Artes

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Cuento de Miguel Gomes

Por Miguel Gomes | 4 de abril, 2010

PSICOTERAPIA (I)

—…basta de preliminares. Abra el inconsciente y diga: aaaaaaaaaaaaaaaa

PSICOTERAPIA (II)

—En mis sueños hasta el buque fantasma se va a pique.

HIJO, TENGO QUE CONFESARTE ALGO

La versión hebrea de este relato habla de un dios con gran sentido de la organización que dedicaba cada día de la semana a inventar algo distinto. Al hombre lo formó de arcilla y de una costilla le desprendió la mujer.

La versión maya-quiché asegura que hubo tres intentos: primero, la arcilla, pero llovió; segundo, el palo, pero no hubo bastante inteligencia; tercero, el maíz —y le dieron el visto bueno.

Los romanos y quizá los griegos hablaron de un Prometeo llamado en latín plasticator que, en un acto de rebeldía, se atrevió a forjar seres humanos contra la voluntad divina.

Yo, en cambio, soy el fruto de un error.

LO QUE FRANZ NO PUDO CONTAR (I)

Una mañana el escarabajo amaneció convertido en checo que se llamaba Gregor. Por suerte, la metamorfosis ocurrió luego de la caída del muro de Berlín: el mundo estaba en calma y nadie padecía dolores de conciencia.

A sus ex parientes, incluido el oscuro y detestado insecto que era su padre, Gregor les ha echado raciones generosas de ácido bórico. No siente nada cuando los barre y tira a la basura.

Tras un período de transición, Gregor está felizmente casado y es padre de cuatro. Ha prosperado en los negocios. Sabe un montón sobre fondos mutuales, invierte capital en la televisión digital y, últimamente, Microsoft se lo plantea como gerente de una sucursal en el centro de Europa.

TERRORISMO

Pasearse por la vida tiene sus riesgos; por eso, lector, aquí te entrego mis fragmentos.

TARDE DE DOMINGO

Algunas personas se ejercitan en el arte de ser humanas; otras se obstinan en ser parientes.

GENEALOGÍAS

Si hubieses nacido en Grecia, ya serías mitología: el color de ojos de tu abuela; la frente y la nariz de tu padre; la boca de tu madre; las orejas y el cabello, obviamente, de tu tía (que en paz descanse).

Lo más difícil será averiguar si te pareces a ti mismo o si eres, más bien, el monstruo de todos.

UN DIFUNTO A OTRO

—Fíjate, chico: parece que arriba todavía hay uno que practica el realismo.

TABLA DE CONVERSIÓN

Un divorcio equivale a tres incendios, dos temblores y un derrumbe, sobre todo cuando nieva y la madrugada se desploma en el patio.

BREVÍSIMA RELACIÓN

Tanto mintió, mintió tanto, Isabel como Fernando.

HISTORIA DE CLAVOS

Un clavo saca otro clavo, sin duda: matrimonio saca amor, divorcio saca matrimonio, cáncer saca divorcio. El cáncer no hay quien lo saque, pero igual es un clavo.

Así nos vamos crucificando poco a poco, y sin derecho a resurrección.

CLASE MAGISTRAL

Prisons are built with stones of Law, brothels with bricks of Religion.

BLAKE

¡Hermano!: ¿te acuerdas de aquel verso: el amante se transforma en la cosa amada? Tenía razón el tipo. Desde ayer, a las 9.00 p.m., ya no soy yo, sino aquella muchachita, Melanie, ¿te acuerdas que te conté?; ajá, una que está bien buena; la que siempre se me sienta en la primera fila y después de clase se me queda metida en el despacho… y que para consultarme dudas sobre el texto que tenían asignado.

LITERATURA COMPARADA

Lo contrató Harvard; obviamente la tenía king size.

REUNIÓN DE DEPARTAMENTO

En las reuniones de departamento intentamos invocar a todos los espíritus del aire, el mar y la tierra. Nos tomamos de la mano alrededor de la mesa y cerramos los ojos, como a punto de levitar.

Pero la secretaria que lleva la minuta ha sido la única auténticamente poseída (cada viernes, a partir de las seis de la tarde).

(LOS ABAJO FIRMANTES, UN CÍRCULO DEL INFIERNO)

…si se hace justicia, que sea para todos: ¿o acaso al par de italianos ése no se le debería también aplicar alguna pena? ¿El voyerismo, señoras y señores, no tiene castigo?

