Arte

Adiós, Sarita; por Eloi Yagüe

Por Eloi Yagüe Jarque | 13 de abril, 2013

sara montiel texto“El franquismo era feísimo, era una cutrez. Era una estética militarista, y daba la impresión de que a todo el mundo le olían los calcetines”. Así resumió alguna vez el escritor español Manuel Vázquez Montalbán toda una época de miseria material y moral que fue la postguerra española. De esa etapa gris una de las pocas cosas que se salvan es la imagen y la voz de Sara Montiel.

De niño viví dos años bajo el franquismo. Yo había nacido en España pero a los tres años emigramos a Venezuela. Las cosas no fueron tan fáciles como mi madre había pensado y tras vivir un par de años en Macuto me llevó de nuevo a España, me dejó al cuidado de mi tía Pilar y mi abuela Felisa, y se regresó a Venezuela, de modo que entre los cinco y los siete años viví en Valencia.

Valencia era una ciudad bastante provinciana. Tenía fama de “roja” pues durante la Guerra Civil fue capital cuando el gobierno republicano se trasladó a ella, ante la inminente caída de Madrid bajo el ejército franquista.

Para mí fue una ciudad de libertad pues habitábamos en El Grao, un barrio cercano al puerto, y yo iba solo a casi todas partes. Toda la vida giraba en torno a la parroquia, la iglesia, el cine, la plaza, la escuela; los vecinos nos conocíamos y nos apoyábamos.

En mi familia todos los hombres se habían muerto, así que yo era el único varón en casa. Mi tía trabajaba en una pastelería y yo pasaba muchas horas con mi abuela. Por las tardes, mientras yo hacía los deberes, ella cosía y cantaba escuchando la radio, una enorme caja marrón con teclas blancas marca Grundig.

Le encantaban las zarzuelas y la música de películas. Gracias a ella escuché por primera vez Fumando Espero, la mítica canción interpretada por Sara Montiel. Yo no lo sabía entonces pero el hecho de que mi abuela cantara esa canción significaba que había logrado superar el cerco de estrechez mental del franquismo.

Como toda dictadura militar, era sumamente aburrido. Las únicas celebraciones prácticamente eran las religiosas, especialmente la impresionante Semana Santa. Las procesiones eran una especie de carnaval, la gente se disfrazaba de legionarios romanos o de paisanos de Jesús. Los penitentes que se ponían sayos morados y largos capirotes con huecos para los ojos me asustaban pues parecían fantasmas.

Precisamente en una procesión de Semana Santa en la cercana población de Orihuela, Alicante, Vicente Casanova, un influyente productor de cine y agente de publicidad, uno de los dueños de la compañía cinematográfica Cifesa, vio cantando una saeta a una bella jovencita que se llamaba María Antonia Abad Fernández. Casanova la ayudó a estudiar declamación y canto. Con el tiempo, su nombre artístico sería Sara Montiel.

La conquista de América

Su primer papel de importancia fue en la exitosa cinta Locura de amor (1948), dirigida por Juan de Orduña, protagonizada por Aurora Bautista y Fernando Rey, a la que siguieron roles todavía secundarios en La mies es mucha, Pequeñeces y El capitán veneno (1950), de Luis Marquina. Pero el cine español de entonces le quedaba pequeño pues la encasillaba en papeles de cara bonita. América sería la consagración.

Locura de amor le abrió las puertas de México, adonde llegó a finales de los cuarenta. Era la época de esplendor del cine azteca, y participó en una docena de películas. En una de ellas, Piel Canela, rodada en Cuba, conoció al escritor Ernest Hemingway quien le enseñó a fumar habanos.

Esta película le permitió llegar a Hollywood en 1954. Su primer trabajo allí fue en la cinta Veracruz, dirigida por Robert Aldrich, con un plantel de célebres actores tales como Gary Cooper, Burt Lancaster, César Romero, Ernest Borgnine y Charles Bronson. Con Veracruz, donde encarnaba a una guerrillera mexicana, tan bella como temperamental, Sara Montiel logró la popularidad que jamás había tenido una artista española.

http://www.youtube.com/watch?v=p-3rX9hUlGQ

Su segundo trabajo en Estados Unidos fue el musical Serenade, protagonizado por el tenor Mario Lanza, y cuyo reparto incluyó a dos estrellas ya legendarias: Joan Fontaine y Vincent Price. Durante el rodaje, Sara Montiel conoció a quien sería su primer esposo, Anthony Mann, el director de la cinta, así como a Elizabeth Taylor, quien rodaba Gigante con James Dean en un plató cercano.

