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“I’m running this place”

Crónica de Derek Walcott en el Celarg (26 de mayo 2010)

Por Agustín Silva-Díaz | 7 de junio, 2010

Con algo más de una hora de retraso comenzó en el Celarg la charla “La realidad del colonialismo en su poesía” con el premio Nobel Derek Walcott. Poco más de cuarenta personas esperábamos la apertura de la sala y la llegada del gran poeta.

Walcott entró con el aplauso emocionado de los pocos privilegiados que sorteamos el acertijo oculto de la programación del VII Festival Mundial de Poesía —la comunicación menos directa, como si el responsable de publicitar el esfuerzo fuese el Góngora de Las soledades—. Entró enfundado en un chaqueta clara, el más elegante Caribe, escoltado por el poeta y traductor jamaiquino Keith Ellis y una joven y sonriente intérprete que contagiaba la sonrisa al poeta.

Walcott, luego de la presentación del presidente del Celarg, Hernández Montoya, agradeció el privilegio de estar ante tan exigua audiencia, y en un tono algo más verde, la belleza de su joven intérprete. Obviamente estaba complacido con la compañía que le habían asignado los organizadores.

La charla propuesta por Walcott giró —o al menos era su intención— en torno a Caliban, el único de los representantes de los “pueblos originarios” con cuerpo de La tempestad de Shakespeare, anagrama de “canibal” y esclavo de Próspero. Es sin duda uno de los personajes más intrigantes y atractivos de la enorme contribución de Shakespeare de personajes inolvidables. Caliban es deforme y malvado pero habla con extraordinaria belleza. Caliban es el poeta de la obra, y es el poeta en lengua ajena que la usa como instrumento para mostrarse.

Walcott trató de aproximarse a este complejo personaje que se apropia de la lengua

You taught me language, and my profit on’t
Is, I know how to curse. The red plague rid you,
For learning me your language!

con el beneficio de poder maldecir a su amo en la lengua aprendida.

Walcott pronunciaba con cuidado cada oración para dejar inmediatamente la pausa que debía aprovechar la traductora. Estaba, la hermosa niña de la sonrisa contagiosa, en una situación nada fácil. Debía traducir al momento a un consagrado poeta precisamente hablando de poesía y lenguaje. Es un compromiso que alarmaría al más experimentado. Su primera traducción fue un piropo que el octogenario le dirigía públicamente y que no supo bien como comunicar al resto. “Se encuentra muy feliz de tener a alguien tan hermoso que le sirva de voz. Se refiere a mí” confesó con la sonrisa algo más tensa. La joven intérprete se vio sobrepasada por la circunstancia. No conozco la experiencia —ni siquiera sé su nombre, no lo dijeron nunca— de esta intérprete, no sé si tiene formación en literatura, si conoce la literatura del poeta o de otros poetas caribeños similares. Lo cierto es que las palabras de Walcott se veían constantemente alteradas en nuestra lengua. Negaciones que olvidaba incluir invirtiendo el sentido de la frase, acotaciones que eran descartadas por un criterio sintético algo radical, confusiones de palabras básicas entre palabras como “World” o “Word”, palabras que hacen mundos de diferencia entre lo dicho y lo interpretado. A las pocas oraciones el traductor y poeta Keith Ellis comenzó a hacerle correcciones al oído a nuestra intérprete. Algunas oraciones más, y el poeta jamaiquino desesperado le quitó el micrófono a la traductora. Keith Ellis es un buen traductor pero el español no es su lengua y la labor de intérprete requiere de un automatismo que es una habilidad más fácil de desarrollar en la lengua materna. Al poco rato, Roberto Hernández Montoya estaba contribuyendo en la traducción. Walcott veía mal que le enmendaran la plana a su hermosa compañía e hizo gestos para que le devolvieran el micrófono. Algunas oraciones más consiguió traducir al público la joven intérprete sin poder evitar las acotaciones de los otros poetas. Cuando el jamaiquino decomisó de nuevo el micrófono a la vez que el público hacía su propia traducción participativa —a gritos— Walcott dijo que no podía tener tres [o en realidad decenas de] traductores. Ellis le devolvió a disgusto el micrófono a la intérprete pero era muy tarde: el público se había envalentonado y quería meter su cuchara en esa morada traducción. Voces exaltadas proponían adjetivos más o menos precisos como alternativas a las elecciones de la traductora. A mi lado una profesora de Idiomas Modernos de la UCV no podía con la pena ajena y me garantizaba que esa no había sido alumna suya. Walcott miraba boquiabierto como apenas unas sencillas frases había causado tan improductivo debate y detuvo sus reflexiones, seguro que con mucho más en el tintero, para invitar a los presentes a dialogar acerca del tema propuesto.

