Blog de Rodrigo Blanco Calderón

Recuerdos de 1999. A propósito de Pin Pan Pun y Alejandro Rebolledo; por Rodrigo Blanco Calderón

Por Rodrigo Blanco Calderón | 22 de agosto, 2016
Caracas-sangrante-1996a

Caracas sangrante (1993), de Nelson Garrido. Esta imagen fue utilizada para la portada de la edición que hizo en 2010 la Editorial Punto Cero de Pin pan pun (1998), de Alejandro Rebolledo

Quisiera comenzar este texto subrayando la palabra recuerdos, en vista de que al momento de escribirlo me encuentro, como diría Domingo Faustino Sarmiento, “lejos del teatro de los acontecimientos”. En otras palabras, lejos de Caracas, mi ciudad, y lejos de mi biblioteca. Por otra parte, no busco sino dejar un brevísimo testimonio personal de una época (da vértigo decirlo) que ya comienza a alejarse en el tiempo.

Tres cosas me sorprendieron una vez que se hizo pública la noticia del lamentable fallecimiento de Alejandro Rebolledo en Barcelona, España.

La primera, fue la propia noticia, pues Alejandro Rebolledo sólo tenía cuarenta y seis años. Yo no lo conocí. Sólo había leído Pin Pan Pun (1998) (o Pim Pam Pum (2010), de acuerdo a la edición que se quiera citar), una novela que tuvo buena repercusión en  1998 y 1999, pero que a mí me pareció, debo confesarlo, bastante defectuosa.

No la he vuelto a leer. Tuve el impulso de hacerlo en 2010, cuando la editorial Punto Cero la volvió a publicar. Esa hermosa reedición, con la Caracas Sangrante de Nelson Garrido en su portada, pasó sin pena ni gloria entre los nuevos lectores. Se fue agotando calladamente, a lo largo de estos últimos años, como los ruidos finales de una fiesta que termina a las cinco de la mañana. Mi deseo de releerla quedó y quedará, me parece, incumplido.

Después de difundida la noticia, vino la segunda sorpresa. En medio de los comprensibles lamentos de sus amigos y allegados, mezclados con las naturales demostraciones de afecto, había otros comentarios que desde ya comenzaban a falsear algunos aspectos de la historia literaria venezolana de finales de los noventa. Rebolledo se había convertido en cuestión de segundos, por milagro de la transubstanciación de las redes sociales, en un genio, en un beat, en el único narrador que había sabido representar la Caracas finisecular, en el Hunter S. Thompson venezolano, en el ojo crítico que anticipó la vorágine que se comería al país poco tiempo después.

La tercera sorpresa es que esos comentarios provenían no sólo de la gente que lo conoció y valoró su trabajo, sino de gente que no lo había conocido y que además ni siquiera había vivido esa época. Es decir, de jovencísimos lectores que compraron, junto con el libro, una leyenda que, todo hay que decirlo, fue fabricada por los propios editores originales de la novela.

El problema no es el juicio que se pueda tener sobre una obra determinada. El hecho de que a mí Pin Pan Pun me parezca una novela mala, no implica que la discusión al respecto esté cerrada. La mía es simplemente una opinión, tan sustentable y debatible como cualquier otra. El problema surge cuando, por la conmoción de una muerte dolorosa, se quieren erigir héroes y gestas que no lo fueron.

Para sustentar algunas de las cosas que acabo de decir, recurramos de nuevo a la memoria. La única vez que vi a Rebolledo fue en la Escuela de Letras de la UCV, en el año 1999, cuando asistió a una clase de Teoría Literaria, invitado por el profesor Vicente Lecuna, defensor fervoroso del libro.

Rebolledo me pareció una persona fatua y desenvuelta. Hablo, insisto, de la impresión fugaz que tuve ese día y nada más. Allí, frente a un aula de jóvenes estudiantes del segundo o tercer semestre, contó que Pin Pan Pun había sido una novela por encargo, con un tipo de trama y un lenguaje pensados deliberadamente para disgustar a los lectores académicos.

Ignoro si esto haya sido así, o si fue sólo una boutade de Rebolledo. Lo cierto es que en uno u otro caso, el resultado era lamentable. Por una parte, si aquello era verdad, su novela era entonces sólo un producto comercial, fríamente calculado para alcanzar el target juvenil, utilizando el viejo truco de la pose contracultural (que, además, con aquella invitación de Vicente Lecuna, se demostraba fallida). Por otra parte, si la novela era auténtica, era su autor quien se escudaba detrás de una actitud adolescente frente a un sistema al que, no sólo no se oponía, sino del cual formaba parte, privilegiada y festivamente.

Algunos argumentos apoyarían la veracidad de su afirmación. ¿Por qué Rebolledo no volvió a publicar ninguna otra novela? Ni siquiera un libro de cuentos. Lo único suyo que conseguí fue Romances del distroy, una recopilación de poemas, de irregular factura bukowskiana, que el mismo autor colgó en la web en 2009. Pareciera que, una vez desaparecida la maquinaria de promoción del semanario y la editorial Urbe, los incentivos para publicar (no digamos escribir) se le hubieran extraviado.

También se puede ver que en el mismo post de su blog, cuando decide colgar sus poemas en la red, Rebolledo lanza una botella al mar, para ver si alguien accedía a hacerle una oferta lo suficientemente atractiva para reeditar el libro. Cosa que no sucedió, como ya dijimos, sino más de diez años después de la edición original.

Me da la impresión, aunque no estaría seguro, de que algo de aquella fiebre se quiso revivir tiempo después con la publicación de Peor que tú (2008), una novela de Gabriel Torrelles, para entonces director de Urbe, después de una de sus tantas renovaciones.

Luego está el asunto del Premio Rómulo Gallegos del año 1999, una de las ediciones más importantes y controvertidas. La polémica había empezado, en realidad, en la edición anterior, en 1997, cuando se le otorgó el premio a una de las peores novelas en la historia del que alguna vez fuera el más prestigioso galardón de la novela hispanoamericana. Me refiero a la justamente olvidada Mal de amores, de Ángeles Mastretta.

Hay una ley inflexible de la literatura: los malos escritores son malos lectores. En el caso de Mastretta, el axioma se cumplió a cabalidad. Mastretta luchó, como miembro del jurado de la siguiente edición del Rómulo Gallegos, para que la novela de Rebolledo entrara en la shortlist del premio. Un despropósito que fue rematado con otro mayor: votar en contra del libro que sería premiado ese año, Los detectives salvajes, de un tal Roberto Bolaño.

Pin Pan Pun, obviamente, tuvo un segundo aliento. La maquinaría publicitaria de Urbe aprovechó la ocasión para transformarlo en un acontecimiento. Creo que fue en la entrega de los Premio Urbe de ese año, cuando lanzaron aquel eslogan infantil, que en el fondo nos decía tanto: “Alejandro Rebolledo, el único finalista del Premio Rómulo Gallegos que no ha leído Doña Bárbara”.

Con aquella reivindicación de la ignorancia se cerraba un ciclo de esa novela que hizo de Los Palos Grandes un mundo alucinado y autosuficiente. El fallecimiento de su autor, casi veinte años después, ha llevado a algunos de sus defensores a pronunciar ciertos dislates. El cineasta Jonathan Jakubowicz, por ejemplo, siempre dado a declaraciones tan tajantes como superficiales sobre la literatura venezolana, afirma que Rebolledo fue “el único escritor que captó la Caracas de los 90”. Evidentemente, Jakubowicz piensa que Caracas se limita al municipio Chacao. En todo caso, es obvio que no ha leído obras como Calletania (1992) de Israel Centeno, o Salsa y control (1996) de José Roberto Duque, Caracas, Valle de balas (1998) de Earle Herrera, o Sólo quiero que amanezca (1998) de Oscar Marcano, que muestran, por decirlo así, la otra cara del problema.

