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Los datos inconfesables sobre la energía nuclear, por Benjamin J. Sovacool

"Los defensores de la energía nuclear han logrado considerables avances políticos en todo el mundo en los últimos años, al presentarla como una opción substitutoria segura, limpia y fiable de los combustibles fósiles, pero la documentación histórica muestra claramente que no es así."

Por Prodavinci | 21 de marzo, 2011

La crisis nuclear del Japón es una pesadilla, pero no una anomalía. De hecho, sólo es la última en una larga serie de accidentes nucleares con fusiones de reactores, explosiones, incendios y pérdida de refrigerante: accidentes que han ocurrido tanto con funcionamiento normal como en situaciones de emergencia, como, por ejemplo, sequías y terremotos.

La seguridad nuclear requiere claridad sobre los términos. La Comisión Reguladora Nuclear de los Estados Unidos divide en general los “sucesos” nucleares no planificados en dos clases: “incidentes” y “accidentes”. Los incidentes son sucesos imprevistos y fallos técnicos que se producen durante el funcionamiento normal de una central y no tienen como consecuencia fugas de radiación fuera de su emplazamiento o daños graves a su equipo. Los accidentes se refieren a fugas de radiación fuera de su emplazamiento o a daños graves en el equipo de la central.

La Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos utiliza un método de clasificación de siete niveles para calibrar la importancia de los sucesos nucleares y radiológicos: los niveles 1-3 son “incidentes” y los 4-7 son “accidentes”, y el “accidente muy grave de nivel 7” consiste en “una fuga en gran escala de material radioactivo con efectos generalizados en la salud y el medio ambiente que requieren la aplicación de amplias medidas planificadas para contrarrestarlos”.

Conforme a esas clasificaciones, el número de accidentes nucleares, aun incluyendo las fusiones habidas en Fukushima Daiichi y Fukushima Daini, es escaso, pero, si hacemos una nueva definición de “accidente” para que incluya los incidentes que tuvieron como consecuencia pérdidas de vidas humanas o más de 50.000 dólares de daños materiales, surge un panorama muy diferente.

De 1952 a 2009, ocurrieron a escala mundial al menos 99 accidentes nucleares que se ajustan a esa definición y cuyos daños sumaron más de 20.500 millones de dólares, es decir, más de un incidente y 330 millones de dólares de daños, por término medio, al año, en los tres últimos decenios, y, naturalmente, en ese término medio no va incluida la catástrofe de Fukushima.

De hecho, en comparación con las demás fuentes de energía, a la nuclear corresponde un número mayor de víctimas mortales que a los sistemas de petróleo, carbón y gas natural y sólo la superaron las presas hidroeléctricas. Desde el desastre de Chernóbil en 1986, ha habido 57 accidentes. Si bien sólo en unos pocos hubo víctimas mortales, en aquellos en los que las hubo murieron en conjunto más personas que en los accidentes de la aviación comercial de los Estados Unidos habidos desde 1982.

Conforme a otro índice de accidentes de energía nuclear, que incluye los costos distintos de la muerte o de los daños materiales, como, por ejemplo, trabajadores heridos o irradiados y fallos de funcionamiento que no tuvieron como consecuencia desconexiones ni fugas, de 1942 a 2007 se documentaron 956 incidentes y, conforme a otro, entre el accidente de 1979 en Three Mile Island, en Pensilvania, y 2009 y tan sólo en centrales nucleares de los EE.UU. hubo más de 30.000 contratiempos, muchos de los cuales podrían haber causado graves fusiones,.

Los fallos no se limitan a los emplazamientos de los reactores. En los accidentes habidos en la planta de reprocesamiento del río Savannah hubo fugas de yodo radioactivo diez veces mayores que en el accidente de Three Mile Island y un incendio en las instalaciones de Gulf United de Nueva York en 1972 esparció una cantidad no revelada de plutonio, lo que obligo al cierre permanente de la central.

E n 1957, en el Complejo de Reprocesamiento Industrial de Mayak, en la zona meridional de los Urales de Rusia, la explosión de un depósito que contenía sales de acetato de nitrato produjo una fuga en gran escala de material radioactivo sobre una superficie de más de 20.000 kilómetros cuadrados, lo que obligó a la evacuación de 272.000 personas. En septiembre de 1994, la combustión de gas metano que se había filtrado desde un almacén desencadenó una explosión en el reactor de investigación de Serpong (Indonesia), cuando un trabajador encendió un cigarrillo.

También han ocurrido accidentes cuando se han desconectado reactores nucleares para recargar combustible o para trasladar combustible nuclear gastado. En 1999, los técnicos que estaban introduciendo combustible gastado en un depósíto de almacenamiento en seco del reactor de la central de Trojan en Oregón descubrieron que la capa protectora de carbonato de zinc había empezado a producir hidrógeno, lo que causó una pequeña explosión.