-No he venido aquí a dar una conferencia. El grupo que me escucha debe ser de colegas escritores o de aficionados a la literatura. Prefiero el diálogo, así que los invito a partir de mis comentarios iniciales a hacer los suyos o bien sus preguntas.

La primera pregunta fue interesante. ¿Es usted Caliban? Walcott dijo que todos los escritores del Caribe son calibanes pero que era mucho más complejo que eso. Cuando iba la cosa a ponerse más interesante justamente para abordar esa complejidad y aprovechando una de las pausas producidas por otro desacuerdo lingüístico entre la traductora y el poeta Keith Ellis, se acercó al micrófono un poeta boliviano que inició una larga y disparatada introducción. Nos hizo saber, para los que no lo sabíamos, que había ganado con sus versos el premio en los juegos florales. De verdad. Mientras al oído, la traductora trataba de convertir el revolucionario discurso del poeta boliviano para que Walcott siguiera la intervención, vimos como las cejas del poeta del Caribe se arqueaban. “Your question, please” interrumpió la avalancha. Pero el poeta boliviano sentía que tenía todavía mucho por decir “No, no. Por favor permítame terminar la idea…”. La traductora seguía pegada al oído de Walcott y la cara del poeta era de furia. Gritó con furia “No! You shut up! I’m running this place!”. Al poeta del altiplano florido no le quedó más remedio que hacer una pregunta que mantuvo el sobresalto del de Omeros. “¿Calibán será Satán? Así al menos lo vemos en Bolivia.” Walcott miró con desconfianza a su traductora, con incredulidad. Juntó los labios con fuerza y miró a Ellis con la esperanza de que hubiese algún problema de traducción. Ellis no dijo nada.

Walcott volvió a La tempestad y repasó el tema de la belleza de las palabras de Caliban, muy superiores a las de su maestro y amo Próspero. La naturaleza del poeta. Entonces se arriesgó a abrir de nuevo los micrófonos a la audiencia. Un caballero de edad provecta mostró una agilidad inusual en alcanzar el micrófono. “Vivimos en un mundo sometido por la tecnología. La nueva ciencia lo abarca todo. ¿Ud. cree que la poesía es una ciencia o que la ciencia es poesía?”. Los labios de la traductora se seguían moviendo cerca del oído de Walcott cuando su cara mostraba unos ojos muy abiertos y una quijada que no podía mantener cerrada. Miró a la traductora con la convicción de que debía ser un problema de interpretación. Ellis miraba a piso. Hizo una pausa y sólo comentó: “No sé qué entiende Ud. por ciencia”. Una última pregunta, comprometida con el poseso, intentó buscar su opinión acerca de los eventos que como ese significaban una revolución cultural. Walcott agradeció la invitación con el deseo de que este tipo de esfuerzos se dieran en otras partes del mundo (quizás precisamente en otras partes del mundo). Ellis tomó el micrófono para convertir las palabras agradecidas en una loa desatada a lo que sucede en nuestro país. Decidió el poeta Walcott que sería mejor que leyeran un poema suyo, en la traducción y voz de Keith Ellis y que luego él lo leería en el original. Escogió “Names” que leyó sin mucha intensidad el poeta jamaiquino en nuestra lengua y no mucho más metido en personaje un agotado Walcott. No hubo más preguntas. El Nobel se negó rotundamente a decenas de solicitudes de entrevistas personales. La sala vacía igual se negaba a vaciarse enteramente y las pocas decenas de curiosos y periodistas de Telesur rodeaban al poeta que obviamente lo que quería era huir de la escena del crimen. Al día siguiente supimos que estaba de reposo con una infección respiratoria. (Quizás precisamente esa fue la explicación, o al menos me gustaría creerlo, para que nunca encendieran el aire acondicionado de la sala cerrada. O quizás parte de la escenografía para sentirnos más Caribe.)

