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Pobreza en la prensa venezolana: crónica de una tormenta, por Leopoldo Tablante

Los resultados y la discusión contenida en este artículo provienen del trabajo de investigación Pobreza en su tinta. Representaciones periodísticas de la pobreza en Venezuela concluida por el autor en octubre de 2008, primer premio de investigación de la Universidad de Católica Andrés Bello en su edición de 2011 y disponible para el editor académico interesado.

Por Leopoldo Tablante | 9 de marzo, 2011

Preámbulo

Entre diciembre de 2005 y octubre de 2008 le dediqué la vida a uno de los proyectos más extravagantes que jamás haya emprendido: conocer cómo la prensa venezolana habla de la pobreza en sus páginas.

La mención recurrente de la palabra «pobreza» en América Latina y en Venezuela fabrica el espejismo de que éste es el más trillado de los temas, una falsa interpretación que lo condena de antemano. Mi análisis sobre la representación de la pobreza en la prensa me permitió cobrar conciencia de que las variables asociadas con este fenómeno son tan numerosas y complejas que al cabo, por simple apabullamiento, es fácil tirar la toalla y conformarse con elaborar generalizaciones razonables.

Por fortuna conté con un precedente útil para acercarme al monstruo:

El periodista y académico colombiano Germán Rey examinó lo que el diario bogotano El Tiempo publicó en sus páginas sobre pobreza durante los meses de febrero, mayo, agosto y noviembre de 2002. Rey empleó matrices de análisis que medían frecuencias de categorías «sociales» y «periodísticas», las primeras asociadas con los aspectos que reflejan la pobreza como un fenómeno colectivo, las segundas con los criterios retóricos y técnicos a través de los cuales el periodismo transforma la pobreza en información, es decir, en signo.

El número de textos periodísticos retenidos por Germán Rey sumaba 171. El estudio venezolano entrañó en cambio el examen de 3126 textos producidos en febrero, mayo, agosto y noviembre de 2005: 1477 por Últimas Noticias (9,54% de todos los publicados durante los meses en cuestión), 855 por El Nacional (6,61%) y 794 por El Universal (3,18%). La diferencia de casos entre el estudio venezolano y el colombiano, más allá del hecho de que este último abarcara tres diarios y de otros criterios metodológicos no explícitos en las cifras, se debió a que los periódicos venezolanos operaron en un ambiente de confrontación política en el cual la pobreza y la exclusión social fueron los catalizadores de la polarización. Incluso los diarios venezolanos dirigidos a las clases medias y altas, El Nacional y El Universal, publicaron, como mínimo, cuatro veces más textos alusivos a variables de pobreza que El Tiempo de Bogotá.

Durante los primeros ocho meses, el proyecto contó con la colaboración de un grupo asistentes (Delymart de León, Nadia Goncalves, Jaqueline Osteicochea, Gabriela Velásquez, todas ellas coordinadas por la periodista Adriana García Cunto y por mí) sin cuya ayuda hubiera sido imposible desmenuzar una cantidad de información suficiente como para dejar en el sitio al dueño de la moral mejor plantada.

Ahora bien, ¿qué dice la prensa sobre la pobreza en Venezuela?

1. La pobreza es un problema «natural»

En los tres periódicos analizados, la pobreza es una especie de manifestación natural del ambiente venezolano, algo parecido a los musgos y los líquenes en las selvas tropicales.

La inmensa mayoría de los textos sobre pobreza producidos por El Universal y El Nacional fue publicada en febrero (332 el primero, 285 el segundo), cuando se produjo la famosa vaguada. Últimas Noticias publicó la mayoría de sus textos en mayo de 2005 (429 piezas periodísticas) por una sencilla razón: los perjudicados por el temporal formaban parte de los grupos socioeconómicos que constituyen su público principal. Además, en vista de que este diario tiene una larga tradición de denuncia, tres meses y medio después de la vaguada había muchas denuncias que requerían prensa.

El problema «natural» de la pobreza no se expresa sin embargo en áreas aisladas sino, por el contrario, en sectores urbanos (para El Nacional y El Universal el contexto urbano de pobreza gravita entre el 54% y el 56%; en el caso de Últimas Noticias el porcentaje llega hasta el 74%). Ello da cuenta de la vulnerabilidad estructural de las ciudades venezolanas, donde la fluctuación de los elementos recuerda cada tanto la particular inaptitud para el asentimiento humano de los espacios sociales pobres, marcados por la falta de precaución ante sus límites geológicos y por la informalidad constructiva.

De lo arriba señalado se puede inferir que el principal fundamento de la pobreza –es decir, el evento o el quiebre que devela la vulnerabilidad estructural de los espacios sociales pobres– es la catástrofe natural. Los diarios insisten más en este fundamento cuando su público lector se encuentra más alejado de los sectores de pobreza. Por ejemplo, prácticamente la mitad de los fundamentos de pobreza evocados por El Universal son de tipo «natural», 48,79%, frente a 31,77% en el caso de El Nacional y 26,97% en el de Últimas Noticias.