Lamentablemente, los accidentes in situ en reactores nucleares e instalaciones de combustible no son el único motivo de preocupación. El apagón eléctrico habido en agosto de 2003 en el nordeste de los Estados Unidos reveló que en más de una docena de reactores nucleares de los EE.UU. y del Canadá no había un mantenimiento adecuado de los generadores diesel de reserva. En Ontario, durante el apagón eléctrico, los reactores que debían desconectarse automáticamente de la red eléctrica y permanecer en reposo quedaron desconectados del todo y sólo dos de los doce reactores actuaron como se esperaba.

Como sostuvieron los abogados defensores del medio ambiente Richard Webster y Julie LeMense en 2008, “la industria nuclear (…) está como estaba el sector financiero antes de la crisis” que estalló aquel año. “Hay muchos riesgos que no se gestionan ni se reglamentan adecuadamente”.

Ese estado de cosas es preocupante, por no decir algo peor, en vista de la magnitud de los daños que un solo accidente grave puede causar. La fusión de un reactor de 500 megavatios situado a cincuenta kilómetros de una ciudad causaría la muerte inmediata de unas 45.000 personas, heriría a otras 70.000, aproximadamente, y causaría daños materiales que ascenderían a 17.000 millones de dólares.

Un ataque logrado o un accidente en la central eléctrica de Indian Point, cerca de la ciudad de Nueva York, que, al parecer, formaba parte del plan original de Al Qaeda para el 11 de septiembre de 2001, habría provocado 43.700 víctimas mortales inmediatas y 518.000 muertes por cáncer y los costos de la limpieza habrían ascendido a dos billones de dólares.

Por situar un accidente grave en su marco, según los datos que figuran en mi próximo libro Contesting the Future of Nuclear Power (“Impugnación del futuro de la energía nuclear”), hemos de decir que, si diez millones de personas estuvieran expuestas a la radiación de una fusión nuclear completa (en la que fallaran completamente las estructuras de contención y el núcleo interno del reactor entrase en contacto con el aire), unas 100.000 morirían a consecuencia de una enfermedad aguda causada por la radiación en el plazo de seis semanas. Unas 50.000 experimentarían dificultades respiratorias agudas y a 240.000 se les declararía un hipotiroidismo agudo. Unos 350.000 varones quedarían temporalmente estériles, 100.000 mujeres dejarían de menstruar y 100.000 niños nacerían con deficiencias cognoscitivas. Habría miles de abortos espontáneos y más de 300.000 cánceres posteriores.

Los defensores de la energía nuclear han logrado considerables avances políticos en todo el mundo en los últimos años, al presentarla como una opción substitutoria segura, limpia y fiable de los combustibles fósiles, pero la documentación histórica muestra claramente que no es así. Tal vez la tragedia que está desarrollándose en el Japón sea suficiente por fin para impedir que el renacimiento nuclear se haga realidad.

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Benjamin K. Sovacool, profesor en la Escuela Lee Kuan Yew de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Singapur, es autor de Contesting the Future of Nuclear Power (“Impugnación del futuro de la energía nuclear”) y coautor de The International Politics of Nuclear Power (“La política internacional de la energía nuclear”), de próxima publicación.

Copyright: Project Syndicate, 2011.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.

Prodavinci 

Comentarios (4)

Magín Serfaty
21 de marzo, 2011

Despues de mas de una semana de leer, oir y ver personas alrededor del mundo po television,radio, periodicos y por internet, es dificil llegar a una conclusion sobre el uso pacifico de la energía nuclear. Particularmente,no puedo dejar de pensar que desde los años cincuenta estamos usando energía nuclear no solamente en la generacion de electricidad. Existen muchas aplicaciones, y solo nombrare dos por decir algo;la curacion del cancer por irradiacion y deteccion de humo para evitar los incendios.Tenía que pasar esta desgracia de Japon, y por desgracia me refiero a un terremoto escala 9 seguido de un maremoto con olas de diez metros, las cuales juntas hicieron que coincidiera la tormente perfecta sobre los reactores nucleares de Fukishima.Pero pregunto; antes de este incidente ¿cuantas personas sabían que en el planeta la generacion electrica del casi 30 % a , es de origen nuclear? ¿Cuantas personas sabían que hay mas de 160 reactores nucleares en todo el planeta, con usos beneficos funcionando actualmente? Disculpen pero uno puede ser muy ecologico, pero sigue siendo la forma mas limpia,eficaz y mas barata de producir energía. Todavía esta reciente el problema del derrame del golfo causado por BP, y lo unico que tenemos encima es unas miserables disculpas.Pero y el daño ecologico y economico que se ha causado? No moriran personas de cancer, pero cuantos quedaron en ruina por la destruccion de bancos de camarones, de grupos de pesca, por el turismo, etc.etc. ¿Cuantos derrames se producen al año en el planeta? ¿Cuantos incendios se producen al año en refinerias que expelen toneladas de productos toxicos y cancerigenos al aire cada año? ¿No vamos a tomar en cuenta las miles de toneladas que se producen por combustion en vehiculos a gasolina y Diesel en todo el planeta, cada día y cada año? No puedo dejar de sonreirme cuando ahora tanta gente”descubre” que la electricidad que mueve sus limpios aires acondicionados en salones llenos de ecologistas que discuten los contra de la energía nuclear, proviene justamente de reactores nucleares. Europa esta cundido de reactores, observen solamente a Francia, 56 reactores. Señores, dejemos la estupidez y la ignorancia por un momento, No debemos dejar de usar energia nuclear, lo que debemos ser es mas vigilantes, mas previsivos y mas eficientes. La leccion que nos esta dejando Japón es que por mas que nos preparemos, la naturaleza tiene la muy mala maña de superarnos de vez en cuando. Debemos manejar mejor los desperdicios y en fin miles de cosas mas, pero no debemos desechar esta energía.Si no, seguiremos dependiendo del petroleo y del carbon, por que la verdad, nadie quiere dedicarse a estudiar formas economicas de aprovechar energía solar, o eolica, y la hidraulica, cada vez mas nosotros mismos nos estamos encargando de destruir las fuentes de agua que quedan en el planeta. Y no por medios nucleares.

