#SeisPorDerecho

[Video] ¿Son los controles de precio la solución para la inflación? // #SeisPorDerecho

Por #SeisPorDerecho | 2 de septiembre, 2015

El economista Daniel Raguá, en el blog #SeisPorDerecho, explica la relación entre los controles de precios y la inflación. ¿Usted qué opina y cómo vive este fenómeno en su cotidianidad?

El control de precios es un mecanismo mediante el cual un gobierno puede establecer un precio fijo de venta de determinados bienes. Usualmente se usa con la finalidad de mantener asequible estos bienes para la población.

Algunos defienden la intervención del Estado porque consideran que los controles de precios son necesarios para asegurar una mínima disponibilidad de productos para el consumo masivo. Otros, desestiman los controles de precios al considerar que fijar un precio artificialmente bajo, promueve la compra desmesurada de este bien hasta agotar su disponibilidad, provocando escasez.

En la literatura económica se ha discutido extensamente que los controles de precio pierden sentido cuando se usan para frenar la inflación, dado que desincentivan la producción y generan escasez, lo que provoca mayor inflación.

Veamos un ejemplo: un agricultor, productor de tomates, vende cada tomate a 10 monedas. Ese precio le permite cubrir sus costos y obtener ganancia. Por cada tomate que vende, 5 monedas van al pago de sus 3 empleados que le ayudan con la siembra, la cosecha y la administración de la parcela; 2 monedas van para la compra de tierra y fertilizante y las 3 monedas restantes son la ganancia del agricultor.

Ahora, supongamos que el gobierno decide regular el precio del tomate debido a que el país comienza a atravesar un proceso inflacionario. El precio sigue siendo de 10 monedas, pero ahora es fijo. Esto no afectará al agricultor mientras sus costos se mantengan iguales. Pero, debido a la inflación, el gobierno decreta un aumento de salarios y ahora el productor debe destinar 6 de las 10 monedas que obtiene al vender cada tomate, para el pago de salarios.

Frente a esto, el agricultor debe tomar una decisión: comprar menos fertilizante, renunciar a parte de su ganancia o reducir su personal. Cualquier decisión que tome afectará su negocio. Por un lado, comprar menos fertilizante disminuirían la calidad de los tomates, pudiendo ahuyentar a sus clientes. Por otro lado, tener menor ganancia podría motivar al agricultor a producir otra cosa, lo cual afectaría la producción de tomates en el país y reducir su personal incrementaría la cantidad de trabajo que debe realizar, pudiendo esto limitar la calidad y cantidad de tomates que produce.

Supongamos que decide comprar menos fertilizante, arriesgando la calidad de sus tomates. Ahora, por cada tomate que venda el agricultor, destinará 6 monedas al pago de sus 3 empleados, 1 moneda a fertilizante y las otras 3 monedas son la ganancia. Todo parece estar casi igual que antes, sólo que ahora los tomates son un poco menos jugosos y son algo mas pequeños.

El problema no se ha resuelto, porque la inflación continúa, el precio del tomate sigue fijo y sus empleados le exigen un nuevo aumento de salarios. El agricultor decide recortar su presupuesto y despedir a su administrador y llevar él sus propias cuentas. Con esto podrá subir nuevamente el salario de sus ayudantes. Ahora, por cada tomate que vende, destina 6 monedas a los 2 empleados que quedan, 1 moneda para fertilizante y 3 monedas son la ganancia.

Pero el problema no se ha resuelto: la inflación no sólo ha afectado a los alimentos. Ahora el precio del fertilizante —que no estaba regulado— ha subido. Ahora, por cada tomate que vende destina 6 monedas para sus 2 empleados, 3 monedas para tierra y fertilizante —que subieron de precio— y sólo queda 1 moneda de ganancia.

Como la inflación aún sigue presente, el gobierno vuelve a aumentar los salarios y el fertilizante vuelve a subir de precio, pero el precio del tomate sigue congelado. En este caso, el productor no puede cubrir sus costos vendiendo los tomates a 10 monedas, por lo que decide cerrar. Quizá podría seguir produciendo y vender los tomates por debajo de la mesa a un precio mayor, pero arriesgándose a ser penalizado.

