Actualidad

FARC, Chávez y la teología bolivariana; por Ibsen Martínez

Por Ibsen Martínez | 6 de octubre, 2015
FARC, Chávez y la teología bolivariana; por Ibsen Martínez

Fotografía de Esther Fernández. Para ver más de la galería Caracas Norte Sur Este y Oeste, haga click en la imagen

La Vulgata del culto a la memoria de Bolívar —algo que comenzó poco después de su muerte en 1830— brinda imágenes semejantes a una Historia Sagrada narrada en clave de cómic. El cómic de un superhéroe predestinado, se entiende.

Bolívar amamantado por una nodriza esclava a quien el Héroe nunca desamparó porque no era racista; Bolívar, señorito, juega a la pelota con el futuro Fernando VII en un frontón del Madrid de Carlos IV y le tumba el gorro de un pelotazo; Bolívar jacobino, rijoso y ligón en París, aborrece a Bonaparte cuando éste se corona Emperador. Y así, hasta llegar al capítulo titulado Última proclama y muerte, acaecida no sin antes exclamar, decepcionado, que “Jesucristo, Don Quijote y yo hemos sido los tres grandes majaderos de este mundo” y aquello de “he arado en el mar”.

Nadie en Hispanoamérica ha denunciado el culto a Bolívar tan lúcidamente como el venezolano Luis Castro Leiva. Lo delató no sólo como martingala autoritaria y militarista, sino también como el misticismo moral que ha envenenado durante casi dos siglos nuestra idea de la república, de la política y del ciudadano. Según Castro Leiva, el bolivarianismo es un historicismo de la peor especie que entraña una moral inhumana e impracticable y, por ello mismo, tremendamente corruptora de la vida republicana. En su libro De la patria boba a la Teología Bolivariana, Castro Leiva mostró cómo la biografía ejemplar de Simón Bolívar ha sido la única filosofía política que los venezolanos hemos sido capaces de discurrir en toda nuestra vida independiente. Esa “filosofía” no es, según él, más que una perversa “escatología ambigua” que sólo ha servido para alentar el uso político del pasado. “Escatología” está aquí no en relación con lo excrementicio sino en la primera acepción que ofrece el DRAE: “Conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba”.

Según esta doctrina que es también moralina, Bolívar nos mira y nos juzga y nos reclama desde dondequiera que pueda estar ahora, quizá departiendo con el Che Guevara, en el exclusivo VIP del ultramundo reservado a los salvadores narcisistas y sanguinarios. Según el culto, los venezolanos somos hijos suyos, estamos en deuda con el gran hombre que nos zafó de España y tenemos el deber de dar cima a “la obra que Bolívar dejó inconclusa”.

Una de sus delirios inconclusos fue la Gran Colombia, un mostrenco e inviable experimento de régimen mitad virreinal, mitad republicano y federativo, que quiso hacer de las actuales Colombia, Ecuador y Venezuela un solo país. Duró solo 12 años y no sobrevivió a la dictadura final de Bolívar. Castro Leiva dijo de ella que fue “una ilusión ilustrada”. Yo, caraqueño expatriado en Bogotá, añadiré que fue lo que en el Caribe se conoce como un “arroz con mango” hispánicamente cainita.

Chávez, oficiante mayor del culto, soñó con restaurar una Gran Colombia donde él, ¡no faltaba más!, haría las veces de Bolívar. Contaba con ver a sus admiradas y consentidas FARC atando sus caballos a las puertas de la Casa de Nariño. De allí su apoyo irrestricto, la petrochequera puesta a la orden del Secretariado de las FARC y las bravatas guerreristas a la muerte de Raúl Reyes. De ahí el avión de Petróleos de Venezuela que llevó a Timoleón Jiménez, Timochenko, a La Habana para acordar con Juan Manuel Santos el fin de la guerra. Dondequiera que ande ahora el Bolívar zambo de Sabaneta debe estar pensando: “He arado en el mar”.

