Artes

El discreto encanto del cuento, por Norberto José Olivar

¿Son los cuentos novelas fracasadas? ¿Es la literatura algo vivo? ¿Un escritor es víctima de sus textos?

Por Norberto José Olivar | 22 de junio, 2011

En una conversación con Albinson Linares dije que el cuento se me daba de manera accidentada, y lo sigo pensando y padeciendo, advierto. Monsieur Ismael (Alfaguara, 2006), por ejemplo, es un relato que debió ser una novela. Recuerdo que entrevisté y molesté a mucha gente, fui a dar, incluso, a una ruinosa casa en Santa Lucía donde vivía uno de los descendientes directos del poeta Ismael Urdaneta: un viejo delgado, blanco, de ojos verdes, trajeado siempre con un roído flux gris, un verdadero gentleman de una desvencijada elegancia; me facilitó muchísima información y materiales, no como un acto de bondad, entendí luego, sino porque en cierta forma se entretenía con mis visitas.

La biografía de este poeta habría sido una gran novela en manos de un escritor con más talento, confieso que me faltó inteligencia y astucia, en el arranque, para librarme de la dictadura que ejerce la literatura una vez que se trazan las primeras líneas. Tenía en mis manos los registros de un auténtico nómada, un soldado de la Legión extranjera en la Primera Guerra Mundial, un bohemio, un Casanova consumado y un pésimo y desastroso poeta. Todo pintaba de maravillas para una historia fuera de lo común, pero el texto se cerró repentinamente y fue imposible proseguir. En mi escritorio estaban apilados montones de documentos sin explotar, desde lo que dictaban ellos hasta lo que exigiera la imaginación, un lamentable desperdicio. No podía creer lo que me pasaba, yo que siempre me había jactado de copiar a Paul Auster en esa manía de abandonar los textos cuando se cansa de ellos, ahora yo era la víctima. Pensé en aniquilar aquellas páginas y empezar de nuevo, pero entendí, pese a mi soberbia, que lo que tenía que contar del poeta-legionario ya estaba escrito allí. De modo que, para ahorrarme tentaciones, cogí aquella montaña de documentos estupendos y los quemé en el patio abrazado a mi perra y tomando un whisky barato, pero solidario, en esa hora menguada de mi existencia.

 

Norberto José Olivar 

Comentarios (8)

Sylvia Paúl
22 de junio, 2011

Me quedé con las ganas de seguir leyendo. Seguro pasará igual con el cuento de Monsieur Ismael. ¡Qué dolor quemar tantos documentos que tanto trabajo costó en recabar!

Ruben
23 de junio, 2011

No extraña que haya quemado los papeles, decir que copiaba a Ausler…Imagine que le dijeran a Quiroga,Chéjov,Borges etc. que sus cuentos eran novelas fracasadas y que ellos eran víctimas de sus textos. !Habrase visto!

Leonel
23 de junio, 2011

Es interesante pensar en que un cuento pudo haber sido pensado primero como una novela. Claro, no veo que eso signifique que se frustró una novela cuando, por el contrario, se logró un buen cuento. Si, por qué no pensar que a Borges o a Quiroga les pasó lo mismo? No hay que ser tan cerrados con la opinión de Norberto Olivar. Por ninguna parte ofende a otros cuentistas. Sólo comenta sobre su experiencia. Sin embargo, repito, no deja de ser interesante.

Norberto J. Olivar
23 de junio, 2011

La verdad, me asusta pensar que se tomen mis palabras como una “opinión”, es más bien, un padecimiento. Eso sí, todo lo que ustedes han dicho me parece más que válido! Gracias por sus lecturas y comentarios!

Leonel
23 de junio, 2011

No tiene por qué asustarle, ya que lo que emite es tan sólo una opiniòn. Lo de su padecimiento forma parte de esa opiniòn. Por otro lado, no han sido muchas las lecturas, tan sólo fue una.

Nedda
23 de junio, 2011

No creo que el cuento tenga que ver con una novela fracasada, tiene su propio tiempo, su propio ritmo. Incluso el tema puede convertirse en una novela si se desea, pues se trata de mantener la coherencia mientras se ahonda en los personajes, y se crean nuevas situaciones. Mas bien atribuyo el fracaso al escritor/a, pero sin hablar de incapacidad, sino de sus circunstancias. Virginia Wolf dijo que para escribir (sobre todo una mujer) se necesitaba un cuarto propio, e independencia económica (algo así)… Eso pesa en estos tiempos!! Saludos cordiales.

Daniel Lemos
25 de junio, 2011

Recordemos que Borges no gustaba de la novela. El confiesa,(En el Diccionario privado de Borges que hiciera Matamoros)que se aburriría en el segundo capítulo de comenzar a escribirla. Comparto la misma actitud que Borges ante la novela.

Juan
29 de junio, 2011

Entiendo, y lo he vivido, que una obra de literatura, después de comenzarse a escribir, tiene vida propia, es decir, toma su propio rumbo y su propio desarrollo, independiente de la intención inicial del escritor. Si el escritor es sabio, no intentará torcer el rumbo; todo lo contrario, dejará que el río fluya y tome la dirección y los cauces que su naturaleza indique.

No es un fracaso —o un éxito—: es algo en cierto modo inexorable. Pero algo me dice que, aunque dudo que veamos una confesión al respecto, hay unos pocos maestros que pueden en última instancia hacer valer su intención sobre su intuición: empecinados, transforman la materia, una vez escrita, en lo que en consciencia deseaban, o escriben, en paralelo a lo que les dicta el inconsciente, lo que emprendieron a escribir, o lo escriben después, como reacción al primer producto.

Todo es posible y existe la magia, pero también existe el esfuerzo, y si éste es lo suficientemente fuerte, puede lograr su cometido.

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