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El #6D es un punto de quiebre: quien tenga ojos que vea; por Michael Penfold

Por Michael Penfold | 8 de diciembre, 2015
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Fotografía de Verónica Aponte.

Tras conocerse los resultados electorales de la cita comicial legislativa del 6 de diciembre, Prodavinci solicitó a Michael Penfold que respondiera tres preguntas que ayudaran a los venezolanos a visualizar mejor el panorama político con base en tres preguntas. Penfold, Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia, realizó el siguiente análisis que compartimos con los lectores de Prodavinci.

1. ¿Cuál es la lectura desde el punto de vista político que le das a los resultados de ayer?
Los votantes venezolanos dieron una señal no sólo electoral sino sobre todo popular de lo que quieren: cambio económico, garantías democráticas y bloquear cualquier reforma que ponga en tela de juicio sus derechos sociales.

Los venezolanos no votaron por otra revolución: votaron por un cambio.

Uno podría estar muy tentado a escudriñar los detalles de los resultados electorales y pasar a explorar la realidad de las regiones y los circuitos distritales, pero es inútil perder el tiempo en eso cuando el descontento fue tan grande que hizo que más de dos millones de votantes chavistas (eso en comparación con los resultados presidenciales del 2013) estuviesen dispuestos a castigar a su propio liderazgo.

Éste es un fenómeno estrictamente nacional y su lectura debe ser global, viéndolo con perspectiva histórica.

Es evidente que la oposición logró capitalizar electoralmente un enorme descontento, con una economía que en los últimos años prácticamente ha perdido casi un cuarto del PIB y ha hecho que los ciudadanos esperen en colas mientras ven perder el valor de su salario y se hunden en la pobreza. Así que queda por verse si ese capital electoral lo logran convertir en un gran capital político.

La oposición ahora es una fuerza legítima en control de un poder nacional. Ése es su mayor triunfo. Tiene un poder inmenso, pues con la mayoría calificada prácticamente puede reescribir el juego constitucional. Sin embargo, tiene un reto pendiente: integrar en un proyecto orgánico a un votante está descontento y, además, continúa desconcertado ante la cruenta realidad económica y social ocasionada por la caída del ingreso petrolero y la presencia de unas políticas económicas y regulatorias absurdas que han exacerbado la crisis externa y promovido el colapso de la economía. Y debe lograrlo sin sentir que están traicionado su pasado.

Los votantes que salieron a castigar a la revolución en las elecciones legislativas quieren poder volver a soñar, pero también desean vivir sin culpa.

Y el reto del chavismo es despertar.

La muerte de Chávez generó un aura de invencibilidad política estimulada por un discurso histórico en esteroides.  No sólo el chavismo se dedicó a negociar cuotas y parcelas entre grupos rentísticos, para estabilizar la sucesión y  darle forma a un liderazgo colectivo, sino que se mostró cada vez más insensible, menos conectado con sus propias bases y cada vez más autosuficiente y autocrático. Y a pesar de que las condiciones externas estaban cambiando, el chavismo decidió fragmentar la toma de decisiones económicas entre distintos grupos, se mostró escéptico ante lo irreversible del cambio del mercado petrolero internacional, hundiéndose en el inmovilismo y la corrupción.

El chavismo entra ahora en una crisis de liderazgo tanto individual como colectivo que sólo puede superar con una rectificación inmediata y una apertura democrática. Ese cambio lo puede promover unilateralmente, dentro de sus propias estructuras. También puede hacerlo en un esquema más abierto, que supone la construcción de una nueva coalición. Éste es un dilema que en los próximos meses veremos cómo se resuelve o, más bien, si se impide.

Hasta ahora el chavismo ha mostrado muy poca voluntad de avanzar en esa dirección.

Siempre existe la posibilidad que el liderazgo del chavismo piense que está enfrentando el escenario chileno pinochetista y que la oposición va por la revancha. El Presidente Maduro siempre asoma esa idea en sus discursos y afirma insistentemente que será necesario radicalizarse frente a un Congreso obstruccionista y provocar una crisis terminal, como Salvador Allende. Lo que ocurre es que, a diferencia del Chile de los años setenta, en esta Venezuela, la Asamblea Nacional se elige dos años más tarde que el presidente y los votantes están diciendo diáfanamente que no le gustan las políticas económicas que está promoviendo el mismo presidente por el que votaron. De modo que la comparación entre Venezuela y Chile es anacrónica y puede enceguecer todavía más al liderazgo chavista, sobre todo si no hay un momento de sindéresis y se acepta que llegó el tiempo de enfrentar a sus propios fantasmas.

