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Venezuela: desequilibrios externos y los impactos del Tipo de Cambio Real; por A. Oliveros, G. Lalaguna y P. Navarro

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La literatura económica se encuentra repleta de distintas nociones de equilibrio que nos ofrecen una perspectiva sobre la dinámica operativa de la economía y la interacción de las distintas variables que hacen vida en ella. Una de esas nociones es la que llamamos el Tipo de Cambio Real (TCR).

El TCR surge como una medida del precio relativo de las cestas de bienes características de dos países; es decir, busca ofrecer ciertas luces en torno al poder adquisitivo real de una moneda específica, partiendo del valor relativo de su respectiva cesta de bienes en términos de otra cesta determinada. En otras palabras, con cuántas cestas venezolanas puedo adquirir, por ejemplo, una cesta europea característica, considerando el nivel agregado de precios de ambas regiones y el tipo de cambio nominal vigente.

¿Cómo funciona?

El indicador funciona de la siguiente manera: en la medida en que en una nación el valor de su cesta disminuya, debido a una caída del nivel agregado de precios o una depreciación del tipo de cambio nominal, se depreciará en términos reales. Análogamente, conforme un país presente una cesta cuyo valor se incremente, a partir de un aumento del nivel general de precios o una apreciación del tipo de cambio nominal, diremos que pasará a apreciarse en términos reales.

Las situaciones anteriormente descritas repercuten de manera importante en la balanza comercial de los países. En la medida en que un país sufra un proceso de depreciación real, es decir, que el valor relativo de su cesta disminuya, el mismo se presentará como una opción más rentable dentro del mercado internacional y, por lo tanto, es propenso a experimentar un incremento en su nivel de exportaciones. No obstante, en la medida en que el valor relativo de la cesta de bienes locales aumente, se fomentará un proceso marcado por el incremento generalizado de las importaciones tras el encarecimiento relativo de la cesta de bienes local.

Hemos dado a la tarea de construir una suerte de indicador que nos permita evaluar cómo ha sido el comportamiento agregado del nivel de precios al consumidor de nuestros principales socios comerciales, en aras de analizar lo que ha sido la evolución del TCR y añadir mayor robustez a nuestras estimaciones a largo plazo del tipo de cambio para la economía venezolana.

Partiendo de este indicador, nos percatamos de que el incremento agregado de los precios al consumidor de nuestros principales socios alcanzó tan solo 19,3% en los últimos cinco años, presentando una variación mensual promedio cercana al 0,3%. Por su parte, la economía venezolana presentó una tasa de inflación acumulada de 1.340,4% entre 2010 y 2015 con una tasa promedio mensual de 3,8%.

Una inflación externa relativamente estable y un proceso inflacionario interno importante, con leves y puntuales modificaciones del tipo de cambio, han derivado en una continua apreciación real de la moneda local, lo que encarece nuestra cesta de productos en relación con el resto del mundo y hace cada vez más rentable y atractivo mantener la dinámica vigente de importar un porcentaje relativamente alto de la cesta de consumo del venezolano.

De acuerdo a nuestras estimaciones, en 2015 con las divisas con las que se podía adquirir una cesta de bienes foránea al tipo de cambio oficial más sobrevaluado, tan solo se podía comprar, en promedio, 19,4% de la cesta de bienes venezolana. En septiembre de 2016 este valor se situaba en 4,3%, haciendo a nuestra economía esencialmente costosa en los mercados internacionales y mermando los ya disminuidos incentivos a desarrollar la industria local.

Cada país cuenta con dos mecanismos a nivel instrumental para procurar alcanzar y mantener el tipo de cambio real de equilibrio que, al menos en la teoría, podría indicar que una cesta de productos local equivale en términos de valor a una cesta de productos en el extranjero:

1. Una devaluación del tipo de cambio que permita abaratar en términos nominales la cesta de productos locales.

2. Implementar una serie de políticas orientadas a disminuir de manera progresiva el nivel agregado de precios y a fomentar la productividad de los distintos sectores que hacen vida dentro de la economía.

 

La distorsión cambiaria: muy caros o muy baratos

A pesar de haber utilizado el tipo de cambio más apreciado (VEF 6,3/USD para 2015 y VEF 10,0/USD para 2016) como referencia en el análisis previo, un escenario marcado por un único tipo de cambio dista de ser la realidad venezolana.

Dependiendo del tipo de cambio que se utilice, la economía venezolana puede ser muy costosa o profundamente accesible. Si pasamos a considerar el tipo de cambio paralelo en el análisis, la economía interna pasó a perfilarse como bastante accesible. No obstante, si consideramos los distintos tipos de cambio de los esquemas alternativos que se han implementado a través del tiempo (Sitme, Sicad I y II, Simadi y Dicom) la apreciación del tipo de cambio real prevalece, aunque en menor medida considerando la estimación anterior.


Asumiendo como referencia el tipo de cambio no oficial, un individuo, de contar con el monto en divisas suficiente como para adquirir lo equivalente a una cesta de productos extranjera, pudo aspirar, en promedio, a adquirir 3,7 cestas de productos locales entre 2013 y 2015, alcanzando un máximo de 6,7 cestas en julio del año pasado. Haciendo a Venezuela una economía, esencialmente, barata.

Sin embargo, tras la estabilidad del paralelo durante una gran porción de 2016 y la persistente inflación, el poder adquisitivo asociado al mismo se ha visto mermado de manera importante, permitiendo adquirir tan solo 1,8 cestas a septiembre del presente año. Tendencia que esperamos se rompa a corto plazo tras la reciente depreciación del mismo (53,2% entre octubre y el 22 de noviembre del presente año).

El peor de los dos mundos

En los últimos años, el Ejecutivo se ha negado a rescatar ciertos equilibrios fundamentales y ordenar, a grandes rasgos, el universo de precios relativos de la economía (entre ellos, el TCR), por lo que ante la fuerte caída de los ingresos en divisas, la fórmula de ajuste ha sido orientada, principalmente, a nivel de cantidades.

Ante una necesidad creciente en términos de divisas, la respuesta no ha sido otra que una contracción importante del volumen de importaciones. En este sentido, de acuerdo con nuestro estimado de importaciones mensuales, que cubren alrededor del 70,0% de las compras externas por país de origen, calculamos que después de cerrar 2015 con una caída de 22,3%, las importaciones totales se han contraído a un ritmo de 48,0% entre enero y septiembre de 2016.

Ahorcados por los dos lados

El crecimiento de los precios internos y el mantenimiento de un tipo de cambio nominal apreciado hizo que las compras externas fuera la opción más atractiva para satisfacer el consumo interno de nuestro país, situación potenciada por un precio alto de la cesta petrolera venezolana que expandió nuestros ingresos en divisas. No obstante, este último factor se ha revertido y nos ha dejado con unos ingresos mermados, pero sin que se haya solucionado el problema inflacionario en nuestro país, por el contrario se ha exacerbado, y estimamos que la inflación cierre este año en 463,2%.

Mantener un objetivo en materia de tipo de cambio real resulta fundamental. La vigencia de tres tipos de cambio (Dipro, Dicom y paralelo) genera ineficiencias importantes a nivel de la asignación de recursos al desordenar el sistema de precios, así como potenciar conductas de Rent Seeking o de búsqueda de rentas fomentando esquemas de corrupción y desviando recursos fundamentales para impulsar al aparato productivo nacional. Asimismo, de no restaurar los equilibrios externos y de subir los precios del petróleo prevalecerán los incentivos para volver a las viejas prácticas.