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Todavía hay jueces en Berlín

El narrador colombiano comenta la decisión que impide al Presidente Álvaro Uribe postularse a una nueva reelección.

Por Héctor Abad Faciolince | 1 de marzo, 2010

La anécdota, al parecer, es más legendaria que verdadera, pero no deja de ser interesante, y dice así: cuando Federico el Grande, rey de Prusia, construyó su palacio de Sans-souci, había a un costado de sus magníficos jardines un viejo molino de madera, ruidoso y sucio.A Federico II le pareció que este molino afeaba su nueva residencia de verano y mandó derribarlo. El molinero, sin embargo, se opuso a la decisión del monarca y llevó el caso ante la justicia, al tiempo que le decía al rey: “Sire, es gibt noch Richter in Berlin”, es decir: “Señor, todavía hay jueces en Berlín”. Y cuando los jueces fallaron a favor del molinero, el mismo monarca, respetuoso de la justicia, celebró que hasta él mismo tuviera que acatar la decisión de los jueces de la capital de Prusia. Cuando uno visita los jardines del castillo, en Potsdam, se puede ver todavía el viejo molino, rechinando y en pie.

Legendaria o verídica que sea esta anécdota (probablemente es leyenda pues su majestad Federico II no era propiamente un demócrata), la frase se ha vuelto proverbial para indicar el valor de los magistrados cuando no se dejan imponer, por miedo al poderoso, por prebendas o amenazas, las arbitrariedades del más fuerte. Ante la valerosa y bien fundada decisión de la Corte Constitucional, podemos celebrar que todavía haya jueces en Bogotá. No todos ellos acomodan la ley a su ideología, tal como hizo por ejemplo el Procurador en su disparatado concepto favorable sobre la ley del referendo reeleccionista. Con esta sentencia, como bien decía un analista de Semana, “el Estado de Derecho venció al Estado de Opinión”. No basta una mayoría momentánea para sustituir la esencia de la Constitución. No se pueden comprar firmas y votos superando todos los topes legales para financiar las campañas.

Es un descanso y una esperanza. Después de años y años de hablar y de discutir sobre la reelección, después de perder casi todo nuestro tiempo y casi todas nuestras energías discutiendo alrededor de un solo asunto absurdo, Colombia, al fin, puede cambiar de tema. Se acaba el mismo sonsonete neurótico. Pero nos quedan apenas dos semanas para pensar bien en el Congreso que vamos a elegir y apenas dos meses para cambiar de presidente. Así como no vamos a reelegir a Uribe, tampoco deberíamos repetir el mismo Congreso que aprobó la reelección.

La Constitución del 91 nos dejó, fuera de un texto demasiado largo y a veces contradictorio, una nueva institución guardiana de la Carta Fundamental: la Corte Constitucional. La mayoría de los pocos avances que ha habido en materia de justicia política y social, en estos casi veinte años, se los debemos a esta nueva Corte. Ella protegió los derechos de los desplazados; gracias a ella está permitida la eutanasia y durante muchos años no fue delito consumir drogas por decisión personal; la Corte Constitucional ha tutelado también los derechos a la salud y a la educación. Gracias a ella las mujeres enfermas o violadas que aborten ya no pueden ir a la cárcel. Es mucho lo que les debemos a sus sentencias. A veces nos ha desilusionado, pero en general podría decirse que es la institución más sólida que surgió con la Carta que nos rige. Esta decisión que acaba de tomar, lo confirma una vez más. Incluso magistrados que habían sido nombrados por el Ejecutivo, al sentir la majestad de su función y la seriedad jurídica de los argumentos que se exponen en esa sede, se plegaron a la lógica, y no a un sentimiento partidista. Hay momentos felices en la vida de las naciones, momentos en que uno siente que puede confiar en el crecimiento y en la madurez de su propio país. Ojalá en las elecciones que se acercan podamos confirmar que estamos madurando. Los argumentos, la serenidad y las buenas razones podrían estar ganándoles, al fin, a los que usan el miedo, el dinero, la violencia y los gritos para llegar al poder. Parece que estuviéramos viviendo unos instantes de sensatez: sepamos aprovecharlos.

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Publicado con autorización del autor.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (5)

Guadalupe Burelli
1 de marzo, 2010

Les envidio el apego a la Constitución, la independencia de poderes y el que puedan cambiar de tema…

Guido Montilva
2 de marzo, 2010

La unica sensatez que veo en el panorama, no es otra que la dirigida por el Departamento de Estado de los EE.UU, desde cuando desidió que Uribe no debería repetir como candidato y mucho menos como presidente. Y así fue, en el transcurso de los últimos meses hubo varias declaraciones de funcionarios nortamericanos expresando su rechazo entre ellos el embajador apostado en ésa república. No me extraña que los magistrados colombianos hayan agarrado línea. Ojalá y me equioque

IRMA MARQUEZ
2 de marzo, 2010

ME UNO AL COMENTRIO DE GUADALUPE BURELLI, PORQUE EN VENEZUELA LO QUE EXISTE ES UN TOTAL DESAPEGO A LO ESTABLECIDO EN LA CONSTITUCION Y LA INDEPENDENCIA DE PODERES HAY QUE BUSCARLA CON LUPA.

eduardo mujica alvarez
2 de marzo, 2010

A los venezolanos realmente nos produce una sana envidia esta decis´n de la corte colombiana, por acá jamas saldría una sentencia de esa índole con el actual sistema judicial que tenemos. Felicito al pueblo colombiano por ello.

Alonso García
3 de marzo, 2010

““el Estado de Derecho venció al Estado de Opinión”. No basta una mayoría momentánea para sustituir la esencia de la Constitución. No se pueden comprar firmas y votos superando todos los topes legales para financiar las campañas”. ¿Cuándo podremos hablar en Venezuela de algo parecido? ¿Cuándo?

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