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La tuiteratura

Por Prodavinci | 20 de mayo, 2013

Tuiteratura txto

Fragmento de un artículo de Toni García publicado en El País

En enero de este mismo año, un profesor de Historia afirmaba en la facultad de Cambridge, en el Reino Unido, que el uso de las redes sociales estaba aniquilando el lenguaje escrito. Para este enseñante, David Abulafia, el uso de la escritura que se da en Twitter o Facebook era la causa de que “la gramática y la puntuación sean atroces”. Sus comentarios levantaron una controversia notable, especialmente porque muchos de sus estudiantes negaron que el —obvio— bajón del nivel intelectual relativo al adecuado uso de las palabras tenga que ver con la aparición de las redes sociales, siendo más un fenómeno sistémico que coyuntural.

Sea como fuere, la reflexión de Abulafia llega en un momento en que Twitter se ha convertido en la gran red social, desbancando a Facebook, y dejando por el camino la sensación de que el potencial de esta herramienta de comunicación está aún por descubrir. Por el mismo atajo se ha colado el estudio de la Universidad Carnegie Mellon, la Universidad de Stanford y el Instituto Tecnológico de Georgia en el que los autores analizaron a más de 14.000 usuarios de Twitter y centenares de miles de mensajes en busca de patrones de uso, evolución del lenguaje (teniendo en cuenta que en esta red social, y si se prescinde de aplicaciones para extender los tuits, el usuario solo dispone de 140 caracteres) y diferencias entre sexos a la hora de tuitear. Sus conclusiones, muy comentadas en Estados Unidos, hacían hincapié en la influencia femenina a la hora de escribir tuits y especialmente en la creación de nuevos códigos de comunicación, con la utilización de los emoticons, los acrónimos y los signos de puntuación, que se extiende ahora a la totalidad de la red social sin distinción de sexo.

El hecho de que Twitter se haya convertido en objeto de estudio (a veces sesudo, en otras ocasiones anecdótico) es una prueba más del calibre de la red social, utilizado ahora por más de 100 millones de usuarios en todo el mundo, de los que un 40%, según los mandamases de la compañía, se limitan a ejercer el rol de mirón, mientras unos 400 millones de personas —no necesariamente usuarios— se conectan a la red mensualmente para saber lo que se cuece. Este potencial sin techo aparente (Twitter anunció en abril que a partir de ahora permitirá que los anunciantes puedan ponerse en contacto con sus usuarios para ofrecerles sus productos dependiendo de las palabras que estos —los tuiteros— usen en sus mensajes, lo que abre una nueva vía de ingresos para la controvertida red social) no ha pasado desapercibido en ningún ámbito, y el arte, uno de los sectores que mejor ha sabido aprovechar la tecnología y especialmente los monstruos como Facebook, Tumblr o la propia Twitter, no es una excepción. Hace unos días fue noticia la aventura que Steven Soderbergh, director de cine y polemista profesional (ha anunciado su retirada del séptimo arte en diversas ocasiones para a continuación rodar una nueva película), ha iniciado utilizando la red de los 140 caracteres. “Voy a intentar escribir una novela en Twitter”, anunció a los participantes de una conferencia privada (palabra algo arrojada en una época en que un rumor puede hundir la bolsa en cuestión de segundos).

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