Las notas de prensa no han hecho sino repetir una cantidad espantosa de lugares comunes sobre el autor, sobre la novela y sobre “la época”, de los que obviamente Rebolledo no puede ser responsable, pero que a su vez dicen algo del modo en que decidimos leer ciertas obras en relación con nuestro pasado y nuestro presente.

Pin Pan Pun capta, es cierto, la decadencia de unos personajes de la Caracas de finales del siglo XX. Lo que nunca alcancé a ver en mi lectura (no descarto que otros sí puedan) es un mínimo distanciamiento del narrador que denote la conciencia de la decadencia. Digámoslo de otra forma: una cosa es una novela sobre la decadencia y otra muy distinta es una novela decadente. Por su falso manejo de la oralidad, por la imberbe intrascendencia de sus personajes, por el modo en que fue concebida, escrita y promocionada, Pin Pan Pun me parece una novela decadente. Un fetiche pop, un avatar entre muchos de ese cíclico momento en la historia de las sociedades en que la cultura quiere destruir la cultura.

¿Cómo no ver en la idiotez de aquel eslogan contra Gallegos un anticipo de las profanaciones posteriores?

La escueta obra de Alejandro Rebolledo forma parte de ese impulso tanático que en Venezuela ha sido la frivolidad. Una frivolidad que alcanzó su apogeo durante la democracia y que paradójicamente se fue haciendo más aguda, “como un grito final de quien no aguarda otro verano”, diría Eugenio Montejo, a medida que ese sistema de libertades y de justicia desfallecía. Y la lasitud, el aburrimiento o la indiferencia, ya se sabe, no son buenos estímulos para la literatura.

El caso de Pedro Lemebel, en este sentido, es ejemplar. A su manera, Lemebel es un producto de la dictadura pinochetista. Su literatura de altísimo nivel y toda su valentía de “loca” antimilitarista, expresadas en sus libros y en los performances de Las yeguas del Apocalipsis, son orquídeas que sólo pudieron florecer en el pantano de aquel tiempo oscuro.

Nosotros, en cambio, en ese período blando, ¿qué produjimos? ¿Qué podíamos producir? ¿Un Boris Izaguirre? Una sola página de la poesía de Alejandro Castro vale más que todas las novelas juntas de Izaguirre. Pero para que esa página pesara más, fue necesario primero el don divino de la poesía y veinte años de lágrimas y sangre.

De esta tragedia que han sido nuestros últimos años, han salido no pocas páginas que estoy seguro se sostendrán con mayor vigor en el tiempo. Páginas que congenian el doble aliento de la verdadera literatura: la celebración de la vida, cómo no, pero también el diálogo con nuestros muertos.

Rodrigo Blanco Calderón 

Comentarios (104)

Camilo Pino
22 de agosto, 2016

¿Qué hubo Rodrigo? Dices que “el problema surge cuando, por la conmoción de una muerte dolorosa, se quieren erigir héroes y gestas que no lo fueron.” Quizás se pueda decir lo mismo de lo contrario, del afán de juzgar la relevancia histórica de una obra ante la conmoción de una muerte. Creo que tenías diecisiete años cuando hiciste tu única lectura de Pin Pan Pun. De hecho, tus recuerdos parecen los de un joven estudiante: una clase, un tipo antipático, una lectura visceral. Es posible que si la vuelves a leer (cosa que casi descartas de plano) pienses más o menos lo mismo, pero al no hacerlo, cometes el mismo error que criticas.

Carmen Mantellini
22 de agosto, 2016

La obra es mala, no importa la edad que se tenga al leerla, mucho menos si su autor esté o no vivo.

Rodrigo Blanco
22 de agosto, 2016

Querido Camilo, cómo estás?

Si lees con calma el artículo verás que mi problema no es con la obra en sí. Al final, y lo digo ahí, cada quien puede valorarla como quiera. Con lo que no estoy de acuerdo es con el falseamiento de algunos momentos de nuestra historia literaria, así como la invención de una épica, o si quiera una conciencia crítica, que no me parece tal.

Tampoco veo la necesidad de releerla. Te digo, la novela me pareció pésima a un nivel definitivo.

Tampoco hay nada visceral en mi lectura. No conocí a Rebolledo. Y el libro lo publicaron hace 18 años…Y sí, mis recuerdos son de un joven estudiante. Eso creo que está claro desde el principio.

un abrazo,

Rodrigo

Gisela KozakRovero
22 de agosto, 2016

Excelente Rodrigo: un artículo informado, sensato, honesto y, sobre todo, un señalamiento sobre la frivolidad de los 80 y 90. Comparto punto por punto lo que dices en el artículo. No conocí a Rebolledo así que mi lectura de su novela no está mediada por antipatía alguna. Lo de menos en tu planteamiento es la personalidad del autor de PIN PAN PUN, así que no le hagas caso a quien quiera descalificar tus argumentos por las pocas líneas que le dedicaste a su visita a la Escuela de Letras.

Arturo Gonzalez
22 de agosto, 2016

Hola, Me pregunto, ¿Qué de malo tiene o que de bueno el que se haya querido adjetivar al Sr. Rebolledo como único en ponerle nombre a la movida underground Caraqueña? Con mucho respeto, creo que independientemente de lo que usted con todo su derecho tenga a bien pensar, Venezuela siempre ha estado dividida en estratos sociales, Cada quien ve el mundo a través del entorno en que se encuentra.

Camila Pulgat
22 de agosto, 2016

Pero además Pin Pan Pun es más que una novela frívola y decadente. Es hija de la República del Este, y es crónica de una rítmica ciudadana cuyos reductos no fueron tan reducidos. Lo que pienso Rodrigo es que no bailaste en las fiesta de Rebolledo, ni lo viste en vivo y en directo tan antipático e implacable como fue. Creo que tú reduces un relato importante de mi generación y su intrahistoria. Allí hay mucho que ver, empezando porque es un antecedente bien revelador de lo que vendría luego políticamente. Te recomiendo también revisar la ‘pequeña’ obra de su padre Carlos Rebolledo. Vi un documental ballenero Pozo muerto (1967) muy interesante. ¿Por qué lo menor tendría que ser despreciado? Pregunta un historiador contemporáneo o Deleuze y Guattari.

Keta Stephany
22 de agosto, 2016

De Pin Pan Pun pensé que debía llamarse Pim Pum Pam. Lo sigo pensando.

v+ctor
22 de agosto, 2016

Entiendo Rodrigo que uses el recuerdo de esta novela para intentar desmontar algo de esa cultura visible y baladí (Rebolledo, Boris, Jakubowicz) que algunos han querido convertir en referencia crítica, orgullosamente divagante eso sí, de estos años. Lo que me desanima es que terminas siendo solemnemente sentencioso “Una sola página de la poesía de Alejandro Castro vale más que todas las novelas juntas de Izaguirre.” No dudo que sea verdad, pero puesto así sin revisión suena tan petulante como el otro eslogan con el que recuerdo promocionaban a Pin Pan Pun “Qué ladilla García Márquez”. Como si sólo valiera la postura de quien realiza la sentencia y no el contexto o la reflexión que la misma debería conllevar. Un saludo.

