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¿Cuál es la música que acompaña la vida de nuestros niños?; por Aquiles Báez

Cuál es la música que acompaña la vida de nuestros niños; por Aquiles Báez 640

Fotografía: Talleres infantiles de cultura popular de la Fundación Bigott

La música para los niños es fundamental. Diferentes estudios psicológicos coinciden en que los niños que escuchan música con contenido (como el jazz, la música clásica o la música folclórica) desarrollan habilidades tanto físicas como intelectuales que tienen que ver con la creatividad y la imaginación.

Además, los infantes que estudian algún instrumento musical, desarrollan habilidades matemáticas como la capacidad de abstracción, y al estar utilizando los dos hemisferios del cerebro se estimulan la  parte creativa y la lógica, pero además se desarrolla al niño a nivel de motricidad.

La música que desarrolla los sentidos y la actividad intelectual es muy contundente, más aún en esas edades tempranas. Me parece fabulosa la manera en la que en muchos de nuestros pueblos de Venezuela los niños se vinculan con sus raíces. Los vemos tocando quitiplás, tambores, cuatro, maracas, bandola… y logran dominar géneros musicales bastante sofisticados.

Pero esta realidad está cambiando: es triste ver cómo las tradiciones que forman parte de nuestra esencia están siendo afectadas y nuestros niños están cambiando la música tradicional infantil, las nanas, los cuentos, los cantos folclóricos y esa creativa ingenuidad por “el perreo” y otras formas “extra-ordinarias” que, para más, también son importadas.

Nuestros niños se están viendo afectados por un entorno cargado de sexualidad y vulgaridad. Es probable que quien lea este post, donde estoy utilizando estos términos y calificativos, piense que soy un beato salido del San José de Tarbes o que soy muy puritano. Pero no: lo que pasa es que estoy hablando del futuro que nuestros hijos representan y sobre eso hay que hablar, como decimos en venezolano, claro y raspao. Porque, pensando con el corazón, me preocupa el futuro de la relación entre los niños venezolanos, la música y el contenido que están escuchando. Y las canciones que acompañan muchas de las fiestas infantiles de hoy en día son aberrantes.

Tengo un hijo pequeño, de año y medio. Entre muchas otras cosas quiero que crezca con una mejor educación, que tenga mejores oportunidades que las que yo tuve, que se críe rodeado de valores éticos en el buen sentido de la palabra, pero la música “mainstream” actual nos rodea de vacío, mediocridad, vulgaridad y chabacanería.

Todo lo que escuchamos en edades tempranas quedan en el inconsciente. Los niños son como esponjas capaces de absorberlo todo. Y uno puede tratar de educarlos de la mejor manera posible, pero si en su entorno hay discursos errados y cargados de antivalores, eso también quedará en sus cabecitas.

Vemos a padres que consideran “una gracia” que sus hijos pequeños hagan el famoso perreo. Vemos que hay escuelas primarias y preescolares donde utilizan música de reguetón para presentarlos en sus bailes (con perreo incluido) de los actos culturales, en los recreos y en las actividades especiales.

Hay progenitores que se enorgullecen porque sus niños varones frecuentemente ven “videos” con canciones poco pudorosas que estimulan la sexualidad. Quienes divulgan esta música para los niños no se dan cuenta de la irresponsabilidad tan grande que están cometiendo.

El inconsciente es una construcción colectiva y esta generación que está creciendo es perjudicada por quienes no se dan cuenta de su influencia en quienes hoy son adolescentes. Es obvio que temas como la responsabilidad del embarazo precoz, el sexo en la preadolescencia y la actitud vaga y vacía de muchos de nuestros jóvenes no se le puede adjudicar a la música con exacerbado contenido sexual de estos tiempos, pero es sin duda “una mala influencia”, como diría mi abuela: es una puerta a la sexualidad temprana, al no-pensamiento.

Siempre ha habido música mediocre e inapropiada, pero al menos en tiempos pasados no estábamos tan expuestos como hoy en día y, sin duda alguna, había una mayor conciencia a nivel de contenido. ¡Todo esto es tan loco que hacen que uno extrañe a Popy!

Hay que tomar en cuenta que todo tiene su momento y su espacio. Imaginen lo siguiente: que alguien le diera bebidas alcohólicas a niños de tres años. Es impensable, ¿no? Como les comentaba, por ser padre voy a muchas fiestas infantiles y en casi todas hay un punto en común: música inadecuada para niños.

Hace como un mes fui a un cumpleaños de un amiguito de mi hijo y quedé sorprendido por las letras de las canciones que estaban sonando. Esos “poemas urbanos” decían cosas como “Serrucho, serrucho, esta noche te doy con mi serrucho” para luego  exclamar: “¡Clava! ¡Clava! ¡Clava!” y después escuché otra que decía: “Te voy a dar por el cú…” mientras que la siguiente canción repetía reiteradas veces: “A ti te va a caer el hacha porque eres una sexy muchacha”, continuando con “¡Machete afilao!”

Mi paciencia en un momento colapsó. Fui donde el chico con audífonos que tenia actitud de DJ y se encargaba de la música. Le pregunté quién decidía cuáles eran las canciones que se oían en esa fiesta y el muchacho me respondió de muy de mala gana: “La dueña de la fiesta”, a lo que  le respondí muy en criollo algo que me salió desde muy adentro:

– ¿Tú crees que yo soy pendejo? Eso es lo que tú oyes y no es apropiado para una fiesta de niños.