FILOSOFÍA DEL LENGUAJE

Según Bertrand Russell, “nadie puede comprender la palabra queso si no tiene un conocimiento no lingüístico del queso” (“Logical Positivism”, Revue internationale de philosophie 4 [1950]: 1-18; cf. p.3).

Que alguien me explique, entonces, por qué comprendo la palabra infierno.

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Denigraron de mí y los de mi especie; insultaron a todos los míos y a mi descendencia; me escupieron, patearon, empujaron. Alguien se lavó las manos después de rozarme. Fui el fracasado, la víctima de siempre, el idiota del barrio. Y me postergaron.

Por eso aprendí a bailar.

LO QUE FRANZ NO PUDO CONTAR (II)

Al despertarse esa mañana después de un sobresaltado sueño, Gregor Samsa se halló convertido en su padre. Por supuesto, ya había cumplido los cuarenta.

MITOLOGÍAS

La cafeína comienza donde el mito acaba. Un día Narciso se despertó bruscamente mientras se contemplaba en la superficie del café: la imagen que vio allí era la de sus hijos. Iba a asombrarse, pero ni siquiera tuvo tiempo para eso: a las 8.34 a.m., el autobús escolar estaba a punto de pasar. Se bebió la imagen de un trago, tal como se bebería todas las otras, y salió del apartamento, todavía anudándose la corbata y arreando muchachos.

SOMOS CUENTOS

Somos contos contando contos

PESSOA

Me llamo Yo, pero no soy el que está escribiendo estas líneas. Él ha asumido la responsabilidad de pagar una hipoteca, las mensualidades del auto, las tarjetas de crédito y se esfuerza en no atrasarse con la luz, el teléfono, el agua. No quiere mencionar lo que le cuesta a la semana la guardería de la hija mayor ni lo que en los dos últimos meses ha tenido que invertir en pañales y fórmula láctea para los gemelos que le nacieron con un mes de anticipación. Su mujer se ha recuperado de la cesárea, pero trasnocharse, igual, no es fácil.

Las vacaciones del que escribe pronto se acabarán. El lector puede adivinar el estado de ánimo en que se encuentra, preparándose, luego del permiso posnatal, para regresar a las rutinas, al toma y daca de clientes, secretarias y colegas. Lo más difícil es figurarse qué siente acerca de la noticia que una llamada de larga distancia acaba de darle: en la habitación de un hospital, en un país lejano, su padre espera impacientemente a la Muerte; en un rincón, silencioso, un Cáncer de largas barbas se ha sentado a velarle el sueño.

El que no es Yo trata de materializarse en aquel lugar remoto, pero por supuesto no logra sino ejercitar su imaginación con la fantasía de acompañar a la madre y reconfortarla mostrándole fotos y hablándole de los nietos, y con la fantasía paralela de contarle al padre la misma historia, suponiendo que éste aún estuviera consciente para entenderla.

Como todos los seres humanos, o la mayoría, el que no es Yo lleva ese peso a cuestas: está embarrado de vida y muerte. Ni las tristezas ni las alegrías lo dejan pensar con claridad porque, en el fondo, le consta que incluso los pensamientos son afectos (con delirios de grandeza). Nunca tendremos suficiente lucidez; no nos saltaremos las agonías ni dejaremos de lado, con aires de distracción, el último estertor del hombre que se aferra a las sábanas como si de algo le valiera.

Yo también sostengo esa pesada carga, pero sólo de palabra. No es lo mismo decir que uno cambia un pañal que, en efecto, hacerlo, cediendo a los olores de la colonia, la vaselina y los excrementos. No es lo mismo hablar de la Muerte que saber que ella se ha instalado en nuestro origen, y aguarda sin agobio a que nos presentemos. Su sonrisa, al final de todo, será espléndida: la eternidad abrirá en ella sus grietas.

El Yo que soy, a diferencia del que escribe estas líneas, no pone en duda que sus circunstancias sean ficticias. Me parece bien que haya dejado de ser ingenuo: cualquier Yo al que se refiera será uno más de sus inventos.

FULL FATHOM FIVE

A veces, padre, cuando te presiento, pienso que la Muerte no se parece a la madrina monstruosa de la que muchos hablan y escriben. No es un ángel exterminador ni nada del otro mundo: prefiere ser discreta y cotidiana; algo así como un permiso remunerado, o una jubilación radical.

