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La batalla de los libros; por Umberto Eco

Por Umberto Eco | 15 de septiembre, 2014

La batalla de los libros; por Umberto Eco 640

Desde hace varios meses he estado siguiendo la lucha entre Hachette, un coloso de la publicación tradicional, y Amazon, un coloso (de hecho, el coloso) de la venta de libros en línea.

Como ya han informado muchos medios noticiosos, parece que después de un conflicto inicial por los libros electrónicos, Amazon está entorpeciendo la venta de libros de Hachette, reduciendo o eliminando descuentos en esos títulos y entregándolos con considerables demoras.

Muchos escritores estadounidenses famosos han tomado partido por Hachette, como Stephen King y John Grisham, quienes en agosto firmaron una carta abierta junto con cientos de escritores más para “exhortar a Amazon, en los términos más severos posibles, a que deje de dañar el medio de vida de los autores en los que ha construido su negocio”.

En el curso de este conflicto se ha escrito mucho sobre sus implicaciones para las casas editoriales y su futuro. Pero no se ha hablado lo suficiente sobre las librerías tradicionales. Yo estoy interesado en los libreros independientes, no sólo porque es a ellos a quienes debo mi éxito como escritor (y creo que muchos otros escritores estarían de acuerdo conmigo), sino también porque hay una gran diferencia entre la experiencia de pedir un libro en el sitio web de Amazon y la de pasar tiempo hojeando libros en una librería, descubriendo títulos de los que nunca había oído, solicitando los consejos del librero y así sucesivamente. Y cada libro comprado en Amazon parece una puñalada en la espalda de los libreros.

No obstante, aunque a usted le guste comprar libros a la vieja usanza, podría encontrarse, como me encuentro yo en estos momentos, en la necesidad de un libro mientras pasa algún tiempo en el campo, lejos de cualquier ciudad con el tamaño necesario para albergar una librería. Si lo pido en Amazon, lo recibo a la puerta de mi casa en dos días. O bien, puedo recorrer 60 kilómetros en auto para llegar a una ciudad con librería, donde existe una buena posibilidad de que no encuentre el título que quiero, quizá por estar agotado desde hace mucho tiempo.

¿Qué hacer? No veo una solución sencilla a este problema que, me permito agregar, es una situación temporal para alguien que, como yo, reside en el campo por un corto tiempo. ¿Qué hay de quienes viven todo el año en las montañas, junto al mar o en algún pequeño pueblo muy lejos de cualquier librería bien surtida?

Por supuesto, incluso quienes viven en las grandes ciudades pueden encontrarse en semejante problema. Y es ahí donde yo pienso que los libreros independientes podrían convertir un problema en una oportunidad.

Imagine a una persona que está haciendo una investigación sobre cierto tema y muchas de sus fuentes mencionan un libro en particular que no ha leído. El investigador siente que definitivamente debe conseguirlo. Pero digamos que el libro en cuestión se publicó hace diez, veinte o incluso cuarenta años y que él no lo encuentra en su librería acostumbrada. Así que decide buscarlo en Amazon y ahí lo encuentra finalmente. Ordena un ejemplar y lo recibe en cuestión de días.

Al actuar así, él no ha dañado a su librero de cabecera; después de todo, la librería no tenía ese título para empezar. Pero ahora imaginemos que el librero reacciona de otra manera a la solicitud del cliente. En lugar de decir simplemente que no tiene el libro, el librero le dice al cliente que lo tendrá en dos o tres días. En ese tiempo, el librero visita Amazon o un sitio similar, encuentra el libro y lo ordena para poder vendérselo al cliente. Ya será cosa del librero si aumenta el precio para sacarle una ganancia o si se lo vende al costo con el afán de asegurarse la lealtad del cliente. (Ciertamente, un servicio tan bueno haría maravillas para retener al cliente para siempre).

Esta situación no daña ni al librero ni al editor, que incluso podría tener el libro fuera de catálogo. Aún más, establece un círculo virtuoso entre la librería de ladrillo y cemento y el comercio electrónico. Aunque la tecnología siga transformando la forma y el lugar en que compramos libros, siempre podrá haber un lugar para las librerías.

En el futuro, la gente quizá visite sistemáticamente las librerías para comprar productos de impresión por pedido: libros que quizá sólo existan impresos en una remota tienda, pero que una máquina puede imprimirnos al momento; quizá con una letra de tamaño adecuado para nuestra vista. La tecnología de impresión por pedido sigue siendo más bien voluminosa y, por tanto, generalmente está fuera del alcance de las librerías pequeñas, pero ya es posible encontrar en línea facsímiles de libros que han estado agotados desde hace mucho tiempo.

Por supuesto, algunos lectores expertos en la web ya buscan esos volúmenes por sí mismos, pero quizá los libreros independientes deberían considerar la posibilidad de encargarse de tales búsquedas para sus clientes. Sería una forma más de zanjar la brecha entre las tiendas de ladrillo y concreto y el comercio electrónico. Y lograr eso, en particular en los países que todavía no están totalmente conectados, podría ser la clave para que las librerías tradicionales reclamaran el lugar que les corresponde con todo derecho.

Umberto Eco 

Comentarios (5)

Toledana
15 de septiembre, 2014

Excelente artículo. La ruta que deben seguir los libreros es mediante el servicio personalizado. No tienen cierto libro, no importa, se lo compran a Amazon, y luego se lo venden a su cliente al costo; no hay ganancia financiera, pero a la larga esta operación le beneficiará, ya que los clientes satisfechos por la atención del librero, utilizarán el método ” boca a boca ” para transmitir las bondades y fortalezas de este librero atrayendo así más clientes. Sigan luchando libreros ¡¡¡¡¡¡¡

Sydney G. Perdomo S.
15 de septiembre, 2014

Estoy en total acuerdo con usted Sr. Umberto, pienso que es muy molesto además el ir a tu librería de confianza y no conseguir el texto que necesitas en su momento y a parte que los proveedores respondan que no saben cuándo llegará o en su defecto que está agotado, sin ocuparse al menos de intentar buscarlo. Es responsabilidad de las librerías el tener un contacto continuo y una relación paralela con los medios virtuales porque de esa manera se garantiza que el cliente tenga su pedido a cualquier momento incluyendo la confianza y tranquilidad de que los textos en físico no pasarán a la historia como se ha dicho reiteradas veces.

Muchas gracias por su artículo, muy interesante.

Saludos y mis respetos sinceros. 🙂

Irma Lovera
18 de septiembre, 2014

No solamente tiene razón con los argumentos expuestos, sino que nada sustituye tener un buen libro en la mano, tocarlo, sentirlo, apreciarlo como objeto y eso llegue a través de la librería o de la web, es siempre un placer.

Beatriz MORENO
19 de septiembre, 2014

El placer de ir a una librería es irreemplazable, pero el servicio por internet es útil y necesario. Las librerías jamás dejarán de existir

jose luis moran
31 de enero, 2015

De mi parte no desearìa que las librerìas desaparezcan,es muy reconfortante y hasta màgico,ojear libros,tocarlos,la imaginaciòn recorre las neuronas con entusiasmo,al final siempre fuè asì.Que haya cambiado el mètodo: bienvenido.

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