Diario de Alejandro Oliveros

Diario: Milosz y Abend (2)

Por Alejandro Oliveros | 22 de junio, 2009

Valencia, 22 de junio de 2009

Cuando, hace unos días, en mi Diario literario me referí por separado a Czeslaw Milosz y Harry Abend, lo hacía olvidando que ambos son emigrados de origen polaco. Milosz emigró, en 1960, a Berkeley, y Harry, en 1948, a Venezuela. El primero nació en 1911 y el segundo en 1937. Dos generaciones que fueron marcadas por la guerra, en el caso del escritor, y la postguerra, en el de nuestro artista. Son muchas las diferencias entre ambos. Pero no menos las afinidades. Diferencias ya no de orden cronológico, sino espiritual.

Milosz cristiano y Abend judío. Pero polacos: polaco cristiano y polaco judío. La distancia, sin embargo, se acorta por la manera en la que han expresado su religiosidad. No pocas veces de manera indirecta y siempre oblicua. Para los dos, la experiencia religiosa va de lo general a lo particular. De la creencia compartida a su ejercicio en términos existenciales. Por supuesto, esta no es la manera más ortodoxa de entender un culto. Algo que las distintas autoridades religiosas de sus respectivas tradiciones no han dejado de recordárselos. No podemos decir que Milosz sea un poeta religioso. Aunque lo es, de la misma manera que Abend es un artista religioso. En ambos casos, la expresión de la religiosidad en sus obras, no ha sido la principal preocupación. Tal vez porque entienden que la religiosidad no es la única preocupación de la existencia. Milosz se encuentra tan alejado de la militancia cristiana de Paul Claudel como Abend de la reiteración judía de Chagall. Demasiado lúcidos para cualquier tipo de sectarismo. Y no sólo el religioso.

No entender este aspecto primordial de la producción de estos dos creadores es entender poco menos que nada. En sus obras poética y religiosidad son indisociables. Porque la negación de todo sectarismo es la afirmación más clara de sus obras. En un tiempo en el cual los sectarismos fueron asumidos como bondad necesaria y calidad irrefutable, cuando el poeta surrealista o comunista era bueno porque era surrealista o comunista o yo que sé, Milosz pasó por delante de las intolerancias literarias de la manera más lúcida, no se paró a “ver a los lados”. Su lírica es un cuestionamiento permanente al sectarismo estético. No es sino lo más natural decir lo mismo de Abend. Frente al unidimensionalismo sectario, nada mejor que una escritura plural. Algo que entendió desde temprano. Del constructivismo de Cézanne, Vasarely, Le Corbussier , Soto and Co. al informalismo de Moore y Hepworth en un diálogo poco obvio. El resultado es un sendero que se bifurca para llevarnos, al final, al mismo punto: el triunfo de la lucidez sensible sobre la oscuridad de las parcialidades.

Alejandro Oliveros Alejandro Oliveros, poeta y ensayista, nació en Valencia el 1 de marzo de 1948. Fundó y dirigió la revista Poesía, editada por la Universidad de Carabobo. Ha publicado diez poemarios entre los que figuran El sonido de la casa (1983) y Poemas del cuerpo y otros (2005). Entre sus libros de ensayos destacan La mirada del desengaño (1992) y Poetas de la Tierra Baldía (2000).

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