Artes

Elogio del piropo, por Alberto Salcedo Ramos

Alberto Salcedo Ramos sobre la admiración de la belleza femenina en las calles

Por Alberto Salcedo Ramos | 20 de mayo, 2010


En este momento eres la dueña de la acera. Tu cuerpo, ceñido por ese traje vaporoso, es un aullido del trópico. Y el balanceo musical de tus caderas anticipa el desmadre del mapalé. No existe, te lo digo sin rodeos, la mínima posibilidad de que uno te vea y voltee para otra parte, haciéndose el desentendido, silbando, como si fingiera que el mundo sigue tranquilo, como si ignorara que se aproxima un temblor de tierra. Esto no es Suiza, querida, sino el Caribe. Así que con toda seguridad los tipos que están sentados allá en la esquina, al fondo de la calle, te van a lanzar un piropo.

Defiendo, ya lo sabes, el derecho al piropo. Tienes razón cuando protestas contra los patanes que te enciman con lujuria y te dicen palabrotas obscenas. A esos bárbaros deberían imponerles el castigo de limpiar los baños de todas las cárceles de mujeres que hay en el mundo. Así que no perdamos tiempo en ellos. Pero, además, no sobra recordarte que lo que esos guaches te arrojan al pasar no son piropos. En el idioma castizo de nuestros mayores y en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, piropo es sinónimo de flor, óyelo bien. Por eso nuestras abuelas retribuían los cumplidos con aquella frase atildada que ya casi no se usa: “gracias por la flor”.

Los hombres que lanzan piropos en las esquinas son, por lo general, gente del populacho. Los magnates están en otra parte, querida, en el Mar Báltico, o en Ibiza, embriagándose con sus doncellas de figurín. Si un magnate de esos te abordara en un salón de coctel, seguramente llevaría la espada desenvainada, como el matador que se apresta a dar la estocada final, porque esos monarcas son conscientes de sus ventajas y las hacen valer a mansalva. En cambio, el albañil de aquel edificio en construcción, ¿lo ves?, te suelta la lisonja sin esperar ninguna contraprestación. Él sabe que tú no le dirás: “ay, qué palabras tan graciosas: bájate rápido de ese andamio para que hagamos el amor”. Simplemente quiere notificarte que existe y que te admira. El hecho de que te obsequie el halago aún a sabiendas de que no conseguirá ningún favor tuyo, es un detalle generoso, admítelo.

Los hacedores de piropos transforman la calle en un gran teatro de la picaresca: “quisiera ser bizco para verte doble”. “Vete por la sombrita, mamita, que el sol derrite los bombones”. Ellos no podrían elogiar tus “hombros de champagne”, como Breton, ni invitarte a “florecer volando en una bicicleta”, como Neruda, porque no son poetas de oficio. Apenas son seres corrientes que dedican su chispa a la tarea diaria de matar el tiempo que nos mata. Y fíjate que aunque no han leído a tahúres del lenguaje como Ramón Gómez de la Serna, son capaces de hacer unos juegos de palabras sorprendentes: “quisiera ser tu profesor de tercero, para pasarte al cuarto”. Ahora que varias calles se han convertido en focos de violencia, te pido, muchacha, entender el significado social de esos chicos que dejan de jugar fútbol para lisonjearte cuando pasas. Ellos son a la convivencia lo que Greenpeace es a la conservación de los bosques: defensores de una forma de humor que nos sirve, al fin y al cabo, para celebrar la vida.

Alberto Salcedo Ramos 

Comentarios (27)

Al
20 de mayo, 2010

Mi querido Alberto si los piropeadores de aceras en Colombia te recuerdan como es la celebración de la vida, harías bien en pasarte unos días en las calzadas caraqueñas. Te quedarías mudo ante tanta beldad en esta jungla de concreto. Verlas, siempre, es un antídoto contra cualquier bajón. Y eso bien merece cada piropo gentil que las sonroja.

SimonAndrs
21 de mayo, 2010

Fantástico… Para pasarlo en cadena por el BB y robarle una sonrisa a más de una. Excelente texto!

Héctor Mendoza
21 de mayo, 2010

Guao, una verdadera reivindicación del viejo arte de piropear. Nuca lo había pensado, pero tienes razón, hay cierta desesperanza en el que piropea, quizá hasta cierta derrota, pero el piropo, en si mismo, lo redime, lo reivindica, porque pretende causar una alegría.

Jaco
21 de mayo, 2010

Un piropo para éste relato!!!. 😉 Esperemos no desfallezca junto con el romanticismo, en nuestra apresurada modernidad.

Belen Rivero
21 de mayo, 2010

Excelente relato…aunque ya no son tan sutiles ni tan creativos como antes…El mejor piropo que recibí? Morenaza..¡ y el sujeto no era español..¡

Leidap
21 de mayo, 2010

Muy bueno,el piropo es agradable cuando galántea sin ofender, sufre sus cambios por etapas primero el elogio a la juventud:”que pasará en el cielo que los ángeles están bajando” en la adultez,luego sales con la hija y te dicen:”suegra le cambio a mi papá por su hija” y luego cuando no escuchas ninguno es porque ya quemastes todas las etapas.