Pedro Plaza Salvati
23 de agosto, 2016

La primera vez que oí hablar de Pin Pan Pun fue en una fiesta en Brooklyn. Una amiga chilena periodista de El Mercurio me había invitado a la celebración, en la que me presentó a un gringo que tenía en sus manos un libro trajinado de “un autor venezolano de culto”. Tuve que fingir demencia ya que desconocía al autor. A los pocos días le pregunté a mi amiga si había leído el libro y tuvo una reacción casi visceral que me costaba comprender. Un tiempo después, gracias a Ediciones Puntocero, pude tener en mis manos un ejemplar. La intriga por el incidente de Brooklyn y las opiniones tan disímiles del gringo adorador de la literatura latinoamericana y el rechazo de mi amiga chilena me persiguió por un tiempo. De manera tal que me dediqué, de forma entusiasta, a leer la novela… que abandoné luego de varios intentos. Lo cierto es que me causa mucha tristeza el que un compatriota fallezca a una edad joven y lejos de su tierra.

José Calderón
23 de agosto, 2016

Si a Castro lo hubiesen publicado en Semanarios Urbe -porque su poesía callejera da para eso-, otra hubiese sido su referencia. Les molestó, y les sigue molestando a los académicos que una novela de Kiosko levante más pasión que vainas sancionadas por Miguel Gomes como Blue Label.

Esto apesta a gerontogracia. En fin. Salgan de la caja de resonancia, dejen de congratularse entre académicos y pregúntenle al lector joven por qué le gusta tanto Pin Pan Pun. Por dios.

Rodrigo Blanco
23 de agosto, 2016

Querida Gisela: Me alegra que te haya gustado el artículo. Va un fuerte abrazo.

Arturo: me parece que das en el clavo, o, al menos, en uno de los clavos. Aunque no sé si se trate sólo de una “división de clases”. Por las reacciones al artículo, me parece que sería más una división generacional entre una misma clase media caraqueña. En todo caso, no creo que esté de más esta controversia. Si cada quien completa el cuadro con sus “recuerdos” (no otra cosa es mi artículo, como lo señalo desde el principio) todos salimos ganando.

Víctor: en el caso de Izaguirre, prefiero pasar por petulante que dedicar más de una línea a demostrar lo que es una verdad tan grande como el sol. Sólo en casos como ese. En otros, ciertamente vale la pena explayarse más.

Rodrigo Blanco
23 de agosto, 2016

Querida Camila:

Mejor no lo has podido decir: PPP es hija de la República del Este. No del Techo de la Ballena, ni de Sardio, ni Tabla Redonda.

Cabe preguntarse, qué fue la República del Este? Los que la vivieron y la estudiaron, te dirían que fue, además de una utopía cultural y hasta contracultural, una fiesta inolvidable. Pero también fue una gran resaca. Y quién financiaba esa fiesta? Los diarios de Ángel Rama en Venezuela dan unas claves interesantes.

Mi visión, como bien lo señalas, puede pecar de reduccionista, con la novela y con “la época”. Por eso aclaro desde el principio que el texto es sólo un testimonio personal. Nada más.

Un abrazo y todo mi cariño.

Manu
23 de agosto, 2016

Qué campeón Rebolledo que con una sola novela le pegó en el ego a tanta gente que aún muerto, lo tratan de desmeritar. El impacto que tuvo sobre los chamos que lo leyeron en su momento, es indeleble. Yo nunca llegué a conocer a ese pana. Pero lo leí cuando tenía 16 o 17. “Qué ladilla con García Márquez” fue un grito punk bien construido mediáticamente. Como todo creativo, en contra de lo “establecido” antes que él.

Roberto M
23 de agosto, 2016

La verdad todavía no estoy seguro de qué me parece más frívolo, ridículo e insignificante, si la novela de Rebolledo o este artículo. Al menos en Pin Pan Pun no había, que yo recuerde, ejercicios huecos de pedantaría pontificante a instancias de una persona recién fallecida…

Camila Pulgar Machado
23 de agosto, 2016

Perdón, claro que es Pim Pam Pum. Siempre hago esa errata.

Yolanda Cazalis
23 de agosto, 2016

Rodrigo no existe la histeria colectiva que describes. Cuando alguien se muere las personas que lo quieren y admiran, escriben cosas agradables. Es lo más normal del mundo y no un “por eso estamos como estamos”. Tienes algunas anécdotas interesantes pero te falto elegancia. Saludos!

Azul
23 de agosto, 2016

Roberto M.: Sin duda, este artículo…

Débora Ochoa Pastrán
23 de agosto, 2016

El único resultado visible que va a tener la difusión de este artículo es que se quiera leer más a Rebolledo, que crezca la curiosidad hacia Pin Pan Pun; como debe ser, lejos de la mezquindad.

Laura
23 de agosto, 2016

En Pin Pan Pun no había seguramente como dice Roberto M en el comentario anterior, ningún ejercicio de pedantería ni de moralismo inquisidor.

Yo leí PPP a los 14 años y me dejó loca. No soy caraqueña pero hice mía Caracas a esa edad. Hoy tengo 30 y sigue conmigo. Tampoco conocí a Rebolledo ni a su entorno, no hablo desde la empatía. Soy una de esos adolescentes afectados por el producto (no es ningún secreto que lo fuera).

Y tampoco estoy de acuerdo con la descalificación de un autor basada en la poca publicación. Que lo publicaran poco no quiere decir que no fuera prolífico.

Manolo Puig
23 de agosto, 2016

Necesitamos + Michiko Kakutani y menos adulación entre escritores. Una novela mala puede gustar y de hecho muchas gustan. El pasajero de Truman por ejemplo, mal escrita pero como gusta.

Luis M
23 de agosto, 2016

Me gustaría leer algo donde Rodrigo hable bien de otro escritor. Tal vez le es imposible. Estoy casi seguro. Pin Pan Pun …

Victor Drax
23 de agosto, 2016

Es interesante cómo, tras todo este tiempo, el libro sigue siendo controversial.

Uno puede argumentar y refutar lo que sea sobre ese libro, con o sin razón, pero representa al zeitgeist de los chamos de 12 a16 en esos 1996-1998, más que cualquier otro libro venezolano de la época. Si no lo viviste, si no estaba al menos en tu periferia, vivías en otro planeta. A mí me sabe a 92.9, a Los Pericos, a Urbe y a verbena en el colegio y entiendo que esos puntos que le dan un “soft spot” para mí son enteramente subjetivos, pero le entiendes el valor al libro si lo agarras en contexto.

Mariela Teresita Díaz Romero
23 de agosto, 2016

Pienso como Yolanda Cazalis, que no existe mayor alboroto que la tristeza de los amigos de Rebolledo por haberlo perdido tan joven. Para mi es la clásica diatriba entre literatos y periodistas. Las buenas novelas las escriben los culturosos, las malas los periodistas. Novelas malas hay miles, y ¿cuál es el problema que Pin Pan Pun sea una de ellas? A pesar de eso, le gustó a mucha gente que se identificó con ella. La pregunta que me hago es que por qué si Calletania o Salsa y Control -que según Blanco son tan buenas- no han trascendido cómo si lo ha hecho Pin Pan Pun. Alomejor no tuvieron amigos periodistas como sí los tuvo y sigue teniendo Alejandro Rebolledo. El hecho de que la novela haya tenido trascendencia en los medios no quiere decir que haya sido buena ni un hito en la literatura venezolana. Pongamos las cosas en su lugar.

