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“Te vamos a liberar porque nos mandó el ministro”; por Yorman Guerrero

Por Yorman Guerrero | 26 de julio, 2017
Héctor Luis Caldera retratado por Andrés Kerese

Héctor Luis Caldera retratado por Andrés Kerese

Un contingente motorizado de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) se acerca a Héctor Luis Caldera cuando envía un mensaje por su teléfono. Es jueves 20 de julio. El hombre de 36 años está en la avenida principal de Los Chorros, al noreste de Caracas. Los uniformados apuntan con armas largas. Héctor levanta las manos: una sostiene el carné de prensa. La otra el celular de trabajo.

¡Héctor, vente! ¡Corre, que nos van a agarrar!”, grita su compañero de pauta, un motorizado. Tiene la instrucción de huir en caso de un ataque de policías o militares. Héctor corre y se acomoda en la parte trasera de la motocicleta. Transitan unas cinco cuadras por esa misma vía. Van rápido. Se acercan a una zona residencial de casas de dos plantas. El motorizado acelera. La policía los persigue. Héctor vislumbra un obstáculo en la vía. “¡Frena, frena, hay una cadena!”.

Se detienen. Héctor se baja. Levanta la cuerda de metal oxidada. El motorizado pasa por debajo y continúa. Al reportero no le da tiempo de subirse. Los policías lo alcanzan. Levanta las manos y se identifica: “¡Soy periodista, soy periodista!”. Los vecinos salen a los balcones. “¡Corre, hijo, corre!”, “¡Métete en la próxima cuadra!”, “¡No le hagan nada!”, “¡Métete en una casa!”.

Héctor camina hacia los policías con las manos arriba. No para de gritar que es periodista. Los nervios le impiden contar cuántos uniformados hay. Varios PNB lo acorralan en un callejón contiguo, mientras piden refuerzos. Lo rodean. Lo golpean.

—Tú no eres periodista un coño. ¿Para quién trabajas?

—Para un medio independiente, trabajo para muchos medios.

El portacarné que cuelga de su cuello tiene dos credenciales. La primera es de la Universidad Simón Bolívar (USB), donde estudia un posgrado en Ciencias Políticas.

—¿Vieron? ¡Qué periodista va a estar siendo éste!

Héctor no lleva chaleco antibalas ni máscara antigás. Los PNB voltean la acreditación y encuentran la segunda, donde comprueban para quién trabaja. Lo golpean en la cara varias veces. Ríen a carcajadas.

—Este es de Prensa Unidad. Ya tenemos a uno. Te vamos a sembrar. Te vamos a violar. ¡Ya vas a saber qué es lo que eres tú!

Héctor no puede continuar su trabajo. Reportaba a través de fotos y videos cómo se desarrollaba la actividad comercial y de transporte durante el paro nacional de 24 horas convocado por la oposición en los cinco municipios de la capital venezolana.

Los policías hablan entre ellos. Desprenden las identificaciones de la cuerda y la usan para amarrar las manos de Héctor hacia atrás. Meten los dos carnés dentro de un koala que el periodista lleva colgado de su pecho, donde también está su móvil personal, un cargador portátil y dinero en efectivo. No paran de decir que lo van a “sembrar”, que lo van a joder. Le exigen que se monte en una moto de la PNB. Él no opone resistencia. Lo llevan hasta las inmediaciones de Venezolana de Televisión (VTV), donde trabajadores de la planta vociferan su lealtad al gobierno de Nicolás Maduro.

Al llegar al canal del Estado, Héctor baja la cara, teme aparecer en las fotos que toman los vecinos y que sus padres lo identifiquen en las redes sociales. No quiere preocuparlos. Desde los edificios circundantes la gente grita que lo dejen ir. Dentro de VTV, hombres y mujeres piden a la PNB que se los entreguen.

Un guardia nacional se acerca a Héctor. Exige a unos PNB que le tapen la cara. Intentan hacerlo pero la camisa de botones que viste el periodista dificulta la orden. Lo escoltan hasta la calle B de Los Ruices, diagonal a VTV. Lo sigue un tumulto de funcionarios y civiles enardecidos. Desde los edificios lanzan botellas y los guardias disparan gases lacrimógenos. Héctor está asfixiado.

—¿De dónde eres?

—Trabajo para prensa.

—¿Pero para qué prensa trabajas tú?

—Soy periodista de la MUD. Trabajo para Prensa Unidad.

El GNB lo abofetea y cae al asfalto. Le exige que se arrodille y pegue la frente del piso. Lo deja un rato en esa posición. Después lo regresa al frente de VTV. Héctor ya no grita. Ve a tres periodistas del canal del Estado. Lo graban. Se reconocen mutuamente.

La reportera independiente Adriana Núñez identifica a Héctor y tuitea:

La GNB traslada a Héctor hasta la sede del Gran Abasto Bicentenario en Plaza Venezuela. Llora los ocho kilómetros de la autopista Francisco Fajardo que recorre sentado en la moto entre los dos guardias. El estacionamiento del supermercado funciona como un punto de control de la GNB. El conductor choca varias veces su casco contra la cabeza de Héctor. Policías que circulan en otras motos golpean sus piernas con la culata de las escopetas para que no se apoye en los posapié de la moto.

Al entrar en el estacionamiento del abasto, Héctor se entera de que lo esperan. “¿Dónde está el periodista? ¿Cuál es el periodista?”, escucha. Varios policías gritan. Cuando lo identifican, lo golpean en el pómulo izquierdo. Es el impacto más fuerte que recibe ese día. Cae al piso aturdido y comienzan a patearlo. Los guardias le preguntan para quién trabaja.

