bóveda celeste. Entendí que mi obsesión principal era establecer pactos, construir territorios de complicidad con aquellos fenómenos que, desde su condición efímera, me recuerdan una vida destinada a una desaparición que es inminente.

Pinto esos fenómenos. Los registro y manipulo la materia pigmentada sobre el soporte, aprovechando la oportunidad que me ofrece la pintura de hacer corpóreo el conflicto, pues en ese momento no me interesa encontrar una respuesta racional al asunto: me basta con el instante de lucha que me provee la materia. Lo veo, en cierto modo, como un tránsito físico y necesario que me place, al mismo tiempo que genera un objeto que me sobrevive. Eso es para mí un intercambio justo.

2. ¿Cómo es tu contacto con el arte actual venezolano? ¿A través de cuáles dinámicas, herramientas, lugares, portales tiene lugar?
El arte actual venezolano no se encuentra en los museos ni en la calle. El arte actual venezolano principalmente se desarrolla en las galerías privadas y espacios alternativos e independientes. Estos espacios han asumido una labor que cumplen como pueden, prestándose como escenario casi único para que investigadores y artistas puedan acercar sus investigaciones recientes al público. Desde estos espacios me relaciono con el trabajo de mis contemporáneos. Sin embargo, por otro lado, mantengo un encuentro cercano con un grupo de pintores, amigos, con los que a menudo discutimos los vaivenes del arte actual en Venezuela. Creo que en estos días se entiende mejor el arte venezolano discutiendo sobre alguna muestra reciente de una galería, ron en mano, que visitando un museo.

3. ¿Con cuáles artistas sostienes experiencias de contagio creativo, de creación colectiva, de acciones conjuntas?
Principalmente con colegas de mi generación, pintores como José Vívenes, Enay Ferrer, Starsky Brines. Es un ejercicio permanente de nuestra parte generar discusiones sobre el sentido de la pintura y el papel de un artista, no sólo en nuestro tiempo sino desde éstas latitudes. Eso nos ha llevado a realizar proyectos en conjunto en varias oportunidades. Incluso a la luz de estos días existen proyectos en camino. También hay contacto con curadores amigos y artistas de generaciones anteriores, quienes siempre enriquecen la visión del hacer arte hoy día.

4. ¿Cuál crees que es la marca de generación creativa dentro del vasto universo que representa el arte actual venezolano?
A ésta altura de la historia, en la mitad de la segunda década del siglo XXI, aun estamos superando los paradigmas acuñados a finales de siglo pasado, nos ha costado un mundo superar las últimas tres décadas del siglo XX. Hay un importante número de personas que siguen apegadas a eso, desde la imitación estética o, incluso, desde una postura “revisionista” y “critica” que atiende a un tiempo que nunca pudo llegar ni es éste, como desde una extraña práctica de despecho epocal. Aun así, existen muchos artistas de esta generación que no tienen ese conflicto con el pasado: no pretenden negarlo y, más aun, no les quita el sueño aceptarlo como un referente histórico. El artista de ésta generación ha entendido que vive en una época que genera enormes cantidades de información como referentes culturales. Y el artista actual venezolano puede permearse con mayor fluidez en dinámicas globales que le permiten ampliar el alcance de su investigación. Ha entendido que el arte actual no sólo opera desde los espacios formales, sino que atiende a mecanismos más complejos de divulgación y validación que promueven una construcción más individual de territorios para el artista y su obra.

5. ¿Cuál crees que es tu singularidad dentro del vasto universo que representa el arte actual? ¿Qué es lo que te diferencia del resto de creadores en activo?
Ser pintor es trabajar desde uno de los oficios más antiguos del arte. Y mis obsesiones son comunes a muchos individuos, pero sólo mi historia pesa sobre mis hombros y las relaciones construidas desde esa particularidad son las que me diferencian y me pertenecen.

6. ¿Cómo es tu contacto con el arte actual del resto del mundo? ¿Con cuáles artistas de otras latitudes te vinculas y cómo lo haces?
Principalmente, viajo siempre que puedo. Cuando que tengo la posibilidad y oportunidad, intento aprovechar al máximo cada viaje. Visito la mayor cantidad de museos y galerías posibles. Nunca es lo mismo ver en los libros una imagen de un artista que siempre quisiste ver cuando eras estudiante que verla en persona. Ése es un cambio sin retorno.

Los libros por supuesto, en la medida de lo posible, e Internet, claro. Tengo mi buscador repleto de marcadores de revistas digitales. En la mañanas trato de leer al menos un artículo o algún ensayo en esas publicaciones especializadas. Las redes sociales operan como una plataforma de encuentro para conectarte con lo que están haciendo al otro del mundo.

7. ¿Cuáles de tus necesidades creativas son más difíciles de satisfacer actualmente? ¿A qué crees que se deba?
Soy un obseso por hacer crecer el taller, por las herramientas, por poseer la tecnología y tenerla a mano, disponible para un proyecto específico. He dado varios pasos importantes en el asunto en estos últimos años, pero no siempre avanzas al ritmo que deseas.