Carlos Crinigan
23 de agosto, 2016

Compadre usted no entendio na´de na´

Pascal delahaye
23 de agosto, 2016

Querido rodrigo. En tu artículo lo primero que noto a pesar que no lo quieras ver es envidia. Me imagino que tú tienes unos códigos que se tienen que cumplir para ser un escritor y como Rebolledo los rompios todos te molesta un poco el éxito que pudo haber tenido. Por otro lado tu más que nadie sabes lo difícil que es sacar una novela de tus entrañas y por más que sea se deberían guardar cierto respeto entre escritores, sinceramente no veo la necesidad de criticar a pocos días de su muerte un escritor que es tan venezolano como tu.Por último tu molestia debería ser con el mercado venezolano que acepto y logró conectar con “pim pum pam” porque Rebolledo no tiene la culpa que su novela haya cuajado con esa generacion.

Pino
23 de agosto, 2016

“verdadera literatura”. Yo que tú quitaría eso. Revela un conservadurismo que por favor. También me repensaría aquello de acusar que está mal escribir por encargo o por dinero, lo contrario, es un lujo que sólo se podían dar los profesores universitarios. La novela es mala. Es un libro que está bien si te gusta antes de los 20 y eres un idiota si ocurre después de los 30.

Andrés Schmucke
23 de agosto, 2016

¿Al final la función de un libro no es entretenernos, no es divertirnos, enseñarnos algo? A mi Pim Pam Pum me gustó, me hizo escapar de mi mundo por un rato, me hizo entrar en el mundo que Rebolledo describía y eso lo disfrute. No tuve la oportunidad de leer la novela cuando se estreno por más que me hubiera gustado, pero pude leer la reedición. Rebolledo quizás no sea la mejor pluma, quizás de no ser por Pim Pam Pum habría pasado sin pena ni gloría por la literatura venezolana, pero hay que darle crédito en algo, publicó un libro (bueno, malo, decadente, defectuoso, esa es la opinión de cada quien) y estoy seguro que ese libro hizo que quienes lo leyeran (en mayor o menor medida), se adentraran en ese mundo y por un instante olvidaran el propio… En mi modesta opinión esa es la función que debe cumplir un libro, porque entonces ¿para qué leemos? Saludos.

Marta Blanco
23 de agosto, 2016

Yo, la verdad, es que no he leído la novela, y este escrito no me anima a leerla. Si lei algunos artículos de Rebolledo. Si no te gusto Pim Pam Pum, ni Rebolledo es normal, lo que no me gusto es la contraparte, de decir que novelas de Earle Herera, Jose Roberto Duque (que reconozco que escribía muy bien o por lo menos a mi me gustaba) , son la otra cara de la moneda. Eso significa que no estaba tan mal, en reflejar una parte del país. Tampoco es elegante criticar a los que lo querían, cada quien tiene sus gustos.

Ivoly
23 de agosto, 2016

Shakespiere

¿Ser o no ser? Qué pregunta más boba Ser ¿no?

Alejandro Rebolledo. Romances del distroy

Daniel Sam
23 de agosto, 2016

AY POR FAVOR, pero qué intensidad es esta. Pin Pan Pun es una novela entretenida, la lees, te ries un rato, imaginas los personas y las situaciones y todo bien. TODA ESA PAJA que si le falta oralidad, que si los personajes blablabla, que si la narración blablabla… ¿qué importa? Es una novela entretenida, repito, te ríes un rato y ya. Si quieres leer novelas de otro tipo pues mira, hay miles más.

Me parece absurda toda esta criticadera. Al final la novela tuvo su momento, le gusto a uno, a otros no y ya. Pin Pan Pun cumplió su cometido: a alguien le gustó, se rió y de seguro la recomendó a sus amigos. Listo.

Marichina García Herrero
23 de agosto, 2016

Fue valiente, porque se atrevió a publicar, se lanzó al ruedo incierto de la literatura y soportó todo tipo de críticas, unas sinceras y otras muy almidonadas. Unas constructivas y otras muy crueles. ¿Cuántos chamos lo hacen? No muchos. Buena o mala, su obra trascendió entonces y además animó a otros jóvenes a escribir. A mí me gustó, pero no soy quién para criticarla, porque por puro cariño al autor, mi lectura estaba más que influenciada. Ahora bien, hacer comparaciones entre lo escrito por un joven recién fallecido y otro joven como José Roberto Duque (cuya obra me gusta por su agudo manejo de las palabras, mezcla de sátira con cierto cinismo) me parece un detalle innecesario e indecoroso.

Marichina García Herrero
23 de agosto, 2016

(…) No viene al caso comparar escritores ante la muerte de uno de ellos y de la natural exaltación de su persona cuando no le volveremos s ver… ni criticar a quienes opinan X o Y de la obra de X o de Y, porque eso son las opiniones: opiniones. No sentencias obligatorias. Son personales. Cada quien está en su real derecho de exaltar la obra de quién quiera. Así no nos guste. Y bueno, la verdad es que a ese lema de “pin, pun, pan, qué ladilla García Márquez” que por aquí menciona alguien, yo no lo recuerdo… pero me parece triste, como sin duda es triste eso de ser proclamado como el único nominado del premio Rómulo Gallegos que no leyó Doña Bárbara, lo cual, en su momento, parecía más un chiste (de muchachos) que la realidad. Lamento mucho la muerte de este joven. Amigo. Compañero. Nadie debería partir tan pronto.

Rodrigo Blanco
23 de agosto, 2016

Estimada Yolanda:

En ninguna parte hablo de “histeria colectiva” ni “así estamos como estamos”. Hablo del “milagro de la transubstanciación de las redes sociales”, que, no me lo vas a negar, es elegante. Igual tomo nota del comentario, pues siempre trato (no digo que lo logre) de cuidar la relación forma-contenido.

Estimada Mariela Teresita:

No me había fijado en lo de la relación narradores-periodistas. Quién sabe si hay algo de eso. Me gusta la idea de un inconsciente colectivo literario que los escritores y los periodistas encarnamos sin darnos cuenta.

Saludos.

Sebastián de la Nuez
23 de agosto, 2016

Boris, no fue conmigo y me dolió. Sal de tu plató y contéstale, que esto se va a poner bueno.

Marichina García Herrero
23 de agosto, 2016

Estimado Rodrigo: Me parece interesante tu artículo, sobre todo porque despierta en mí la curiosidad de revisar varias de tus citas. Gracias. Pero debo comentarte que yo si conocí al joven Rebolledo, cuando estudió conmigo en la UCV, y que, por fatuo que pareciera, era un muchacho con brillo propio. Bastaba urgar un poquito en la profundidad de su ser y no juzgar por las apariencias, tan sobre valoradas en esa época. Como tú comentas, la tuya es una opinión de un encuentro fugaz, y por lo tanto, es un poco superficial. Alejandro tenía lo suyo, era inteligente y sensible, además de ser una buena persona. En cuanto a su rebeldía, difiero de lo que sugieres al mencionar que no se oponía al sistema que criticó o que festejaba sus privilegios. El joven que yo conocí, festejaba la vida, no los privilegios en sí de la clase media, decadente o no, de su particular entorno. Y tuvo suficiente carisma para atraer la lectura de otros jóvenes de su generación.

David
23 de agosto, 2016

Respeto el punto de vista del autor Rodrigo Blanco Calderón y los que están en contra de él. Leí Pim Pam Pum porque escuché muchas veces que el libro era un clásico underground venezolano. Si bien no es una obra maestra, es una muestra del lado oscuro de una Caracas decadente (desde que tengo uso de memoria ha sido así). Ahora bien, el calificarla de pésima es no darle un mínimo de mérito, el cuál logró al llegarle a una buena cantidad de jóvenes venezolanos. Un problema que he podido notar en la literatura general es que los académicos parecen agentes de Wall Street, como explica en la película “The Big Short”, que se inventan cada cosa para que la gente no entienda de qué se trata las finanzas. Lo mismo sucede en la literatura y eso hace que la gente se aleje de ella. Por cierto, Asesinos Salvajes de Bolaños no pareció la mega novela. En un mundo donde todos somos diferentes cada quien tiene su gusto.

