Blog de Alberto Barrea Tyszka

Una larga y triste derrota; por Alberto Barrera Tyszka

Por Alberto Barrera Tyszka | 22 de octubre, 2017
La gente hace cola en un colegio electoral en San Cristóbal, en el estado Táchira, durante las elecciones regionales en Venezuela, el 15 de octubre de 2017. Los venezolanos se dirigieron a las urnas el domingo en las elecciones regionales consideradas como una prueba crucial para el presidente Nicolás Maduro y la oposición por igual después de meses de protestas callejeras que no lograron derrocarlo. Se estima que 18 millones de personas son elegibles para elegir gobernadores por períodos de cuatro años en 23 estados. / AFP PHOTO / GEORGE CASTELLANOS

La gente hace cola en un colegio electoral en San Cristóbal, en el estado Táchira, durante las elecciones regionales en Venezuela, el 15 de octubre de 2017. Fotografía de George Castellanos para AFP

Porque, en realidad, el domingo pasado nadie ganó.

Ni siquiera el oficialismo, con sus 18 gobernaciones y el espejismo de un mapa teñido de rojo. Su victoria es una fantasía, una fiesta hueca. Por eso ni siquiera hubo grandes celebraciones. Fue la victoria electoral más escuálida de todos estos años. La alegría parecía un artificio. El domingo pasado fue un día cabrujiano, y perdónenme el adjetivo. Es un pequeño homenaje a quien nos ayudó a entender el fracaso de nuestros simulacros. El domingo 15 de octubre perdimos todos. Se acabó el hechizo electoral. Votar dejó definitivamente de ser un acto independiente y soberano. En este país, al menos, votar dejó de ser un verbo.

El proyecto de fraude global que inició el oficialismo en diciembre del 2015, con la designación de nuevos miembros y suplentes en el TSJ, alcanzó fatalmente su clímax en los comicios del pasado domingo. Ha sido un proceso que cada vez ha ido perdiendo más sus maquillajes y dejando en evidencia su naturaleza delictiva. Las recientes elecciones regionales fueron ya el destape final. El ventajismo institucional, los procedimientos y acciones al margen de la ley, el robo descarado de votos, la violencia en contra de los representantes de la oposición en las mesas… logró el insólito milagro de ganar 18 gobernaciones teniendo un 20% de aprobación. El oficialismo ha terminado estrujando y desechando la última y frágil instancia de legitimidad institucional que tenía: el voto popular.

De esta manera, ganar las elecciones significó perder uno de sus principales argumentos a nivel internacional. Si antes había alguna duda, ya las elecciones en Venezuela no ofrecen ninguna garantía. Pero tampoco a lo interno el triunfo del oficialismo representa una gran victoria. De cara a la crisis y en el contexto de un Estado fallido, de cara a sus propios seguidores y a las expectativas populares, el horizonte chavista parece un precipicio. El oficialismo decidió deliberadamente trivializar la política. Sus candidatos se apartaron de Miraflores como si Maduro fuera un apestado. Sustituyeron el socorrido debate ideológico por una carrucha y un burro, por unos guantes de boxeo. Eligieron esconder a Chávez y frivolizar la revolución. Es la confirmación de la derrota final del proyecto. La izquierda convertida en una payasada. Para llegar al socialismo bolivariano solo hay que bailar la burriquita.

Del otro lado, el liderazgo de la oposición repitió una característica que ya empieza a resultar genéticamente trágica: la falta de previsión, la ausencia de plan B. La realidad siempre los sorprende. Siempre los agarra movidos entre tercera y home. Siempre terminan desbordados por lo que finalmente ocurre. Y entran entonces en un breve espasmo de congelamiento que produce aun más confusión y desconcierto. Tanto que, en algún momento, Andrés Velásquez parecía un huérfano en el estado Bolívar, un valiente pero solitario David enfrentado a ese Goliat de cuatro cabezas que es el CNE.

