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A través del espejo venezolano; por Ricardo Hausmann

Por Ricardo Hausmann | 2 de agosto, 2016
Fotografía de Diego Vallenilla

Fotografía de Diego Vallenilla

CAMBRIDGE – Cuando sabemos que a algún amigo le ha sucedido una catástrofe, sentimos empatía y un poco de vértigo al mismo tiempo. Nos preguntamos si nos podría pasar lo mismo: ¿Es la catástrofe producto de alguna característica peculiar del amigo que por fortuna no compartimos? O ¿somos igualmente vulnerables? De serlo, ¿podemos evitar una suerte similar?

La misma lógica se aplica a los países. El fin de semana del 16 y 17 de julio, a los venezolanos se les brindó la oportunidad de cruzar la frontera con Colombia por hasta 12 horas. Fue un evento que hizo recordar la caída del Muro de Berlín. Más de 135.000 personas aprovecharon ese respiro para ir a Colombia a comprar productos de primera necesidad. Viajaron cientos de kilómetros y convirtieron su dinero por apenas el 1% de las divisas que habrían recibido si se les hubiera permitido cambiar a la tasa oficial que se aplica a los alimentos y medicinas. Pero de todos modos encontraron que valía la pena, en vista del hambre, la escasez y la desesperación que reinan en su nación.

La prensa internacional ha informado sobre el colapso de la economía, como también del sistema de salud, la seguridad personal, el orden constitucional y los derechos humanos en Venezuela. Todo esto está pasando en el país que tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, apenas dos años después de que terminara el auge del precio del crudo más prolongado de la historia. ¿Por qué? ¿Podría suceder en otro lugar?

Los detalles particulares de cada situación siempre son, precisamente, particulares y por eso no viajan bien. Pero ello nos puede proporcionar un falso sentido de seguridad; si se la examina de manera adecuada, la experiencia venezolana proporciona lecciones importantes para otros países.

La crisis de Venezuela no es resultado de la mala suerte. Por el contrario, la buena suerte proveyó la cuerda con la que el país terminó ahorcándose. La crisis es la consecuencia inevitable de las políticas gubernamentales.

En el caso venezolano, estas políticas han incluido expropiaciones, controles de precios y de cambio, exceso de endeudamiento en épocas de vacas gordas, reglamentación antiempresarial, cierres de fronteras, y más. Consideremos, por ejemplo, este pequeño absurdo: en varias ocasiones, el presidente Nicolás Maduro ha negado la autorización para que se impriman billetes de denominación más alta. En la actualidad, el valor del billete más alto es menos de US$0,10. Esto causa estragos en el sistema de pagos y, además, en el funcionamiento de los bancos y de los cajeros automáticos, lo que es una fuente de constantes molestias para la ciudadanía.

Por lo tanto, la pregunta relevante es: ¿por qué un gobierno habría de adoptar políticas perjudiciales y por qué una sociedad habría de aceptarlas? El caos en el que ha caído Venezuela puede parecer imposible de creer. Pero, de hecho, es producto de creencias.

El que una política parezca disparatada o sensata depende del paradigma conceptual, o sistema de creencias, que usamos para interpretar la naturaleza del mundo que habitamos. Algo que puede considerarse disparatado bajo un paradigma, puede ser del más puro sentido común en otro.

Por ejemplo, entre febrero de 1692 y mayo de 1693, el normalmente sensato pueblo de Massachusetts acusó a mujeres de practicar brujería y las condenó a la horca. Si uno no cree en la brujería, esta conducta parece incomprensible. Pero si uno cree que el demonio existe y que se posesiona de almas de mujeres, entonces ahorcarlas, quemarlas o lapidarlas, parece ser una política pública razonable.

El paradigma del chavismo venezolano achacó la inflación y la recesión a una conducta empresarial traidora, que debía ser controlada mediante una mayor reglamentación, más expropiaciones y el encarcelamiento de un mayor número de gerentes. La destrucción de personas y organizaciones se percibía como un paso en la dirección correcta. El país iba a sanar deshaciéndose de esas brujas.

Los paradigmas conceptuales que tienen las sociedades para comprender la naturaleza del mundo que habitan no pueden estar anclados solamente en hechos científicos, ya que, a lo más, la ciencia puede establecer la verdad de creencias individuales; no puede diseñar un sistema de creencias que lo incluya todo, ni tampoco asignar un valor moral a las consecuencias.

La política se trata de la representación y evolución de sistemas alternativos de creencias. Rafael Di Tella, de la Universidad de Harvard, ha demostrado que las creencias de los ciudadanos constituyen un determinante fundamental de las políticas públicas que se adoptan. En los países donde se considera que los pobres tienen mala suerte, se desea la redistribución de la riqueza, pero no es así donde se piensa que son flojos. Cuando la ciudadanía cree que las empresas son corruptas, quiere una mayor reglamentación; y, con suficiente reglamentación, las únicas empresas que tienen éxito son las corruptas. De modo que quizás sea posible que las creencias se autoperpetúen.