Para el chavismo, el voto castigo está señalando que los problemas centrales son la falta de modernidad económica, su radicalismo político cada vez más lleno de lugares comunes y la ausencia de una propuesta para enfrentar una nueva realidad nacional.  El chavismo debe comprender que la estabilidad macroeconómica no es un tema ideológico y que las políticas públicas sólo se pueden debatir si ese bien publico está provisto. La miopía de someter a la economía a un esquema de controles cada vez más amplio los ha convertido en fabricantes de colas y escasez, en una maquina cada vez más corrupta.

Semejante modelo no es ni siquiera socialista: es simplemente regresivo.

Por eso la oposición debe realizar una lectura de su triunfo desde el punto de vista del nuevo votante que, finalmente, logró atraer: no sólo desde el punto de vista de su votante tradicional.

Ambos votantes son distintos.

En muchos sentidos, este nuevo votante está “prestado” o es un “voto de confianza”, pero es tan grande que vale la pena pensar cuál es la verdadera agenda para retenerlo. Si la oposición disecta el triunfo desde esta perspectiva (y no se engolosina con una victoria tan amplia, logrará consolidar una nueva mayoría.

Por el contrario, el chavismo debe sentarse a entender qué pasó con su votante y ver si lo puede atraer nuevamente. Es un esfuerzo que pareciera épico, pues implica reinventar su discurso y rectificar sus políticas. Eso que vimos el 6 de diciembre es uno de los votos castigos más grandes de la historia republicana, sólo comparable con el voto castigo contra el puntofijismo y el advenimiento de Hugo Chávez Frías.

De hecho durante, este 6 de diciembre uno de los votos castigos más emblemáticos y quizás el más dramático fue el voto rural chavista: los campesinos decidieron rebelarse y buscar opciones y alzar su descontento aun frente al peso de una estructura electoral draconiana.

Vamos a ver si esa maquinaria es capaz de revisarse, si puede volver a imprimirle algo de alma a su política de base o  si, más bien, continúa imbuido en la sordera.

El chavismo es temible, pero sus bases decidieron que le toca una dosis de “ubicatex”, para decirlo a lo venezolano.

Y a la oposición le toca un momento de humildad y reconocimiento de ese nuevo votante que entró (¡quién sabe!) temporal o permanentemente en sus filas.

2. ¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrenta la oposición ahora que debe conducir la Asamblea Nacional?
La primero que debe hacer la oposición en la Asamblea Nacional es actuar apegados a la Constitución, ser muy transparentes en su agenda y coherentes. El chavismo debe aceptar su condición de nueva minoría, tanto en la Asamblea como en la opinión pública, pero también son mayoría institucional en su control de los otros poderes. De modo que éste no es un momento de consensos, sino de negociación. Y ambas cosas son muy diferentes. Es difícil pensar que hay espacios de consensos entre chavismo y oposición, pero sí puede haber un campo para encontrar garantías mutuas que le permitan a ambos convivir democráticamente.

Éste es el reto de ambos bandos. Si fallan, ese mismo votante que acaba de castigar al gobierno se va a encargar de volver a pasar una nueva factura electoral, pero esta vez a ambos actores.

La pasión es mala consejera y por eso hay que racionalizar un triunfo que conlleva a la mayoría calificada.

El chavismo por su parte tiene que renunciar a su proyecto hegemónico. La democracia no surge sólo por los valores y el primer orden de preferencias de los líderes y los ciudadanos (porque rara vez los políticos quieren compartir el poder). La democracia emerge precisamente cuando hay un conflicto que obliga a los distintos actores a aceptar un esquema que los lleva a compartir el poder electoralmente y todos aceptan que esa opción es preferible a eliminarse mutuamente.

Venezuela está en ese instante histórico.

Lo que no está claro es cómo se va a traducir esa realidad en reformas institucionales y democráticas.

Habiendo dicho eso, la oposición debe entrar en este proceso político con una condición moral: no pueden haber presos y perseguidos en un país que aspira a ser plenamente democrático. Eso es lo único que no se negocia: el pleno ejercicio de los derechos políticos y civiles. De ahí la importancia de una Ley de Amnistía Política como primer paso para enmarcar dicha negociación.

Los chavistas también han colocado como pilar moral la necesidad de respetar el marco constitucional y social de la revolución. Es decir: que cualquier cambio constitucional o social debe ser acordado.

Preocupa entonces cuando se escucha a algunos analistas decir que estamos en tiempos de grandes pactos políticos, de una transición que genere grandes consensos, normalmente para excluir a otros grupos, cuando lo cierto es que estamos en un momento de negociación política que está por iniciarse entre grupos (tanto hacia dentro como hacia afuera del chavismo y la oposición) que no necesariamente se quieren ni se respetan.

Es un momento complejo y de mucha fragilidad. Y la Asamblea Nacional puede ser un actor central en ese proceso.

Entender esto es fundamental, pues es posible que terminemos aceptando cosas que en principio no nos gustan pero que son mejores que cualquier otra alternativa, al menos en el corto y mediano plazo. Y esto no sólo es cierto en lo político sino también en lo económico.