Héctor no responde. Abraza el koala donde están sus identificaciones. Le rompen la camisa y lo llevan hasta un rincón donde hay otros diez detenidos. Huele a orina. Una voz frena la cayapa. Un militar irrumpe en la escena. Le llaman “general”. “¿Dónde está el periodista? ¿Qué hace el periodista allí tirado? ¡Párenlo del suelo!”

Le desatan las manos. El general pide que traigan hielo. Héctor toma los cubos y se los mete a la boca para calmar la sed. El militar le aclara en un grito: “El hielo no es para la boca, es para el golpe que tienes en la cara”.

Tres guardias lo llevan hasta un tráiler con aire acondicionado. “Métete allí para que te refresques”. El general ordena que le lleven agua y una bebida saborizada. Héctor piensa que ahora van a exhibirlo, pero el general le dice: “Te vamos a liberar porque nos mandó el ministro Villegas”, en alusión al ministro de Comunicación e Información.

Héctor guarda silencio. El general sale del tráiler. Los otros militares aprovechan y le comentan: “Ustedes como periodistas tienen que entender que a veces muestran una realidad que nos ofende. Una cosa que no somos”.

El general regresa, ordena que le tomen una foto con Héctor y luego recibe una llamada. Manda a que graben un video. El periodista lo ve a la cara durante la filmación. El uniformado dice en su discurso que no quieren la guerra, que trabajan para mantener la paz y que están soltando a Héctor por órdenes del ministro Néstor Reverol (Interior, Justicia y Paz).

“¿Por qué dicen primero que me liberan gracias a Villegas y ahora que es por Reverol?”. Héctor no entiende. Interviene durante la grabación para explicar qué estaba haciendo cuando lo detuvieron. Después de contar su versión, el general ordena apagar la cámara. No publican la foto ni el video.

El general le pregunta a Héctor dónde vive e insinúa que uno de los militares lo lleve. Prefiere caminar. Lo liberan.

Sale del estacionamiento como un comprador más. La gente lo ve con extrañeza. Tiene el pómulo y el párpado izquierdo hinchados. La camisa rota. Detiene a un motorizado para que lo saque de ahí. Justo antes descubre que en su koala ya no está su móvil personal, ni el cargador portátil, ni el dinero en efectivo.

Yorman Guerrero 

Comentarios (8)

Elena B.
26 de julio, 2017

Gracias por documentar estos ataques a periodistas. Lo lamento mucho por Héctor y tu relato transmite el horror que debe haber sentido. Los complejos de muchos militares y policías son terribles y los periodistas los destapan, por eso no los toleran. Tanto uniforme, tanto supuesto orden y al final los violentos son personas con grandes carencias y problemas psicológicos.

Jose Gerardo CONTIN
26 de julio, 2017

Los otros militares aprovechan y le comentan: “Ustedes como periodistas tienen que entender que a veces muestran una realidad que nos ofende. una cosa que no somos”. No se puede mostrar lo que algunos actores deseen..mientras se da a conocer las realidades tal cual como ocurren cualquiera estará en paz con Dios y consigo mismo. No debe temer a nada !! Ni lo uno ni lo otro, como diría un expresidente Venezolano, pero necesario llevar las REALIDADES a los que no pueden estar en las escenas….

kocis
27 de julio, 2017

Solo son BESTIE

Isabel Planchart
27 de julio, 2017

El registro es esencial, así que muchas gracias. Y aunque es muy lamentable lo ocurrido a Héctor me alegro mucho de que esté libre y no como otros tantos que no han corrido con la misma suerte.

Jeshua P.
27 de julio, 2017

Los militares por lo general son individuos con problemas y taras mentales que arrastran desde la niñez. Un medio ambiente dónde pueden descargar su miedo, frustración y desesperanza interna es el ambiente militar, donde sacian su codependencia entre el temor y el dolor. Lamentable que en Venezuela esa condición se ha presentado y generalizado en todos los cuerpos de seguridad, convirtiéndolos en represivos en vez de su función protectora; por eso deben en el inmediato futuro reformarse en organismos con mayor ética y desempeño. En Colombia fue posible e igual lo será en la Venezuela que se reconstruirá desde sus cimientos.

Flor Bello
29 de julio, 2017

Que horror paso Héctor, pero a Dios gracia pudo salvar su vida y no ir preso que es casi como morir. Cuanto horror más tenemos que pasar para poder recobrar nuestra democracia.

gloria
29 de julio, 2017

Soy licenciada en comunicación social… no ejerzo mi profesión porque nunca quiseq seguirle el juego a los bandos que destruyeron y dividieron al país. Aunque sufro las consecuencias de mi decisión veo que no me equivoque. Vergüenza me dan los que han mentido al país por tantos a.os y hicieron posible que ya no exista la realidad ni la informacion. Vergüenza me da la gnb, y ese tipejo que dice que informan loq “No son” algún día se reestabecera la normalidad, la honorabilidad de este país. Maldito sea el chavismo y su verdadero legado sobre esta tierra. Viva Venezuela carajo. Recuperemos nuestro país.

gloria
29 de julio, 2017

Secuestraron el periodismo, la seguridad, el derecho, la medicina… todo el saber y lo transformaron en sectorcillos que tergiversan la realidad hasta simplemente destruirla. Y parece mentira. Gente de bien, tan bien formada como este villegas da dentera verlo declarar y da tristeza ver a quienes tienen un poco de razon con todo en contra. Medios imposibilitados de la labor de informar realmente también dando cabida al juego del des gobierno. Cuerpos de seguridad que en vez de protegernos nos acechan y todo un mundo no puede hacer nada por nuestro país. En verdad insólito.

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