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Monoteísmos y politeísmos; por Umberto Eco

Por Umberto Eco | 6 de abril, 2015

Monoteísmos y politeísmos; por Umberto Eco 640

Están soplando vientos de guerra y no se trata de una guerrita local. El peligro viene de un plan fundamentalista de islamizar al mundo entero y el conflicto ya afecta a varios continentes. De hecho, se ha dicho que ya llegó a Roma la amenaza del Estado Islámico, aunque hasta ahora ninguna de las banderas de ese grupo ha ondeado en la cúpula de la Basílica de San Pedro.

A mí me parece que, a lo largo de la historia, las grandes amenazas intercontinentales siempre han provenido de las religiones monoteístas. Sólo los cristianos y los musulmanes se han dedicado a la conquista militar en nombre de su Dios.

Los griegos y los romanos no quisieron conquistar Persia o Cartago para imponer a sus dioses. Estaban motivados básicamente por objetivos territoriales y económicos, y tan pronto como encontraban dioses diferentes a los suyos, simplemente incorporaban esas deidades en su panteón. ¿Tu pueblo te llama Hermes? Bien, nosotros te llamaremos Mercurio y serás uno de nuestros dioses. Los fenicios adoraban a Astarté, pero eso no fue ningún inconveniente para los egipcios, que la llamaron Isis, ni para los griegos, para quienes era Afrodita. Y nadie invadió tierras fenicias para erradicar el culto de Astarté.

Los primeros cristianos fueron martirizados no porque reconocieran al Dios de Israel (después de todo, allá ellos), sino porque negaban la legitimidad de los demás dioses.

No quiere decir que las sociedades politeístas nunca hayan librado guerras, pero en su gran mayoría se trataba de conflictos tribales que no tenían nada que ver con la religión ni con imponerles sus dioses a los demás. Los bárbaros del norte invadieron Europa y los mongoles hicieron lo mismo en tierras del islam. Pero más que imponer sus propios dioses, esos pueblos rápidamente se convirtieron a las religiones locales. En todo caso, es curioso que los bárbaros del norte, tras haberse convertido al cristianismo y haber levantado un imperio cristiano, después hayan organizado las Cruzadas en la Edad Media para imponer a su Dios a los musulmanes, aunque a fin de cuentas las dos culturas adoren esencialmente al mismo Dios.

Yo también contaría al colonialismo como guerras de conquista libradas en nombre del cristianismo. Aparte de los intereses económicos que siempre las han justificado, las campañas coloniales también tuvieron el virtuoso proyecto de cristianizar a la población conquistada, ya fueran aztecas, incas o etíopes (sin contar el hecho de que la mayoría de los etíopes son efectivamente cristianos).

Una curiosa excepción siempre ha sido el monoteísmo judío que por su misma naturaleza no le impone la conversión religiosa a otra gente. Las guerras mencionadas en el Antiguo Testamento tenían la intención de garantizarle tierras al pueblo elegido, no convertir a otras poblaciones al judaísmo. Y los judíos nunca han incorporado otros cultos y creencias en los suyos.

Ciertamente no quiero decir que sea más civilizado creer en las deidades yorubas o en los espíritus del vudú que en la Santísima Trinidad o en el Dios del que Mahoma es profeta. Lo único que digo es que nunca nadie ha tratado de conquistar al mundo en nombre de los dioses de la fe afrobrasileña candomblé. Y la deidad del vudú, el barón Samedi, jamás ha instado a sus fieles a ir más allá de sus confines caribeños.

El imperio chino fue un gran conquistador de territorios, pero su pueblo no creía en un solo ser que hubiera creado al mundo. Y China jamás ha tratado de difundir su fe a Europa o América. Podría alegarse que ahora China está conquistando territorio económicamente, adquiriendo industrias y acciones de empresas occidentales. Pero que los pueblos de afuera de su país crean en Jesús, Alá o Yahvé no tiene la menor importancia para los intereses comerciales chinos.

Quizá las ideologías seculares del nazismo y el marxismo soviético sean el equivalente de las grandes religiones monoteístas. Pero los fascistas y los soviéticos nunca trataron de hipnotizar a sus seguidores con ningún tipo de deidad o de ser sobrenatural. Y, en cualquier caso, sus guerras de conquista pronto llegaron a su fin.

Umberto Eco 

Comentarios (6)

Edgard J. González.-
6 de abril, 2015

Lástima que Eco no trascienda la obvia relación entre monoteísmo y agresión que señala en su interesante escrito, pues el complemento ideal estaría en la incorporación al análisis de la sinrazón de mantener monoteísmos y politeísmos entre las bases culturales de las sociedades modernas, que se niegan a internalizar el método y los conocimientos inherentes al avance de las Ciencias, y persisten en mantener los conceptos, rituales y tradiciones derivadas de la prevalencia de lo religioso en todos los aspectos del quehacer humano, dejando abierta la horrible posibilidad de que los grupos más fanatizados consideren un deber el imponerles a sangre y fuego sus creencias al resto del orbe. Hasta 1492 la absoluta mayoría de los habitantes del planeta creían que éste era PLANO, los viajes de Colón demostraron la redondez de la Tierra, y desde entonces nadie repite la falsedad que tuvo vigencia durante decenas de miles de años. Cuando se produzca la adopción de la verdad, comprobada por las Observaciones y Experimentaciones científicas, y la Humanidad deje de venerar dioses y otras invenciones, habremos dejado atrás una de las primordiales causas de atroces agresiones entre las sociedades actuales. John Lennon tuvo mucha razón al proponerlo en su canción IMAGINE.