Obviamente que las críticas a este encuentro no parten de la elección del tema, que no por manido deja de ser muy interesante y menos en las manos de un gigante como Walcott. Tampoco es mi intención detenerme en lo poco popular que fue el evento presenciado por los periodistas de Telesur y unos pocos afortunados más. Sino en la organización y los problemas que trae la improvisación. ¿Cómo es posible que el “Festival MUNDIAL de Poesía” no le preste importancia a la elección de los traductores encargados de ser las voces de los invitados? El esfuerzo de tener a Walcott destruido por la improvisación y falta de cuidado. Un encuentro sobre literatura requiere de expertos, de curtidos traductores, de intérpretes rodados y que compartan el gusto por la palabra poética. Otra oportunidad perdida, por el público que no pudo aprovecharlo y por la comunicación interrumpida. Ojalá Walcott ya esté bien. El famoso octogenario ya se debe haber ido con sus versos a otra parte, a donde esos versos encuentren lugar.

Agustín Silva-Díaz 

Comentarios (23)

joaquin ortega
7 de junio, 2010

una belleza broder!!!

emulsion de walcott es un buen nombre para un jarabe poetico

el exaltado del q hablas ha hecho de las suyas en otros eventos

en algun momento fue conocido como el “quechuaamarillo”

jajajaja

keep rockin!!

Luis Yslas
7 de junio, 2010

Lost in traslation es el laberinto donde termina extraviándose todo poeta que simpatiza con aquellos tiranuelos a quienes no sabe o no quiere o no le conviene traducir. La pena ajena es también propia. Buen ojo, Agustín, pero sobre todo, buen oído.

Ernesto Cazal
7 de junio, 2010

Agustín, en conversa con Roberto Martínez y, luego, con un amigo editor, llegamos a la conclusión más obvia (porque creo que no había ninguna más): ¿por qué no se le invitó a un poeta también a hacer de intérprete de Walcott? Me parece que un tipo como Oliveros (desdeñando los tintes políticos entre la Casa de Bello y nuestro profe), por ejemplo, hubiese sido el mejor para ese trabajo de traducción, debido a que conoce la obra del santaluciano y maneja el lenguaje que usó para la charla. Además, ya se han visto casos en los que poetas venezolanos hacen las veces de traductor/intérprete de otros poetas extranjeros en eventos de esta índole. Muy linda y risueña la muchacha, pero las palabras que usaba el caribeño les eran totalmente extrañas. Buena crónica. Salud.

Willy McKey
7 de junio, 2010

Luego de la felicitación que merece el texto de Agustín, por oportuno y por no dejar pasar por debajo de la mesa un evento que debió convocarnos a todos para vigilar en qué se va el presupuesto (obeliscos mediante), y con la intención de enriquecer lo comentado por Ernesto, impresiona que desconocieran que en Venezuela existe una traducción de parte de la obra de Walcott, que tuvo entre los involucrados a Igor Barreto. Pero el mal es común. Ya en la primera visita del Nobel, a Ciudad Banesco, el despelote traductor (traidor, como en el aforismo italiano) hizo que por los audífonos de la traducción simultanea terminara siendo Walcott quien tradujera al inglés, cándida y amablemente, los versos en español que soltaba el muchachito encargado del entendimiento, luego de haberse saltado un verso. En fin, queridos todos, que uno ve esa hermosa idea que es el Festival Mundial y tantea las manos en las cuales descansa la responsabilidad de todo y, como Calibán a Stéfano, se ve tentado a decir: “De momento no me haces mucho daño, pero pronto lo harás, lo noto en tus temblores. Ya estás en manos de Próspero”.

Ricardo Ramìrez
7 de junio, 2010

excelente Agustín, excelente pluma mi pana. Mejor narrado, no es posible. abrazos

Federico Vegas
7 de junio, 2010

Es trágico cuando a Calibán le dan sólo dos opciones: caníbal o talibán. Bien por Agustín.