Todos sabemos que no es fácil ser político de oposición. Que en este trance, además, el liderazgo estaba condenado a pelear electoralmente, que no podía cedérsele así sin más todos los espacios de poder regional al oficialismo. Pero eso no salva a la dirigencia de sus debilidades y errores. Las divisiones, los intereses particulares, la falta de un proyecto común más allá de la salida inmediata de Maduro, las maniobras pre electorales de algunos partidos, la alianzas ocultas con el poder… al final, terminan favoreciendo al oficialismo. Todavía, después de tanto, hay quienes siguen sin entender que conspirar contra la unidad política es una forma de suicidio colectivo.

Los abstencionistas tampoco han obtenido un triunfo. En términos reales, muchos de ellos han perdido territorialmente, ahora estarán bajo el gobierno regional del PSUV. Un “se los dije” puede dar una fugaz gratificación personal pero obviamente no es una victoria política. Los radicales siguen estando igual. En rigor no pueden hacer otra cosa. No tienen hacia dónde moverse. La abstención es su propio techo. Lo otro es tomar las armas e ir a las montañas de Villanueva, en el pie de monte entre Lara y Trujillo, a comenzar desde ahí la rebelión. Porque no se puede convocar a una rebelión desde una oficina en Caracas y luego dar una entrevista a CNN. Los radicales perdieron su discurso. De aquí en adelante, ya solo pueden repetirse. La abstención no es un proyecto. Es una resignación, un sin remedio.

Pero también el CNE salió totalmente derrotado. La jugada de la reubicación de electores a última hora los ha dejado ya sin posibilidad de disfraz. Es imposible mantener una leve duda. Ya no se puede ni siquiera hablar de parcialidad. Hasta en la última galaxia, ya es evidente que las rectoras del CNE son simples y prescindibles fichitas del oficialismo. El disimulo de la institucionalidad quedó arruinado. Son segundonas. Están ahí para hacer el trabajo sucio. Y las preguntas también salpican a Luis Emilio Rondón: ¿Qué hace ahí? ¿Qué hizo mientras todo esto ocurría? ¿Qué papel jugó? ¿A quién realmente representa?… El CNE es un chiste doloroso. Perdió cualquier posibilidad de representar algo. Perdió incluso su futuro. Ya no hay chance de que haya en Venezuela unas elecciones –reconocidas y aceptadas, nacional e internacionalmente– mientras el árbitro siga siendo el mismo.

El domingo pasado se selló una larga y triste derrota. Fue un duro golpe contra la verdad, contra la confianza colectiva, contra el voto, esa experiencia que nos hacía comunes, que nos hacía país. Poco importa ya que los nuevos gobernadores se juramenten o no ante la ANC. Ya no hay adornos. Todo es chantaje. El delito es la nueva forma de la política. La democracia ya ni siquiera sirve como espectáculo.

Alberto Barrera Tyszka 

Comentarios (18)

Luis Piñeros
22 de octubre, 2017

Hay lecturas que dicen algo. Ésta, sin embargo, produce mucho gozo porque dice y enseña mucho. Una extraordinaria lección de sociología política. La palabra es el verbo cuando el escritor magistralmente las sabe entrelazar. La siguiente cita es impactante y quizá la más ejemplarizante:”El oficialismo decidió deliberadamente trivializar la política. Sus candidatos se apartaron de Miraflores como si Maduro fuera un apestado. Sustituyeron el socorrido debate ideológico por una carrucha y un burro, por unos guantes de boxeo. Eligieron esconder a Chávez y frivolizar la revolución. Es la confirmación de la derrota final del proyecto. La izquierda convertida en una payasada. Para llegar al socialismo bolivariano solo hay que bailar la burriquita”. Alberto Barrera, una vez más lo ha logrado. Este tema es inagotable. Al final y gracias a estas sanas críticas la sindéresis y la sensatez retornarán y con ellas el triunfo del bien contra la maldad. Así de sencillo.

mireya morales
22 de octubre, 2017

Alberto, tan acertado como siempre. Tus verdades nos duelen a quienes pensamos que el voto es nuestra única arma. No dejes de comentar en tus artículos nuestro día a día. Mis saludos para ti y a tu papá Enrique mis recuerdos.

ana perez
22 de octubre, 2017

Excelente. Condensa y desglosa a la vez. Mientras hayan mentes como la de Barrera y mentes como la de lectores que puedan apreciar tan diáfanas lineas, hay maneras de llegar a una salida. Pensemos juntos.