8. ¿Has podido conversar sobre las propuestas de los otros participantes en la Edición 12+1 del Premio Eugenio Mendoza? ¿Cuáles te han resultado interesantes?
Puedo decir que conozco las propuestas de José Vivenes, Hayfer Brea y Rafael Rangel, porque desde hace tiempo estoy relacionado con sus investigaciones, pero es algo dado por la amistad y la cercanía. En relación al el resto de mis compañeros, he ido conociendo con más detalle sus propuestas desde esos territorios de contacto que se establecen en el marco del evento. En general, todas las propuestas expuestas poseen un carácter digno de atención y cada una devela una investigación sustentada. No se leen improvisaciones en ellas y eso es algo que te hace sentir bien desde el colectivo.

9. ¿En qué medida crees que esta edición ha significado un cambio? ¿En qué medida crees que sigue siendo más de lo mismo?
No se puede esperar un resultado distintito haciendo siempre lo mismo. A pesar de ser un lugar común, es una idea que no deja de ser pertinente y válida para la ocasión. Pretender manejar las ediciones de un salón como éste desde los mismos mecanismos que opera un proyecto curatorial limita la posibilidad de que un número importante de investigaciones en curso puedan participar en la convocatoria.

El primer paso relevante fue transformar el salón en una convocatoria abierta. Una función importante de este salón (entre otras claro) es la de acercar las investigaciones de creadores emergentes a las instituciones, curadores, investigadores en general, obras a las que de otra manera les costaría más acceder. El segundo paso que me parece muy importante fue eliminar la figura de un curador único, al invitar a doce curadores a elegir las doce propuestas que consideran más claras, pertinentes, sólidas, y luego contrastar la selección entre ellos. Fue una forma de someter a prueba la madurez de una investigación de taller. Es decir: ya no se trata de que tu obra corresponda al planteamiento realizado por un curador particular y que eso la justifique en la selección; se trata de que tu obra debe convencer a un número importante y diverso de curadores, con intereses distintos y lecturas contrastadas del arte actual. Si estos doce artistas logramos convencer de manera conjunta al grupo general de curadores, es porque la obra al menos es coherente en sus pretensiones.

10. ¿Crees que el arte contemporáneo debe revisar algunos de sus aspectos actuales, viendo hacia la tradición y los clásicos? ¿Cuáles y por qué?
El arte contemporáneo debe revisar su “contemporaneidad”. Nos referimos a un término que lleva al menos seis décadas en sus hombros. Incluso en el transcurso de esas décadas de “contemporaneidad” hemos cambiado hasta de siglo, por lo tanto nos referimos a algo que nació y tuvo su momento de gloria en el siglo pasado. Hablar de arte “contemporáneo” es operar desde un territorio que, en su afán de no desaparecer, ha expandido tanto sus linderos que se ha convertido en una cosa abstracta que nadie puede definir con certeza o, peor aún, que sólo es definida desde escenarios convenientes a la ocasión.

Hoy día, todo aquel que busca encontrarse con la contemporaneidad sólo encuentra un mar de contradicciones que rara vez algún entendido logra aclarar de manera convincente. Creo que para generar pertenencia primero debe existir correspondencia. Y corresponder a lo desconocido es un territorio delicado. Siempre recuerdo la frase de Kierkegaard: “Prefiero ser una concreción que signifique algo antes que ser una abstracción que lo signifique todo”. Cuando me toca hablar del asunto, antes de apegarme a la “contemporaneidad” me siento más honesto al decir que soy un pintor obsesionado por los días que me tocó vivir, que pinto en correspondencia con el tiempo que habito y que reacciono en comunión con el arte de mi tiempo.

11. ¿Puedes nombrar a tres artistas que te habría gustado ver incluidos dentro de la convocatoria y, lamentablemente, no quedaron seleccionados?
Puedo nombrar principalmente a dos: uno que aplicó a esta edición y otro al que me gustaría ver nuevamente en una próxima edición. Son Enay Ferrer y Starsky Brines.

12. ¿Cuáles son las razones creativas por las que crees que habrían podido estar acá?
Enay Ferrer aplicó, pero no fue seleccionado. Sin embargo, su obra atiende espacios de la pintura y el dibujo desde un lenguaje muy personal que bien vale la pena atender. Y a Starsky Brines, que aun cuando participó en la edición pasada con un proyecto sólido y atrevido en referencia a su obra, me gustaría verlo en una nueva edición presentando la buena pintura que ha desarrollado a lo largo de su carrera. Ambos, cada uno desde sus territorios, aportan mucho a la pintura actual venezolana.

12+1. ¿Hacia dónde y cómo crees que puede expandirse la idea que sirve de base a tu pieza, en caso de que resultes ganador de la residencia en Lugar a dudas, en Cali (Colombia), con la que se premiará al ganador?
En “Lugar a Dudas” me gustaría tener la oportunidad de relacionarme con el otro fuera de mi obra, entender cómo manejan otros (cualquier individuo) ese condicionante en los seres vivos: la conciencia de estar de tránsito por el mundo. Ver cómo otro individuo (relacionado o no con el arte) construye sus “Analogías sobre la desaparición”. También me gustaría establecer el encuentro con un número determinado de personas y construir con ellos un espacio reflexivo sobre cómo afrontan ellos la idea de la desaparición. Y, desde esa experiencia, quiero desarrollar registros que operen como correspondencias visuales o analogías particulares a cada individuo.

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Éste es el audio disponible en la Sala Mendoza mediante el cual Paul Parrella agencia, en su propia voz, una aproximación a su obra. La Edición 12+1 del Premio Eugenio Mendoza estará expuesto desde el 25 de enero hasta el 22 de marzo de 2015.

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