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La novela negra vive su mejor momento

Por Prodavinci | 16 de febrero, 2013

noir textoFragmento de un artículo de Mauricio Bach publicado en La Vanguardia

Manteniendo unas pautas básicas, el género ha ido evolucionando en un permanente proceso de renovación en el que se han sucedido periodos de gran creatividad y otros de crisis por agotamiento. Ahora vive un momento de esplendor cuya explicación podemos buscar en la suma de varios factores: la aparición de nuevos autores que siendo fieles a la esencia del modelo genérico lo reinventan; la ruptura de diques, gracias a la cual el policíaco amplia sus registros temáticos y formales, y con ello su público, saltando de la colección especializada al catálogo generalista. Pero esta situación no surge por generación espontánea, sino que se empieza a gestar hace décadas.

Entre los años sesenta y los ochenta del siglo pasado la novela negra mostraba evidentes síntomas de agotamiento, las fórmulas se habían hecho repetitivas, los clichés daban pie al mero revival o a la parodia, pero ninguno de estos planteamientos abría vías practicables que permitiesen avanzar. Aquí es importante un matiz: la situación en España era diferente, la llegada de la democracia propició la publicación de un alud de novelas negras antes censuradas y la crisis se percibió con retraso.

Pero en este panorama languideciente, aparecieron un reducido número de autores que plantaron la semilla de la reinvención de los códigos del género, entre cuyas transformaciones más destacadas, hoy vigentes, cabe citar la indagación psicológica tanto en la mente perturbada del psicópata como en la del atormentado servidor de la ley; un realismo cercano al registro de crónica periodística; detallismo escrupuloso y veraz en la descripción de los procesos de investigación policial, y por último, nuevas cotas de violencia y escabrosidad.

Dinamitar esquemas

En Estados Unidos el canto del cisne de la época dorada lo entonaron autores como Ross MacDonald y Donald Westlake en los años setenta, pero surgieron entonces dos libros que serán seminales en su retrato del submundo criminal: Los amigos de Eddie Coyle de George V. Higgins y No hay bestia más feroz de Edward Bunker. Ambos comparten un elemento clave: un realismo extremo; no es casual, Higgins era fiscal y Bunker delincuente, ambos sabían de qué hablaban. Y un segundo punto en común, Tarantino los homenajea a ambos: Bunker aparece como actor en Reservoir Dogs y un personaje de Higgins da título a Jackie Brown. Otras dos aportaciones clave de aquellos años: Patricia Highsmith que, con el personaje de Ripley, dinamita esquemas morales; y el matrimonio sueco Sjöwall y Wahlöö que, con su radicalismo político, son el germen del posterior auge de la novela negra escandinava. Y ya en los años ochenta aparece otra figura clave, James Ellroy, que da dos saltos de gigante: utiliza el género con una nueva ambición, para trazar un gran fresco histórico de la ciudad de Los Ángeles y de los Estados Unidos –Cuarteto de Los Ángeles, Trilogía Americana-, y es además un creador de lenguaje; salvando las distancias, del mismo modo en que lo es Céline, que reinventa el francés literario.

Esta ambición tendrá continuidad en quien es uno de los más sólidos autores contemporáneos: Dennis Lehane, que cambia Los Ángeles por Boston y además va construyendo un fresco social e histórico de su país (Vivir de noche, de inminente publicación, está ambientada en la Gran Depresión). Lehane sobrepasa las barreras del género tanto en la demoledora Mystic River como, en otro registro, en Shutter Island, en la que la psique perturbada es el eje de la historia.

Otra obra clave que indaga en los infiernos de la mente, en este caso la de un psicópata que asesina siguiendo las máximas de Wittgenstein, es Una investigación filosófica de Philip Kerr, un autor cuya obra restante circula por caminos más trillados. Pero los demonios no están sólo en el cerebro del criminal. La más sombría ambigüedad moral caracterizan a algunos de los mejores personajes positivos de la novela policiaca actual: el Sveinsson del islandés Arnaldur Idridiason, que abandonó a sus hijos, tiene una hija drogadicta y al que los brutales casos a los que se enfrenta le desequilibran; el alcohólico Harry Hole de Jo Nesbo, o la Lisbeth Salander de Stieg Larsson, probablemente el personaje más rico y complejo que ha dado el género en décadas.

