Actualidad

París no es Colombia; por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 23 de noviembre, 2015

París no es Colombia; por Héctor Abad Faciolince

Mientras en Francia, Siria, Afganistán, Irak, Malí, Turquía, Ucrania, Rusia, etc. estallan aviones, personas, cráneos, manos, en Colombia los enemigos irreconciliables de hace más de medio siglo se empiezan a dar la mano con confianza. Es más, los exterroristas dicen: “Dejemos de tratarnos como enemigos, tratémonos como adversarios”.

Sé que la expresión “exterrorista” puede sonar repulsiva para algunas personas, para algunas víctimas y, sobre todo, para algunos fanáticos. Sin embargo la historia del mundo está llena de exterroristas. Menahem Begin, que llegaría a ser primer ministro de Israel, fue terrorista de Irgún. El 22 de julio de 1947 su grupo voló con explosivos el Hotel Rey David de Jerusalén, sede del Comando Británico. Hubo 91 muertos. El mandato de los ingleses ahorcó terroristas, los cazó, los apresó, los azotó, los llamó por su nombre, pero al fin pactó con ellos.

Al terrorista palestino Arafat, que Israel quiso matar cientos de veces, Rabin acabó dándole la mano en Camp David. Dirán que este acuerdo no fue exitoso, y es verdad, pero lo que trato de mostrar es que hay casos de terroristas que pasan a ser exterroristas y hasta jefes de Estado. Hay ejemplos similares en Irlanda, en Sudáfrica, en Brasil, en varios países centroamericanos. Si en el mundo ha disminuido la violencia (y ha disminuido, así algunos no lo quieran ver) es porque los líderes democráticos han dialogado con los terroristas.

En el proceso de paz colombiano, un largo sacrificio de tres años de los negociadores más capaces que ha tenido nunca el Gobierno Nacional, ha habido recaídas, muertos, atentados, bombardeos, pero el diálogo sigue y parece encaminado, ahora sí, hacia un acuerdo final. No faltan, por supuesto, aves de mal agüero, gentes que dicen que Santos está entregando el país a las Farc, políticos que anuncian que todo esto no es más que “apaciguamiento”, cobardía y traición que fortalecen el terrorismo, y que la dosis de justicia tan exigua que se les dará por sus crímenes estimulará el nacimiento de nuevos grupos guerrilleros. Sinceramente, no lo creo. Al contrario, pienso que la violencia colombiana, como ya ha venido mostrándolo en los últimos meses, tiende a disminuir. Y esto no es solo un deseo, un autoengaño de la esperanza y la ingenuidad, sino un hecho estadístico.

Muchos representantes del Centro Democrático, senadores, ideólogos, tuiteras, columnistas, han desplegado esta semana todo un arsenal de majaderías al tratar de comparar un conflicto que nace (el de los terroristas islámicos europeos) con uno que muere (el de los terroristas comunistas colombianos). La misma Francia que hoy, justamente, persigue, castiga y bombardea a ISIS, apoya el proceso de paz colombiano. Pero los ideólogos locales de la ira no paran de hacer comparaciones ridículas ni de decir tonterías.

Todas las guerras terminan en una mesa de negociación. En nuestros tiempos no existen —serían moralmente impresentables— las guerras de exterminio. Precisamente porque en el mundo ha habido un progreso moral (ya nos parece despreciable la esclavitud, el asesinato de civiles inocentes, el sometimiento de la mujer, el maltrato infantil, etc.), los problemas bélicos se resuelven cada vez más con el diálogo. Llegará el día en que incluso con ISIS habrá que dialogar; en su momento nadie hablaba con con el M-19, pero hoy sus exterroristas están hasta en las filas de Uribe. Si queremos ser menos insensatos, los conflictos se acaban con un período de combate armado (el que hizo Uribe), para que el enemigo no se sienta inmune, y otro período de negociación, donde se exige y se cede. Nosotros estamos en ese punto, y en un punto avanzado. Volver atrás sería el peor error en una coyuntura histórica favorable, en la que todos los Estados europeos y Estados Unidos apoyan con entusiasmo la solución pacífica.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (5)

Javier Monzon
23 de noviembre, 2015

Los planteamientos y comparaciones que hace el autor son inconcebibles. Ni aun los asesinos de las FARC lo son tanto como los musulmanes de ISIS, lero ni las FARC son dignos del perdon y menos de dirigir un pais. El gobierno FARC impondrá un narcoestado terrorista a los colombianos. Pensar que Europa puede conversar en algún momento con ISIS, me parece un absurdo.

