Artes

Los nuevos clásicos; por Antonio Ortuño

Por Antonio Ortuño | 16 de abril, 2016
Los nuevos clásicos; por Antonio Ortuño 640

Michel Foucault (1926-1984).

Hace ya unos años, y basándose en un índice elaborado por la consultora Thomson Reuters, se divulgó el dato de que el teórico francés Michel Foucault (1926-1984) era el autor más citado (y, por lo tanto, influyente) en los estudios de ciencias sociales y humanidades alrededor del mundo. Le seguía en aquel listado el sociólogo Pierre Bordieu (también francés) y después, como para completar el podio galo (por usar esos términos tan graciosos tomados de las crónicas de atletismo), el filósofo Jacques Derrida. La estadística no ha sido actualizada, públicamente al menos (ha de suponerse que Thomson Reuters debe tener el dato a la venta, por si algún curioso quiere comprarlo), pero permite darle un vistazo al curioso mercado de los prestigios entre la academia y los expertos: vaya, Foucault, Bordieu y Derrida son autores que quizá hayan pasado de noche para “el gran público” no especializado pero para quien se dedique a cualquier tema relacionado con las humanidades son un trío de peso colosal: no solamente han dado bases a los marcos teóricos de miles de libros y artículos en campos muy diversos, sino que han sido pasto continuo de cita para críticos, artistas visuales, cineastas y literatos.

Es posible que las aguas hayan cambiado un tanto desde que el estudio apareció publicado en 2009. No sería raro que en un nuevo índice de la materia descubriéramos que el filósofo esloveno Slavoj Zizek ha escalado vertiginosamente, lo mismo que la especialista en feminismo Judith Butler (quien ocupaba el noveno lugar del listado, como la única mujer además de la politóloga Hannah Arendt) ni sería sorpresa descubrir que el eterno Karl Marx (que en el estudio original figuraba en el lugar 36) haya remontado plazas de la mano de la enésima resurrección académica del marxismo, ahora como teoría antineoliberal. Pero, en cualquier caso, resulta claro que la terna francesa ocupa un lugar central como referencia en el pensamiento dominante en los estudios sociales.

Debo aceptar mi casi total ignorancia sobre los trabajos de Derrida pero a Foucault y Bordieu los he leído tanto por obligación como por interés. No trato de preconizar, de ningún modo, que deban ser marginados del debate intelectual que sus escritos han dominado durante lustros. Sólo apunto que resulta notable (y quizá hasta sospechoso) tanto consenso (sus trabajos son cinco veces más citados que los de Marx y Nietzsche y un 20% más que los de cualquier otro autor en el planeta) en un terreno, como en el de las Humanidades, en el cual, desde los tiempos de los griegos, la constante más fértil ha sido disentir.

¿No es curioso que los textos de notorios alborotadores y cuestionadores del poder y sus máscaras como los científicos sociales mencionados terminen por formar la columna vertebral de un nuevo pensamiento hegemónico? Cuesta imaginar a Foucault, cuyas ideas experimentaron tantos cambios de orientación en vida, pero sin perder jamás su carácter abrasivo, sabiéndose un autor canónico del pensamiento contemporáneo. Un clásico, pues. La paradoja quizá le habría divertido. Pero creo que lo habría inquietado mucho más.

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Antonio Ortuño Narrador y periodista mexicano. Entre sus obras más resaltantes están "El buscador de cabezas (2006) y "Recursos Humanos" (finalista Premio Herralde de Novela, 2007). Es colaborador frecuente de la publicación Letras Libres y del diario El Informador. Puedes seguirlo en Twitter en @AntonioOrtugno

Comentarios (1)

leonardo
17 de abril, 2016

Tiene usted mucha razón, don Antonio. Es sospechoso que este trío no sea puesto en tela de juicio y siga dominando (quizás Foucault es el que más haya perdido terreno). También me parece importante señalar que se viven otros tiempos, que hoy día el pensamiento parece más difuso, que los centros gravitacionales se multiplican; los medios lo precipitan todo. Hay un descrédito rampante del pensar. Se sigue produciendo filosofía pero los nombres se desconocen (igual pasa en la música). Vivimos una época de gran cacofonía en la que resulta difícil imponer su voz. Y el pensamiento “ecologista” por ejemplo (que podría coincidir con nuestro nuevo siglo), no ha logrado concretarse en un proyecto político que le daría una mayor solidez, un carácter universal y una resonancia mundial.

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