Texto publicado en El País y reproducido en Prodavinci con autorización del autor.

Ibsen Martínez 

Comentarios (9)

Estelio Mario Pedreáñez
6 de octubre, 2015

El nefasto “Culto a Bolívar” fue magistralmente definido y denunciado por primera vez por el insigne historiador venezolano Germán Carrera Damas en su famoso libro “El Culto a Bolívar”, publicado por la UCV en 1970. Sucede que la figura histórica de Simón de Bolívar ha sido tratada siempre con a´nimo de provecho político y los historiadores no han divulgado la realidad de los hechos: Bolívar se proclamó republicano y creía serlo, pero desde 1819, con su famoso Proyecto de Constitución y su “Discurso de Angostura” se empecinó en establecer una monarquía disfrazada o encubierta con un “Presidente Vitalicio con derecho a elegir sucesor” (un “Rey sin corona”) y un “Senado vitalicio y hereditario” (igual que la poderosa Cámara de los Lores de la Gran Bretaña de su época), lo que logró imponer transitoriamente a partir de 1826 en la actual Bolivia y Perú, que lo llevó al fracaso político cuando sus contemporaneos entendieron que después de una larga y cruentísima guerra contra la Monarquía Española pretendía ser un nuevo monarca, bajo el título de “Presidente Vitalicio”, copiado del haitiano Alexander Petión, quien se copió del traidor “Cónsul Vitalicio” Napoléon Bonaparte (en imitación del traidor romano Julio César), quien después se dejó de eufemismos y se autotituló “Emperador de los Franceses”. Y lo peor: Los negros continuaron esclavos en naciones llenas de “Libertadores” y gobernadas por Bolívar hasta 1830, quien asumió la Dictadura en Colombia en 1828, con censura incluida

Gaetano Coccorese
6 de octubre, 2015

Siempre me tomo el tiempo para agradecer al autor el gesto de liberarme de un sufrimiento al cual no podía otorgarle una relación de causalidad. Muchas Gracias!!!

Diógenes Decambrí.
6 de octubre, 2015

Valioso enfoque del siempre ameno Ibsen. Repudiable cualquier versión del Culto a Bolívar, mucho más si tratan de extrapolarlo a un patán inculto y pendenciero como el terco que murió en La Habana y 2 meses después volvió a morirse en Caracas. Por mucho que inventen, jamás lograrán establecer un parecido, en especial porque Bolívar nunca se encompinchó con nada siquiera remotamente similar a los criminales y narcotraficantes de las FARC, ni habría estado dispuesto a ceder nuestra Soberanía a un dictadorzuelo de ideas retrógradas y fracasadas, longevo y parásito.

José Angel Borrego
6 de octubre, 2015

Admiro mucho a Ibsen Martínez como igual hice con Cabrujas a quien tuve la gran suerte de conocer personalmente. Pero confieso que me decepciona esta suerte de “despecho tardío” de Ibsen con respecto al culto a Bolívar. En nada de lo que hayamos leído existe la intención expresa de Simón Bolívar de erigirse en un dios. Sin embargo supo de su gran hazaña la cual sería necio intentar soslayar. ¿La Gran Colombia? El único problema es que Bolívar estuvo adelantado a su tiempo. Pero pudo ser un gran proyecto, como lo es Europa, y fíjese Ibsen, que aun con tantos años de cultura, Europa no ha podido unirse totalmente y resiente costuras como el de Gran Bretaña y algunos otros que no han podido ensamblarse en la CEU. No es posible que alguien que no merezca el homenaje que se le rinde a Bolívar logre recibirlo. El mejor es ejemplo es Chávez, quien si aspiró colocarse a la altura de El Libertador y todavía sus adulantes lo hacen, pero murió como cualquier mortal y más pronto de lo que se cree será olvidado y nunca glorificado, como eternamente lo será Bolívar, pese a los resentimientos que pueda ocasionar este “culto” en venezolanos heridos por sus propias inconsistencias históricas que les impiden reconocer la epopeya del más Grande Americano.