Kondorito Konstitución
22 de octubre, 2017

Ganar la gobernación del estado Bolivaiano Lara fué un acierto del PSUV porque el Sr. gobernador-candidato Falcón lo reconoció, en cambio ganar la gobernación del estado Bolivariano Miranda fue un pelón porque el Sr. alcalde-candidato Ocariz no lo reconoció y tengo entendido que lo va a impugnar.

Belkys Hernandez
22 de octubre, 2017

Que verdades tan irrefutables! Alberto, usted lo ha dicho todo! Gracias por ponernos en contexto con la amarga realidad que vive Venezuela.

Carlos Carrillo
22 de octubre, 2017

Soy y seré un opositor impenitente ante la mal llamada revolución socialista. Pero coincido con Barrera en eso de que nunca tenemos un plan B, ni siquiera un plan A coherente. Se me ocurre que esto es así, porque nuestros dirigentes siempre han estado ocupados, muy ocupados, en la cuidadosa elaboración de su plan personal. Mientras el principal plan de cada uno de nuestros dirigentes no sea el plan de la nación, de la libertad y la democracia no tendremos unidad. Sin unidad no llegaremos a nigún lado.

Alirio R Martínez
22 de octubre, 2017

Comparto todas las ideas acerca de la actuación gobierno, menos una idea: el lamentable bloque que sigue en la mente de la dirigencia oposicionista: “Somos el 80% y ellos el 20%. Ganaron porque se robaron los votos.” No es verdad. Nunca ha sido verdad.Hay que tranquilizarse y discutir este tema con mayor profundidad.

Anselmo Salvo
22 de octubre, 2017

Descripción exacta distinguido Sr Alberto . Rómulo Gallego lo escribió. El argumento que se se impondrá:Los pueblos no mueren. Venezuela tiene gente valiosa.

Eduardo
22 de octubre, 2017

Es sin duda el mejor análisis de lo ocurrido hace ya ocho días en nuestro país sin embargo considero que el mensaje más patético de todos el escrito por Capriles donde manifestó que su lucha había terminado y que se equivoco pensando que con votos se podía salir de esta situación refleja sin duda el estado de animo de no pocos en el país. Ahora la pregunta es ¿qué viene ahora? pienso que más de lo mismo un gobierno con un presidente que vive en su espejismo con unas elecciones cercanas con Andres Velazquez arrojando la toalla y los abstencionistas diciendo ya van a ver van a volver a ganar claro en eso ellos mismos los ayudan

juan reyes
22 de octubre, 2017

alberto barrera Tiszka es un excelente escritor y analista….pero me llama la atencion que ninguno comente la falta de alguna proposicion, de alguna idea de por donde debieramos ir……porque llorar….al valle. Ya no necesito mas reiteracion ni de lo tramposo que es el gobierno ni de las vias cerradas….parece hora de enlazar nuestros brazos y seguir adelante porque mi pais lo voy a pelear hasta la muerte…..si hasta all’a.

Alfredo Boiani
22 de octubre, 2017

Un artículo para hacer catarsis. Pero no aporta nada para entender que pasó, y mucho menos, para proponer qué hacer. La redacción será muy bonita, nos quedamos muy tranquilos que somos los buenos y ellos los malos , pero…….la acción política no es una novela. Más análisis , más autocrítica por favor!!

