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Fronteras y contrabando; por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 31 de agosto, 2015
Fronteras y contrabando; por Héctor Abad Faciolince  640

Fotografía de Schneyder Mendoza. AFP/Getty Images. Para ver la galería completa, haga click en la imagen

Los problemas de fronteras se solucionan eliminando las fronteras. Como esto no es siempre viable para los Gobiernos (porque a los dos lados hay intereses económicos y sistemas políticos incompatibles) entonces hay que tratar de solucionar el factor que genera más tensión y violencia en las fronteras: el contrabando de cosas.

El problema con las mercancías radica básicamente en tres aspectos: las protegidas, las subsidiadas y las ilegales. Si un país produce azúcar cara y protege a los productores de azúcar (caso colombiano) entonces no dejará entrar azúcar barata pues eso afectaría la producción nacional. La verdad es que a quienes afecta es a los consumidores nacionales. El proteccionismo suele ser un negocio de familias y gremios y se soluciona abriendo las fronteras, pero su influencia política y económica no lo permite. Se dedican entonces ingentes recursos a reprimir el contrabando de azúcar. Doble derroche de recursos. La solución es abrir la frontera y dejar entrar el azúcar barato hasta que los precios se nivelen.

Se dirá que un país debe proteger la industria nacional. Suena bien, pero a la larga lo que esto genera es un problema peor: contrabando de telas, cigarrillos, carros, televisores, azúcar, etc. El proteccionismo solo funciona con una represión feroz en las fronteras, que genera corrupción en las autoridades. Para que nunca falle hay que crear un Gobierno represivo como el de Corea del Norte. Es peor el remedio que la enfermedad. ¿Pero y la leche? ¿Debemos dejarnos inundar de leche subsidiada holandesa? Si Holanda fuera un país fronterizo, sí, pues no habría más remedio. Como está tan lejos, no, y hay que proteger a los lecheros, que no son pocas familias sino cientos de miles de campesinos.

Veamos ahora los productos subsidiados. Este no es tanto un problema de Colombia —que no subsidia casi nada— sino de Venezuela. El populismo venezolano intenta mantener tranquila su base electoral vendiéndoles barata la canasta básica: arroz, aceite, harina, huevos, medicamentos de primera necesidad. No es que estos productos se produzcan abundantemente al otro lado, sino que se importan con el precio del dólar falso. Un Gobierno tiene derecho a subsidiar estas mercancías, pero si quiere que su política funcione tiene que blindar las fronteras, no dejando que esos productos se filtren a países limítrofes. La responsabilidad de que no se den esos trasvases es del país que subsidia, no del vecino que se mantiene abierto al comercio para que entre lo que quiera. Si la Guardia Nacional, el Ejército o la Policía aduanera se dejan sobornar, el problema es del país que subsidia, no del país adonde entran los productos. Lo mismo puede decirse de la gasolina. Si Venezuela quiere regalar la gasolina, es un asunto soberano; pero no le corresponde a Colombia, sino a Venezuela, velar porque esa gasolina no pase la frontera. Colombia, en cambio, en vez de perseguir con Ejército y Policía este contrabando, debería cruzarse de brazos. Un país debe recibir todo lo que le regalen. ¿Que entonces no se vende gasolina nacional? Pues se exporta más cara.

Veamos los productos ilegales. Si son ilegales a lado y lado (como la cocaína), el país productor tiene que controlar la producción y el país receptor tiene que evitar el tránsito. Pero resulta que la cocaína es tan buen negocio que el país productor no da abasto para perseguir a los traficantes. Y al otro lado también es tan buen negocio que las autoridades se hacen las de la vista gorda y se enriquecen con dejar pasar. Ahí la culpa es compartida y la única solución es la seriedad: o se reprime en serio y no pasa ni un gramo, o se despenaliza y se deja el negocio en manos de los particulares. La primera solución se ha intentado durante decenios y no ha funcionado. Debería probarse la segunda.

¿Y las personas? Las personas nunca deberían ser tratadas como mercancías, ni aquí ni allá. La nacionalidad no da ni quita el atributo de seres humanos.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (6)

leonardo
31 de agosto, 2015

Muy bien dicho, señor Abad. Pero eso, en realidad, no es el problema del gobierno del presidente Maduro, cuya única intención es el triunfo a toda costa en las que siguen siendo unas hipóteticas elecciones. Sin duda, toda frontera es un problema complicado y de responsabilidades mutuas que merece mayor atención y seriedad. Pero ¿cómo se puede hablar en serio con este señor que acaba de sacar otro plan para asesinarlo desde Colombia? El presidente Santos haría muy mal en sentarse a la mesa después de las declaraciones de Vietnam. Valga este espacio, en todo caso, para felicitar a los servicios secretos venezolanos que elucidan crímenes tremendísimos con confesiones y todo y cada semana evitan la muerte del presidente venezolano o su entorno.

