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El mercado de los héroes

Oscar Collazos a propósito del rescate de los mineros chilenos

Por Óscar Collazos | 22 de octubre, 2010

La historia de los 33 mineros chilenos ha sido contada hasta la saciedad. Una y otra vez, el mundo conoció los detalles de una aventura que nos mantuvo en vilo; admiró la resistencia de los protagonistas; celebró los esfuerzos del gobierno por sacarlos con vida; admiró la solidaridad del mundo hacia aquellos seres que, de nuevo en la superficie, nos mostraron la dimensión más alta de la felicidad: llorar porque no se sabe si el milagro está sucediendo en realidad.

No se habían calmado aún las aguas revueltas del regocijo colectivo cuando hizo su tiránica aparición el espectáculo. Se había estado creando la expectativa. La realidad estaba a punto de convertirse en mercancía, pues lo que produce emociones colectivas necesita ser reproducido y vendido como espectáculo.

Da lo mismo el haber sobrevivido casi milagrosamente del fondo de una mina que haber sido rescatado después de años de cautiverio de las mazmorras selváticas de una guerrilla. El heroísmo de nuestro tiempo tiene su culminación en el mercado de la felicidad o la tragedia. El especial televisivo, el guión cinematográfico y el producto editorial se piensan antes del desenlace del acontecimiento.

Mientras la cápsula penetraba la roca hasta las profundidades donde se encontraban los mineros, alguien estaba consultando a sus familiares, asesorándose de abogados, haciendo planes de grabación, buscando guionistas, seleccionando regalos, haciendo reservas de pasajes. El júbilo del final feliz sirve para que el sobreviviente se encuentre con el mercader generoso y firmen rapidito el contrato.

Antes de que una historia termine, ya se tiene redactado el contrato para sus protagonistas. Si no sobreviven, habrá que entenderse con sus herederos. La tragedia ha sido vista, día a día, en vivo y en directo. Si sobreviven, mejor, serán personajes interpretándose a sí mismos.

No es que este sea el primer caso de explotación comercial de una historia trágica con final feliz. No será tampoco el último. Si el final hubiera sido desgraciado, si después de los portentosos esfuerzos de los ingenieros y la fortaleza física y moral de aquellos hombres hubiera fallado algo, el final trágico sólo hubiera alterado detalles de los contratos.

Hay que aprovechar el cuarto de hora. Probablemente, los 33 hombres que sobrevivieron a la incertidumbre ganarán en un año de espectáculo y vitrina lo que no han ganado en toda su vida. Nadie los culpa. Con esta clase de reglas se conoce de cerca la miel del éxito, recompensa al dolor vivido.

No sé si el comercio del heroísmo sea el mejor remedio al estrés postraumático; no sé si las luces de las cámaras y los aplausos y la mano estrechada a los poderosos sirvan para conocer la solidaridad humana. Sólo estoy seguro de que la experiencia será breve y habrá que pensar entonces en regresar al lugar de donde se vino.

Se ha vuelto casi natural esperar que toda situación humana vivida en sus límites más dramáticos tenga de inmediato explotación comercial en el espectáculo multimediático. Es muy posible que mucha gente vea la explotación comercial del dolor y la felicidad como recompensa justa para los protagonistas.

Acepto que así son las cosas, que no sólo no se pueden cambiar, sino que todo lleva a suponer que serán monstruosamente peores.

No habrá intimidad que pueda salvarse de este comercio. La demanda de sentimientos, experiencias límite e intimidad se ha vuelto inmensa. Esta es la sociedad que nos alberga, pero si no es posible cambiarla, que cada uno resista para no ser cambiado por ella.

Óscar Collazos Escritor y periodista colombiano. Doctor Honoris Causa en Literatura por la Universidad del Valle, en Cali. Su trabajo periodístico, estudiado en universidades y organizaciones dedicadas a la libertad de prensa, se caracteriza por su fuerte crítica política y postura independiente.

Comentarios (4)

Rubén Mesa
23 de octubre, 2010

Mira Oscar, simplemente ellos salieron de allá abajo y regresaron a la realidad de este mundo: Bienvenidos de nuevo al egoísmo, al “juega vivo”, a la picarezca y la individualidad del aire libre de la superficie. El problema ahora será, palpar de nuevo esa solidaridad y hermandad que se experimentó en las entrañas terrestres, es una gran paradoja amigo mío. Quizá la pelea que en 70 días jamás sucedió, los pobres la tendrán ahora por derechos de autor, regalías, exclusividad, fama etc. que inmenso fallo en el que estamos “sumergidos”

Ramon Elías
26 de octubre, 2010

Amigo Oscar, esa es la terrible realidad de nuestro tiempo, todo se convierte en mercancía. Mientras los ojos del mundo estaban puestos en los 33 mineros “sepultados vivos” en la mina de Atacama, otros treinta y tantos compatriotas, mapuches, abandonaban una huelga de hambre por el derecho ancestral a sus tierras, porque se derogara una infame ley que los convertía en terroristas por el reclamo de sus justas peticiones. De eso no dijeron nada los medios… usted, Oscar, habrá de ver muchas cosas más, se lo aseguro.

Alejandro
26 de octubre, 2010

“Esta es la sociedad que nos alberga, pero si no es posible cambiarla, que cada uno resista para no ser cambiado por ella.” No sólo es una excelente frase, sino que me recuerda a la obra de Morris Berman, la cual aprovecho de recomendar ampliamente a todos los lectores que hacen vida acá. Especialmente “La edad oscura americana”

Rubén Mesa
29 de octubre, 2010

Alejandro: También podemos cambiar nosotros, ser más activos y participar de dichos cambios, tomar el toro por los cachos como dicen en Venezuela. Rubén Blades político y artista panameño dijo: “si no te agrada como están manejando el bus, anda y toma tú el volante con otros métodos, ideas, comportamientos…” creo en eso, abrazos a todos! (por cierto Blades estará en Caracas el 18 de noviembre si te interesa verlo)

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