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Carolina Tinoco en otra reencarnación; por Cristina Raffalli

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Carolina Tinoco retratada por José Miguel Dao / @Takeadao

Carolina Tinoco (Caracas, 1972), arquitecto de la Universidad Central de Venezuela, como tantos profesionales venezolanos forma parte de la diáspora. Vive en París desde 2013 y el 21 de septiembre inaugura la muestra Nouvelles vies: eco-conception, upcycling et recyclage dans le Design, de la cual es curadora, en la galería VIA de la capital francesa, uno de los espacios expositivos más notorios de Europa entre los dedicados al diseño de mobiliario y objetos, por cuyas salas han pasado símbolos de la cultura contemporánea como Jean-Paul Gaultier, Philippe Starck, Jean Nouvel, Ronan Bouroulleco o Andrée Putman entre muchos otros.

La curaduría transita por las tres vertientes anunciadas en el título: piezas que nacieron en territorio verde desde el primer boceto, (eco concepción); muebles y objetos gestados a partir de materiales que ya han pasado por, al menos, una vida anterior (reutilización) y finalmente, diseños que cobran vida gracias a la transformación de la materia (reciclaje). En muchos casos, las tres posibilidades están presentes en una misma pieza y en algunos ejemplos llegan a coexistir, además, con un elemento nuevo: la artesanía. La exposición ocupa un espacio de 250 metros cuadrados y reúne alrededor de 100 piezas de más de 30 creadores de mobiliario y objetos utilitarios, repartidos en 40% de diseñadores franceses y 60% de expositores de varios continentes. La galería VIA está situada en el distrito 11 de la capital francesa, una zona de intensa actividad comercial y nocturna.

Si bien la conciencia ecológica conoce una mutación que la reclama en moda, para Carolina Tinoco ha sido un código de vida desde hace más de dos décadas. Todo empezó alrededor del año 1996, en la UCV:

“Durante mis estudios comencé a trabajar en proyectos de habilitación física de barrios en Caracas. Ese fue mi  primer encuentro con el tema de la reutilización de materiales por supervivencia, por necesidad, algo muy característico de nuestros países en Latinoamérica. En el barrio se pueden ver ejemplos realmente increíbles, como postes de diseño urbano hechos con carrocerías, o muros de contención fabricados con gaveras de cerveza. Al haber pocos recursos, se activa el ingenio y la creatividad. Siempre me fascinó ese tema pero lo que realmente me hizo darme cuenta de que el reciclaje y la reutilización eran mi pasión principal fue mi tesis. Nuestro profesor, Harry Frontado, proponía a los alumnos experiencias que consistían en una especie de rural, como hacen los médicos, pero para estudiantes de arquitectura. Desde la UCV él tenía contacto con algunos alcaldes y gobernadores y hacía estos intercambios, en los cuales nos contrataban por una módica suma y nos teníamos que mudar y vivir en alguna localidad que nos asignaban completamente al azar. Dondequiera que nos tocara pasar esos meses, debíamos adaptar y construir el proyecto que habíamos desarrollado en el semestre anterior”.

Al equipo, que estaba formado por Carolina Tinoco, Adalberto Pacheco y Tomás Opitz, el sorteo los llevó a Punta de Mata, en el estado Monagas, una población marcada por la explotación petrolera.

“A todos mis amigos mayores que yo les había tocado ir a sitios paradisíacos, como Playa Medina y otros, donde trabajaban con materiales magníficos como el bambú o el bahareque, y yo me imaginaba que íbamos a estar en una situación similar… Cuando llegamos a Punta de Mata… Nos preguntábamos cómo podíamos trabajar ahí, qué podríamos hacer. Vivimos los cinco meses en un barrio, en una casa INAVI que no tenía ni agua porque las tuberías estaban selladas con concreto. Lo interesante de esa experiencia fue que no sólo no había materiales hermosos y sexys como el bambú o el bahareque, sino que no había nada. Eso nos obligó a inventar”.

Mientras recorrían el pueblo en busca de ideas, los tres estudiantes entraron al campo petrolero que operaba Corpoven y les llamó la atención unas repisas hechas con tubos muy singulares. Los tubos resultaron ser piezas que venían de los taladros de extracción del gas y del petróleo. Aquello fue una revelación y el primer punto de inflexión en su camino profesional.