El chico volteó la mirada: era como si yo no existiera. Y confieso que me sorprendió ver el vacío en sus ojos, la actitud tan apática y desafiante, así como la sorpresa ante mi pregunta. Estas cosas están sucediendo, aunque parezcan salidas de un cuento de Stephen King, con una cantidad de zombis tratando de controlar la mente de las personas. Y quizás aquel chico que hacía de DJ es uno de esos zombis que se ha transformado en autómata y, sencillamente, pone esa música de manera mecánica, sin pensarlo. Quizás nunca alguien le había reclamado por poner ese tipo de música. Y eso me dejó pensando, haciéndome muchas interrogantes que quiero compartir con ustedes: ¿qué hace una canción con una letra como ésa en una fiesta de niños entre uno y siete añitos?. ¿Qué significa esto a nivel de contenido? ¿Cuál es el desarrollo intelectual que pueden dejar letras como ésas? Si la música tiene que tener un espacio formativo”, ¿dónde está lo didáctico? ¿Dónde está la música?

Medité un poco antes de molestarme realmente: creo que ese muchacho es una consecuencia y un ejemplo de cómo esta música puede afectar a algún individuo. ¿Pero cómo cambiarle la mentalidad a alguien que lo que ha escuchado son géneros musicales mediocres y cuyos referentes son música de un solo acorde y el pum-pum en las frecuencias bajas?

Nos hemos habituado a la contaminación visual y auditiva, sin tomar en cuenta que esto también afecta a nuestros niños, sumándole a eso el excesivo volumen que hace que el niño se acostumbre a altos decibeles. Sin querer ser profeta del desastre, es probable que cuando estos niños lleguen a ser “adultos contemporáneos” habrán perdido una buena parte de su audición. Incluso uno sale con su “pitíco” en el oído y ronco de tener que gritar para poder hablar, así que los padres también debemos estar perdiendo la audición y las cuerdas vocales.

Un niño lo que quiere es jugar, no quedarse sordo. Después de una cierta cantidad de decibeles, el ruido se considera contaminación sónica y genera varios tipos de penalidades. En otros países existen regulaciones del volumen cuando puede ser nocivo para la salud, desde conciertos en vivo, shows musicales en Broadway y fiestas.

Pero si ese chico encargado de poner la música no tiene otras referencias, ¿cómo va a entender que esa música es inapropiada para una celebración llena de niños? Un autómata aturdido por la mediocridad sónica no puede hacerlo. Y lamentablemente he visto a muchos de estos muchachos que andan en automático.

Señores, esto es grave.

Salimos a la calle y en cualquier restaurante exponen en pantallas enormes videos con música a elevados decibeles y un alto contenido sexual, tanto en lo visual como en lo auditivo. Lo más irónico es que estos restaurantes se autodenominan como “Ambiente Familiar”.

Si alguien en sus plenas condiciones y de manera adulta decide ver pornografía, ésa es una responsabilidad personal. Pero ir a un restaurante y que lo que se vea en los televisores sean videos que podrían ser considerados “soft-porn” es algo terrible para nuestros niños, que empiezan a ver la sexualidad enmarcada en una realidad deformada y llena de antivalores, en lugar del hermoso encuentro entre dos personas.

Además, el contenido que relatan las historias detrás de estos videos son fórmulas patéticas donde esas “mamitas” aparecen como amantes de unos mafiosos o narcotraficantes, pero ellas están enamoradas de los cantantes y sus típicos “chocolaticos” con quienes le “montan cacho” a sus maridos. Impresionante el mensaje, ¿no les parece? Es lo más parecido a una cátedra dictada por Calígula o Nerón. Nos vemos sumergidos en una dictadura visual y auditiva que genera efectos negativos y no nos damos cuenta de eso. Y acá también hay una gran responsabilidad de las autoridades locales, porque este tipo de videos definitivamente no son aptos para todo público.

Vivimos en una realidad compleja. Ser padres implica muchas cosas y no es fácil: hay que tener tenacidad, astucia, sacrificio, pero sobre todo es una gran responsabilidad. Hablando como padre, tengo una gran frustración porque veo un entorno lleno de “malas influencias”. Y es nuestra obligación como padres, tíos, abuelos y seres pensantes hacer algo al respecto. Tenemos un argumento que moralmente es muy contundente: pensar en nuestros hijos, que son el mayor patrimonio que tenemos. Por supuesto que sé muy bien que esto sería luchar contra una gran industria que posee muchos tentáculos, pero cada uno de nosotros puede ayudar a buscar soluciones.

En Venezuela, acá mismo, tenemos música infantil de muchísima calidad. Apenas por nombrar a algunos de los muchos artistas y creadores, piensen y busquen la música de Rosario Anzola, Henry Martínez, Conny Méndez, Edgar Ojeda, Fabby Olano, entre tantos otros que han dejado un repertorio fabuloso que para muchos es prácticamente desconocido.

Discos de música infantil como los de Ilan Chester, María Teresa Chacín, Serenata Guayanesa, Las Ninas, o El Chamario, con poemas de Eugenio Montejo interpretados por con Bartolomé Díaz y Andrés Barrios, tienen que ver con nuestra identidad y son referentes de la música infantil hecha en Venezuela.

Hay quienes  ponen en sus fiestas infantiles discos como estos (o al menos con contenido infantil), pero lamentablemente no son la mayoría. Les pido por sus hijos a quienes son padres. Y a quienes no lo son por sus sobrinos, primos, ahijados o simplemente por la esperanza de tener un mejor futuro, que seamos conscientes y entendamos que hay música que pueda afectar a nuestros niños.

Los niños son la esperanza: no podemos sino darles amor y educación. Debe ser una prioridad, una necesidad. Cada vez que estén en un lugar con niños donde haya música que tenga contenido inapropiado para ellos, ejerzan su derecho a reclamar a la persona responsable. Es nuestro deber y es nuestro compromiso con ellos y con su formación.

Ése puede ser nuestro granito de arena. Tenemos que cuidar el mañana.