En suma, la pobreza se transforma en problema de interés público sólo cuando una catástrofe natural la exhibe. Emergencia y pobreza establecen una relación de causa y efecto que conlleva a un periodismo reactivo, situacional, en el que no hay ni seguimiento ni mayores consideraciones analíticas, paradoja de un país dislocado por la fractura socioeconómica.

La catástrofe natural da al traste con el próximo fundamento al que más recurre la prensa: ninguno (casi 30% en El Universal, 26,39% en Últimas Noticias y 15,04% en El Nacional). Si una vaguada no sobreviene y convierte a individuos de sectores pobres en víctimas mortales o en afectados (heridos, desplazados o damnificados), la pobreza entra en el limbo de la no-explicación. Ese limbo conecta sin embargo con otra instancia: la pobreza como resultado de la ineficiencia de las instituciones del Estado (15,25% en el caso de Últimas Noticias, 19,38% en el de El Nacional y 9,34% en el de El Universal). Aquí la pobreza cede a la denuncia: a los perjudicados no les queda otro recurso que solicitar la intervención de unas autoridades públicas sobrepasadas por la realidad a las que, al mismo tiempo, se señala como responsables de las condiciones de vida de colectividades enteras.

Los dos últimos fundamentos relativamente significativos son de carácter social (vinculado sobre todo con el principal síntoma de descomposición social de la sociedad venezolana: la violencia) y de carácter económico. No obstante, en ambos casos el promedio no supera 8%.

2. La pobreza no da para el largo aliento

A pesar de que la pobreza involucra a más de la mitad de la población total de Venezuela (según un estudio de la empresa Datos, los grupos socioeconómicos «D» y «E» habrían pasado de 40% a 58% en el intervalo 1984-2004), este tema parece no inspirar particularmente a los periodistas. La mayoría de la población de Caracas podrá asentarse en esas indisimulables montañas que aparecen en los mapas oficiales como zonas verdes, pero, morfológicamente, la pobreza escrita en la prensa apenas ocupa espacios menores de un cuarto de página (53,07% en el caso de El Universal, 49,30% en el de El Nacional y 32,77% en el caso de Últimas Noticias), seguida por desarrollos equivalentes al cuarto de página, tal como si el asunto no tuviera mayores méritos.

Los síntomas de pobreza son apenas un dato fáctico que merece un género periodístico: la noticia aislada, a la que recurren los reporteros de los tres periódicos en 70% de las ocasiones. Esto quiere decir que la pobreza es un evento «sencillo» relatado de acuerdo con una estructura convencional de pirámide invertida dotada de un título descriptivo, un sumario (especialmente en el caso de Últimas Noticias), un arranque que privilegia la anécdota más resaltante (lead) y un desarrollo superficial. Los periodistas no se animan a escribir reportajes, que en los tres diarios no supera el 13% de los géneros empleados para referirla. Esto refuerza una lógica en la que la pobreza es casi siempre una situación imponderable y vaga que, más allá de una descripción cuyo dramatismo se refuerza con fotografías, no suscita en la mente del lector ninguna proporción más o menos clara. Por ejemplo, El Universal, El Nacional y Últimas Noticias publicaron, respectivamente, 4468, 3272 y 2999 tablas y gráficos para reforzar la información contenida en sus textos, pero ninguna variable de pobreza motivó en los tres universos más de 17 tablas o gráficos.

3. El problema de las fuentes: «si tú me tiras, te tiro»

La alternancia de fuentes en las noticias de pobreza es parecida a las de los copleros en los contrapunteos del joropo recio: mientras en situaciones de catástrofe las autoridades dan su parte y ofrecen soluciones, las víctimas de la pobreza dan testimonios para describir su condición de vida y, en especial, para señalar la negligencia de las autoridades.

Así, en los diarios estudiados la pobreza tiene dos repercusiones principales: «social» (44,5% en promedio) e «institucional» (24% en promedio). Estos valores explican el hecho de que las fuentes citadas se dividan en dos promedios principales: cerca de 34% de las declaraciones totales emitidas provienen de fuentes vivas (personas que describen «de viva voz» su propia condición precaria de vida) y 38% de autoridades que dan cuenta, prometen o defienden su gestión.