Se dice que tuvo un romance con este actor, que murió joven convirtiéndose en un icono del cine. También conoció a Frank Sinatra, Alfred Hitchcock y Marlon Brando.

Su último trabajo en Hollywood, la interpretación de una india sioux en el film Run of the Arrow de Samuel Fuller , junto con Charles Bronson, Rod Steiger y Brian Keith. Al parecer la voz de Sara fue doblada por la joven actriz Angie Dickinson.

En una ocasión Sara y la cantante Billie Holiday acudieron juntas al restaurante “Four Seasons” de Nueva York. Como no dejaran entrar a Holiday por ser negra, la actriz protestó arrojando al suelo unos platos. Sara llegó a conocer a la legendaria Greta Garbo, entonces ya retirada del cine y que no se dejaba ver en actos públicos; se la presentó su marido Anthony Mann tras una partida al tenis en el jardín de su casa.

Sexo pero no mucho

En el franquismo, el sexo era algo  prohibido de lo que no se hablaba o se hablaba a media voz. Las parejas se citaban a escondidas en casas de familia donde les alquilaban habitaciones por horas. Ese ambiente lo describe muy bien Camilo José Cela en su novela La colmena, posteriormente llevada al cine. Por eso me imagino la verdadera revolución que representaría el estreno en España de El último cuplé.

En 1957, el año de mi nacimiento, Sara fue de vacaciones a España y el director Orduña le propuso trabajar en un film de bajo presupuesto. Se titularía El último cuplé y Sara aceptó más por amistad que por dinero. A pesar de sus escasos recursos, la película fue un gran éxito de taquilla, llegando a recaudar 50 millones de pesetas, una suma exorbitante para la época.

Sara sedujo a millones de españoles con su voz susurrante y grave, muy diferente del estilo atiplado de Raquel Meller, Imperio Argentina y otras cantantes españolas populares. Sus interpretaciones serían recordadas durante generaciones.

Tan es así que mi abuela Felisa, una vez en Caracas, seguía cantando Fumando Espero, El Relicario y La violetera, entre aromas de ajo y tomate recién cortado, mientras me preparaba como ayudante de cocina. Por ahí tengo todavía el viejo disco de vinil con la foto de Sarita luciendo un atrevido escote y el habano cerca de sus sensuales labios. Ningún censor pudo con ella.

***

Eloi Yagüe Jarque Escritor, periodista y profesor de la UCV. Ha publicado libros de relatos como "Esvástica de sangre" (2000) y "Balasombra" (2005), entre otros. Ha sido finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos y recipiente del Premio Nacional de Narrativa Salvador Garmendia por sus novelas "Las alfombras gastadas del Gran Hotel Venezuela" (1999) y "Cuando amas debes partir" (2006)

Comentarios (4)

enrique costa
13 de abril, 2013

Muy buen la película, lástima sin subtitulos. Yo la vi en el cine de niño y la recuerdo bastrante bien.

Golcar Rojas
13 de abril, 2013

Este tipo de reseñas se agradece, no solo por lo bien escritas sino también porque lo remonta a uno en el tiempo y no muestra que no era muy diferente la vida en un pueblo valenciano que la vivida en uno merideño como La Parroquia. Pero, además, se aprecia que rescate las historia que hizo la leyenda y que dista mucho del personaje un poco friki en el que se convirtió en los últimos años de su vida en los que la falta de mejores oportunidades la llevó a valerse de escándalos de su vida privada para mantenerse en el tope de la popularidad. Sarita Montiel para mi siempre será la de Fumando Espero, El Relicario y El ultimo cuplé. Todo lo demás, se le disculpa.

Antonio
13 de abril, 2013

En Caracas en los 50, fué todo un acontecimiento la película La Violetera; que yo recuerde , estando pequeño, la pasaron durante semanas en el cine Hollywood de la parroquia La Candelaria, anunciada con grande e iluminado afiche, visible desde La Marrón. Por cierto, me caía muy mal ese tema musical

Cecilia…
14 de abril, 2013

No soy de esa generación, pero tampoco estoy tan lejos de ella, no vi ninguna de las peliculas, no creo que sea por la edad, quizás otras razones jugaron alli, pero si soy testigo de cómo esas películas se insertaron en el incosnciente colectivo con frases como: “la última vez que fuí al cine fui a ver La Violetera”… en mi época de fumadora, cuándo estaba sola en algun lugar, fumando, varias veces quién pasaba a mi lado me decía: “fumando espero??”

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