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Un curioso caso de robo de libros

Por Prodavinci | 22 de mayo, 2013

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Fragmento de un artículo de Martin Vennard publicado en BBC Mundo.

Una carta sellada que llegó a una de las bibliotecas con más historia de Reino Unido en febrero de 2011 dejó a los empleados atónitos.

La carta había sido escrita por un ex empleado de la biblioteca del palacio de Lambeth, en Londres, la casa del arzobispo de Canterbury. Fue remitida poco después de su fallecimiento por su abogado y revelaba la ubicación de muchos de los libros más preciados de la colección.

La historia no ha sido contada hasta ahora.

Los empleados sabían que desde los años ’70 decenas de libros valiosos habían sido robados. Pero no tenían idea de la verdadera magnitud de las pérdidas hasta que esa carta los llevó a la casa en Londres del hombre fallecido.

“Quedamos estupefactos”, le cuenta a la BBC Declan Kelly, el director de bibliotecas y archivos de la Iglesia de Inglaterra. “Unos colegas subieron al ático. Estaba lleno de cajas con libros hasta las vigas. Yo tenía una lista de entre 60 y 90 libros perdidos, pero salían más y más cajas”.

Joyas de la colección

Éstas contenían unos mil volúmenes, compuestos de hasta 1.400 publicaciones. Muchos de ellos eran de las colecciones de tres arzobispos de Canterbury del siglo XVII: John Whitgift, Richard Bancroft y George Abbot.

También estaban incluidos una edición temprana de la segunda parte del libro Enrique IV, de William Shakespeare; lujosos libros ilustrados, como America, de Theodor de Bry, que cuenta las expediciones tempranas al Nuevo Mundo; y libros médicos, como The French Chirurgerye.

“La magnitud del robo es extraordinaria”, dice Robert Harding, director de Maggs Bros, un comerciante de libros raros en Londres. “Es uno de los robos más grandes de su tipo en décadas recientes”.

Harding dice que si está en buen estado, la copia de America, de De Bry, podría valer unos US$230.000, mientras el libro de Shakespeare ascendería a unos US$77.000. Y añade que otros libros también tienen precios altos.

¿Cómo lo logró?

Uno de los aspectos más intrigantes del caso es cómo un empleado fue capaz de llevarse libros tan valiosos y frecuentemente tan grandes.

Durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba incendiaria cayó en el gran salón del palacio de Lambeth, que albergó buena parte de la colección temprana de la biblioteca.

Se estimó entonces que hasta 10.000 libros fueron destruidos o sufrieron daños graves. En los años posteriores, si se descubría que faltaba un libro, era fácil asumir que se había perdido en la guerra.

Pero en 1975, el entonces bibliotecario se dio cuenta de que habían desaparecido algunos de los libros más importantes que se sabía que habían sobrevivido, incluido el ejemplar de Shakespeare.

El ladrón tenían había removido las tarjetas para indexar los libros, lo que dificultaba aún más descubrir qué había sido robado exactamente. Se concluyó que era un asunto de apenas unas decenas de libros.

“En los años 70 era muy fácil: no había dispositivos de detección, nada que pudiera impedir que uno saliera con un libro”, indica James Carley, un académico canadiense que ha estado investigando la historia de la biblioteca.

“La policía hizo una investigación y entrevistó a todos los empleados, pero se quedaron en blanco y nada de la biblioteca había sido vendido en los comercios de libros”, dice Kelly.

Las pistas siguieron en blanco durante más de 35 años hasta que llegó la carta.

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Puede leer el artículo completo aquí.

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