Consideremos a Donald Trump, quien ha sido nominado candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano. Según él y sus numerosos partidarios, los líderes de su país son unos alfeñiques explotados por astutos poderes extranjeros que se hacen pasar por aliados. El libre comercio es un invento de los mexicanos para arrebatar puestos de trabajo a Estados Unidos. El calentamiento global es un embuste de los chinos para destruir la industria estadounidense.

De esto se desprende que Estados Unidos debería dejar de desempeñar un papel de liderazgo en la creación de un orden global funcional basado en reglas y valores universales, y en su lugar debería emplear su poder para obligar a otros a someterse. Bajo el paradigma actual, como lo sostiene Joseph Nye de la Universidad de Harvard, esto implicaría la destrucción unilateral de la fuente más importante del poder “inteligente” de Estados Unidos. Sin embargo, de acuerdo a la visión del mundo que posee Donald Trump, ello significaría un paso adelante.

Gran parte de esto puede que se aplique al voto del Reino Unido a favor de abandonar la Unión Europea. ¿Estaban realmente las reglas de la UE y los inmigrantes frenando el progreso de la nación, lo que implica que el Brexit abrirá el paso a una mayor prosperidad? O ¿es la desaceleración económica que se ha producido desde el referendo un indicio del gran valor de la integración y del libre movimiento de los europeos para la vitalidad del propio Reino Unido?

El peligro que Venezuela pone de manifiesto y que posiblemente también lo haga Gran Bretaña dentro de poco es el daño que un sistema disfuncional de creencias puede ocasionar al bienestar de una nación. Si bien lo más probable es que el credo chavista que destruyó a Venezuela termine por colapsar bajo el peso de su propio catastrófico fracaso, la lección que deja es que adoptar un sistema de creencias potencialmente disfuncional acarrea un costo extremadamente alto. En lo que se refiere a cambios a gran escala en los paradigmas de creencias, Venezuela muestra lo prohibitivo que pueden llegar a ser esos experimentos.

♦♦♦

Traducción del inglés de Ana María Velasco

 Ricardo Hausmann, ex Ministro de Planificación de Venezuela y ex Economista Jefe del Banco Inter-Americano de Desarrollo, es Director del Center for International Development at Harvard University y profesor de economía del Harvard Kennedy School. Además preside el Meta-Consejo sobre Crecimiento Inclusivo del Foro Económico Mundial.

Copyright: Project Syndicate, 2016.
www.project-syndicate.org

Ricardo Hausmann 

Comentarios (11)

Aurelio USECHE
2 de agosto, 2016

Habria que agregar la creencia y convencimiento colectivo que tienen los venezolanos de pertenecer a un pais rico. Algunos dirigentes lo han denominado el mejor pais del mundo……..Sobran comentarios….

ELIO DURAN
2 de agosto, 2016

Este tipo de análisis muy profesional de lo que nos sucede como nación, solo lo leemos de personas altamente calificadas como lo es el Dr. Hausmann; nos confirman académicamente el gran daño que como país nos permitimos que ocurriera, entre otras cosas, por la lamentable visión sobre nosotros mismos y lo que creemos del “deber ser” de nuestros gobernantes. Esto confirma mi sencilla expresión de “resumen” sobre este tema: “Que caro es ser pobre en este país” Saludos Elio Durán

Elías Acosta Salerno
2 de agosto, 2016

Muy interesante y esclarecedor así de complejas son las sociedades Saludo

Luis J Oropeza
2 de agosto, 2016

Como siempre Hausemann confirma su esclarecida ilustracion en torno a la trágica realidad venezolana..Particular relevancia atribuye a la cuestión cultural identificada en el concierto de las creencias predominantes en una sociedad donde la iniciativa individual ha sido tan marginada para conferir una eminencia relevante y hegemonica a un estatismo sin limites. Di Tella y Thomas Sowell confirman las secuelas de una sociedad donde el conflicto de creencias se ha dirimido siempre en obsequio de un Estado desenfrenado y dispendioso.. El socialismo del siglo XXI nos condujo, bajo la rectoría castrista, a las miserias de un Haití de Tierra Firme.

Diógenes Infante
3 de agosto, 2016

Es cierto que el problema tiene que ver con las creencias. La sociedad venezolana está esencialmente basada en la repartición de la torta petrolera. Un ejemplo son las asociaciones gremiales. El Colegio Médico no impulsa la investigación médica, lo único que busca son los aumentos salariales para los médicos. Igual pasa con los grupos agricultores, que lo que buscan es canalizar los subsidios del gobierno hacia un determinado sector y el sector empresarial que hace de las suyas poniéndose de acuerdo para fijar precios y condiciones. La filosofía adeca que se impuso en Venezuela con la llegada de la democracia no cree en el capitalismo, sino en el estado abriendo cerrando lo que le interesa, controlando la economía. Para terminar, el chavismo no invento nada nuevo, lo que hizo fue llevar al extremo las políticas de siempre. Hay un segundo problema que tiene que ver con el relevo generacional, que no se da. Tú lo viviste cuando fuiste ministro, La clase política te sacó y punto. Para mí ese el problema esencial. Herrera Luque lo describe muy bien en su libro Los Cuatro Ases de la Baraja, hay un quinto que es Chávez, desgraciadamente.