En los dos casos, estas declaraciones son hechas a título personal. Aunque pueda asumirse que una autoridad habla en nombre de la institución que representa, es curioso reparar en que las fuentes institucionales per se (un portavoz de un ministerio a través de su oficina de prensa, por ejemplo) sean citadas por todos los diarios en una proporción menor a 10%, superior a los valores de los grupos de la sociedad civil y de los expertos, no así de los casos en los que el periodista ni siquiera menciona alguna fuente. En fin, la prensa comunica la idea de que las personas en situación de pobreza son seres desamparados a los que sólo les queda manifestarse (señalar, denunciar, quejarse…) en medio de su falta de organización cívica y política, de su carencia de información y de la desidia de autoridades tan abrumadas y aturdidas como ellas mismas.

4. Hombres y mujeres mestizo-negroides

Uno de los grandes mitos venezolanos es la existencia de una especie de concordia social justificada en la creencia de que todos somos mestizos, cosa que es verdad pero que no descarta aquella trillada metáfora del café y la cantidad de leche con que, a voluntad, el lunchero de la panadería lo aclara, lo que sólo habla de más cancha y más matices para postergar el conflicto del resentimiento.

En todos los diarios, más de la mitad de los actores de pobreza son hombres (casi 60%), en su mayoría adultos, es decir, entre los 20 y los 65 años –cerca de 38%–, aunque la mayoría de los hombres adultos mostrados por la prensa tiene menos de 30 años. El análisis de las fotografías publicadas en los materiales informativos, que suele representar los actores pobres mencionados en el texto (hombres y mujeres), reveló que la inmensa mayoría de los actores pobres son individuos de fenotipo mestizo-negroide (85% de todos los casos). Esto no significa que los reporteros procedan según criterios de discriminación étnica, aunque el dato insinúa que en los espacios sociales pobres se manifiesta un rezago histórico visible en el tipo físico de quienes lo habitan. Este rezago puede ser estimado como la válvula de escape de una nación que, como todas las latinoamericanas desde comienzos del siglo diecinueve, asintió la superioridad de la clase blanca criolla. Las concentraciones marginales urbanas reproducen los rasgos de esta inercia histórica, y uno de sus modos de expresión es la composición étnica de sus pobladores.

5. Cuando la pobreza se conjuga en plural

Cuando la pobreza se atribuye a grupos extendidos, éstos suelen ser señalados como ciudadanos comunes (31,19% en el caso de Últimas Noticias; alrededor de 17% entre El Nacional y El Universal) o como afectados y damnificados (no más de 16% en los casos de Últimas Noticias y El Nacional; 25% en el caso de El Universal). Adicionalmente, los periodistas pueden designar a estos grupos humanos con la vaga apelación de «pobres» (siempre menor al 9% de todos los casos contabilizados, el valor más alto siendo el mostrado por el diario El Nacional) o, si son menores de treinta años y de sexo masculino, perpetradores o víctimas en hechos de sangre ocurridos en sectores populares y en barriadas marginales, como criminales miembros de grupos desviados. Las etiquetas que homogeneizan al ciudadano tocado por la pobreza en la cadena ciudadano desatendido por el Estado-afectado-damnificado-pobre-desviado promedia por si sola 72%, muy por encima, por ejemplo, de las ocasiones en que los reporteros comprenden al individuo pobre como parte de un gremio (menos del 7% por ciento) o de una organización comunitaria (menos del 2%).

De nuevo, los grupos pobres son siempre núcleos de individuos particulares que por lo general están desposeídos de estructuras cívicas y políticas, de apoyo institucional y que muchas veces optan por la solución expeditiva y violenta. En este caso se repite el patrón del ciudadano sin control de la realidad, encomendado a lo que la piscología social funcionalista llama «locus de control externo».

6. El rol de las elites

Varios porcentajes minoritarios son dignos de mención, en particular porque ellos reflejan la relación débil de las elites intelectuales y socioeconómicas venezolanas con el tema de la pobreza.

Al medir las fuentes, las empresas y los empresarios se desempeñan como proveedores importantes de información sobre asuntos relacionados con la pobreza en una proporción que no supera el 2,33% (reflejada por El Nacional).  La poca información sobre pobreza ofrecida por la empresa privada revelaría una inconsecuencia generalizada con respecto a la solución de un problema en el que su rol económico es fundamental. Esta inconsecuencia apenas se interrumpe con la publicación de informaciones vinculadas con iniciativas de responsabilidad social empresarial, que proceden más en el marco de las comunicaciones estratégicas que en el de la articulación de esfuerzos concretos para superar la pobreza.

En lo que concierne a las columnas de opinión, en su mayoría escritas por firmas influyentes en el plano empresarial, académico y humanístico, la pobreza no fue mencionada en más de 8% de todas la columnas contabilizadas (este último valor pertenece al diario El Universal), a menudo en el contexto de la diatriba política chavismo-oposición. Lo mismo sucedió con el editorial, a través del cual una empresa periodística fija su línea editorial y su postura política. Entre los tres diarios analizados, sólo El Nacional publica editoriales sistemáticamente, y entre febrero, mayo, agosto y noviembre de 2005 sólo en 7 ocasiones la pobreza fue en éstos objeto de consideración.

