Artes

J.M. Villarroel París: El Tigre; por Alejandro Oliveros // #PoetasEnProdavinci

Por Alejandro Oliveros | 25 de julio, 2015

balancines

No soy un especialista, pero no deben ser muchos los poetas venezolanos que han incluido entre sus asuntos la experiencia petrolera. Demasiado ocupados, desde Ramos Sucre hasta nuestros días, en sus neurosis y fantasmas como para cantar y contar lo que probablemente sea la única historia digna de ser cantada y contada. No creo ser el único que ha entendido en términos épicos y mitopoéticos la empresa explotadora: el exudado de la tierra (Gea), la producción del fuego (Prometeo) y así por el estilo. Pero aun  sus episodios menos ambiciosos, aquellos protagonizados por los oscurecidos obreros, estuvieron signados por el heroísmo y la entrega. No he dicho que sea el único, pero no conozco, ni me parece inimaginable que alguien se haya dedicado a este topos con más inspiración y lucidez que J.M. Villarroel París, el olvidado poeta nacido en Maturín en 1935, y radicado desde sus veinte en Valencia, donde se recibiría en Leyes. En esa ciudad, hacia 1957, con el más conocido Eugenio Montejo y el igualmente preterido Teófilo Tortolero, fundó Azar Rey, un grupo literario tan efímero como influyente en la región. La lírica petrolera de Villarroel París está toda reunida en De un pueblo y sus visiones (Universidad de Carabobo, 1979), uno de los diez libros más notable de la poesía venezolana del novecientos. Como se sabe, Homero nunca estuvo en Troya, y la conoció, o eso parece, mejor que nadie; el caso de nuestro poeta es otro.  Vivió y padeció la explotación petrolera desde la entrañas, como se dice. Durante años, su padre fue trabajador itinerante en los campamentos del Oriente venezolano. Una temporada en el infierno, por lo que nos deja saber en los ajustados versos de su escondido, y necesario, De un pueblo y sus visiones. Con su tono fragmentado, su sintaxis de fracturas, que reiteran la violencia  de la realidad evocada que se aparece evuelta en dolorosas imágenes. Nos quedan los signos de la épica en negro: el olor insoportable a petróleo quemado, el veneno bronquial de los gases, el calor quemante de la planicie, todo bajo el cielo rojo de aquel “mundo armable y desarmable prefabricado y muerto”.

***

El Tigre, de J. M. Villarroel

Mi padre llegó a El Tigre por el año 40
Con muchos pueblos muertos sobre su cabeza
Errante y desmontable estallante de luz entre sus aros
 llegó a El Tigre armado de fracasos y silencios
  Un pueblo Un nombre un aletazo de pájaro muriendo
  entre mechurrios y cielos rojos
 Un pueblo Un garabato en la sabana de Guanipa
El Tigre veinte casas en piernas Calles de barro
    Al frente como un trono el taladro con sus mismos jurungos
   y torpucios
              por esa tierra desconocida y roja bajaron las familias
             y todo aquel mundo armable y desarmable prefabricado y muerto
                               se vino a El Tigre
Al tiempo el pueblo fue centro de otras muertes
El Tigrito  La Leona  San Tomé  Campo Gulf  Campo Flint  La Socony
                 Y sus ojos fueron sismógrafos y sus patas oleoductos
                hasta Puerto La Cruz
                        Entonces mi padre construyó una casa
                       Porque a media madrugada subía a lo alto
de una cabría       y recordaba a su hermano
Agustín cayendo del cielo.

Alejandro Oliveros Alejandro Oliveros, poeta y ensayista, nació en Valencia el 1 de marzo de 1948. Fundó y dirigió la revista Poesía, editada por la Universidad de Carabobo. Ha publicado diez poemarios entre los que figuran El sonido de la casa (1983) y Poemas del cuerpo y otros (2005). Entre sus libros de ensayos destacan La mirada del desengaño (1992) y Poetas de la Tierra Baldía (2000).

Comentarios (6)

@manuhel
25 de julio, 2015

Este texto me hizo recordar “Casas Muertas”.

Harán más de 20 años que no leo siquiera un párrafo de ese libro, pero ahora sentí como si estuviera leyendo alguno de sus pasajes otra vez.

julio bolivar
26 de julio, 2015

“Piedra de aceite” es el titulo de un libro el tema que recibe y prologa Ramon Ordaz editado por Fondo Editorial del Caribe, que también reedito el libro mencionado en el artículo. de un pueblo y sus visiones..

Diómedes Cordero
26 de julio, 2015

El poeta y ensayista Ramón Ordaz en Piedra de aceite. Recepción del tema petrolero en la poesía venezolana (Antología).Barcelona-Venezuela: Fondo Editorial del Caribe, 2012, refiere que en De un pueblo y sus visiones,J. M. Villarroel París, dimensionaría “el tema petrolero desde otra perspectiva”: la de “una odisea del petróleo en el oriente venezolano”.

Adel Khoudeir
26 de julio, 2015

Más bien recuerda Oficina Nº 1, la continuación natural de Casas Muertas. Buen análisis y buen poema.

Odoardo Graterol
27 de julio, 2015

¿Habrá leido algún político este poemario?¿lo habrá internalizado alguno? Creo que es solamente conocido por los lectores incansables y especializados. Es un texto para ser llevado a la conciencia de la ciudadanía con la carga de experiencia y esfuerzo que conlleva. Un nuevo descubrimiento para mí, de las carencias de mi escolaridad primaria, secundaria y universitaria… pero no de vida, afortunadamente como individuo, desafortunadamente como integrante de una sociedad que requiere de todos sus ciudadanos para el crecimiento y desarrollo en el buen y apropiado sentido de los términos, que transmita lo cultural como experiencia de vida quintaesenciada en formas imperecederas de valores y conciencia.

alejandro oliveros
28 de julio, 2015

Conozco y aprecio a Ramón desde hace muchos años, pero desconozco su estudio, eso pasa. Que De un pueblo y sus visiones haya sido reeditado, pero tan precariamente distribuido por la editorial del estado, no es más que otra prueba de su infortunio.

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