Club del libro Prodavinci

Sobre Daniel Sada, por Edmundo Paz Soldán

Por Club del libro Prodavinci | 4 de diciembre, 2011

Hace un par de años escribí estas líneas sobre una novela de Daniel Sada, notable escritor mexicano recientemente fallecido:

Hace mucho que Daniel Sada es uno de esos grandes escritores ocultos de la literatura latinoamericana. El premio Herralde concedido a su novela Casi nunca (Anagrama, 2008) lo hará más conocido fuera de México, pero seguro no más popular. El estilo de Sada, paciente, laborioso, es un filtro por el cual pocos se cuelan. Casi nunca tiene una trama que se puede resumir con facilidad: en el México conservador de mediados del siglo XX, el agrónomo Demetrio Sordo se debate entre las tentaciones de la carne (representadas por una prostituta, Mireya) y el deseo de casarse con Renata, señorita respetable de una pobretona clase media. La forma en que está escrita es otra cosa: si es verdad que el estilo es el hombre, entonces hay que decir que Sada es el estilo. A la manera de Faulkner, que a veces iniciaba párrafos abriendo paréntesis, está la puntuación extraña: “La invitación: gran amabilidad: un hombre regordete le señalaba el asiento: dulzura de ademán reiterado”. Está el vocabulario: “mujeres fodongas sentadas en mecedoras de guayaco”. Está el ritmo: “dos, sí, buscando la vivaz conexión, acaso más allá de lo mercantil sexual, que devino en un descaro mirón de ida y vuelta, que si retador, que si invitador” (en una de sus novelas, a Sada se le ocurrió escribir en base a endecasílabos). A ratos Sada se pone manierista, pero esos son riesgos asumidos: Casi nunca es una celebración del lenguaje, y el narrador está consciente de ello, pues intercala sus frases con constantes signos de admiración: “¡sí!” “¡Ojalá”! “¡Claro!” En su obra hay humor (las secciones dedicadas a la tía Zulema) y una burla compasiva ante los excesos represivos de la clase media, muy preocupada por guardar las apariencias (los enredos debidos a un inesperado beso en la mano de Demetrio a su prometida). Al revelarnos la agotadora batalla entre el “amor recatado” y “el amor a tambor batiente, con muchas formas de besos y muchas formas de agarre”, Sada ha escrito la mejor novela costumbrista que se podía escribir hoy.

(10 de febrero, 2009)

 

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