Harold Mota
21 de marzo, 2011

La población mundial ha crecido de manera tan vertiginosa, que es difícil mantener un desarrollo sustentable en función de la generación de energía “ecológica”, la energía nuclear es relativamente barata pero altamente peligrosa, los combustibles fósiles han causado un daño a los mares y al aire sin precedentes, la energía hidroeléctrica ha destruido centenares de ecosistemas, la represa Tres Gargantas en China es un ejemplo de ello. Algunos pretenden destinar una gran parte de los cultivos del mundo para la fabricación de etanol, otro desacierto más, si tomamos en cuenta los niveles de hambruna del planeta. La vía es la energía solar y la eólica, y hacia allá debemos apuntar. La crisis energética es un problema mundial, como todos los problemas que hoy nos afectan, los países desarrollados se han dado cuenta del costo político y ecológico que representa la energía nuclear, de allí el extraño interés por “salvar y democratizar” los países árabes, ricos en petróleo. Lamentablemente este mundo está dominado por “Inversionistas” y son ellos quienes deciden que es más rentable, que no es lo mismo que sustentable.

Eduardo Briceno
21 de marzo, 2011

Los articulos publicados. Me parecen de una importancia sustancial, ya que esta informacion se hace inaccesible para muchos . Por diversos motivos, y hoy en dia reina es la desinfcormacion masiva sobre este problema, por lo que considero de surgente necesidad tener acceso a ella. Mucho agradeceria enviar a mi correo electronico los articulos ya publicados como los que proximamente se publicaran.yya que son necesarios para su difusion y debate para quienes tenemos. Preocupacion por el tema de la energia sucia . Atte .Eduardo Briceno.

Iván Peñaloza
22 de marzo, 2011

Una rápida búsqueda en internet (Wikipedia, no necesariamente lo más confiable pero si lo más rápido) bajo “nuclear and radiation accidents” arroja: 19 accidentes en plantas nucleares desde 1954 (0,3 accidentes por año),con 64 muertos en 59 años, y 258 muertes en accidentes relativos a radiación no necesariamente en plantas nucleares, sino en instalaciones de procesamiento de material radioactivo, instalaciones militares y en instalaciones para radioterapia (medicina). Si sumanos nos da 5 a 6 muertes al año. Dificilmente se puede considerar algo tan terrible como pretende el autor. El articulista dice ” Si bien sólo en unos pocos hubo víctimas mortales, en aquellos en los que las hubo murieron en conjunto más personas que en los accidentes de la aviación comercial de los Estados Unidos habidos desde 1982.” No se si en aviación comercial ha habido menos de 322 muertos desde 1982, pero lo dudo, y en todo caso han muerto más personas en accidentes de tránsito que las que han muerto por accidentes en plantas nucleares y explosiones atómicas combinadas. Estas incongruencias me hacen sentir escéptico sobre los datos y motivaciones del que escribió el artículo. Para el último accidente (Fukushima) hizo falta un terremoto de 8.9 y un tsunami para que colapsara una planta que ya estaba obsoleta. Creo que si se quieren reducir los gases de invernadero tendrán que recurrir a la energía nuclear, mejorar lo existente con nueva teconología para mejorar la seguridad y una supervisión más estricta por instituciones de vigilancia. La otra opción es más plantas termoeléctricas, porque la energía solar y eólica no tienen la capacidad para suplir en forma continua la cantidad de energía que requerimos. Ni les va a gustar a sus proponentes tener cerca de sus casas los cientos de miles de molinos de viento y paneles solares que harían falta para producir una fracción de lo que se necesita (siempre que no pare el viento y no sea de noche). Hay que dejar a un lado las ideas románticas. Nada es gratis y perfecto. Nuclear es peligroso pero eficiente y construible con alto grado de seguridad. Solar y eólico también es construible y muy seguro, pero no es igual de confiable y les recomiendo leer un libro técnico para que se den cuenta de la cantidad de km2 de paneles solares que harían falta.

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