Francisco Alcala
23 de agosto, 2016

Héroes Post mortem. Steve Jobs.

Enrique
23 de agosto, 2016

Todo libro tiene su lector. Todo lector tiene su libro preferido. Es válido que un grupo de gente se identifique con la Caracas ochentosa, de Chacao y post punk. Otra se identificará con Salsa y el Control. Incluso otra con El vuelo de los avestruces de Boris. Y ellos, escribieron para esos lectores. Tú, Rodrigo, hoy escribes para los amantes de los palíndromos, de Darío Lancini. Definitivamente, tú nunca serás un lector de Pin Pan Pun, ni Rebolledo, donde quiera que esté se interesará por The Night. Pero hay algo muy muy cierto, si el libro fue creado para hacer polémica, con o sin campaña de publicidad, lo logró muy bien. Hasta después de muerto el autor. Bravo por eso.

MARIA GISELA
23 de agosto, 2016

Yo sí hablo desde la empatía. Esa Caracas contracultural de los 90 no solo engendró la ficción de Rebolledo y su utopía del Este, sino que emergió en un momento histórico en el cual la juventud clase media intelectual y ucevista irrumpió a través de una combinación política, artística y contestataria (Generación boba y superficial?, seguramente). La anécdota de la rumba y transgresión son solo una parte de la historia. De esta utopía (como toda utopía, nunca realizada) nacieron escritores, artístas, cineastas, profesores universitarios, todos dispersos por el mundo. Y de paso, muchos de los actuales políticos y ministros chavistas. Creo que hoy es válido preguntar ¿que quiso retratar Alejandro?¿que significó esa generación en un momento social y político limítrofe?. Por tanto, no califique la obra solo por su factura literaria, trate de descifrar la esencia social de una época intensa cuyo enorme potencial se volatilizó en un Pim, pam, pum.

mariahe pabón
24 de agosto, 2016

Por primera vez leo el mayor número de comentarios sobre elogiar o caerle a piedra a mi amigo Alejandro Rebolledo. Lo positivo de su libro es que lo hubieran leìdo miles de personas en su mayorìa jóvenes o bien escritores que a pesar de sus inspirados libros no tuvieron ni diez lectores en su tiempo.Yo lo leí en dos noches y me pareció divertido.Alejandro saltó de nuevo a la palestra pública por dejarse morir en un apartamento barcelonés y Rodrigo Blanco lo resucitó con un artículo que para nada me disgustó. Trabajé con Aejandro en Feriado y lo quise mucho. Hubiera gozado al leer los comentarios de que tanta gente variopinta y disímil se hubiera ocupado de un libro olvidado, cuando su proyecto era el de entrevistar a una poceta para que contara la historia de Caracas.

Rodrigo Blanco
24 de agosto, 2016

Estimado Enrique:

Concuerdo con todo lo que dices. Y así lo remarco un par de veces en el artículo: al final cada quien es libre de odiar o amar la novela. Por eso mi texto apunta a algo que me pareció más interesante destacar: el contexto de producción y recepción de la novela en los años 98, 99, y cómo se revelan allí algunas responsabilidades en el desastre que nos sobrevino después.

un saludo y gracias por comentar.

Luis C
24 de agosto, 2016

Me lei el artículo sólo porque creí que los recuerdos del 99 se refería a otra cosa. Como bien lo dice el autor , es su apinión a modo personal; pero hay gustos y colores y de alli parte si se convierte en el libro favorito de algunos o el rechazado por otros. yo lo buscaré porque me intriga que se hable de un escritor de la manera como la plantea usted Sr. Rodrigo. le daré Pin Pan Pun a una nueva lectura!

Rafael Osío Cabrices
24 de agosto, 2016

No conocí a Rebolledo ni he leído Pin Pam Pum. No voy a entrar en la discusión sobre la calidad de la novela. Pero estoy con Rodrigo en unas cuantas cosas esenciales: en que hubo otras novelas sobre Caracas en los 90, en que uno sí puede decir qué es bueno y qué es malo sin por eso ser un pedante que pontifica, en que uno sí puede decir que una novela sea mala aunque su autor haya muerto, y en que la frivolidad y la solidaridad automática reemplaza lo que debería ser crítica. Y no, publicar no es mérito suficiente ni veo por qué coño Rodrigo pueda sentir envidia por Pin Pam Pum. Yo soy el primero en reivindicar el derecho de mi generación a hacer sus propias cosas en su propio lenguaje, pero toda esa iconoclastia de no he leído a Gallegos me parece una tontería, en Venezuela y en cualquier lado.

Nene
24 de agosto, 2016

Hola Rodrigo,

Conozco el texto de Alejandro, pero tú me suenas a profesor probono de Icrea. Como estrategia de mercadeo personal, te la comiste con la táctica.

Hay música buena y la otra. Hay libros buenos y aquellos. Deja que la gente decida, crucifique, regale o recircule lo que literariamente le sirve o no. Creo que sí hay un discurso fantástico en lo escrito por Rebolledo en prensa y en su libro, que resulta más rescatable todavía cuando desde la convención social, la academia, uno de “los de siempre” saca su Félix Gonzalito para decir como doña “ay no, así no se escribe”.

Y mira, Caracas no es solo el oeste. Tampoco es solo el este, pero anota por ahí que de Petare a La Pastora se cuentan historias, que pueden resonar distinto y mejor en múltiples voces.

Adriana Ponte
24 de agosto, 2016

Esta opinión no es lamentable por lo que dice. Es al fin y al cabo, una opinión, una crítica. Es lamentable por la impertinencia de emitirla y publicarla cuando el cadaver de Rebolledo (a quien no conocí ni leí jamás) aún está tibio. El tino es también una forma de inteligencia.

Rodrigo Blanco
24 de agosto, 2016

Mariahe y Luis C:

Qué alegría leer sus comentarios. Quién dijo que mi texto impedía una nueva lectura de la novela? Que yo no tenga ni el tiempo ni las ganas, es otra cosa.

un abrazo.

@manuhel
24 de agosto, 2016

Si Rebolledo se la quiso dar de ESCRITOR, he ahí el detalle.

Pero si el escribió su “Pin pan pun” desde su modestia palestra y apuntando a un público que buscaba más entretenimiento que literatura, sin haber pasado por una escuela de letras ni haberse leído siquiera la mitad de los libros que se han leido escritores bien formados (y lo digo sin ironía) como Rodrigo, Willy, Miguel Gomes o Héctor Torres, eso es otra cosa.

Pin pan pun tuvo “punch” y eso se celebra. Creo que va a seguir pasando de mano en mano, entre jovenes de próximas generaciones; así como aquel libro “cuatro crimenes, cuatro poderes”; que a pesar de estar mal escrito uno siempre lo ve por ahí en estantes de los vecinos o a alguien leyéndolo en el metro o en un día cualquiera en autobus.

Jc
24 de agosto, 2016

¡No sea marico nadie!

Jonathan
24 de agosto, 2016

La crítica es tan pretenciosa que pasa por alto el hecho de que la novela nunca fue concebida erigirse como una representación exacta de “Caracas”. Es correcto estar de acuerdo que cada quien ve en Caracas una historia, un presente, un pasado y un futuro y en definitiva cada quien la vive de manera distinta, de allí que afirmar que algo representa mas o menos “Caracas”, no es mas que una ficción basada en la propia vida de quien opina y no llega a ser un basamento realmente concreto para desmerecer una obra.