Willy McKey
7 de junio, 2010

…también está la que propuso Beverly (que no es mejor opción): “by Lacan”

Enio Escauriza
8 de junio, 2010

Gracias por echar el cuento en calma. Inevitable recordar el primer festival mundial de poesía, cuando nos sacó -a Poetas en tránsito- la guardia nacional y decíamos que aquél tarantín era una improvisación, que íbamos hacia la apropiación de la “poesía” por el estado, cuando yo creía que una palabra se encerraba, cuando el único que nos defendió fue Roger Herrera desde la fila gritando a viva voz: “Dejen a esos chamos que se expresen coño” y todos los grandes maestros de la poesía venezolana que venían del antiguo Caracas Hilton veían como nos agarraban por un brazo y nos amenazaban con la peinilla, mientras ellos iban en fila a su lectura en la gran sala con la cabeza abajo, mientras nosotros teníamos las bocas tapadas con calcomanías en señal de la represión, mientras un guardia me amenazaba con quebrarme, ya en aquella época se sentía que aquello era algo más que las malas traducciones.

Milagros Socorro
8 de junio, 2010

Excelente crónica.

octavio lange
8 de junio, 2010

Bien Agustín, tu prosa, y tu oído, son “trademarks” de la Escuela de Letras!

Ynés
8 de junio, 2010

Al asistir a ese tipo de evento, que una llega emocionada, pues estaré frente a un Premio Nobel, en fin, ese orgullo quedo, que nos lleva más allá de las ideologías, ver todo aquello le queda a una como una fiebre, así lo siento hasta hoy, que me veo revindicada en su crónica, tal como lo cuenta lo viví, era una de esas cuarenta y tantas personas. Lo ocurrido lo lamenté mucho, pero al leerlo, mi satisfacción queda que lo vi tal, como usted lo vio. Por supuesto se me acaba de pasar la fiebre.

Buruso
8 de junio, 2010

YO ESTOY CORRIENDO ESTE SITIO No se rescata lo que tiene de naufragio el terceto y luego se espera recibir las llaves una ciudad que ha sido sucursal de cielos, infiernos y quién sabe cuanta maniobra purgatoria. No se puede ser buen poeta y salir ileso. Las lenguas caribes, los complejos de infedilidad en el habla, el dialecto calibán-inglés a contrapelo de los idiomas -y propagandas- oficiales, al parecer se entrechocaron para que alguien siguiera como otro Dante en su devenir. Ese día, la poesía le dio en la humanidad a medio mundo; detractores, aduladores, albaceas o paracaidistas. Hasta al poeta le dio la poesía en la madre lengua. Por suerte. Al menos aquí, aún, todavía, de vez en cuando, constatamos que por la boca también se muere. Ejm:

Fragmento de LA VOZ DEL CREPÚSCULO de Walcott: “No, para el artista colonial el enemigo no era la gente, o la cruda éstetica de la gente que él refinaba y orquestaba, sino aquellos que se habían elegido a sí mismos como protectores de la gente, fraudes que gritaban, contra las indignidades cometidas contra el pueblo, que lo urgían a sentirse orgulloso de sí mismo, lo cual significaba abandonar la dignidad individual, que gritaban, que lo negro era bello, como transmisores de una revolución distinta que sin embargo no explicaba que significaba para ellos la belleza, todo esto emergía de la nada, repentinamente, surgía un canalla, distinto, rezumante. Sus filosofías rústicas tenían por objetivo encrudecer cada gracia, desvirtuar cualquier cortesía, evadir cualquier debate, su furia, artificialmente generada a través de una imitación de la furia urbana. ¡Tristes, tristes tropiques! Nosotros habíamos venido de un mundo más viejo, sabio y triste, uno que ya había exorcizado aquellos demonios, pero ellos llamaban a los viejos demonios con un fin político. Curanderos de una nueva izquierda con tótems importados. Las gentes estaban listas para ser traicionadas, otra vez”.

Pepe Real
8 de junio, 2010

La poesía trasciende de sus formas para promover al ser y en cierta forma representa lo que somos y donde estamos. Aunque no fue precisamente poesía el bochorno, en que por lo comentarios, se convirtió un evento que debía ser para la superación de todos, la critica de lo acontecido refleja lo que somos y donde estamos. Afortunadamente existen Agustines que certeramente señalan por donde no debe trazarse el camino. Al que tenga oídos que escuche en la lengua que le corresponda y en los términos que pueda interpretar. Adelantem así se hace cultura y también patria.