MANIFIESTO

El fantasma de mi padre recorre el mundo.

VOCACIONES

Vea usted lo que son las cosas. En la vida tenemos que escoger, enfrentarnos a las decisiones más odiosas; y, por delante, uno lo que normalmente encuentra son caminos que se bifurcan. Que si a la derecha o a la izquierda. Que si esta novia o la otra. Que si quedarnos en este país o regresar a la tierra de nuestros padres. Que si este trabajo mal remunerado en Manhattan o el que paga todo-el-dinero-del-mundo, pero justo-en-el-fin-del-mundo, en la mitad mismísima de la nada, allá en North Dakota o quién sabe dónde. Yo lo que quería, desde antes de cumplir diez años, era ser escritor. No le puedo describir lo que sentía cuando lo pensaba. Llenaba cuadernos y cuadernos de historias; la mayoría, segundas partes de Stevenson o Salgari, como es natural a esa edad. Después, a los doce, empezó el Homero, y enseguida el Dante, y fíjese usted en que hasta intenté escribir una epopeya en tercetos encadenados. Los muchachos hacen cosas de ese tipo; bueno, los de antes: los de ahora, ya se sabe, no se despegan de las maquinitas. Yo era de la época de los libros. Y no había nada más importante, más imperioso. Leía, devoraba libros. Escribía. Por supuesto, a los veinte, uno se gradúa de ingeniero, o de abogado, o de periodista, pero no de escritor. ¿Para qué servía algo semejante? No para sostener una familia. Ingeniero, abogado, periodista. A los treinta comienzan a tenerse hijos e hipotecas y, con suerte, solo pocos problemas con la mujer de uno. A los cincuenta viene lo de pagar la educación universitaria de los muchachos, cosa que, a la larga, se siente como una prolongada liposucción. En fin, que se casan los hijos y se despiden hasta la próxima y, en eso, ya uno anda con los sesenta a cuestas. De pronto, con el respiro, lo que queda es preguntarse qué pasó. Qué pasó con todo. Adónde se fue. Dónde están aquellas epopeyas que uno quería pergeñar, o las novelas. Hay, eso sí, apuntes dispersos aquí y allá, montañas y montañas de escombros de obras imaginadas, que, con un poquitín de tiempo, quizá cuando me jubile, podrían cobrar forma. ¿Por qué no? Pero lo duro es repentinamente darse cuenta de que para ser escritor hace falta algo más que escribir o incluso escribir bien. Los contactos: los dichosos contactos. Ésos que se adquieren tras decenios de bregar en el medio; el medio ése con el que uno no está familiarizado por la sencilla razón de que la vida se gana con oficios más pedestres, prosaicos… sueldo fijo, seguro médico y cuota de jubilación. A estas alturas no hay nada que hacer. Sin embargo, a veces fantaseo con que cualquiera de las personas que encuentro en el metro, usted, por ejemplo, uno de esos desconocidos con que uno se desahoga sabiendo que al llegar a la estación, en dos o tres minutos, seguiremos siendo anónimos y extraños, cualquiera de esas personas, decía, al escuchar esto que sin ton ni son le cuento, de repente, aparte el New York Times que estaba leyendo, se ponga a sonreír y me diga: en efecto, amigo, vea usted lo que es la vida… Soy editor; trabajo para X & Y Publishers… Tome, ésta es mi dirección; mándeme su manuscrito, o vaya a entregármelo personalmente cuando guste. Pero, claro, esas cosas no suceden. Normalmente todos los desconocidos con los que me pongo a conversar actúan como usted: hunden la cara en el periódico; se mueven muy discretos en el asiento, alejándose poquito a poco. En cuanto el tren se acerca a la estación, saltan, corren, desaparecen como un soplido.

Y lo dejan a uno con la palabra en la boca.

CONTRA LOS ANGLICISMOS

Una obra de ficción es la que ni siquiera existe —y yo, sin duda, soy el autor.

PLAGIO

—Arriba las manos: el cuento o la vida.

ANUNCIOS CLASIFICADOS

Oye, oye: ¿y qué tanto escribe el tipo ése? Cada vez que hay reunión de profesores allí está él, calladito, sin abrir la boca, escribe que escribe. ¿Para qué?, si nunca participa en los comités y se limita a dar sus clases, mirar el techo durante las horas de despacho y enseguida desaparecer sin haber dicho hola ni adiós…

Oye, y ¿será verdad eso de que es raro? Tú sabes a qué me refiero: como ido. En la luna todo el día. Los alumnos se ponen nerviosos, porque llega la hora y el hombre anda atascado en su charla; solo para cuando se le desesperan y se van, lo siento profesor pero tengo otra clase. Ah, sí.