Hay que recordar que en la Venezuela de 1996 el tema de la conservación y del respeto al planeta era casi una extravagancia. Esto pese a que Venezuela fue país pionero en materia de políticas públicas de gestión ambiental, con el primer Ministerio del Ambiente del continente latinoamericano, fundado en 1977, que dio lugar a la creación de un sólido sistema de áreas protegidas. No obstante, la educación ambiental, aún veinte años más tarde, seguía sin dar pasos firmes entre la ciudadanía.

El hallazgo de aquellos tubos en Punta de Mata se convirtió en la clave para la construcción de una vivienda modelo: “Hicimos la casa y se le entregó a la persona más desfavorecida de la comunidad. Nuestro sueño era construir más viviendas a partir de desechos de la industria, pero no se dio”, dice Carolina, mientras lamenta la oportunidad perdida: un doble impacto positivo, en lo social y en lo ambiental. “Sin embargo, ese fue el momento en que supe lo que yo quería hacer de ahí en adelante”, confirma.

Flax chair (label breed, 2016) Christien Meindertsma et Enkev / © Label/Breed

Flax chair (Label Breed, 2016) por Christien Meindertsma et Enkev / Fabricada en fibras de lino / © Label/Breed

CR: ¿Se convirtió la reutilización en una manera de ver la arquitectura? ¿Es posible darle un tal alcance?

CT: Desde que empecé a estudiar en la universidad me pareció que el verdadero gran tema de la arquitectura debía ser los barrios. Para mí lo lógico, lo natural, era trabajar ahí. Y ahí, en los barrios, uno de los grandes problemas a resolver era el de la basura, y con esto, el tema de la reutilización de materiales. Trabajé por más de 10 años en los proyectos de Habilitación física de barrios con un gran equipo de gente que ya estaba trabajando en ello desde mucho antes, donde estaban Josefina Baldó, Federico Villanueva, Teolinda Bolívar y otros más.

Mientras Carolina habla sobre su experiencia profesional en los barrios de Caracas, son visibles, a la vez, la celebración de lo que estaba siendo y el duelo por lo que, muy repentinamente, dejó de ser posible. Y en medio de esos dos puntos, ocupando un territorio inmenso, el crecimiento descontrolado de los cinturones de miseria.

Amhabitat era la asociación civil que llevaba adelante los planes de incorporación de los barrios a la estructura urbana. La Habilitación física de barrios estaba orientada a “Planificar, programar, proyectar y ejecutar las obras de urbanización que permitan una adecuada inserción de los barrios en el medio ambiente construido, así como la superación de sus carencias internas en cuanto los niveles de urbanización”, según lo define un resumen ejecutivo elaborado por la asociación Amhabitat para la Corporación Andina de Fomento. En términos menos técnicos, los proyectos perseguían llevar la ciudad al barrio, homologar las condiciones de vida de los barrios con las que disfrutaban los ciudadanos de las urbanizaciones.

La iniciativa había nacido en las universidades, especialmente en la UCV. Financiar los proyectos siempre fue difícil y nunca lograron convencer a ningún gobierno de la necesidad de convertirlos en una política de Estado. Cuando Hugo Chávez llega a la presidencia, acoge el programa y los proyectos se empezaron a ejecutar con gran éxito, pero esa luna de miel entre profesionales, comunidades y Estado duró apenas un año y medio y terminó en 2001, con la llegada del capitán Cabello al Ministerio de Infraestructura.

Las misiones, con toda su espectacularidad e inmediatez, pasaron entonces a sustituir a estos proyectos de largo aliento que implicaban trabajo conjunto sin verticalidad jerárquica; proyectos donde las comunidades debían ser parte activa en la invención y puesta en marcha de las soluciones; donde los profesionales debían acudir a concursos para que las obras estuvieran en manos de los mejores y no de los más militantes; donde la administración de fondos daba lugar a riguroso rendimiento de cuentas a financistas; donde los resultados no modificaban el paisaje urbano para producir imágenes convertibles en afiche de campaña. Donde todo había comenzado por comprender al ciudadano que vive en el barrio y que cultiva un profundo y muy arraigado sentido de la pertenencia a su entorno. En fin, proyectos de baja rentabilidad electoral.

CR: ¿Qué queda de todo aquello? ¿Algún día podrían reactivarse esos proyectos?

CT: Los barrios de Venezuela están estudiados a fondo, se sabe de los barrios mucho más de lo que se ha sabido de las urbanizaciones. Hay estudios de suelo, vistas aéreas, inventarios de todo, estudios de cada necesidad, y se sabía exactamente cuánto había que invertir para generar la infraestructura que los barrios necesitaban en aquellos años.

CR: ¿Por qué habilitar en lugar de relocalizar a la gente?