Los autores de NY escriben novelas completamente basadas en el Upper East Side, en el Bronx o en Park Avenue y nadie las critica por estar situadas en un solo espacio de la compleja urbe, pero parece que aquí la “realidad” que ellos ven, perturba el valor artístico que puede tener una obra que le llegó a un sector y que ahora al desaparecer su autor, quiere ser justamente revindicada por ellos. Esas costuras se ven en las sentencias finales que son francamente lamentables.

Rafael Rivero
24 de agosto, 2016

Yo sí conocí a Alejandro Rebolledo. Fuimos amigos. No amigos del alma, pero hubo una época en que conversábamos mucho en el cafetín de la escuela de periodismo de la UCV. Él era una persona difícil, pero muy amigo de quien llegaba a conocerlo a fondo. Yo fui una de esas personas con quien se la llevaba bien. Y cuando salió su novela, le dije con sinceridad, aunque con cierta cautela, que no me gustaba. Comentario al que Alejandro no hizo caso sino que respondió con una mueca de desdén que le era muy característica. Yo lamento mucho su muerte prematura. Sin embargo, con toda honestidad, comparto todas las criticas de Rodrigo Blanco Calderón. Pim, Pam, Pum es una novela muy mala, indefendible desde ningún punto de vista. Y que le guste mucho a los más jóvenes entra en la lógica de las cosas. Es un texto muy infantil.

Iván.
24 de agosto, 2016

La parte sobre la diferencia entre una novela decadente y una novela sobre la decadencia me parece una manera interesante de abordar críticamente todo el fenómeno Pin Pan Pun, así como la parte sobre sobre “el impulso tanático de la frivolidad”. Sin embargo, esa lucidez crítica se pierde un poco al mezclarse con otras consideraciones menores que no suman nada argumentativamente sino que más bien restan, aunque ciertamente llaman la atención y provocan reacciones viscerales a favor y en contra. Yo como un lector cualquiera hubiera preferido honestamente que se profundizara más en esas ideas críticas, que al final son las que importan y vale la pena discutir.

Sandra
24 de agosto, 2016

Tanta polémica solo me provoca leer el libro, seguro ya no se consigue. Si alguien lo detesta tanto ¿lo vendería? Favor avisar por aquí.Gracias Un poco de mal gusto esta crítica a tan poquísimo tiempo de la muerte del autor

Amair
24 de agosto, 2016

Me conforta que haya voces, y voces respetadas como la de Rodrigo Blanco, que luchen contra las mentiras de los medios; el drama de los vanidosos que aprovechan las muertes para exhibirse antes que lamentarse; y la necesidad de sentir grandeza cuando somos un país tan pequeño.

Pin Pan Pun fue una novela mala y lo seguirá siendo. Y contra eso no escribe Rodrigo Blanco. Escribe contra las mentiras de Urbe, de la 92.9 y toda esa maquinaria absurda que se aprovechó de la adolescencia. Y que hoy quiere seguir mintiendo, llamando a Rebolledo un gran escritor.

Que los años no nos engañen, o terminaremos creyendo que antes del Chavismo todo era bueno. O terminarán creyendo, en 20 años, que Chávez fue lo mejor que le pasó a este país.

Saludos.

Rebo
24 de agosto, 2016

“Que no sea m.. nadie”

Beatriz Gomez Berroteran
24 de agosto, 2016

Yo creo que el momento perfecto para decir esto era en la reedicion del libro PPP. Ahora con el señor tibio en la hurna es un poco feo e innecesario.

Karol P
24 de agosto, 2016

No he leído la novela de Rebolledo pero como tu puntería en el “tiempo” es tan atinada, sutil y elegante… quizás quiera escribir sobre el trabajo y obra de Mercedes Pulido o de Yackeline Salazar o inclusive de Diego Montenegro. Adelante! todavía están tibiecitos!

Adrián
24 de agosto, 2016

Pienso que desprestigiar esta crítica por motivo de su cercanía con la muerte del autor es pura cursilería. Finalmente Rodrigo no está haciendo más que emitir un juicio crítico sobre la novela de Rebolledo.

Moisés
24 de agosto, 2016

Tuve la oportunidad de leerla cuando salió en 2010, desde un punto de vista totalmente ajeno al autor y a la época que intenta reflejar. Fue muy difícil terminarla. Sinceramente siento alivio de leer una crítica así en medio de tantas alabanzas hacia una novela que hasta hace un mes muy pocos recordaban, y que no debe ubicarse en el lugar que la están ubicando, por una cuestión de respeto a nuestra literatura. Si un grupo de una generación específica nos tienen que contar como era el autor y como vivía la fiesta para que enaltezcamos su única y simple obra, creo que ya hay un problema de base. Sería como enaltecer una novela de mi generación solo porque yo me siento participe de su ficción.

Carla Duarte Vidal
24 de agosto, 2016

Sería interesante leer las palabras de Vicente Lecuna sobre AR y Pin Pan Pun http://www.lustermagazine.com/juventud-eterna-alejandro-rebolledo/

Pedro Barreto
24 de agosto, 2016

Estimado señor Calderón: ¿Usted leyó Pin Pan Pun, novela que critica con tanta virulencia? Hay evidencia documental, producida por usted mismo que indica lo contrario. Respetuosamente, PBL

Aryam Elizabeth
25 de agosto, 2016

Yo tenía 12 años cuando salió la novela. Ya había coleccionado un montón de Urbes que bien me sirvieron de fondo para pintar mi cuarto sin manchar el piso. Dentro de los mismos semanarios había gente que escribía cosas más interesantes, más útiles para la reflexión o para la risa. Si algo queda claro es que algo había en todos estos textos de maquinaria-nita editorial: no reflejaban lo que significaba tener libertades en ese momento político ni lo que había pasado, ni lo que pasaría. Había esta capita Trainspotting por encima de todo que permitía un idiotismo narciso. Ese tengo el pelito verde, pero seguro todo va a estar mejor. Gracias, Rodrigo. Hace falta dejar de buscar nuevos ídolo en los funerales. Se volvió algo caraqueño y lamentable. Abrazos!

Juan Pablo Gómez
25 de agosto, 2016

Rodrigo Blanco dice: “no busco sino dejar un brevísimo testimonio personal de una época”. Y más adelante: “El hecho de que a mí Pin Pan Pun me parezca una novela mala, no implica que la discusión al respecto esté cerrada. La mía es simplemente una opinión, tan sustentable y debatible como cualquier otra. El problema surge cuando, por la conmoción de una muerte dolorosa, se quieren erigir héroes y gestas que no lo fueron”. Ambas frases blindan una opinión que es tan válida e interesante, como cualquier otra contraria que esté bien sustentada. Por cierto, comparto la opinión de Rodrigo. Y no he encontrado a nadie (no digo que no haya) que enumere las virtudes estéticas (o de cualquier otra índole) de Pin pan pun. Absurdo e innecesario tener que citar el artículo en un comentario al propio artículo, pero en vista de algunos comentarios previos, no lo es tanto. Hay que saber leer. Muy preocupante la postura reaccionaria frente a una opinión.

Samuelson
25 de agosto, 2016

Me parecen acertadas varias opiniones tuyas, Rodrigo. Ojalá, luego de casi dos décadas, cosas que señalas aquí no vuelvan a ocurrir con ningún autor.

Además: el año en que se publicó Pim Pam Pum salieron dos libros astronómicamente importantes, para los unders tanto como para frívolos y demás. La novels de José Pulido “Los mágicos” y el poemario “Descampado” de Eleazar León. Ambos saben que jode de la ciudad, de sus imágenes, de sus dolores.