Lisla Pico
24 de noviembre, 2015

Es cierto que la Paz se negocia pero en A Latina experimentamos las consecuencias nefastas de los gobs totalitarios comunistas o socialista del s XXI. La foto de su artículo transmite ese pésimo mensaje a la región con Raúl Castro como “mediador”, someter el pueblo a condiciones inhumanas para dominar y controlar el país para destruirlo es lo q vamos a imponer en AL. Lo que no lograron por la fuerza. En Cuba no hay progreso sino miseria, a pesar q el ciudadano común quiere progresar el sist impuesto por el gob los obliga a ser inútiles. En Cuba el pueblo vive como esclavo mientras el gob usa los recursos púbs para sus necesidades básica y lujos, hacen negocios con droga, triangulaciones productos energéticos, comisiones y matraqueo se legaliza. También se vive en Venezuela. Qué se quiere con esa paz, que la FARC gobierne Colombia y vivan felices para siempre sus miembros combatientes y una permantente guerra economica,psicológica,inseguridad, etc. En vez de ser castigados son premiados

Pedro María Górriz Unzu
24 de noviembre, 2015

Abad ya adelanta que habrá personas que contestarán como lo hace aquí mismo Dn. Javier Monzón. Me complace que formen, al parecer, una minoría en Colombia, y espero que poco representativa. El señor Abad no afirma creer que aquí dialogaremos con el “Estado Islámico” (las comillas quieren indicar que a mi no me ganan con el lenguaje de trapo o madera, dice que tal vez, que puede ser en el futuro y proporciona unos cuantos ejemplos del pasado en varios lugares distantes y distintos. O sea, irreprochable en su pensamiento y su manifestación, filosóficamente hablando.

Como casi siempre, Sr. Abad, en sus artículos y narrativa literaria, es un placer extraordinario leer lo que usted escribe. Como conocedor que soy de su tierra y su gente, quiero decirle que tras treinta años de ausencia de sus maravillosos lugares y personas, me acerca con sus escritos a ambos, me los pone de nuevo muchas veces en el corazón, el alma y el pensamiento. Muchas gracias.

Alejandro Gonzalez
24 de noviembre, 2015

Amigo Javier Monzon, el autor no está comparando a las FARC con el ISIS, sino que está criticando precisamente a aquellos que lo hacen.

Por otro lado, darle participación en la vida política a ex guerrilleros no es darles el gobierno, sino exigirles que se sometan al imperio de la ley, es obligarlos a dejar las armas. Suponer que darles participación es entregarles el gobierno, supone pensar que la mayoría de los Colombianos votarían por ellos, cosa que hoy no veo plausible, ¿usted sí?

Respecto al diálogo con el ISIS, es indudable que en algún momento Occidente supervisará los términos de su rendición, probablemente ante gobiernos del Medio Oriente. ISIS será vencido en la medida en que sean marginados por la mayoría de los musulmanes y pierdan su capacidad de financiamiento y movilización militar, cuestión que requerirá dosis parejas de: fuerza y diplomacia; de lo contrario, nunca desaparecerán.

Recuerde que no existen guerras totales, porque son imposibles de ganar.

Diógenes Decambri.-
25 de noviembre, 2015

Yo comparto lo esencial del artículo de Héctor Abad F. pero mantengo mis reservas respecto del “proceso” de negociaciones, por dos elementos primordiales: 1. Que se realicen en Cuba, país con el cual las FARC siempre han tenido relaciones incestuosas, pues son hermanos en la Violencia, que para más detalles era estimulada y patrocinada por la dictadura castrista. Me parece incoherente que se acepte a la Meca de la exportación del absurdo totalitario estalinista, con su dañina carga de Violencia, como sede para esas conversaciones. 2. Los criminales de las FARC no sólo pretenden que los exoneren del castigo que merecen (aspiran a una simple amonestación verbal), sino que en su repudiable chantaje, exigen que les asignen varias decenas de curules en el Congreso, sin necesidad de que sean electos con los votos del pueblo (la misma prepotencia derivaba de las amenazas y crímenes cometidos con sus armas y explosivos, aliñados con mucha Droga y doble Moral).

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.