Otros, como el Dave Robicheaux de John Lee Burke o el Charlie Parker de John Connolly, son rondados por lo sobrenatural y reciben la visita de los muertos, a lo que en el segundo se suman los tormentos por el asesinato de su mujer e hija en la primera novela de la serie. Estos demonios interiores y la capacidad de empatizar con el criminal también los plasma el barcelonés Aro Sáinz de la Maza con su inspector de los mossos d’esquadra de El asesino de La Pedrera. La empatía es también clave en el Adamsberg de Fred Vargas, una de las autoras actuales más originales, que introduce además elementos mitológicos en sus tramas.

Pero quizá la indagación más ambiciosa en la influencia del crimen en la psique, y a mi modo de ver uno de los hitos de la novela policiaca reciente, comparable en ambición a Ellroy, es El cuarteto de Red Riding de David Peace , cuatro novelas -1974, 1977, 1980 y 1983- inspiradas en el caso real del destripador de West Yorkshire, que mantuvo en jaque a la policía durante años. Peace aborda con contundente verismo este caso de corrupción e ineptitud policial y analiza -igual que David Fincher en la imprescindible y poco entendida Zodiac, adaptación de un libro de Robert Graysmith- cómo la búsqueda del psicópata se convierte en una obsesión que transforma y destruye la vida de quienes lo persiguen.

La investigación de la perturbación mental es también clave en las escabrosas novelas de la escocesa Val MacDermid, protagonizadas por el psicólogo forense Tony Hill. La ciencia forense ha dado pie a lo que se ha denominado thriller forense, subgénero que muestra con un detallismo nunca visto los procedimientos de investigación, y en el que reinan autores como Karin Slaughter, Jeffrey Deaver -con su forense tetrapléjico- y sobre todo Patricia Cornwell.

Sin ella no existiría la serie CSI, y esto nos lleva a las mutuas influencias y trasvases entre la literatura y el audiovisual en esta nueva edad de oro del género: ambos lenguajes se retroalimentan e incluso comparten creadores. En el terreno cinematográfico son fundamentales las aportaciones de Tarantino, David Fincher y Nicholas Winding Renf (Drive, pero sobre todo su trilogía The Pusher). Aunque quizá es el ámbito televisivo el que más ha contribuido a la transformación del policíaco  La obra clave es The Wire, que como las novelas de los mencionados Ellroy, Lehane o Peace, supera el género por su ambición (y en la que por cierto participan como guionistas autores destacados como Georges Pelecanos, Richard Price y el propio Lehane), Los Soprano y Breaking Bad también desbordan el marco genérico; Dexter, aporta su psicópata ejerciendo de justiciero, Bones a su equipo forense, la británica Luther a su policía capaz de empatizar con el criminal y la danesa The Killing borda el retrato humano de su mujer detective. Y deberíamos mencionar también, como mínimo, un par de obras maestras en el ámbito del cómic: Sin City de Frank Miller y el manga Monster de Naoki Urasawa.

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Puede leer el texto completo aquí.

Prodavinci 

Comentarios (3)

Libia Kancev
16 de febrero, 2013

Leí este artículo porque el título llamó mi atención pero, de algún u otro modo, pensé en la novela negra latinoamericana y especialmente en la venezolana. Por estos lares, también se habla de que la novela negra está en su “mejor momento”. En Venezuela, al parecer, la novela negra no tiene una mayor tradición en relación a otros países como México, Argentina, Brasil y Chile, no obstante y, según algunos de nuestros autores más conocidos de novela negra, hay razones para pensar que el género puede ser ampliado. Como sabemos, la novela negra latinoamericana, posee un elemento particular que tiene que ver con su carácter de crítica y denuncia social y que tiene sus raíces en las crisis sociales, políticas y económicas, así, no se entiende por qué, el género en Venezuela no tiene una mayor presencia.

El artículo anterior me dejó una extraña sensación pues creí que se refería a la novela negra latinoamericana. Bueno…expectativas que nos creamos. Un saludo.

Angie
19 de febrero, 2013

En novela negra venezolana le recomiendo a Jose Pulido con el requetemuerto, poco conocido aun. Saludos

MARIA
28 de agosto, 2014

BUENAS NOCHES QUISIERA SABER QUIEN FUE EL PRIMER AUTOR DE UNA NOVELA POLICÍACA EN VENEZUELA?

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