Oswaldo Aiffil
31 de agosto, 2015

Para hablar de las fronteras y sus problemas hay que vivir un tiempo en la zona y descubrirla. Zambullirse en su gente y su pensar. En la frontera cada quien saca provecho de lo que mejor puede, no importa de qué lado se encuentre. Si la escuela es mejor allá el niño estudia allá. Si la comida es más barata acá se compra la comida acá. Si la placa del taxi se obtiene más fácil allá se lleva el carro y se colocan placas de allá. Muchísima gente presenta sus niños aquí como que nació aquí y allá como que nació allá, y el niño tiene dos cédulas. Cada familia tiene integrantes de aquí y de allá, y muchos que no se sabe ni importa si nacieron aquí o allá. Es la frontera y hay que sentirla para opinar.

Horacio Idarraga Gil
1 de septiembre, 2015

Sr Faciolince:muy bueno su articulo. Pero eso de cerrar las fronteras no funciona. No le funciono a Stalin, ni a Alemania, ni esta funcionando en las dos Coreas, ni a Republica Dominicana, mucho menos a la Union Europea. No s0lamente los seres humanos buscan el sol que mas calienta; tambien lo hacen los animales. Y com dice el Sr Oswaldo Alfill, la frontera hay que vivirla para saber como como es que se baila el joropo entreverado c0n el bambuco. Ayer Vladimir entrevisto a un señor que supuestamente es el representante de la organizacion de colombianos en Venezuela. El señor afirma que los colombianos deportados eran indocumentados. Este señor parece ignorar que los colombianos no requieren visa para visitar San Antonio, Ureña y otras poblaciones, como tampoco la requieren los venezolanos para visitar Cucuta, Pamplona y otras poblaciones. Para hablar de la frontera, es necesario haberla vivido.

Odoardo Graterol
1 de septiembre, 2015

Muy buena síntesis del amigo en la distancia Hector Abad. Las reflexiones son sustancialmente correctas, y dignas de un programa de planificación y desarrollo de metas de producción y comercialización, tanto a nivel nacional como a nivel de acuerdos y proyectos conjuntos. Eso de familias y gremios es particularmente significativo y cierto. En Venezuela, los gobiernos intentaron protejer una industria incipiente para que se fortaleciera y pudiera competir en igualdad de condiciones con las importaciones (plan de substitución de importaciones desde 1947). Ello fue contraproducente, a tal grado que el gobierno instalado desde 1998 pudo derribar totalmente, con honrosas excepciones, la “industria” – débil y dependiente de subsidios y protecciones para su supervivencia. Es mejor dejar que la competencia – apertura como sugiere el amigo Abad – permita el desarrollo de fortalezas mediante las fuerzas del mercado y la competencia en calidad y costos de producción. Lo que siempre ha prevalecido, y favorecido por los gobernantes, es la existencia de comerciantes – ¿industriales?¿empresarios? – inescrupulosos. Y no me refiero a los contrabandistas, “bachaqueros” y similares que simplemente utilizan las ventajas comerciales para lograr ingresos (“ganancias”) sustanciales, gracias a las regulaciones de precios y políticas económicas sin sustento en la realidad productiva, comercial y de mercado del mundo actual. El tema es de enorme valor para el desarrollo y modernización de nuestros paises… pero, como dice el amigo Abad, los intereses económicos y políticas incompatibles destruyen cualquier intento coherente de planificación y desarrollo.

Carmen Fernandez
2 de septiembre, 2015

Los venezolanos deben visitar la frontera con Brasil, para entender el problema que hay con Colombia. La Policia Federal de persigue a los contrabandistas, sean quien sea, a los que detiene, confisca el vehiculo de transporte y la mercancia; en Pacaraima, poblado brasilero en la frontera, no hay pimpinas de gasolina, ni cajas de Polar, ni venta de productos venezolanos. Brasil si cuida sus fronteras y controla el ingreso de bienes, incluso de brasileros, que tienen un cupo definido de lo que pueden importar. Maicao es otra cosa, y la culpa es exclusiva de la Policia y la Dian, quienes no cumplen con su deber.

pedro
2 de septiembre, 2015

Considero que que Colombia le agrada muy bien el regalo de la gasolina, porque no hace absolutamente nada por evitar su venta ilegal en plena via publica, ante la vista de las autoridades.

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