manuel gil palenzuela
6 de abril, 2015

Es raro. Me llama la atención a mi mismo. He disentido últimamente, en varias ocasiones, de Fernando Mires, a quien siempre he admirado. Ante el problema del monoteísmo y del politeísmo, coincido con Fernando Mires en que han sido ellas, o sus promotores, los causantes de las grandes guerras que han asolado Europa y, en menos fuerza, sectores de Asia, de Africa y de América. Pero no coincido en la interpretación que él da a esas guerras. No se trata, en general y únicamente, de intentar doblegar al otro y convencerlo por las buenas o por las malas. El monoteísmo judío no es una excepción. No intenta doblegar la cerviz del enemigo para “convencerlo” de aceptar su religión. Yaveh es Dios judío y de los judíos. De nadie más. Es exclusivista celoso. Y sus seguidores lo son igualmente. No podían “aceptar” que sus enemigos adorasen otros dioses. Había que acabar con ellos, exterminarlos y cortarles el prepucio como símbolo de la victoria de su Dios Yaveh. Y otras religiones, o poderes, han actuado de forma similar. Los romanos efectivamente ejecutaban a los cristianos por no aceptar los otros dioses de su panteón. Pero, principalmente, por no aceptar la divinidad de su emperador, Dios sobre la Tierra, lo que colidía con el monoteísmo cristiano. Las religiones politeístas no tratan de convencer a nadie, en general, pero no pueden aceptar que los otros -politeístas y monoteístas- sigan a unos o varios dioses diferentes al suyo. Entonces, no los tratan de convencer sino de destruir. Estos principios se aplican igualmente a los totalitarismos políticos. China no acepta religiones que quieran descollar en su territorio: ya sean de tradición cristiana -mejor, católica-, o de tradición musulmana. Sin dejar, por supuesto, de citar al budismo-lamaísmo, cuya persecución es ampliamente conocida.China no impone una religión. Aunque en el fonso sí la impone al no aceptar ninguna otra que se salga de su ideología y, en consecuencia, de su poder. Podríamos continuar analizando posiciones y persecuciones, que son abundantes a lo largo de la historia, pero siempre se podrá concluir que los unos persiguen, torturan y matan para convencer de la unicidad intocable de su Dios, y los otros, lo mismo, pero porque no pueden aceptar que su Dios -o sus Dioses- no sean igualmente tan intocables y supremos como los de sus enemigos. Si sus dioses no lo son, su poder tampoco.

Lucho
6 de abril, 2015

Respeto mucho la inteligencia de Umberto Eco, pero me cuesta creer que esté hablando del todo en serio en este artículo (a menos que se trate de una sátira en sutilísima ironía). No es la cuestión de un “Dios cristiano” o musulmán, o de una disyuntiva entre ‘un Dios-muchos dioses’ la que está sobre el tapete en algunos de los problemas que hoy relacionan la religión con cosas como terrorismo, guerras, hegemonías, liberaciones e imposiciones. Pienso que lo que está sobre el tapete en estos problemas es algo mucho más allá de lo religioso o de la concepción del ser divino, aunque, justamente, va envuelta, o encerrada, en dichas cosas. Lo que está sobre el tapete es una concepción del hombre y de la vida, nada menos. Y más que ser una discusión entre una postura sin Dios y sin orden determinado y un Dios y su orden, lo que se da aquí es una discusión entre un modo inexorable y exclusivista de concebir la divinidad o la realidad y otro modo de concebir tales cosas que permite más la diferencia, la disidencia y la coexistencia. No es una lucha entre Lo Dios y lo no-Dios, sino entre lo Dios y lo no-Dios concebidos de una manera, y lo Dios y lo no-Dios concebidos de otra manera. La primera manera permite la duda y no garantiza certeza, la segunda rechaza la duda y garantiza la certeza. Más que una oposición entre ateísmo y teísmo, creo que se dan aquí un enfrentamiento entre un ateísmo que puede caminar al lado de un teísmo, opuesto a un ateísmo y un teísmo que solo coincidencialmente pueden caminar juntos porque se excluyen, pero quizá puedan cooperar entre sí para enfrentar a los teísmos y ateísmos que no van en sus mismas líneas. Me temo que la segunda tendencia cada día gana más adeptos, para mal de ellos y de quienes les sufrimos. Pero, comentarios como el de Eco, me parece que no iluminan este problema.

hector escalona
8 de abril, 2015

de las tres religiones del libro, la judía era la menos ambiciosa pero la mas radical, solo aspiraba un pequeño territorio pero completamente judio, en la biblia se lee que aniquilaban a todos los habitantes de su prometida tierra, no extrapolar a la situación actual de Israel por favor, donde intervienen otros factores.

manuel gil palenzuela
8 de abril, 2015

Pido disculpas y presento mis excusas a Fernando Mires, porque le endilgué como suyo, el ensayo de Umberto Eco. Son esos misterios de la mente virtual que juega a los escondites. En mi pantalla hubo una confusión o sobreposición de textos entre ambos autores. De ahí mi confusión. Al revisar caigo en la cuenta y pido disculpas. Mis opiniones no cambian de contenido, pero sí de continente.

Mary Graterol
9 de abril, 2015

Los fascistas y los soviéticos marxistas no tratarían o tratan de hipnotizar a sus seguidores con ningún tipo de deidad o de ser sobrenatural, pero hay tendencia de imponer sus líderes como seres incólumes, perfectos y sagrados, parecidas a las deidades , para que los seguidores manipulados den la fe ciega por ellos y excluyan y maltraten al resto que no sigan los ideales de sus idolatrados líderes. Solo es una observación muy partícular e individual.

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