7. La pobreza es intocable

Anteriormente señalé que los textos periodísticos que aluden a alguna variable de pobreza no ofrecen ni magnitudes ni puntos de referencia académicos o institucionales que permitan al público ponderar la gravedad del asunto. La pobreza se reduce entonces a la publicación de materiales que informan sobre deslizamientos de tierra en áreas pobres, sobre una ola de muertes violentas durante el fin de semana o sobre la cantidad de víctimas dejadas por un temporal. Después de que se señala el hecho, comienza una cadena de denuncias (sobre todo reflejadas por Últimas Noticias, que incorpora la denuncia en casi 24% de todos los casos) que siempre supera los enfoques proactivos (17% en el mismo diario) y que, cuando integra el enfoque crítico, automáticamente lo politiza, lo que es muy claro en el caso de la columna de opinión y de los pocos editoriales publicados por El Nacional.

Final

A comienzos del año 2006, la historiadora Inés Quintero presentó el libro de relatos de vida Así nos tocó vivir, editado por el Proyecto Pobreza, con un texto que recogía testimonios de personajes pobres del siglo diecinueve venezolano. Al final de la enumeración de estos testimonios, la autora señalaba que todas esas personas «dirigían sus ruegos a quien, desde el poder, podía atender y dar respuesta a su penosa circunstancia. […] Sólo la acción benefactora e individual del caudillo dispensador de favores y recursos podría darle consuelo a las penalidades que cada una de ellas estaba padeciendo».

Salvando las distancias, ese perfil coincide con el que sobre el mismo tema los tres periódicos más comerciales de Venezuela levantaron durante el año 2005 de una manera más técnica y desglosada. Muy a pesar del culto a la personalidad del presidente Chávez, que ha caracterizado el ambiente sociopolítico de Venezuela durante los últimos doce años, tal vez ese hombre fuerte no sea hoy en día una persona específica sino la estructura misma del Estado, un Estado que ha creado una inercia en la que el individuo no confía ni en su imaginación ni en su iniciativa para emprender la carrera de su propia superación.

La pobreza en los tres diarios estudiados se plantea como una eventualidad, subrayada por la catástrofe natural, que, a pesar de sus estragos masivos y recurrentes, supedita la supervivencia de los grupos soecioeconómicamente más frágiles a un caos estructural e institucional empeorado por la discrecionalidad del poder político. Ahora bien, ¿es esta representación mediática producto de líneas editoriales deliberadamente trazadas o, más bien, una amplificación producida por la convergencia de lecturas individuales en la empresa periodística? Después de todo, los contenidos de los diarios son elaborados por individuos –reporteros de planta y comentaristas externos– que tienen, como cualquier persona natural, un punto de vista tomado sobre el medio social. Si los diarios privilegian inercias informativas compatibles con su propio desenvolvimiento empresarial, no es menos cierto que ellas se conforman a partir de puntos de vista y de lecturas que les son preexistentes.

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Nota: Los resultados y la discusión contenida en este artículo provienen del trabajo de investigación Pobreza en su tinta. Representaciones periodísticas de la pobreza en Venezuela concluida por el autor en octubre de 2008, primer premio de investigación de la Universidad de Católica Andrés Bello en su edición de 2011 y disponible para el editor académico interesado.

Leopoldo Tablante 

Comentarios (10)

Julio Belisario
9 de marzo, 2011

La pobreza debe relacionarse con la clase de sistema político con el cual se organizan y gobiernan los países, esta relación, inexplicablemente, no la establecen los estudiosos del tema.No contestan las preguntas¿Por qué la pobreza del I Mundo es tan distinta a la pobreza dantesca del III Mundo?¿ Cual es la cuota de causalidad de la pobreza que le corresponde al sistema político del I Mundo y a la del III Mundo?

Europa Occidental era después de la segunda Guerra Mundial una zona extraordinariamente pobre y devastada, pero sus países adoptaron el sistema político descentralizador del poder y superaron con creces en 20 años sus pobrezas, gracias a que EE UU llevó con el Plan Marshall, el sistema político de poder descentralizado(federal) como la más efectiva barrera contra el comunismo, y la solución infalible contra la pobreza; y no se equivocaron;. También lo trasplantaron a Japón, Corea del Sur con idénticos o mejores resultados; y a Irak, donde fructificará cuando se haga la paz.