Gianmarino
8 de junio, 2010

Agustín, excelente relato. El énfasis y el realismo en los detalles dibujó a perfección la atmósfera; yo no asistí pero ahora puedo decir que estuve allí, hasta sentirme acalorado por la falla del aire…

Enrique Santos
8 de junio, 2010

Epa, ¿y lo de García Márquez escribiendo en timotocuica? Esa fue mi escena favorita de tan desdichado evento. Saludos y felicidades por esa crónica. E.S.

Luke Grande
9 de junio, 2010

Ojalá y aquellos que agreden desde el poder en cualquier instancia, también con la lengua por no saber usarla, tengan al menos ojos y oídos a los que lleguen las palabras correctas (como las de vuestra crónica). Pues aunque hayan perdido la vergüenza, aún tienen ganas… Don Agustín me siento orgulloso de ser su amigo y me honra que sea mi compadre.

Agustín Silva-Díaz
9 de junio, 2010

¡Muchas gracias por los comentarios! Ernesto, también creo que un poeta hubiese sido una decisión más sabia para ese caso. Federico, Efectivamente es trágico hacernos a todos (unos y otros, y los de más allá) talibanes. Suerte la de Walcott que puede ser Caliban sin problemas y maldecir en la lengua que quiera y como quiera. A Milagros: viniendo de usted, maestra de la crónica, es un elogio inolvidable. Enio, diste con algo que le faltó a este Festival (y a los anteriores): no improvisación sino espontaneidad, libertad, espacio para la creación. A Don Octavio Lange, mi admiración más profunda y mi agradecimiento absoluto. A Ynes, un abrazo de solidaridad enfebrecida. También es satisfactorio saber que la mirada es compartida. Enrique, hubo tantas cosas que los testigos podríamos acotar: lo de los audífonos de adorno, la insistencia de H.M. por llevar a Omeros de vuelta al Mediterráneo, etc. Pero sin duda que ese fue un momento peculiar. ¡Timotocuica! Sin embargo, a pesar del dislate, esa pregunta fue muy buena: Wole Soyinka y el yoruba, etc. A Buruso, creo que si el poeta florido boliviano no hubiese interrumpido al caribeño, algo de eso hubiera aparecido. No pudimos oir verdaderamente a Walcott ni su postura ante el complejo y rico proceso de hibridación y colonización. A Willy, Ricardo, Joaquín, Luis y Luke, ¡muchas gracias!

xedeno
9 de junio, 2010

Reporte de las pesadillas cotidianas de un país llamado Venezuela. Por lo menos la tragedia se convierte en excelente material para el tintero de Agustín.

Digiletras
9 de junio, 2010

Qué pena con ese señor… Improvisación, ignorancia, indolencia… el pan de cada día. Por suerte la Poesía es inmune a esas plagas y brilla por sí sola.

Graciela Pantin
9 de junio, 2010

Gracias Agustín.Excelente crónica y generosa oportunidad.

Armando Coll
9 de junio, 2010

Excelente crónica, Agustín. ¡Es el colmo del sectarismo del comisariato cultural! Traen una figura de primer orden y no dan difusión a su presencia en el país. Pensarán que el gasto que representa traer a un Premio Nobel debe ser para el exclusivo deleite de los militantes del PSUV. Pero, resulta que ahí a nadie le interesa la gran poesía y se encuentra Walcott con un auditorio escuálido (en el sentido original de la palabra) un vergonzoso y mustio ágape rojo. ¡Qué pena!

Beto Mireles
10 de junio, 2010

No estuve allí. Agradezco la crónica. Ojalá aprendan la lección.

Milagro Haack
14 de junio, 2010

Mis saludos. Genial. Me trasporta al suceso a la imaginación de haber estado allí y sobre todo la reflexión: “Prefiero el diálogo”… Deseo que este muy bien, así como me llevaste hasta el término de tu real crónica: “El famoso octogenario ya se debe haber ido con sus versos a otra parte, a donde esos versos encuentren lugar.”. No le falta nada en este viaje que nos regalas Agustín. Gracias

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