Freddy Siso
6 de octubre, 2015

¿Cuánto daño nos ha causado el culto a la personalidad de Bolívar a todos los venezolanos de todos los tiempos?

monte
7 de octubre, 2015

…y cómo no iba el hombre a creer lo que quisiera de si mismo, si los mantuanos caraqueños lo declararon Libertador a trece años de lograr la independencia! Imaginemos por un momento que por digamos 1817 o 18 lo hubiera picado una mapanare, ¿Hubiésemos tenido que nombrar otro Libertador? ¿A cuál hijito de mantuano habríamos escogido, para cerrarle el paso a tanto pata en el suelo que pudiera estar haciendo méritos? Porque permítaseme apuntar que de todas todas seríamos libres, aunque no fuese más que por historia. Centroamérica no tuvo muertos ni pompas, algo que nos sobró a nosotros. Hagámosle prometer a los próximos candidatos que lo dejarán tranquilo en el sepulcro y que se pondrán a trabajar!

Carlos Farfan
7 de octubre, 2015

Que triste… Para los creyentes, Jesús Cristo después de dos mil años por allí también dicen que tuvo a María Magdalena como pareja, o que murió en China de viejo que tuvo varios hermano y pare usted de contar; entonces que escriban eso de de nuestro Libertador y de Hugo Chávez no es de sorprendernos. La mezquindad es libre y para ñapa vivimos en un país libre.

Estelio Mario Pedreáñez
7 de octubre, 2015

El General en Jefe (cuano no eran de adorno ni de grito y machete) Simón de Bolívar no era un militar de carrera, era un rico terrateniente dueño de esclavitudes y oficial de milicias (no del ejército de línea), a quien la Junta de 1810 nombró coronel para darle realce en su misión diplomática ante el gobierno británico. Luego el General Miranda le nombra coronel efectivo y en 1813 el gobierno de Nueva Granada (la actual Colombia) lo asciende a Brigadier (General de Brigada) y con tal grado inicia la llamada después “Campaña Admirable” y se hizo llamar primero “Terror de los Tiranos” y después “Libertador” pero la Municipalidad de Mérida no pudo reunirse para así formalmente titularlo, lo que sí logró en Caracas. En enterarse de esto, el autotitulado General Santiago Mariño (quien jefaturó la liberación patriota del Oriente de Venezuela) se tituló “Libertador de Oriente” y así Simón de Bolívar debió modificar su buscado título de “Libertador” durante 1813-1814 por el de “Libertador de Occidente”, ya que pidió y logró el auxilio de Mariño, tanto de fuerzas terrestres como navales, para combatir a los realistas, pero llegó Boves en 1814 con sus huestes llaneras y acabó con los dos ejércitos patriotas, el de Bolívar y el de Mariño. En todo caso la Guerra de Independencia la hicieron y ganaron los pueblos, nunca fue una labor individual, aunque el más destacado fue el valiente, astuto y mejor preparado intectualmente Simón Bolívar, rico mantuano nacido Don Simón de Bolívar.

Jesús Alvarez
12 de octubre, 2015

Está bien, aquí todo el mundo opina pero nadie propone, y lo malo de todo esto es que ya no conoces la verdad que hay en tus raíces. No me sonrojo al confesar que me quitaron al Bolívar de la escuela (año 1941) y ahora anciano (84) me siento sumergido en un mar de confusiones. Ignoro si se trata del “mar de la felicidad”. Ahora tengo la desoladora sospecha de si me habrán quitado también a mi país. Lo único valioso que me queda es esta sola propuesta: Despertemos; volvamos a nuestras raíces y al amor por esta tierra. ¡Tóqueselas compadre, tóqueselas… Pálpeselos comadre, pálpeselos: las raíces son el coraje de un país!

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.