Actualidad

Morboso, televisivo, baratamente freudiano

Octavio Vinces: vivimos en una sociedad con ansias de rebuscar aquello que no le concierne y le es ajeno.

Por Octavio Vinces | 20 de octubre, 2010

Necesitamos saber de la vida y milagros de los que no nos conocen y jamás pedirían nuestra opinión ni consejo. Vivimos en una sociedad con ansias de rebuscar aquello que no le concierne y le es ajeno. Los murmuradores hacen su agosto en esta época de tabloides, reality shows y estados de celebridad tan intensos como momentáneos. Los paparazzi juegan el rol de modeladores de la opinión pública. En las pantallas de los televisores somos testigos de las declaraciones de amor más extravagantes e indecorosas, de reconciliaciones impensadas, de reencuentros cargados de una emotividad que deviene en impúdica al dejar de ser privada. Podría decirse que casi todo el que puede se anima a negociar la exclusiva de su matrimonio, de su parto, de su cirugía plástica o su secuestro. Y que el que no, no dejará pasar la oportunidad de engrosar las estadísticas de los lectores y la teleaudiencia.

Libre y estimulado, el morbo se desata. Hace no mucho tiempo una mujer rusa fue asesinada en España por su compañero sentimental, unos cuantos días después de haber rechazado sus pretensiones de reconciliación en un set de televisión en vivo y directo. El hombre se había propuesto hacer de la teleaudiencia testigo de su amor y su compromiso de cambio, y terminó creando un espacio para que su pareja diera fe de su imbecilidad y patanería. No fue una buena idea. Su personalidad débil y machista tuvo que sentirse profundamente (léase, televisivamente) deshonrada, y el tipo buscó reivindicarse de la forma más cobarde y alevosa.

Como contrapartida a la sobreoferta informativa existe entonces el riesgo de quedar en evidencia. Pero también el de descubrir aquello que se hubiera preferido ignorar. ¿Cómo pretender estar a salvo cuando los deslices de la vida se han convertido en pasto de una crítica difusa y las infidelidades y los romances son filmados o fotografiados para de inmediato ser transmitidos por toda la variedad de medios disponibles?

Qui auget scientiam, auget et dolorem, “quien aumenta el conocimiento aumenta también el dolor”, afirma el Eclesiastés, uno de los primeros libros de la Biblia escrito en el siglo II a.C. Si nos atenemos a esto, siempre será preferible ignorar la realidad para evitar el sufrimiento. Pero nuestro tiempo, mediático y televisivo, parece decantarse por una tradición más griega que bíblica: Ta pathemata mathemata, “los padecimientos, los sufrimientos, son enseñanza”. Esta frase de Herodoto sintetiza el modelo que aparece en varias tragedias —en la Electra de Sófocles, de un modo paradigmático— y bien pudo haber estado presente en el pensamiento del doctor Freud, pues el psicoanálisis enseña precisamente a escrutar penosamente en la interioridad a fin de evadirse del pozo negro de la enfermedad.

Pero no todo el mundo está preparado ni dispuesto al esfuerzo físico e intelectual que requiere una terapia de introspección. Ser capaz de dialogar con los propios fantasmas, de descender a los infiernos para descubrir la verdad que finalmente libera, implica una madurez y una inteligencia que se escapan del promedio. Seguramente el marido de la mujer rusa ignoraba todo esto cuando se prestó al juego peligroso e insaciable del showbiz. Tal vez los productores de programa no repararon en ese detalle, o no pudieron hacerlo porque el rating siempre manda y además responde a las exigencias de un público cuya curiosidad y ansias de cotilleo no conocen límite.

Es este entonces el tiempo que nos ha tocado en suerte vivir: morboso y televisivo. Y también baratamente freudiano.

Octavio Vinces 

Comentarios (5)

Francisco
21 de octubre, 2010

Me gustó tu reflexión. saludos.

Sydney Perdomo
21 de octubre, 2010

¡Buen articulo, muy reflexivo! siempre he pensado que las personas que sientes este tipo de atracción por lo ajeno, es porque simplemente en sus vidas no hay nada interesante que mostrar…Es un tanto abusivo el hecho de que los paparazzi’s, ¡y no solo ellos! hagan cualquier tipo de peripecias para ganar dinero a costa del dolor ó la vida privada de otros, Ud. Tiene toda la razón en lo que dice y bueno ciertamente es muy literal las citas antes mencionadas acá, en está vida lamentablemente es un constante sufrir y vivir sufriendo (cual sea que fuere el motivo) pero otros toman siempre ventaja de ello. Sea televisivo ó no. ¡C’est la vie!

Saludos y mis respetos sinceros. 😀

Ramon Elías
22 de octubre, 2010

Octavio, interesante tu artículo. Un libro podría escribirse sobre ese tema. Nada más ayer veía un espacio televisivo donde un bailarín cubano que vive en “mayami” demandaba a una fémina que lo contrató como “estriper”. Aquello fue una catarata de argumentos estúpidos donde una mujer hace de juez… en fin, un medio como la TV que puede muy fácil ser utilizado para educar, para formar a los niños y jóvenes, es mal utilizado en la deformación, en la creación de (como decía Pascuali) estereotipadas maneras de pensar y actuar. Un ejemplo muy triste son las telenovelas, sobre todo las mejicanas. !Insufribles!

Rubén Mesa
23 de octubre, 2010

Excelente reflexión amigo Octavio. Este es un debate que debe ampliarse dado el daño que hace la TV TONTA a nuestra sociedad, es decir, este tipo de programas que no edifican ni aportan nada positivo. Agregaría que nosotros, los televidentes somos los principales responsables de la existencia de esos bodrios ya que tenemos la suprema potestad de elegir los contenidos y también guiar a nuestros niños,los medios en busca del falaz reiting tienen su cuota, sin duda, de responsabilidad, pero Octavio, quienes reciben esos contenidos tienen la suya propia porque eso es un juego de dos.

María Eugenia Sáez
11 de noviembre, 2010

No sé quién es este Octavio Vinces, pero es mi salvador; yo estaba a punto de no volver a leer NADA en un mes entero, ni literario ni periodístico ni académico, si no llego a dar con este escrito hoy, y otros dos de gran calidad en esta publicación memorable Prodavinci. Madre mía, lo primero que hice fue enviarles el enlace a tres buenos escritores chilenos, amigos aunque no nos conocemos personalmente. Yo soy venezolana y resido en California desde 1981. Much indebted, thanks

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