Si algún reproche se le puede hacer a EE UU y la UE es que siendo los principales usuarios del sistema político descentralizador de poder, EE UU desde 1787 y la UE desde1945, no nos lo enseñaron en Iberoamérica, prefirieron hacer buenos negocios: comprarnos materias primas baratas y vendernos, como dijo Akio Morita ( Expresidente de SONY) su modo de vida, que es una consecuencia de su sistema político avanzado; UNO DE CUYOS IRRITANTES RESULTADOS( DE DONDE SE AGARRAN LOS GOLPISTAS COMUNISTAS) CUANDO SE TRATA DE INSERTAR EN EL TERCER MUNDO ES LA ACENTUACIÓN DE LAS INEQUIDADES: URBANIZACIONES OPULENTAS a las que se llegarles en automóvil a través de una autopista; Y AL LADO y/o SOBRE SUS CABEZAS EN LOS CERROS VECINOS, ENORMES BARRIOS MISERABLES ALGUNOS CON MAS HABITANTES QUE MUCHOS PROVINCIAS DEL PAÍS: estopa , gasolina y fuego para que los comunistas entonen su chorro de babas “revolucionarias”.

Los EE UU después de la guerra de rapiña contra México y contra España, se quedaron con más de medio México y con Puerto Rico, Cuba y Filipinas; pero tampoco promovieron el sistema político federal de manera total, solo a medias en Puerto Rico; jamás en Latinoamérica. Pudieron haberlo hecho al menos en Cuba y fuera como es hoy Barbados que exhibe una de las calidades de vida más altas del mundo a pesar de ser una minúscula isla del Caribe: un espejo ejemplarizante de la eficacia del sistema primermundista; pero prefirieron mantener estos pueblos del centro y del sur en la barbarie política; esto es un hecho que nadie comenta.

Y no se trata de que EE UU impusiera el sistema político descentralizador del poder ( federal descentralizado de entidades subnacionales autónomas y gobiernos parlamentarios o semi parlamentarios muy controlados) a sangre y fuego, sino que no usaron su gigantesco aparato mediático y aplastante influencia diplomática y económica para enseñar el sistema político federal sino para vendernos carros y electrodomésticos.

Nuestras madres patrias España y Portugal, después de Franco y Salazar también instalaron sistemas federales descentralizados y gobiernos parlamentarios y les ha ido muy bien; pero no se acordaron de enseñarlo a las hijas iberoamericanas; pero eso si, nos mandaron oleadas de agricultores, panaderos, banqueros y comerciantes, que nos han sido muy provechosos por lo trabajadores que son. Lo cual demuestra que no podemos contar con nadie: aprendemos e instalamos por nosotros mismos el sistema político que ellos tienen o nadie lo hará por nosotros.

La cruda realidad es que ningún pueblo puedesalir de la pobreza si se organiza y gobierna con sistemas centralistas aunque tenga la mas grandes riquezas naturales; a los sumo puede montarse en un sube y baja según el perfil psicológico del PR de turno; mientras siguen nadando en un mar de pobreza cada vez mas profundo: una verdadera desgracia.

Carolina Acosta-Alzuru
9 de marzo, 2011

Este estudio me parece imprescindible para entender no sólo la cobertura periodística de la pobreza, sino también los resortes socioculturales del país en el manejo y percepción de este problema. Como estudiosa de la comunicación, felicito a Leopoldo Tablante. Y como venezolana, le agradezco esta investigación.

Me abisma que un estudio tan importante y riguroso (y ganador del 1º premio de investigación de la UCAB) no esté publicado en el formato que merece: como libro. ¿Hay planes para eso?

Emilio
10 de marzo, 2011

Gran estudio, pero me parece que ya otras personas, como Luis Duno, lo han señalado. Ahora bien, lo que no entiendo es que Leopoldo no haya considerado el hecho de que quizás gran parte de la ausencia de la pobreza, sobre todo en los discursos de lo que él llama las “élites académicas”, sea un producto del desgaste del discurso presidencial, que todo el tiempo habla de ella. Por otro lado, me parece irónico que el estudio nos lleve a la misma conclusión de los voceros del chavismo: que nuestras élites están viviendo en otra realidad y no quieren ayudar a salir de la pobreza, y quizás por eso Chávez debería seguir en el poder….

Alfredo Ascanio
11 de marzo, 2011

Leopoldo yo esperaba que u investigación de la prensa pudiera haberse elaborad con la herramienta del Análisis de Contenido (Agenda Setting) como lo realizó Violette Morin en la Universidad de Paris con el nombre L Escriure de Presse y la traducción en 1974 con el nombre Tratamiento Periodístico de la Información. Hubiese sido excelente armar un Sistema de Categorías y contar las frecuencias ano en el género de noticias como en el género de opinión.Yo he realizado varios trabajos con el método Morin, o sea mi tesis de maestría y mi tesis doctoral y e seguro que una manera efectiva del análisis.

