Artes

Culteranos; por Antonio Ortuño

Por Antonio Ortuño | 17 de agosto, 2014

Culteranos; por Antonio Ortuño 640

Un amigo, que se dedica a la escritura hará sus buenos 15 años, concedió recientemente una entrevista. Habló en ella ni más ni menos que de 23 escritores diferentes, de los clásicos a los actuales, de los consagrados a los novatos, lo que en algo así como 20 minutos no es, por cierto, un mérito menor. Pues bien: a los pocos días, un conocido suyo lo abordó en un café para decirle que lo había decepcionado porque en el diálogo periodístico de marras no había citado escritores “de verdad” sino puras preferencias personales. “Te dejaste ver muy inculto”, lo regañó. Y, para remachar el punto, le escupió una docena de nombres “básicos” a los que no se había referido ni por asomo.

¿Qué es ser culto y qué es lo contrario? ¿Se es inculto por gustar de lo que garrapatean unos en vez de lo que emborronan los otros? Esto es difícilmente defendible. Se puede, en todo caso, ser calificado de tonto, si es que todos y cada uno de los textos o al menos la mayoría de los que leemos han sido escritos por personas a las que el autoerigido juez en cuestión tache de tontos (¿Y cómo sostener eso? ¿Por el estilo, los temas…?). Pero la tontería y la incultura son cosas muy diferentes. Ya Schopenhauer dijo que había quien era bruto en cinco idiomas distintos y en muchas materias a la vez. Paralelamente, hay “incultos” listísimos. Si el conocimiento pleno y el “apropiado” disfrute de las artes fueran la única medida de la inteligencia humana el mundo sería, sin más, un corral de asnos. Porque todos somos “incultos” en alguna medida, porque casi nadie conoce más tradición cultural que la propia y eso con lagunas y son pocos quienes, con conocimiento de causa, profundizan en (improviso un listado) plástica coreana, literatura africana, cine malayo, música bretona, etcétera. Pero, a la vez, se puede ser un cocinero de fábula sin entenderle a Picasso. O una fotógrafa de época sin soplarse a Lope de Vega. O una científica brillante sin haber visto en la vida un bajorrelieve maya. Porque Picasso, Lope y el bajorrelieve enriquecen la vida de quien se los apropia pero es un abuso pretender que empobrecen a quienes no.

¿Si inventé un chip mundialmente útil pero nomás leo autosuperación soy un inculto? ¿Si hago instalaciones pero desconozco la poesía húngara lo soy? ¿Y si escribo novelas policiacas pero ignoro la existencia del mayor genio del manga? Es tan relativo que no se explica el uso del término más que como insulto. E incluso así carece de filo. El problema, en ningún caso, es ser agredido con un concepto tan poroso como el de “incultura”. El problema en sociedades como la nuestra, en donde el acceso a esa cacareada cultura es estorbado o directamente impedido por razones económicas, educativas y sociales es la ignorancia. Esa ignorancia extendida y malamente invencible que sufren millones de personas mientras los culteranos nos damos de tortazos tan campantes.

Antonio Ortuño Narrador y periodista mexicano. Entre sus obras más resaltantes están "El buscador de cabezas (2006) y "Recursos Humanos" (finalista Premio Herralde de Novela, 2007). Es colaborador frecuente de la publicación Letras Libres y del diario El Informador. Puedes seguirlo en Twitter en @AntonioOrtugno

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