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Espumas que se van

"Ni yo soy Tácito, ni aquestos son anales”, decía León de Greiff para burlarse de sí mismo y por ahí derecho también de sus colegas, siempre tan convencidos de escribir para la Historia con mayúsculas.

Por Héctor Abad Faciolince | 9 de agosto, 2010

Los Anales son los libros en que Tácito recogió la vida de los Césares (Augusto, Nerón, Tiberio, Agripina…). De Álvaro Uribe, nuestro césar andino durante dos cuatrienios, deberán escribirse también, año por año, sus Anales. O más que escribirlos, resumirlos o entresacarlos de los periódicos, los juzgados y las estadísticas. Allí hay victorias, mezquindades, delitos, contratos, pleitos, dádivas, logros, traiciones y conquistas…

Ni fue el más sanguinario de todos los presidentes, como dicen sus más furiosos opositores, que mojan su pluma en bilis, enloquecidos de animadversión, ni fue el más preclaro estadista de la historia, como quieren sus más melifluos cortesanos, que más que pluma tienen una larga lengua para escribir con ella babosadas y lambetazos. Muy dados a la hipérbole, aquí no se practica más que la diatriba o el ditirambo. Si uno es equilibrado —y en el país de los furiosos a los equilibrados se los llama tibios— puede decir que con Uribe Colombia progresó; muy lentamente, pero progresó. A veces gracias al presidente y a veces a pesar de él, pero más a menudo gracias a buenos alcaldes o gobernantes locales o simplemente gracias a los avances de la técnica o a los impulsos de la economía mundial. Su presidencia no nos llevó al infierno ni nos sacó del purgatorio.

Más que leer a sus repetitivos detractores, a mí me divierte leer a quienes lo bañan de incienso. Al terminar los días del presidente cesarista, me entretengo escarbando las lisonjas de los hagiógrafos oficiales del presidente. Dos se destacan: José Obdulio Gaviria y Fernando Londoño. El dúo escribe en ese altisonante estilo grecoquimbaya que es, como muy bien lo definió Óscar Collazos, “la típica retórica criptofascista de nuestra derecha ilustrada”.

Oigan el tono del primero: “… la Presidencia más larga, enjundiosa, brillante y fructífera de nuestra historia. Después de décadas de ayuno de liderazgo, la Providencia nos regaló una inteligencia superior; un guía providencial para dirigir a su pueblo en la travesía del desierto; un conductor militar nato para ejercer como estratega del mejor grupo de hombres y mujeres que se haya reunido nunca en un mismo momento…”. El nuevo Moisés, el nuevo Napoleón, al mando de los mejores hombres que hubo nunca (entre los cuales estaba el propio José Obdulio). ¿No da risa?

Y no se pierdan al segundo: “Álvaro Uribe está en la línea de los hombres más talentosos que en la vida pudimos conocer. Su inteligencia es a veces ofuscante, desmedida, sin concesiones ni parcelas. Le vale igual para tratar de matemáticas que de filosofía…”. Pues sí, se ve que se le ofuscó el entendimiento a Londoño, al que uno se imagina hablando con el ex presidente sobre cómo vilipendiar a los jueces de la república, pero no propiamente platicando sobre el imperativo categórico o la ética de Spinoza, y mucho menos sobre la lógica de Russell, los problemas de Hilbert o el teorema de Fermat. Ay, qué mentecatos que son; con tal de lamberle, gradúan de matemático al que si mucho sabe las cuatro operaciones aritméticas.

De todas estas pompas no quedará más que espuma. “¿Qué se fizo el rey don Juan? / Los infantes de Aragón / ¿qué se ficieron?”. Se preguntaba Jorge Manrique y respondía que no “fueron sino verduras de las eras”. Muy poco quedará de todo esto: “Las dádivas desmedidas, / los edificios reales / llenos de oro, / las vajillas tan febridas, / los enriques y reales / del tesoro; / los jaeces, los caballos / de sus gentes y atavíos / tan sobrados, / ¿dónde iremos a buscallos? / ¿qué fueron sino rocíos / de los prados?”. Ni yo soy Tácito, ni aquestos son Anales, pero de una cosa podemos estar seguros: esto es Uribe y esto seremos todos: rocíos de los prados. Espumas que se fueron.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (4)

Abel Rodríguez
9 de agosto, 2010

Buen artículo, como casi todos los de Abad faciolince; pero se me ocurre reseñar aquí lo que, sin prescindencia de sorna y de malicia, dijo alguna vez el profesor Juan Silvestre Azar: “Un cronista objetivo sería aquel que, en presencia de una fechoría pública y notoria, vertiría su opinión sobre tal exactamente en los mismos términos, lo mismo si el malhechor fuera alguien totalmente ajeno a él, que si aquel fuera su propio hermano. Pero, como algo así nunca será posible…, los cronistas objetivos, simplemente, no existen”.

Camilo Daza Tapia
11 de agosto, 2010

El fragmento del poema de Manrique me hizo recordar el siguiente poema de Percy Bysshe Shelley. Si cada gobernante lo leyera cada mañana tal vez serían menos arrogantes y se comportarían como los meros mortales que son.

“OZYMANDIAS” (VERSIÓN EN CASTELLANO):

A un viajero vi, de tierras remotas. Me dijo: hay dos piernas en el desierto, De piedra y sin tronco. A su lado cierto Rostro en la arena yace: la faz rota, Sus labios, su frío gesto tirano, Nos dicen que el escultor ha podido Salvar la pasión, que ha sobrevivido Al que pudo tallarlo con su mano. Algo ha sido escrito en el pedestal: «Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!: La ruina es de un naufragio colosal. A su lado, infinita y legendaria Sólo queda la arena solitaria».

(Traducción de Fernando G. Toledo).

“OZYMANDIAS” (VERSIÓN ORIGINAL EN INGLÉS):

I met a traveller from an antique land Who said:—Two vast and trunkless legs of stone Stand in the desert. Near them on the sand, Half sunk, a shatter’d visage lies, whose frown And wrinkled lip and sneer of cold command Tell that its sculptor well those passions read Which yet survive, stamp’d on these lifeless things, The hand that mock’d them and the heart that fed. And on the pedestal these words appear: “My name is Ozymandias, king of kings: Look on my works, ye mighty, and despair!” Nothing beside remains: round the decay Of that colossal wreck, boundless and bare, The lone and level sands stretch far away.

julio cèsar
11 de agosto, 2010

Si efectivamente hay jefes de estado que se creen Dueños del ESTADO y dicen que les fascinan las matemàticas por el sòlo hecho de saber las 4 operaciones bàsicas que se aplican en el supermercado, cualquier parecido entre Chavez y Uribe es mera vecinda.

José Manuel
11 de agosto, 2010

Si Churchill hubiese sido Uribe, Hitler habría ganado la guerra.

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