Por eso estos son tiempos para consumar grandes liderazgos: líderes que sepan jugar tanto a la política de masas como a la de salón.

En otras palabras, se avecina una negociación compleja porque el resultado no puede implicar que el chavismo se suicide. Tampoco puede implicar que el gobierno bloquee las garantías políticas y electorales futuras para la oposición.

Y ambas partes tienen amenazas creíbles para hacer valer sus peticiones. La oposición con 2/3 de la Asamblea puede promover unilateralmente reformas, enmiendas o varios tipos de referéndum, en especial el referéndum revocatorio. Pero no debería hacerlo en las primeras de cambio: el gobierno puede responder con su control del Tribunal Supremo de Justicia y de los otros poderes. También siempre puede radicalizarse mucho más: tratar de jugar la carta militar o de los colectivos.

Tampoco debería hacerlo.

La razón es que este juego tiene sus limites: la paciencia del elector y el funcionamiento de la economía.

Si el votante percibe que no hay una mejora en los niveles de bienestar en el país en los próximos meses, terminará castigando tanto al gobierno como a la oposición. Por eso el interés de ambas partes llegar a un acuerdo relativamente rápido.

Una negociación ganadora es una que reforme los limites a la reelección presidencial e introduzca un probable recorte del actual periodo presidencial, proponga un acuerdo que acepte nombrar nuevas autoridades tanto en el sistema judicial como electoral y que incluya como beneficiarios de la Ley de Amnistía no sólo a los políticos de oposición sino también a los políticos chavistas que se puedan sentir amenazados por el cambio.

En el plano económico, es posible compartir el costos de un programa de estabilización y darle viabilidad en el marco de este acuerdo político a una agenda de transformación productiva profunda que le abra espacio tanto a la inversión publica como privada. Si esta negociación falla, el país va a tener que volver nuevamente al plano electoral a resolver el problema: sea a través de una referéndum revocatorio y la convocatoria de unas elecciones presidenciales o a través de una consulta constitucional.

3. ¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrenta el gobierno luego de la derrota de su partido en las elecciones del #6D?
El gobierno tiene un solo desafío: reinventarse. Luce agotado.

Para reinventarse tiene que castigar, pues necesita volver a ser creíble frente a su elector. Y eso implica cambiar de liderazgo, algo que no esta fácil pues alguien tiene que pagar la cuenta.

El gobierno tiene que buscar nuevos voceros y nuevos programas de políticas públicas para enfrentar una nueva realidad económica y social. Algo que parece complejo por poco probable. Si negocia puede tener vida, pero si insiste en radicalizarse, su futuro es oscuro. El asunto es que para negociar tiene que volver a inventar un discurso, una narrativa. Es algo que debió hacer Maduro en el 2013, pero no lo hizo y no todos sabemos si realmente es capaz de hacerlo, ahora que está en aprietos.

Aquí la idea revolucionaria de ir un paso para atrás y dos para adelante tampoco va a servir: el gobierno tiene que dar un salto cualitativo. De lo contrario, el clima de deterioro del país va a terminar de consumir el poco capital político que le va quedando al gobierno y que ya salpica al resto del chavismo.

En este punto la oposición tiene una ventaja: puede esperar. Y por eso no debe precipitarse. Es necesario que vea si realmente el gobierno y el PSUV muestran capacidad de respuesta, porque ellos tienen que mostrar sentido de urgencia y de renovación para resolver los problemas del país: de lo contrario están liquidados.

Es así de simple. La historia es implacable.

El futuro se juega en un tablero de ajedrez y aquí no hay reina y el rey está amenazado. Los peones (es decir: los ciudadanos) hasta ahora han mostrado mucha inteligencia sino paciencia, han sido asertivos y son la verdadera tabla de salvación del país. Su mayor activo.

Quizás sea cierto aquello de que el pueblo nunca se equivoca. Se equivocan quienes no saben interpretarlo. Y ahí hay un riesgo tanto para el gobierno como para la oposición.

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Michael Penfold es Investigador Global del Woodrow Wilson Center, Profesor Titular del IESA en Caracas y Profesor Invitado de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Es Ph.D de la Universidad de Columbia especializado en temas de Economia Politica y Politica Comparada. Fue Director de Politicas Publicas y Competitividad de la CAF Banco de Desarrollo de America Latina. Es Co-autor junto con Javier Corrales de Un Dragon en El Tropico: La Economia Politica de la Revolucion Bolivariana (Brookings Institution) que fue seleccionado por Foreign Affairs como mejor libro del Hemisferior Occidental. Autor también de Dos Tradiciones, Un Conflicto: El Futuro de la Descentralización (Mondadori) Editor del Costo Venezuela: Opciones de Politica para Mejorar la Competitividad y Las Empresas Venezolanas: Estrategias en Tiempo de Turbulencia.