Elisa
21 de mayo, 2010

Gracias mi mejor sonrisa robada de la semana 😉

Mauricio
21 de mayo, 2010

Tremendo artículo!!!! Nada como un piropo caribeño.

Sí Luis
21 de mayo, 2010

Un piropo muy antíguo de las esquinas de Caracas era: “Canela pura”, tratándose de una trigueña. Todo depende de la imaginación, del momento, del sitio y de la cualidad de la dama. Porque si la dama , no lo entiende, que le vamos a hacer

Sydney Perdomo
22 de mayo, 2010

¡Haaaaaaaa! ¡Que bonitoooooooooo! Me encantan los piropos de los chicos de mi gente bella.

¡Genial tema caballero, una flor para usted y todos los que vitorean palabras bellas para las damas!

¡Saludos y mis respetos sinceros! 🙂

Ricardo
23 de mayo, 2010

Unos de los mas sonados piropos del vulgo · Como pescaito en Sarten· Ojala fueras Mamon, para chuparte hasta la pepa. Si fueras gallina te ensartaria en mi nido. Que pasa hoy que los Angeles estan caidos. Cada vez que pasas tu gentil aroma me recuerda, al sancocho que hace mi mama. Saludos a todos Todo en broma nada en serio.

Carlia
24 de mayo, 2010

Gracias, tu texto es una buena excusa para sonreir!

miriam osorio
27 de mayo, 2010

Qué bueno es sonreír de vez en cuando y de cuando en vez…. los piropos…. uno se hace la que no le gustan pero son alimento para el corazón de una mujer. Una gran amiga decía que cuando se sentía deprimida o “con el feo subido” (como dice mi mamá) se iba a un sitio a caminar donde hubiera muchos piropeadores que le dijeran “algo” y regresaba con el orgullo arriba y feliz…. jajajaj

Santiago Blandón Escobar
28 de mayo, 2010

Sabes, Alberto. Yo no quiero ni gloria, ni fama, ni dinero… la único razón por la que estudio, leo y practico todos los días, es para llegar a escribir, algún día, como lo hace usted. Un abrazo. Ah… y suerte en la final.

Sandra Maione
21 de julio, 2010

Cuando leo un texto como este, cuando me identifico en la manera de escribir el sentir, la vivencia, por lo general termino diciendo “sin comentario” en el sentido que no le sobra ni le falta nada, sin embargo, Alberto esta mujer agradecida por este texto ELOGIA SU TRABAJO. Gracias

Mariela Avendaño
21 de julio, 2010

Yo moriría por un piropo de Leonardo Padrón, usa un lenguaje exquisito y fogoso jeje. y si lo quieren comprobar, los invito a leer su poemario “EL AMOR TÓXICO”, sencillamente espectacular.

c.
21 de julio, 2010

buena, alberto.

c.
21 de julio, 2010

(tome el comentario de arriba como un piropo)

Naty
24 de julio, 2010

Jajajaja, gracias por hacerme reir, siempre agradezco un piropo, el problema es, que si sonries ( cómo usualmente me pasa, proque no aguanto la risa)piensan: me bajaré del andamio para que hagamos el amor.

Adriana
17 de agosto, 2010

Sencillamente genial!

Joeif
9 de diciembre, 2011

Me encantó el texto y, por cierto, agradezco siempre los piropos, aunque sean esos de lujuria cruda, que por qué? Porque alguien se tomó el esfuerzo de lanzar esa línea, así sea con inmediatez, por tanto, gracias, siempre gracias

TITO SENSACIÓN MEJÍA
19 de enero, 2012

¡Alberto es definitivamente un señor escritor de crónicas!

Maria Eugenia Fanti
20 de enero, 2012

Realmente excelente blog, excelente pluma, me encanto el tema del articulo y tu forma de narrarlo, buena redaccion, me gusto mucho, espero leer otros de tus relatos.

Golcar Rojas
20 de enero, 2012

Este hermoso elogio al piropo me recordó a una amiga que trabajaba por el centro de Maracaibo y que me comentaba: “Estoy, gorda”. “¡No, vale!, decía yo, Estás chevérisima” y ella. “Sé que estoy gorda porque cuando paso por el centro para mi trabajo, los choferes de carritos por puesto me gritan: `Mamasita, tu sí estás buenota´, eso quiere decir que tengo el culo así de grande, cuando estoy flaca no me dicen nada”. Es que la feminidad de unas buenas curvas de mujer hace que los acalorados hombres maracuchos no puedan contener su lengua.

Carolina Luna
30 de abril, 2013

Querido Alberto. gracias por hacernos ver el sentido de muchas cosas que aveces suceden en lo cotidiano y no le brindamos la importancia que realmente tienen, los mejores piropos que he recibido han sido de mecánicos y obreros de construcción…curisamente

liliana h.
20 de febrero, 2014

Guaooooooooo!!!!! me encanto este escrito vale, mil felicidades y que identificada me sentí al leerlo, me paseé por la cotidianidad del galanteo picaresco de los hombres, por las estructuras que conforman nuestros espacios físicos para inspirarse al elogiar permitiendo las ocurrencias de los lugareños soñadores y aspirantes a conseguir una sonrisa o un desplante de la féminas ja ja ja muy bueno… me encantó.

adrian
21 de septiembre, 2014

me gusta màs “si dios fuera mujer” de Mario Benedetti.

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