¿Escritor frustrado?… Pssst. Suena elegante. Para ser francos, no se sabe de nadie que haya tenido una conversación completa con él durante los últimos años. Demasiado vulgares para su gusto; no sabemos ni hablar las lenguas que enseñamos, dicen que dijo. Nos desprecia a todos. Éstos que se creen intelectuales… mira al tipejo: cara de bicho, ¿no? Habrá reñido con el papá en la niñez, je je: la neura le da por ataques a todo lo que represente autoridad; aquí se ha peleado con tres jefes, uno detrás de otro. Suerte que antes obtuvo la permanencia en el cargo, porque si no… Su primera mujer, claro, no lo aguantó; lo dejó y anda arrejuntada con aquel italiano del Departamento de Historia. Tenerlos rondando por allí, en la misma universidad, cada día: eso debe de roerle el hígado.

Míralo: parece el más interesado en la reunión y toma notas sin parar. ¿Qué tanto apunta? Que no nos venga con cómicas: desde hace años que no hace más que escribir durante las asambleas del Departamento y, que se sepa, la que lleva la minuta es Gloria, la secretaria. Nadie ha leído jamás una redactada por él.

Un día, la Gloria, que estaba sentado al lado suyo, nos vino con el chisme de que el tipo lo que hacía era escribir anuncios clasificados. Cuadraditos ínfimos llenos de letritas. No deja un espacio en limpio en toda la página y la letra chiquita, chiquitica, minúscula, como para leerla con lupa. Hasta marea. Je je. A ver si se consigue otro trabajo… bueno, no: ¿de quién nos reiríamos entonces? Así es la cosa. Lo de introvertido puede que sea cierto; aunque, para mí, no pasa de ser un tremendo pedante. Que no nos venga con poses ni historias: estas reuniones y sus deberes administrativos en general no le interesan para nada. Pa-ra-na-da. Es un presumido que se las da de Rey del Ateneo.

Oye, y de verdad, de verdad, ¿qué carajo estará escribiendo?

*******

Foto: Inti

Miguel Gomes 

Comentarios (15)

Daniel Fernández
4 de abril, 2010

Quienes dicen que Gomes es uno de los grandes no se equivocan. Justo ahora me encontraba leyendo El hijo y la zorra, y estos Anuncios clasificados me caen como un respiro, con sus guiños e hilarantes paradojas, frente al escozor y abismo que producen los cuentos de este último libro de relatos. Casi lamento no tener una “queja”, en vista de que ya es sospechoso no hacerla. Si me permiten, he de recordar que si bien el afán onanista entre amigotes no conduce a nada, el afán de cortar cabezas -qué maravillosa correspondencia, je, je- tampoco suele ir más allá de cierto histrionismo colectivo, por demás vacío y utilitarista-pero-a-la-inversa. Es justo y necesario hacer crítica -de la dura, grande, redonda- pero no olvidemos que las cabezas van donde van. Rara vez la buena educación consiste en apenas decir “buenos días” o “por favor”. La intencionalidad no solamente mueve los hilos de las palabras porque primero ha movido los del ¿alma? ¿gusto? ¿temor? La discusión podría ser larga, pero es domingo.

Por cierto, este Anuncio es como para pensárselo en las colas capitalinas:

FILOSOFÍA DEL LENGUAJE

Según Bertrand Russell, “nadie puede comprender la palabra queso si no tiene un conocimiento no lingüístico del queso” (“Logical Positivism”, Revue internationale de philosophie 4 [1950]: 1-18; cf. p.3).