Roan Lacol
4 de agosto, 2016

Al final no se trata de quien es el personaje (político) que orquesta el desastre de gobierno, el problema es que aún los ciudadanos dejamos que las malas personas sigan manejando muy mal los recursos y nos embaucan con discursos; como dice Aurelio Useche:nos hacen creer que somos el país más rico, pero con los ciudadanos más pobres.

R Quijada
5 de agosto, 2016

Como siempre los escritos del Dr Hausmann muy interesantes y acertados, ojalá que el próximo gobierno lo tenga a su lado, sus estudios y reflexiones harán falta en la titanica y heroica tarea de sacar adelante al país que tendremos TODOS

hector escalona
6 de agosto, 2016

la ignorancia es el enemigo a vencer, muchas personas desconocen la letra chiquita que soporta su propia civilizacion, desconocen las obligaciones que sus derechos les engendran, principalmente el deber de defenderlas y que defender el derecho del otro es defender el propio derecho.

Per Kurowski
6 de agosto, 2016

Exportaciones: Estado=97% y Sector Privado=3% garantiza un sistema de creencias disfuncionales.

http://petropolitan.blogspot.com/search/label/siembra%20ciudadana

F.M
6 de agosto, 2016

Los resultados de una encuesta hecha hace unas pocas semanas por Datin Corp, muestra resultados desbastadores para el chavismo. Mientras estaba vivo Chávez todavía el cuento conservaba alguna credibilidad, enterrado el comandante eterno Maduro no ha hecho más que perder y perder apoyo popular A 1.199 electores les formularon 9 propuestas políticas y económicas para medir su nivel de acuerdo o desacuerdo con las mismas, pero sin expresarles a cuál bloque político pertenecían las propuestas para evitar las respuestas sesgadas por la confrontación. los resultados de una encuesta hecha hace unas pocas semanas por Datin Corp, la cual muestra resultados desbastadores para el chavismo. Mientras estaba vivo Chávez todavía el cuento conservaba alguna credibilidad, enterrado el comandante eterno Maduro no ha hecho más que perder y perder apoyo popular A 1.199 electores les formularon 9 propuestas políticas y económicas para medir su nivel de acuerdo o desacuerdo con las mismas, pero sin expresarles a cuál bloque político pertenecían las propuestas para evitar las respuestas sesgadas por la confrontación. 83% de los chavistas estuvo de acuerdo con las propuestas económicas opositoras. Igual acuerdo tiene 90% de los opositores y 87% de los nini. Es decir que ya no hay socialistas en Venezuela. Maduro acabó por desaparecerlos, y hoy piensan como capitalistas. Los chavistas coinciden con la opinión general del país en temas como respeto a la propiedad privada, ninguno se proclama socialista ni admirador de Karl Marx. Chavistas y antichavistas defienden la Constitución, rechazan cualquier revolución. Quizá solo los diferencie que los chavistas no se atreven todavía a enterrar a Chávez, pero coinciden con el resto del país en la condena a Nicolás Maduro. ¿Qué salva entonces al gobierno?, la inercia, la falta de decisión para derrocarlo, o la seguridad de que conviene esperar a celebrar elecciones, porque el venezolano sigue siendo esencialmente democrático. Los chavistas quieren unificar los tipos de cambio, no creen en el sistema de controles, creen que los precios deben ser rentables para los empresarios, en una escala algo menor que los antichavistas. Es obvio. Ahí está el ejemplo argentino que ya a finales de este año comenzará a crecer con Macri.

F.M
6 de agosto, 2016

Alfonso Prat-Gay, el ministro de la economía argentino, declara sobre Mercosur, Argentina lo defiende y lo cree útil y criticó duramente al gobierno de Venezuela porque “dice ser parte de él pero no cumple prácticamente ninguna de sus obligaciones como país miembro”. .“La integración en el mundo tiene un primer efecto beneficioso que es que nos evitó el ajuste y nos evitó fundamentalmente ir al camino al que íbamos derechitos, que es en el que está ahora Venezuela”, aseveró el titular de la cartera de Hacienda y Finanzas Públicas en un encuentro con corresponsales extranjeros. Venezuela es el mal ejemplo, el camino equivocado. Los chavistas se esfumaron y en la misma Venezuela prefieren disfrazarse de capitalistas. Fin de mundo, si por un milagro Chávez resucitara se vuelve a morir. Eso explica la confusión y el desaliento de Maduro que solo se le ha ocurrido, frente al abismo, radicalizarse, a pesar de que un Eulogio del Pino y el mismo Merentes reconocen que la economía marcha hacia el desastre y disienten de Nicolás Maduro que no entiende lo que pasa, o algo peor: no se atreve a cambiar de rumbo. La polémica interna dentro del gobierno y del PSUV sale a la calle, abiertamente disienten los ministros y los políticos chavistas. FM

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