Leopoldo Tablante
11 de marzo, 2011

Estimados Carolina, Alfredo, Emilio y Julio,

Muchas gracias por sus lecturas. Me permito añadir algunas precisiones que pueden complementar sus comentarios:

1) Este estudio se concentró sobre lo que 3126 textos periodísticos producidos por tres diarios venezolanos en febrero, mayo, agosto y noviembre de 2005 elaboraron sobre la pobreza en el país. A efectos de garantizar rigurosidad metodológica, no se incorporó el examen de otros textos suplementarios. Éstos habrían podido añadir material de especulación, pero no afinar los criterios de análisis;

2) Alfredo, en realidad, de manera implícita, el método de estudio incorporó las variables que usted menciona, aparte de criterios de análisis morfológico de prensa tal como las explica Jacques Kayser en El diario francés. En este sentido, la colaboración de la profesora Caroline de Oteyza, directora del Centro de Investigación de la Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello, fue de una ayuda invaluable. A título informativo, le enumero las categorías analizadas.

– Periodísticas: Superficie de pobreza (con repecto a la superficie redaccional total), extensión, sección, fuentes, género periodístico, enfoque, caricaturas, fotografías, dibujos, infografías, tablas y gráficas, unidades de intermediación (fundamentalmente, los correos de los lectores).

– Sociales: Temas, personas por género, personas por género y edad, grupos de pobreza, contexto, fundamentos periodísticos de la pobreza y repercusiones de las situaciones de pobreza.

Es decir, 3126 noticias fueron descompuestas según esa secuencia de categorías periodísticas y sociales, muchas, pero muchas hojas de cálculo que cuentan numerosas variables. Sin embargo, este artículo publicado aquí tan sólo pretendía resaltar los resultados más representativos del análisis final.

3) Julio, el estudio no se pronuncia sobre cuáles son los resortes estructurales o políticos que perpetúan la pobreza en Venezuela, aún menos sobre cuál es la solución para superarla. Éste se limita a explicar cómo la prensa construye en sus páginas una imagen de la pobreza en Venezuela. Creo que su gran virtud se encuentra en el volumen de información analizado. Ciertamente, algunas conclusiones pueden coincidir con nuestras suposiciones sobre el tema, pero ahora contamos con proporciones específicas que permiten describir la conexión de la industria de la prensa venezolana con el tema pobreza;

4) Emilio, aunque efectivamente el discurso presidencial de la pobreza tiene un impacto sobre la agenda periodística (en 2002 la profesora Caroline de Oteyza y yo escribimos un artículo académico al respecto, publicado en el Anuario Ininco), preferimos trabajar directamente sobre lo que la prensa dice. El propósito del estudio no era evaluar el efecto del discurso presidencial sobre la prensa, sino entender cómo la prensa construye una imagen de la pobreza empleando para ello criterios editoriales específicos. De nuevo, para evitar entrar en el terreno de la especulación, preferí concentrarme en el material de prensa que era objeto de análisis;

5) También, Emilio, es verdad que algunas conclusiones pueden refrendar –sólo circunstancialmente– los reproches políticos que un bando de un país polarizado dirige a otro en un contexto de confrontación y propaganda. Y entiendo que cuestionar la versión de uno u otro bando pueda quebrantar la empatía del estudio hacia el grupo que opera desde una posición política tomada. No creo sin embargo que las conclusiones que el estudio ofrece deban ser desestimadas por ese motivo. Aunque perfectibles, los resultados que aquí se ofrecen son un punto referencia útil para orientar el proceso de toma de decisiones de diferentes sectores venezolanos (comunicacionales, empresariales, intelectuales, etc.) con respecto a su acción concreta frente al problema de la pobreza en Venezuela;

6) Carolina, gracias por el interés. El estudio todavía está disponible para su publicación. Ojalá que su difusión motive alguna iniciativa editorial. Quiero por cierto agradecer a Prodavinci la oportunidad para publicar este artículo aquí, que muy someramente adelanta algunos de sus resultados más importantes.