Que alguien me explique, entonces, por qué comprendo la palabra infierno

José Ovaldia
4 de abril, 2010

Este Gomes se las trae. Toma riesgos y sale bien parado. Un gustazo descubir una pluma con destreza y atrevimiento.

mamifunk
4 de abril, 2010

Muy bueno! me recordo a alguien, primera vez que lo leo y ya me conquistò.

krina
4 de abril, 2010

No soy amante del cuento breve, pero me deleito con el humor y la inteligencia de una buena narrativa y la de Miguel es clase a parte. Leí El hijo y la zorra de un solo bocado. Encontré cosas conocidas, temas que ya le había visto y que, efectivamente provocan el escalofrío de un abismo: la muerte, la sexualidad (la de otros, la fantasía de un personaje que no la alcanza nunca… por demasiado viejo o por demasiado joven) y sobre todo esa grisura de la vida de la gente como uno (o peor), gente fracasada, desencantada, desempleada, el pobre diablo, el que se conforma con muy poco, enfin: temas que muchos tratan, pero que en tus relatos, Miguel, adquieren una profundidad y un tratamiento tan minucioso que se vuelve adictivo e inquietante, como pintura hiperrealista y, encima, está envuelto en una fina capa de humor presente aún en las cosas más deprimentes. Por supuesto, no es un humor criollo… pero lo disfruto mucho, (cómo en la descripción de esa Sofya que uno puede sodomizar con el cariño de un hermano, o con ese guiño a propósito de Tom: “quizás porque en algún momento fuimos extranjeros en nuestro país y ahora, con alivio, lo somos en todas partes”… bueno, un guiño que sentí dedicado a mí, como probablemente no pocos de tus lectores. (las citas son de El hijo y la zorra: Perdón por comentar un cuento y hablar de otros, como en las comilonas de los portugueses en las que siempre se habla de manjares comidos en otras ocasiones. Pero brindo por ti, Miguel.Con una copita de Wyborowa, que soy polaca de origen)

Alberto Borges
4 de abril, 2010

Para mi Gomes ha sido una grata revelación. No lo conocía, así que buscaré El hijo y la zorra mencionado en el comentario anterior. Saludos.

miriam osorio
4 de abril, 2010

Qué placer estas lecturas , dominicales para mí, leyendo y sonriendo

Alonso García
4 de abril, 2010

Realmente, con toda sinceridad, me parece que este ha sido uno de los mejores domingos de ficción de Prodavinci. Sin duda, repito, Gomes es uno de los mejores cuentistas del país. Sus cuentos vienen de las vísceras, te dan en el hígado, en el pecho. Te dan duro, hasta en la cédula. Transpiran una tristeza y una melancolía, tan genuina y a la vez tan macerada, tan lusitana… Mis saludos

Liliana Lara
5 de abril, 2010

Qué cuento tan hermoso por lo que dice, por lo que sugiere, por lo que calla en el blanco espacio que separa cada aviso clasificado! Casi una novela!

Jose antonio gonzalez
5 de abril, 2010

Prof.Miguel Gomes. Excelente,descripcion(autobiografica)de su vida.Despues de todo;la FELICIDAD consiste,en tener buena salud y una mala memoria. Prosiga Ud.con su destreza y salto al ruedo.EXITOS¡¡¡¡¡

Leopoldo Tablante
5 de abril, 2010

Qué buenos textos.

Héctor Torres
5 de abril, 2010

Definitivamente, Miguel, suscribo los comentarios leídos. Una micronovela autobiográfica, podría concluirse. Hay pasajes que son una delicia, como ese que asevera que “Algunas personas se ejercitan en el arte de ser humanas; otras se obstinan en ser parientes”.

mario morenza
9 de abril, 2010

Qué genialidades clasificadas, bravo, y gracias, Miguel, por regalar estas historias a la humanidad. Este fin de semana será el estreno de El hijo y la zorra, en el puff de mi hogar!!! Con una previa de Visión memorable, el primero y el más reciente. Patrocinante: algún vino por confirmar. Hora: sábado a las 11, 00 pm – domingo 5,30 am.

mario

juan andres sapriza
9 de abril, 2010

buenisimo !

Miguel Alexandre Gomes
11 de abril, 2010

Estimados: Muchas gracias por sus palabras tan generosas. No estoy acostumbrado a publicar narrativa en la red y, sobre todo estando tan lejos de Caracas, esta reacción tan inmediata la aprecio. Saludos a todos,

Miguel

@manuhel
18 de junio, 2014

Gomes tiene la capacidad de hacerme ver en sus escritos como si lo que cuenta él ya me pasó a mí, solo que tiene la capacidad de escribirlo al grano y yo no paso de apuntes y redundancias.

Lorena llora a las tres, El hijo y la zorra y ahora leo esto que aunque lo publicó por allá en el 2010 a mi me parece tan vigente.

En mi tiene un fiel lector de lo que se le ocurra escribir.

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