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Telearqueología de los Medios; por Jorge Carrión

Por Jorge Carrión | 27 de abril, 2015

Telearqueología de los Medios; por Jorge Carrión 640

En las últimas temporadas de Mad Men, The Americans y Halt and Catch Fire asistimos a la recontrucción de los primeros pasos de la informática y de internet. Al nacimiento tecnológico de nuestro mundo de pantallas.

Dos son los grandes referentes del futuro en el imaginario de nuestro cambio de siglo. Los dos tienen en su título un año del pasado: 1984 de George Orwell y 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick. Para las series ambientadas entre esas dos fechas se trata sin duda de horizontes de expectativas del mundo en que viven sus personajes, en guiones escritos desde un futuro, el nuestro, que los desmiente y tal vez los condena. Uno de los capítulos de la última temporada de Mad Men se titula “El monolito” y narra la llegada de una gran computadora IBM 360 a la agencia de publicidad. Con profusión de intertextos visuales y en los diálogos, la obra maestra de Kubrick se convierte en la estructura secreta de las andanzas de los personajes. El último episodio de Halt and Catch se titula “1984” y es literal: la serie llega a esa fecha, en su relato de los avances informáticos de esa década, centrado en la genealogía del ordenador portátil en una empresa de Dallas (entre los dos grandes centros, el consolidado por IBM en Nueva York y el emergente de California). En la misma época se sitúa The Americans, una serie de espionaje que en su segunda temporada enfoca el nacimiento de Internet como una red universitaria cada vez más militar.

La llegada de ese mastodonte metálico a Mad Men permite que al miedo de Don a ser substituido por publicistas más jóvenes que él se le añada otro miedo igual de clásico, que recorre la relación entre el hombre y sus criaturas desde Pigmalión, el Golem, Pinocho o Frankenstein: el ser que se rebela, el futuro como amenaza, el pavor a que la tecnología ocupe el lugar del hombre como trabajador, la violencia latente o patente del robot. Para que el conflicto pueda convertirse en diálogo se encarna en Don (como hombre prehistórico y fumador) y en Lloyd Hawley (el técnico de IBM, el tecnócrata), que conversan a años luz de distancia. En otra trama paralela, la de Ginsberg, cuyo proceso de locura culmina con su obsesión paranoica por la computadora, el problema se multiplica por mil. Internan a Ginsberg en un hospital psiquiátrico. Sucumbe ante la amenaza. Kubrick tradujo a imágenes la novela de Arthur C. Clarke sobre un ordenador, HAL 9000, que enloquecía. Matthew Weiner invierte los términos: es la tecnología lo que nos enloquece. Literalmente.

La luz roja, el ojo de HAL, aparece simbólicamente tanto en ese artefacto que ocupa el antiguo comedor de los empleados de Sterling & Cooper, como en los títulos de crédito de Halt and Catch Fire, que en su primera temporada también incluye con fuerza la locura. Desde A dos metros bajo tierra, con su examen de la economía funeraria, asistimos a una progresiva suplantación de los temas y los géneros (el western, la mafia, la fantasía medieval, la política, la ciencia-ficción) por las distintas industrias contemporáneas: de la publicidad de Mad Men pasamos en Halt and Catch Fire a la informática; en ambos casos lo familiar y melodramático es tan importante como lo empresarial. El ingeniero y el ejecutivo protagonistas de la nueva serie de AMC, pese a ser polos opuestos, experimentan varios momentos de enajenación. No se trata sólo de la competencia estresante y de los ataques de pánico, tan comunes en esas ficciones ambientadas en sectores económicos, sino de auténticos arrebatos violentos, de pérdida del sentido común, de exploración de las regiones más inquietantes de la psique.

En The Americans no encontramos esos elementos, pero su arqueología de los medios es igualmente interesante. La ficción fue concebida por Joe Weisberg, exagente de la CIA, y tiene como protagonistas a una pareja de infiltrados rusos en el sistema de vida americano, que trabajan para el KGB al tiempo que mantienen una familia totalmente yanqui, con hijos adolescentes ajenos a la auténtica identidad de sus padres. En la segunda temporada buena parte de sus operaciones como espías se relacionan con Arpanet, que de hecho da título al séptimo capítulo. El momento histórico es fascinante, pues fue en los 80 cuando el Ejército de los Estados Unidos decidió separar, en el seno de un proyecto híbrido, la dimensión civil y académica de la militar. Estamos en los EEUU de Ronald Reagan, pero la Guerra de las Galaxias cada vez será menos importante que la Guerra de los Hackers, hasta llegar a lo que hoy llamamos ciberguerra.

La ingeniería de la IBM 360 es la misma que usó la NASA a finales de los 60 para su incipiente conquista del espacio. La séptima temporada de Mad Men tiene su clímax, de hecho, en Neil Armstrong pisando la superficie de la Luna. Pero la mayoría de la tecnología que aparece en las series no es superlativa, sino mínima, íntima, doméstica. En The Americans un personaje juega con Intellivision, una videoconsola de Mattel lanzada en 1979; uno de los mejores episodios de Mad Men, “The Carousel”, se centra en el nuevo proyector de diapositivas de la marca Kodak; el momento más mágico de Halt and Catch Fire reconstruye la primera vez que Mac mostró en público un ordenador personal que saludaba con su propia voz.

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Este texto fue publicado originalmente en Cultura/s de La Vanguardia.

Jorge Carrión 

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