Comentarios (9)

Carlos Sucre
8 de diciembre, 2015

Excelente análisis. Espero que ambos actores esten a la altura de lo aquí expresado…dudo de uno…

Eduardo Berrizbeitia
8 de diciembre, 2015

Excelente artículo. Pienso que el gobierno no va a cambiar, no tiene ni el talento ni la preparación , tampoco tiene visión de lo que acaba de pasar. Sigue estancado en la “” Guerra Económica “”. Los ideologizados no tienen visión de la realidad, todo lo analizan desde la ideología que tamiza sus decisiones y ésta obviamente, no resuelve los temas planteados ,sobre todo, cuando los recursos económicos están escasos. Con 2/3 la MUD puede y debe modificar lo que deba ser modificado, pero debe señalar para que quede claro ante el país, las responsabilidades del Ejecutivo.

Rodrigo J. Mendoza T.
8 de diciembre, 2015

La mejor síntesis posible del momento político venezolano. Gobierno y oposición deberían leer este texto muchas veces, todo lo esencial está dicho, con claridad, imparcialidad, nitidez y honestidad intelectual. Contiene la mejor agenda política posible, y quizá la única viable, en el sentido de compatible con un mejor país.

José
8 de diciembre, 2015

La democracia no surge sólo por los valores y el primer orden de preferencias de los líderes y los ciudadanos (porque rara vez los políticos quieren compartir el poder). La democracia emerge precisamente cuando hay un conflicto que obliga a los distintos actores a aceptar un esquema que los lleva a compartir el poder electoralmente y todos aceptan que esa opción es preferible a eliminarse mutuamente. Venezuela está en ese instante histórico.

Hugo Prieto
9 de diciembre, 2015

Todo iba bien hasta que Penfold invocó la <sabiduría> del pueblo. El escenario de que todo puede ocurrir, pero donde, finalmente, hay un árbitro que puede restituir el juego de la política. ¿Y qué tal la violencia? Quizás estemos muy cerca del baño de sangre. El 27-f será un cuento de hadas. Eso también es probable.

Humberto
9 de diciembre, 2015

Excelente anásisis…. Pero esa población chavista (+/- 2 millones según análisis) que no ha dejado de serlo ( y los que votaron por MUD), siente que YA CASTIGÓ al PSUV y a Maduro y AHORA, YA, de INMEDIATO, está esperando que haya TODO lo que escacea y no tenga que hacer + colas y además que su ingreso le alcance ..con un petróleo a $31, cero reservas, cero crédito ( en lo inmediato), una infraestructura productiva disminuída, con muchas empresas en vacaciones por Diciembre, la nueva AN no puede hacer NADA hasta el 5 de Enero, qué estrategia está implementando el poder chavista , para paliar ( porque creo que no hay solución de muy corto plazo) la situación ? Están preocupados por SU supervivencia ( nuevo TSJ) y no por la de esos ciudadanos empobrecidos que los están castigando y que quieren solución MUY PRONTO y que en vez de preocuparse por ANTV se ocupen de encontrar solución YA a la escasez y a las colas. Quien no entienda esto, no ha hecho colas ni gana salario mínimo….!!!

Gustavo Grau
9 de diciembre, 2015

Buen análisis, Michael:

Sólo una preción: no es cierto que la AN pueda convocar un referendum revocatorio con el voto de las 2/3 partes de sus integrantes.

El artículo 72 de la Constitución reserva la iniciativa de referendum revocatorio únicamente al 20% de los electores inscritos en la respectiva curcunscripción.

Saludo

Mike Penfold
10 de diciembre, 2015

Querido Hugo la sabiduría del pueblo es una entelequia. Lo que hay son unos políticos que interpretan su elector mejor que otro. Mi impresión es que aquí apareció un nuevo votante que es muy grande y es quien va a definir muchas cosas en el futuro próximo. La violencia siempre es una incógnita pero sorprende o no que las elecciones fueron mucho más pacíficas que lo que esperábamos.

Mike Penfold
10 de diciembre, 2015

Querido Gustavo ciertamente que la activación de RR requiere de las firmas ciudadanas (ya la jurisprudencia existe con base a la experiencia del 2004) pero las dos terceras partes puede ser políticamente relevante en el proceso de activación. Yo pienso que esta es una opción que debe esperar y debe ser utilizada como amenaza creíble (así como el ejecutivo también tiene sus poderes y amenazas creíbles) para forzar algún tipo de negociación que conlleve a una reforma constitucional y un marco de política económica. Él RR podría ser activado si ese proceso fracasa y no es aceptado por alguna de las partes. Esto está por verse. Las posibilidades que eso ocurra, debo reconocer, son ciertamente bajas pero las considero fundamentales.

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