Les agradece infinitamente sus comentarios y los saluda,

Leopoldo

Alfredo Ascanio
11 de marzo, 2011

Leopoldo ya veo que utilizaron la metodología del periodista Jacques Kayser de su libro El Diario Francés. Yo también conocí ese modo de proceder,pero como fue una forma de análisis desarrollado en el año de 1962 y con la idea de cuantificar el No. de columnas y las relaciones porcentuales con la superficie redaccional del diario, para mis temas, o sea el análisis relativo a mis dos tesis, me pareció mejor el método de Morin, inspirado en los indicadores cuantitativos desarrollados por Harold Lasswell en sus estudios sobre Semántica Cuantitativa. Porque en mi caso me interesaba lo que dice la prensa de un sujeto con sus frases temáticas, con su predicado (positivo,negativo o bien neutro) y el conector verbal. Yo trabajé con el Universo de la Prensa, para evitar tener que hacer una Muestra Representativa. Mi Tesis de Maestría se llamó: Lo que dice la Prensa del Discurso Presidencial (en la época de Lusinchi); y la Tesis de Doctorado se tituló La Agenda de la Prensa y la Intención del Voto en la Campaña Presidencial de 1998 (Chávez contra Salas Romer), pues yo quería saber por quién Votaba la prensa Escrita y comparar ese voto (aprobación o no) con la intención del voto de los ciudadanos. Mi tutor fue un especialista en Análisis de Contenido y profesor de la Universidad Simón Bolívar que se llama Friedrich Welsch,Ph.D y de origen alemán; yo trabajé con más de 3.000 frases temáticas con su sujeto, la conexión verbal y el predicado (lo que se dice del sujeto), aplicando los indicadores de Lasswell, como lo hizo también Violette Morin. Una de esas tesis fue Mención de Honor y los resultados de ambos trabajos lo publiqué en un libro con la Editorial Trillas de México que se llama : Análisis del Discurso Político, que si te interesa puedes verlo en la TIENDA VIRTUAL de Trillas, colocando en el buscador mi nombre (Alfredo Ascanio): el enlace es : http://www.etrillas.com.mx/ Por favor, avísame al publicar tu investigación. Estamos en contacto y te felicito por lo interesante del tema y la manera de abordarlo.

Gustavo Ramírez
11 de marzo, 2011

Interesantes, muy interesantes, el trabajo de Leopoldo, las opiniones de los distinguidos comentaristas y la respuesta a ellas por parte de Leopoldo. Como lector no-académico que intenta ser desapasionado además de “y-que” objetivo, me quedo con un regustico un poquito con sabor a “merengada-sin-azúcar”, aunque “canela” tiene suficiente. ¿Por qué? Porque cuando incursiono -por carambola, desde Noticiero Digital, debo decirlo- en medios como Prodavinci, me abruma la misma sensación de claustro vivencial que percibía cuando, hará unos 30 años, asistía en Caracas a un club de fotografía patrocinado por un fabricante alemán de cámaras fotográficas de primerísima factura (Yo, orgullosamente, poseía una) donde, a final de cuentas, lo que sucedía era una competencia entre fotógrafos aficionados y profesionales para proyectar sus fotos (y su ego) ante sus pares; y de allí, de esas veladas semanales, no trascendía absolutamente nada al exterior salvo al muy cerrado círculo de familiares íntimos y/o amigos cercanos. ¿Se enteró el gran público de las personas, animales, cosas y lugares que reflejaron esas a menudo maravillosas fotografías? Poco. O nada. Fueron sólo hermosos testimonios personales de los sitios visitados y de la maestría empleada para lograr su captura fotográfica. ¿Vale la figura de esta historia para quienes escriben muy lindo y profundo con destinatarios previsibles en un coto muy pequeño, pero no “sacuden” sus pensares, sus conocimientos, sus convicciones, hacia el gran público? No lo´sé, pero intuyo que no. Lástima. Porque hay mucha mente brillante por estos lados que se queda dando vueltas en sus mismos círculos. Y eso se llama DESPERDICIO. Reciban mi más cordial saludo…

Leopoldo Tablante
12 de marzo, 2011

Gustavo, créame que comprendo su punto de vista. Mi única esperanza es que al menos el texto principal le haya sido útil e informativo. Le agradece su lectura,

Leopoldo

Emilio
12 de marzo, 2011

Leopoldo, Muchas gracias por tus respuestas, que dan prueba evidente de tu seriedad y compromiso con la investigación. No quiero en ningún momento objetar la importancia de tu análisis, y menos aún poner en duda tu credibilidad, ya que eres un notable escritor, periodista e investigador. Sin embargo, hay muchos elementos que se pueden cuestionar en este tipo de análisis, que pretenden ser “científicos” al precisamente reducirse a un ámbito bien específico, aislando “el objeto de estudio” de variables contextuales, ideológicas y culturales mucho más complejas. Es el mismo problema que suceden con las encuestas, que borran, por un lado, las intervenciones ideológicas (las preguntas que se hacen y la manera cómo se hacen siempre inducen de antemano a buscar un tipo de respuesta) y, por otro lado, aíslan -los sacan de su entorno cultural, social- al grupo encuestador, sin tomar en cuenta variables culturales, ideológicas, contextuales del momento. Eso lo sabes tú más que yo, que eres una persona estudiada. Por eso me sorprende que tus conclusiones sean tan limitadas, sin tomar en cuenta los problemas de este tipo de investigación. Te presento varias problemáticas concretas, que ya he referido antes:

1) El discurso de las élites: como el chavismo, partes de los artículos de opinión de los especialistas profesionales y humanistas que se dieron en esa fecha, donde terminas mostrando que en torno el tema de la pobreza no hubo interés, y quizás se cayó en los mismos vicios de representación de la pobreza que muestras en otras partes: clasismo, y cierto racismo. Bien. Pero insisto en el punto que te dije antes: ¿por qué no leíste el contexto donde el tema de la pobreza como discurso se está dando en otras partes? ¿Por qué aislaste tu “muestra” de manera tan radical, que no tomaste en cuenta el contexto general, donde el tema de la pobreza desde que Chávez llegó al poder ha sido sistemáticamente puesto en la palestra pública? Me parece que no se pueden entender esos “datos” sin tomar en cuenta esa realidad, que niegas. Me pregunto, en este sentido, si el estudio de haber sido hecho en 1999 hasta el 2004, cuando Chávez tenía completa legitimación por todos los medios, ¿veríamos los mismos datos que tú muestras?

2)Por otro lado, me pregunto si esta visión de la pobreza es algo generalizado en gran parte de los medios de comunicación de otras partes y qué aportes trae en concreto saber las limitaciones de la manera de ver la pobreza así. Lo digo, porque quizás si uno hace ese estudio en Inglaterra o Francia podría ver resultados más desastrosos y no creo que ello haya sido impedimento para erradicar al pobreza en esos países. En Inglaterra, uno de los países más elitescos y clasistas en el mundo, no vemos tantos mendigos como en Venezuela. Con esto no estoy exculpando a nadie de la información que se consiguió en el estudio, pero sí estoy viendo las limitaciones de los propósitos que pueden haber detrás de este tipo de estudio.

3)Conociendo lo polarizado que está nuestro país, me extraña que no hayan incluido otro órgano de prensa oficial (además de “Últimas noticias”) para tener un balance comedido de parte y parte. Quizás con ello mis objeciones serían infundadas. Me extraña que no tomaron en cuenta ese gran detalle.

Bueno, muchas gracias Leopoldo y espero que me puedas responder, si tienes algún tiempo. Si no, entiendo.

Leopoldo Tablante
12 de marzo, 2011

Hola, Emilio,

Gracias de nuevo por sus comentarios y por su lectura. Vamos a ver si puedo responder sus preguntas:

1) Cuando uno hace un estudio de esta naturaleza, hay que tomar deicisiones pragmáticas que, muchas veces, atentan contra el contexto. La idea de arrraque era trabajar con dos años: uno altísimamente polarizado, el 2003 (paro petrolero, recuperación de Pdvsa por el chavismo y recrudecimiento del control económico por parte del gobierno bolivariano); y otro, 2005, que aunque no fue normal, tenía a una figura presidencial oficialmente legitimada (real o virtualmente, como el lector lo prefiera) después del referéndum del 2004. Puesto que decidimos comenzar de atrás para adelante, empezamos a vaciar la información del 2005. Y sólo con el 2005 nos pasamos dos años y casi dos meses (desde el 5 de diciembre de 2005 hasta el… 20 de enero de 2008) analizando 3126 noticias. Este estudio debía estar terminado -cálculo ingenuo- nueve meses después de que se comenzó. Sin embargo, el volumen de información rebasó con creces esa meta. Dos años, o más, de análisis habrían sido imposibles por razones más administrativas que académicas, por lo cual decidí conformarme con uno solo. ¿Tal vez la solución habría sido adoptar otro enfoque metodológico y oscilar entre lo que se dice afuera de la prensa y la prensa propiamente dicha? Sin embargo, lo que interesaba era ver cómo la prensa construye una representación de pobreza.

2) El documento original de esta investigación tiene cerca de 400 páginas y ahí dentro hay mucha información de estudios sobre el mismo tema que se han hecho en América Latina y Estados Unidos. Desde luego, en un trabajo de divulgación, como éste que Prodavinci me ha ayudado a divulgar, es preferible priorizar la información al caso que más nos interpela: la prensa venezolana. Siento que sólo haya podido referirme a algunas pocas variables de todas las que involucra el estudio. No obstante, le adelanto que los resultados de los otros estudios de prensa a lo que me remití para hacerme una idea de cómo suena el asunto en otras partes (en América Latina y Estados Unidos) son asombrosamente parecidos a los que aquí presento.

3) La muestra original incluía al diario de línea oficialista Vea. Yo mismo le escribí a mediados de 2005 una carta al fallecido director de ese diario, Guillermo García Ponce, para solicitarle acceso a los archivos. Desafortunadamente nunca recibí respuesta. Coincido absolutamente con usted en que la ausencia de un diario oficialista en este estudio le añade de una asimetría que, no obstante, trató de balancearse desde el comienzo. La muestra original debía incluir El Nacional, Ultimas Noticias y Vea.

Ojalá que las circuntancias permitan en algún momento la publicación in extenso de la investigación.

De nuevo, gracias por su atención y por su lectura,

Leopoldo

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