Rafael S.
25 de agosto, 2016

Que un escritor tan erudito e ilustrado como usted gaste tiempo en Hablar de Alejandro Rebolledo lo hace rebajarse a la farándula de la que habla. Ya con este articulo entra usted en el mismo saco de esa Caracas del Este que tanto le duele. Bienvenido. Ah por cierto en épocas de Rebolledo la rumba de Caracas se extendía más allá de los confines del municipio Chacao y todos deambulábamos sin decir este es de aquí y este es de allá.

Pedro Barreto
25 de agosto, 2016

Blanco Calderón confunde éxito y cantidad con calidad, chisme con argumento, academia con conocimiento y personalidad con obra. Excluye referencias a una novela que ataca con virulencia. Se podría inferir que no recuerda el texto, que no lo leyó, o que lo leyó sin la atención requerida para atacarlo de esa manera. ¿Será posible que no haya leído la obra que critica con tamaño encono?

Ernesto Soltero
25 de agosto, 2016

Voy a ser objetivo. Nunca la he leído. Pero si la atacan unos y la defienden otros con tanto fervor, debe merecer la pena…

Cinzia Procopio
25 de agosto, 2016

Estimado Rodrigo

Excesivo encono hacia tu artículo. Leí 3/4 partes del libro, concuerdo con tu apreciación. No entro en los detalles personales porque no conocí al autor, y como lectora no me hacía falta.

Abrazos caraqueños

Joeif Duroim
25 de agosto, 2016

Yo todo lo que se es que a Alejandro le habría encantando este partido de tenis sobre su libro…las opiniones existen para que la gente las tenga y deben ser diferentes, para que sean entretenidas. A mí sólo me apena que alguien tan joven haya muerto. Para todo lo demás: aprovechemos antes que sea el primero de septiembre que pareciera que se acercara un fin de mundo.

David
26 de agosto, 2016

Lo más increible de este debate, es leer a profesores de la UCV renegando de personajes como Rama, para defender su decadencia forzada y estrictamente ligada a la corrupción noventosoadeca que representa Pim Pam Pum. Increible que para defender una novela me tengan que hablar de como vivía el autor y de la “Fiesta” de la República del Este. Mañana escribiré una novela sobre la fiesta en el centro de la ciudad, y mi defensa de la misma cuando alguien en la Escuela de Letras me diga que es mala, será que no la entiende porque no vive en la Avenida Urdaneta…

oscar medina
26 de agosto, 2016

leí pin pan pun cuando salió, pero eso no le importa a nadie.

creo que fue él mismo quien hizo una entrevista a una “autoridad” antidrogas y le preguntó si podía darse cuenta o no de que él había fumado monte antes de ir a la entrevista. ¿fue alejandro, cierto?

me gustó este texto de rodrigo, es su opinión y listo. y entre el fuego cruzado el comentario de mariahé pabón -quien me prestó un libro y nunca se lo devolví- es una maravilla.

Pablo
26 de agosto, 2016

La hipocresia de los que quieren destruir el artículo solamente porque Alejandro acaba de morir es preocupante. Les molesta una critica hacia alguien muerto (eso del cuerpo tibio es irrelevante ya que no hay un estado intermedio, estas vivo o muerto, da igual si esperas 10 años o un dia) pero no les molesta insultar a Rodrigo que esta en este mundo y siente. Llevense su moralismo a otro lugar.

Por otra parte cuántas veces hay que repetir: EL ARTICULO NO PRETENDE HACER UNA CRITICA DE PIN PAN PUN, lo que quiere criticar es que existen venezolanos, muchos lastimosamente, que les encanta aplaudir la mediocridad. En realidad la critica es hacia los lectores, no hacia Alejandro. Y el hecho de que si alguien murio eso no quiere decir que hizo bien su trabajo. Pero sigan sacando su veneno. Hace falta que de una vez por todas la farandula y la literatura se diferencien en el Pais.

Lauri F
26 de agosto, 2016

Una obra es mala, idependientemente que el auto este vivo o acabe de morir. No sea cursis con ese atrgumento.La novela es regularsona, tirando para mala, no merece una segunda lectura y de broma una primera por pura curiosidad. Es asi. Superenlo. Bien por Rodrigo Blanco que tiene la valentia de dar su opinión publicamente, sabiendo de antemano el ataque virulento que le venia por opinar distinto y no dejarse llevar por la masa “cool “

Rafael Castañeda
26 de agosto, 2016

Me pasa con los libros, lo que con la música. No soy crítico especializado. Sólo se si me gusta o no. En la época de Pin Pan Pun estaba en la Universidad y todos esos personajes, desde Omer hasta DJ Muu o el pana que vendía en plaza las Americas, eran las personas que veía. Creo que Rebolledo hizo dos cosas: lograr aún hoy ser polémico aún despues de 18 años y hacer que los intelectuales sigan nombrándolo. A mi si me da ladilla Romulo Gallegos. Sorry for that. “Que no sea marici nadie”.

Diego Arroyo Gil
26 de agosto, 2016

De acuerdo con Rafael Osío Cabrices y con Juan Pablo Gómez. (Y por cierto, no veo la pedantería de la que algunos afectados -ya parece un sindicato- acusan a Rodrigo).

Victoria I
26 de agosto, 2016

O sea amigos, que después de leer este artículo de opinión , así como los 70 y pico comentarios , no queda otra que entrar en una reflexión….El Autor del artículo logró su objetivo: enganchar al lector para acercarlo a su artículo; también despertó admiración, respeto y condolencias por el Autor del Libro ( es mi caso), con algunas excepciones muy subjetivas para desvalorizar al Autor del Libro y a su libro..lo cual me parece neolítico.. Y por último despertó interés en el LIBRO, ya que muchos no saben ( no sabemos), si es malo malo de verdad.. o bueno o medio bueno en el concepto más holístico que podamos imaginar al leer un libro, en un contexto histórico deferente al que vivimos hoy.. y por CONTRAULTIMO..invitamos al Autor del Artículo a revisar, POR CASUALIDAD.. aquella cartilla de los periodistas.. muy común en los pasillos universitarios: ¿COMO escribir mi propio artículo de Opinión?…ya que queremos Verlo de Nuevo por aquí . Saludos y Abajo Cadenas el 1 de Septiembre..

Leonardo Angulo Torres
26 de agosto, 2016

Rodrigo, en el 99′ faltó este artículo como profético no sólo de la literatura sino en lo que en cine, música y hasta en política nos dejó el siglo pasado. Me gusta la referencia de Jonathan Jakubowicz, que al igual que Rebolledo, observan desde su territorio a lo demás, a lo ajeno, tildándolo de una especie de fauna exótica que lo hace interesante, atractiva, lástima verlo todo desde ahí como sucede en otros términos recientes. Sin embargo, capaz tu cierre sea lapidario y triste para quienes compartimos tu postura: ya PPP dialoga con estas generaciones.

Luis Mancipe
26 de agosto, 2016

El artículo de Rodrigo es una crítica, que ciertamente se confiesa personal desde un principio, a la novela de Rebolledo, y ya eso es algo respetable, pues, entre tantos elogios a una obra que, al parecer, no ha sido bien defendida por sus seguidores, o no seriamente, aparece este comentario por demás muy bien sustentado. Rodrigo da sobre todo su opinión, y eso muchos lectores lo ignoraron. Rodrigo no está tratando de responder, como pretende José Calderón, porqué la novela le gusta a los “jóvenes” de hoy.

Luis Mancipe
26 de agosto, 2016

Quisiera leer, por otra parte, un artículo que diga porqué Pim Pam Pum es una buena novela.