Edgardo Pérez
22 de octubre, 2017

Lamento Sr Alberto no estar de acuerdo parcialmente con su análisis no porque ambos bandos hayan perdido porque en eso si coincido con usted, en lo que difiero es en su visión del análisis. Sobre el régimen no comentaré, pero sobre la oposición sí; los que no votamos cómo en mi caso por lo menos hay dos cosas importantes a observar, primero mientras los líderes le sirvan al oponente jamás podrás ganar ni un juego de pico pico (imaginemos que vamos a una guerra con tres batallones y el comandante de uno de ellos en secreto le sirve al adversario y pasa información, estrategia y demás. ¿Cómo ganar así? y de paso hasta el conserje lo sabe); por tanto hasta no depurar y conocer a tus amigos no podrás trazar objetivos, estrategias y tácticas. Esperemos que por fin nos demos cuenta de ello y comencemos a hacer lo debido.

Edgardo Pérez
22 de octubre, 2017

Segundo, era inconcebible convalidar la ilegalidad de una ANC y un árbitro ratificado desde la ilegalidad de ese órgano, porque lo importante no eran las elecciones en sí sino cómo llegamos a ellas gracias a las impericias de la dirigencia opositora aun cuándo se lo dijeron repetidas veces y al quedar entrampados con las elecciones jamás hubo una estrategia a seguir de acuerdo a los posibles escenarios a ocurrir en esas elecciones, además en ningún momento se le habló claro al pueblo sino que se le mintió descaradamente en todas sus fases y antes por parte de la dirigencia opositora. “En síntesis la lectura a hacer es no engañes al pueblo porque no té va a seguir y si té ofreces a dirigir la lucha prepárate o escucha a los que saben” es triste, doloroso y sobre todo muy costoso para todos pero hay que aprender la lección.

william Carrillo
23 de octubre, 2017

Luego de inventar una constituyente q es completamente ilegitima y con una votación fraudulenta,en el país no paso nada,lejos de no ser reconocida en casi todo el mundo,aquí no paso nada,la sociedad civil no lo enfrento como debió ser,la calle enmudecio,si la población no protesto era muy fácil tener elecciones de gobernadores y seguir profundizando el fraude para mantener el poder,vuelven a engañar al país entero y no pasa nada,a quien le importan unos gobernadores q no gobernaran nada,eso no es nuevo,ya la dictadura lo ha hecho antes,luego del gran triunfo de la AN todo se diluyo en hechos y discursos q no llevaron a ningún fin,desperdiciando el gran caudal de votos y el mandato que q recibieron,no se obtuvo nada en todo este tiempo,ni siquiera les pagaban,es hora de recuperar la confianza con gente nueva,con propuestas audaces y con una visión distinta a la politiquería,el país no puede ni debe seguir esperando por una luz el túnel,hay q actuar de inmediato.

enrique tineo suquet
24 de octubre, 2017

Excelente columnista, lo recuerdo de los tiempos de la Liga Socialista, siempre ha escrito bien.

Per Kurowski
24 de octubre, 2017

Sólo pregunto: ¿Los cuatro que se juramentaron ante una ANC fraudulenta, será por eso que ganaron en una elecciones fraudulentas? ¿22 a 1?

Felo8b
26 de octubre, 2017

Aunque sea lo menos relevante del texto, destaco el uso acertado del diminutivo en una frase del penúltimo párrafo: “ya es evidente que las rectoras del CNE son simples y prescindibles fichitas del oficialismo”. dice “fichitas” y no “fichas”. Al que le ha tocado escribir entiende lo mucho que ese “itas” ayuda a la fuerza expresiva de la idea. Es lo que hace al señor Alberto Barrera-Tyszka el escritor que es. Saludos de un admirador de lo suyo, por si alguna vez lee este comentario.

Wladimir Ylich Bolívar Davidson
27 de octubre, 2017

Humillados y ofendidos (Dostoievki) así nos quiere el régimen, esa es la condición en que cayeron los cuatro que se arrastraron ante la espúrea ANC. Guanipa todavía demuestra ser digno de los votos que sacó.

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