CT: La primera razón es el sentido de pertenencia. El barrio es lo único que ellos tienen. Apartando el tema de la violencia, la gente es feliz en los barrios. La segunda razón es que es simplemente imposible reubicar a tanta gente. No hay capacidad de construir todas las nuevas viviendas que se necesitan. Habilitar es lo indicado, y para ello hay que facilitar el empoderamiento de la gente, y que ellos mismos vean la mejora a partir de lo que ellos mismos han creado. Hay casos en los cuales la reubicación es inevitable, por ejemplo en situaciones de peligro por razones geológicas.

Objets 2822 (Petite Friture, 2012), Studio GGSV (Gaëlle Gabillet et Stephane Villard) / © Studio GGSV

Objets 2822 (Petite Friture, 2012), Studio GGSV (Gaëlle Gabillet et Stephane Villard) / Fabricado en vidrio pintado de negro / © Studio GGSV

CR: De haber seguido adelante, ¿cómo se hubiese transformado la ciudad? ¿Qué Caracas tendríamos hoy?

CT: Nunca fue un tema estético, sino de infraestructura, y por eso cuesta tanto que la gente entienda ese proyecto. Lo que se estaba  buscando era hacer cloacas, calles, tendido eléctrico y de agua, generar infraestructura educativa y de salud, saber qué se necesita en el barrio, dónde y cuánto, e intentar dotarlo. La arquitectura genera cambios en las ciudades. En los barrios donde hubo intervención se puede observar cambios, pero esos cambios no son estéticos. Yo me entrené para transformar los barrios en ciudad, y lo que terminó pasando fue que la ciudad se transformó en un gran barrio.

CR: ¿Cómo continuó tu carrera, luego del fin de estos proyectos?

CT: Años antes de mudarme a Francia, monté en Venezuela un proyecto que se llamaba Ecodar3 [con las tres R de la conservación: Reduce, Recicla, Reutiliza] asociada con Mariela Martínez y Nelly Guinand. Nos dedicábamos al ecodiseño y al arte a partir de principios de conservación. Hacíamos muchas actividades de educación ambiental, llegamos a hacer proyectos de calle, instalaciones, eventos, sensibilización, cursos. Hacíamos trabajo participativo, inserción social con personas de la tercera edad y con otro tipo de casos. Trabajábamos con empresas que desarrollaban el tema de la responsabilidad social, de modo que el deterioro del país fue reflejándose en nuestra actividad. Ese proyecto duró unos 5 a 6 años. Luego tuve Barbarella, una compañía de eventos donde también se practicaba esta filosofía, por ejemplo, todo el stock de muebles era hecho sobre la base del reciclaje y la reutilización. Cuando cerró Barbarella decidí intervenir ese mobiliario junto con la artista Deborah Castillo. Tomamos los objetos que habían quedado de ambos proyectos y los unimos a los planos de los proyectos de Habilitación física de barrios. Quería reciclar y reinventar a partir de aquellas frustraciones.

El experimento de Carolina Tinoco y Deborah Castillo produjo un vuelco muy afortunado: una de las piezas, la silla titulada Pantuche, fue seleccionada para participar en la exposición New Territories en el Museum of Arts and Design de Nueva York.

CR: ¿Qué implicó esa exposición para ti?

CT: En esa exposición había piezas de una gran calidad estética. Conocí ahí a muchísimos diseñadores que estaban trabajando en ecodiseño y conocí a la curadora y todo esto implicaba acceso a mucha información sobre lo que estaba haciéndose a nivel internacional. Ya estando aquí en París, empecé a investigar sobre exposiciones que se hubiesen hecho en Europa con esta temática y me pareció que había un nicho donde profundizar.

CR: ¿Qué pasa con el diseño cuando se hace en este tipo de sociedades, muy industrializadas y educadas en el tema de la conservación?

CT: El conocimiento crea nuevas formas de concebir el diseño. Por ejemplo, desmantelar un mueble, algo que se hace en Francia habitual y regularmente con el fin de reutilizar las piezas, es algo sumamente complicado. Tener la conciencia de cuán complicado es, lleva a que desde la primera fase del diseño, el diseñador tome en cuenta que ese mueble en algún momento se va a tener que desarmar para que su material pueda ser reutilizado. Es un ejemplo de cómo la conciencia cambia las tendencias del diseño. Esto es eco concepción, es lo más complicado y también el concepto más nuevo, y por eso en la exposición es la categoría que menos piezas tiene.

CR: ¿Cuál fue el primer paso que diste hacia la invención de esta muestra?

