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Marina Silva vs. Dilma Rousseff y sus catastrófricas desdichas; por Carmen Beatriz Fernández #BrasilElectoral

Por Carmen Beatriz Fernández | 4 de septiembre, 2014

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Marina Silva vs Dilma Rouseff 640

Dilma Rousseff está nerviosa. Y tiene buenas razones para estarlo: las cosas no están saliéndole bien últimamente.

Primero fueron los disturbios en junio de 2013. Parecía que el camino a su reelección estaba despejado, por los altos niveles de aprobación durante toda una gestión que aparentaban ser muy sólidos. Los problemas comenzaron a asomarse hace quince meses. Los fuertes disturbios hicieron añicos esos sólidos niveles de popularidad que había mantenido y, en un par de semanas, Dilma perdió 27 puntos de apoyo. Y lo que es quizás peor: convenció a buena parte de su electorado de que el cacareado milagro brasileño era sólo una ilusión.

Pero venía el Mundial de Fútbol, casi en vísperas de la elección presidencial. Se creía que el evento deportivo más visto del planeta era su mejor carta bajo la manga. Dilma comenzó a subir. Sin embargo, el Mundial no sólo resultó ser cada vez más impopular: desnudó un mundo de corrupción que salpicó a un amplio entorno gubernamental. Yendo a las cifras: un mayoritario 55% del país consideró que el Mundial le traía al Brasil más perjuicios que beneficios (Data Folha).

Pese a ello, pasado el Mundial de Fútbol, Dilma seguía liderando ampliamente las preferencias electorales. Aunque la holgura de su ventaja mermaba de forma constante antes sus contrincantes Eduardo Campos y Aecio Neves. El último estudio de Pew Global encontró que el 72% de los brasileños están insatisfechos con la forma en que las cosas van en Brasil. El crimen, la salud pública y la corrupción política seguían siendo percibidos masivamente como los principales problemas del país.

A Dilma le resultaba difícil convencer a su electorado de que era posible volver a creer en ella y en el PT. Y su mensaje de campaña se centraba, antes que en lo positivo, en alentar los temores de volver al pasado, si ocurriera eventualmente un cambio de rumbo.

Es cierto es que Brasil lleva dos décadas en franco avance. Fueron buenos los tiempos de Lula y lo fueron también los de quienes le precedieron, Los brasileños han ido mejorando progresivamente su nivel de vida. Con Dilma, sin embargo, la era de crecimiento parece haberse estancado. Por eso es que, a falta de poder ofrecer más, se ha tenido que contentar con amenazar con que “podrías perder lo que has logrado”. Y parecía bastarle con ello, pero Dilma ya no estaba tan cómoda: en la carrera presidencial seguía siendo “primus inter pares”.

Y es en ese momento en que ocurre el inesperado fallecimiento de Eduardo Campos, en un accidente de aviación. Tras el accidente, el partido de Campos, el PSB, decide nominar a Marina Silva en su sustitución.

Marina era la candidata a la vicepresidencia, compañera de fórmula de Eduardo Campos y bastante más popular que él. Ya durante el pasado mes abril, cuando se barajaba su nombre como candidata, había alcanzado un 27% de popularidad. Tras la nominación, sus opciones subieron vertiginosamente hasta el 29% (Ibope) en un virtual empate técnico con Dilma (34%), donde Aecio Neves se convierte en opción minoritaria, aunque mordiendo un importante 19% del electorado.

Y aún peor para Dilma: en una hipotética segunda vuelta frente a Marina perdería 45% a 36% (Ibope)

La base electoral de Marina Silva podría tener un sólido 25%. Viene desde las elecciones de 2010, cuando irrumpió como factor sorpresa en una contienda que el PT tenía claramente ganada. “Preste atención a Marina” fue su lema de entonces, en una contienda en la que creció sin prisas, pero sin pausa.

Hoy en día, Marina gana ampliamente entre evangélicos y otras religiones no católicas. Marina gana en las ciudades, Dilma en los pueblos pequeños y el mundo rural. Marina gana también entre los electores con más educación formal, Dilma entre los menos educados. Ambas se disputan al elector mayoritario de las clases medias y bajas, mientras que los más ricos se orientan hacia la candidatura de Aecio Neves.

Pero quizás el dato más demoledor para Dilma Rousseff: Marina Silva gana en los estratos más jóvenes. Aparentemente, Marina representa mucho más claramente el futuro y Dilma ya se vincula con el pasado.

Falta sólo un mes para la elección y Brasil se mueve. De momento, la presidenta ve muy lejanas las posibilidades de ser reelecta en una primera vuelta. Y el paracaídas no abre…

Carmen Beatriz Fernández 

Comentarios (1)

Fanny
6 de septiembre, 2014

caramba que se afinco duro, solo que a dilmita se le olvida que no es la responsable del progreso,son los ciudadanos, si no existe este factor no hay logros ni avances; los brasileños en su idiosincrasia cuentan con el instinto, para superarse.

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