El control de precios no es algo nuevo. En el siglo XX se fijó el precio del muchos bienes y en múltiples países: Rusia, Estados Unidos, Alemania, pero no funcionaron. En Venezuela, desde 2003 se ha regulado el precio de más de 100 bienes y tampoco ha funcionado para garantizar el acceso a los productos. Venezuela tiene la inflación más alta del mundo y problemas de escasez sin precedentes.

El control de precios es atractivo para un gobierno porque mantiene la promesa de garantizar el acceso de productos básicos a toda la población. Sin embargo, mantener los controles por largos períodos deteriora la producción nacional, provoca escasez y rompe la promesa de que los bienes básicos son accesibles para todos.

#SeisPorDerecho 

Comentarios (2)

Oswaldo Campos
2 de septiembre, 2015

El Economista Daniel Ragua hace una buena explicación de como funcionan los controles de precio en el tiempo. Es correcto que muchos gobiernos sobretodo aquellos de tendencia liberal o digamos con fuerte inclinacion social, como los gobiernos de izquierda sucumben ante la idea de recurrir al control de precios como una forma de salvaguardar el acceso de las clases bajas hacia los bienes de consumo básicos, sin embargo como se puede observar en la explicación si a la par de eso el gobierno de una forma irresponsable cede ante el chantaje de los sindicatos y la presion social y aumenta los sueldos, aumenta las dadivas del estado, pensiones, asistencia social, etc, esto genera mayor dinero circulante y mayor inflacion, por lo que los precios de los productos que han sido fijados empiezan a sentir la presion hacia el alza, produciendo baja en la calidad, escaces, desabastecimiento y finalmente cierre de las empresas que no pueden manejar estas presiones inflacionarias porque ademas el gobierno como en el caso venezolano castiga a los empresarios que no cumplen, con carcel, expropiacion y finalmente salida del negocio generandose mas escaces. Es dificil ademas para los empresarios mantener los precios fijos, cuando por otro lado el gobierno o el BCV sigue emitiendo dinero inorganico, analicen la variacion de la Masa Monetaria en los ultimos 3 anos que ha subido de casi 500,000 Millones a principios del 2013 a casi 2,800,000 al dia de hoy, ocasionando depreciacion del Bolivar, aumento del dolar paralelo y una inflacion desbordada que alcanza valores reales de casi 900 % en el ano, segun el economista Steve Hanke. Entonces esta clarito que la guerra economica contra el pueblo la tiene es el mismo gobierno.

José Angel Borrego
2 de septiembre, 2015

El control de precios guarda relación directa con la cultura comercial. En Venezuela, lamentablemente, esa cultura no existe como tal porque el comerciante, y permítaseme generalizar, busca obtener mayores ganancias no importa a costa de qué, con la excusa de que está siendo previsivo para el mañana. Cuando Luis Herrera decretó la liberación de precios, personalmente la creímos un error y así fue. La amigdalitis se desató en el comercio, lo cual es lógico en un país que tiene unos cuatro productores por rubro y pueden acordarse entre ellos para cartelizar jugando a lo contrario. Algo así como sucede con las “licitaciones” del Estado. Convocan a cinco empresas que ofertarán precios ya acordados para cada una con el propósito de que cada una “gane” una licitación el la que participa el bolsillo del funcionario. Particularmente creo que antes de pensar en una libertad absoluta de comercio es preciso establecer reglas de juego bien claras, que en lugar de encarcelar a quien las viola, se le someta al escarnio público a él y a su negocio. En Trinidad la gente boicotea a quien intenta especular. En Estados Unidos existe una publicación que alerta al consumidor sobre anomalías comerciales ¿No podemos hacer lo propio? Claro que podemos, pero no queremos utilizando de carcaza a la palabra “libertad”.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.