CT: En 2015 empecé  a pensar que había un nicho, que era interesante hacer una radiografía, un estudio del estado de cosas del ecodiseño en Francia. Yo ya tenía información, así que sabía un poco qué se estaba haciendo en distintos lugares del mundo, y me parecía que era posible integrar esta visión global, pues una de las cosas que pasa en Francia es que a veces ellos están muy cerrados a lo que se está haciendo en el mundo y me parecía que había ejemplos a nivel internacional que podían alimentar lo que se hace aquí. Cuando conocí VIA me di cuenta de la importancia que tiene como institución: 30  años de actividad, siempre buscando la innovación, desarrollando temas de evolución en el diseño, produciendo prototipos… Me pareció que VIA era el lugar perfecto para hacer una exposición como la que yo tenía en mente. Conocí al director, le propuse el proyecto y le pareció interesante y me dijo perfecto, ármalo y busca los patrocinadores. Me puso en contacto con una agencia que se encargó de encontrar los sponsors y el proceso duró un año. Todos los fondos provienen de organismos públicos.

CR: Además de las tres vertientes principales anunciadas en el título, ¿qué otros criterios guiaron la curaduría?

CT: Algo importante fue la materialidad: contar con una gran diversidad de materiales. También debía lograr un balance entre las distintas partes del mundo. Hubiese querido encontrar diseñadores de África, tener más latinoamericanos y tener venezolanos, pero por razones de costos no fue posible. Otro criterio fue la diversidad de prácticas, que fuera lo más amplia y recorriera desde lo más artesanal hasta lo industrial, pasando por lo artístico. Y otra consideración primordial fue que las piezas tuvieran un alto nivel estético.

Pet lamp Chile (2011), Alvaro Catalan de Ocón / Fabricada en fibras naturales, botellas plásticas PET recicladas / © ACdO

Pet lamp Chile (2011), Alvaro Catalan de Ocón / Fabricada en fibras naturales, botellas plásticas PET recicladas / © ACdO

CR: Una de las dificultades que suelen encontrar este tipo de objetos es la llegada a públicos no sensibilizados, para los cuales lo estético y el precio siguen siendo las únicas consideraciones importantes. Y no siempre el ecodiseño tiene un buen nivel estético. ¿La convergencia entre la concepción ética y la ejecución estética sigue siendo un reto?

CT: Precisamente por eso es que esta exposición es una radiografía. Hay un énfasis importante en lo estético, en lo confortable y en la permanencia del objeto a través del tiempo. Y muchas veces hay un tema puramente conceptual, y ahí es donde entra la parte artística.

CR: La exposición dura seis semanas. ¿Hay una nueva vida para “Nouvelles vies”?

CT: Sí, tendrá una nueva vida en lo inmediato, porque dentro del marco de la exposición se hará un llamado a concurso para diseñadores emergentes. El concurso consiste en llevar a los diseñadores a un depósito de materiales para la reutilización (una materioteca), y que a partir de lo que ellos encuentren ahí, generen su idea y fabriquen el objeto en una institución asociada (en este caso, FabLab) donde al final del año serán expuestos los trabajos.

La selección hecha por Carolina es un ecosistema cuya diversidad promete una altísima actividad vital: junto a los nuevos talentos, el público podrá descubrir o redescubrir piezas ecodiseñadas por Philippe Starck y Jean Nouvel, y conocer los trabajos más recientes de los hermanos Campana, de Zoe Melo, del colectivo chino Bentu Design y de muchos otros artistas y diseñadores que se encuentran en distintas etapas de sus carreras, desde los más nuevos hasta los de mayor renombre. Uno de los objetos más interesantes de la muestra, Trou Noir, matière dernière, del Estudio de diseño GGSV (Gabillet y Stéphane Villard), acaba de ser adquirido por el Centre Georges Pompidou.

R: Y a ti, ya no como curadora sino como diseñadora, ¿qué te deja esta experiencia?

CT: Mi aproximación al diseño ha cambiado mucho en los últimos años. Vivimos en un mundo en el cual todo está hecho. Yo solo diseñaré aquello que sea sostenido por un concepto importante. Diseñar por diseñar, hacer una pieza más, que no tenga ningún arraigo ético, social o ecológico, no tiene para mí ningún sentido. Cuando diseñe algo, será porque tiene impacto social, porque es un gesto de respeto por el planeta y porque estimula a la gente o es parte de una iniciativa de inclusión. Solo así tendrá sentido poner un objeto más en este mundo.