Rodrigo Blanco
27 de agosto, 2016

Damas y caballeros, niños y niñas:

Les dejo un aporte de Arnaldo Valero, quien estudió la novela en caliente y además tiene datos interesantes. En un muro de FB, Valero hizo un resumen de algunas cosas que descubrió en aquel momento:

Valero confirma que:

1. PPP fue un encargo.

2. Fue redactada además a cuatro manos, pues el proyecto estuvo supervisado por Ewald Scharfenberg.

3. El final original era antichavista, pero al ver cómo Chávez empezó a repuntar en las encuestas, este fue modificado para evitar problemas.

Estos puntos son suficientes, creo, para demostrar el origen mercantilista y para nada contestatario, más bien acomodaticio, de la novela. Esto lo afirmo yo. No Arnaldo.

Lo interesante de la postura de Valero es que este origen “espurio” no le impide en su caso tener una lectura profundamente positiva de la novela de Rebolledo. Es decir, todos cabemos.

Aquí el link de su ensayo: http://www2.hu-berlin.de/francopolis/nfs/audiodt/1360/Pin%20Pan%20Pun.pdf

saludos

Vanessa
27 de agosto, 2016

La novela de Rebolledo fue publicada en el momento justo y exacto, con un buen nivel mkt underground, que al fin y al cabo no es otra cosa que mkt convencional. Rebolledo sin querer “queriendo” utilizó a sus amigos y conocidos, para lograr hacer eco de su libro. Claramente los jóvenes de hoy en día siguen identificándose con este libro, porque es para ellos y los no tan adolescentes que lo leyeron en su momento lo defienden a capa y espada, por la nostalgia que le genera. Más allá de esto, es un novela entretenida, sosa y mal escrita por un tipo que “entendía” la generación de los 90 y que sabía que con las palabras adecuadas, calaría en los adolescentes de un país en ruinas llamado Venezuela.

Vivian
27 de agosto, 2016

pues fíjese señor Rodrigo que aquí le dejaron un articulo. Mejor escrito y mejor argumentado que lo que usted escribió aquí: https://digopalabratxt.com/2016/08/26/la-insoportable-levedad-de-la-critica-por-maikel-ramirez/

Victoria I
27 de agosto, 2016

En la Novela de Rebolledo..*todos cabemos*..muy bien Rodrigo, me gusta ver el lado humano de un escritor…para que la parte mercantil, sólo se asome como un incidente necesario, de aquel istante, y desde luego para el logro de un fin, es decir, publicar un libro, tal vez raro y controversial o tal vez……….(???) , y que luego quede como herencia de un momento específico de nuestra acontecer citadino.. pre-rojo… Saludos y todos a leer Pin,Pan,Pum. !

Victoria I
27 de agosto, 2016

INSTANTE.. ( sorry )

Maria De Azcarate
27 de agosto, 2016

Excelente artículo Rodrigo. La verdad lo noto bastante ponderado y honesto. No comprendo la recepción apasionada que ha tenido, por no decir otra cosa. Me parece que diste en el clavo sin pretenderlo. Me leí Pim Pam Pum después de vieja y me pareció tal cual una novela decadente. Tal vez por eso tantas personas la defienden. Te felicito por tu valentía y por aguantar el chaparrón que se te vino encima.

Cruz Solviec
27 de agosto, 2016

Después de Francisco Massiani y su “Piedra de Mar”, el “Pin, pan, pun” de Rebolledo enfoca a la juventud caraqueña (nadie lo había hecho después de Pancho), así sea segmentada en un estrato social…aún conservo sus escritos en mis 40 URBES(periódico verdadero underground) que me sobreviven y otros tantos en “FERIADO”… ¡Alejandro grande!RIP(+) … ¡Yo también me ladille de Macondo!

Edgar Fuentes
28 de agosto, 2016

¿Nadie lee lo que escribió Rodrigo en los comentarios?

Rebolledo no escribió solo la novela, fue escrita a cuatro manos. Y el contenido antichavista que tenía fue eliminado para no meterse en problemas. No hay argumento posible que salve a Pim Pam Pum y sus defensores tendrán mucha verguenza después de leer esto:

http://www2.hu-berlin.de/francopolis/nfs/audiodt/1360/Pin%20Pan%20Pun.pdf

OT
28 de agosto, 2016

Rodrigo el troll. Caí. Muy buen análisis.

Frank
28 de agosto, 2016

No encuentro evidencia en el artìculo del Profesor Valero de ninguna de las cosas que el Sr. Blanco afirma.

Claro, esperar que Prodavinci publique este comentario es pedir peras al olmo…

Israel Rojas
29 de agosto, 2016

Señores, publiquemos los comentarios de este artículo y ya tenemos una novela colectiva; capaz nos ganamos el Premio Rómulo Gallegos entre todos.

Rodrigo, disfruté mucho tu artículo, me haya gustado o no PPP.

Ernesto Semidey
29 de agosto, 2016

Personalmente me gustaría felicitar a Prodavici por publicar este artículo que de entrada no era complaciente con todos los lectores. Aún hay esperanza.

Aryam Elizabeth
29 de agosto, 2016

¡Cuanta afectación! ¿Ya leyeron el artículo “mejor escrito y argumentado” del Sr. Maikel? Yo ya lo leí y no creo que en un buen argumento haya que empujar tantos adjetivos y pseudocitas para sonar atinado. Es simplemente fastidiiso. Y es una necedad querer darle esa dimensión Andy Warhol a lo que, respetuosamente, recordamos como un libro mercantilista y, de paso, malo. Será que lo válido para ellos es no respetar la memoria de la gente viva para hacer una aproximación tan escueta a lo que es un personalísimo punto de vista. Supongo que lo que les causa el ardor alcanforado es que el sentimiento sea tan popular en el ámbito de, las que me atrevo a llamar, las verdaderas letras.

David Rodriguez
29 de agosto, 2016

YA que usted hace mención de Jakubowicz Con Pum Pim Pam Pum en su momento sucedió algo similar a con secuestro express. A ambas se les intento etiquetar como obras definitorias de la cultura pop capitalina del underground nacional. Pin pam pum fue el intento Criollo de la trainspotting de Irvine Welsh criollo y Secuestro la obra “tarantiniesca” y ambas resultaron ser productos normales,a los cuales se le dieron la etiqueta de obras de “culto”

En lo personal nunca la concluí por que nunca me lleno leía me salteaba capítulos y los dejaba a medias en esa época me pareció que las historia contadas en pin pan pum podían vivirse o ser escuchadas en carne propia tomando un paseo por bellas artes/Ateneo, Mata de coco, Sabana grande callejón de la puñalada, CCCT (Paladium) o asistiendo a un centro de “maquinitas” vídeo juegos donde abundaban los personajes retratados en mayor o menor media que en la novela. Supongo que leerla hoy en día tal vez tendría otro efecto por referencia culturales o por puede que a alguien le produzca nostalgia

Diógenes Decambrí.
29 de agosto, 2016

Releo el artículo y los sopotocientos comentarios, a favor y en contra, y sigo -ahora más que antes- sin entender por qué eliminaron mi comentario, si el 24 de agosto apenas dije que “los comentarios de Mariahé y Rafael Osío Cabrices reflejan mejor mi posición en este tema”. Lo reitero hoy 29 de agosto.

Malala
31 de agosto, 2016

Disfruté la columna de Osío Cabrices tanto en mi adolescencia que inicié una búsqueda de autores venezolanos por sentirme comprendida y profundamente interesada en las formas de retratar nuestra realidad. Lloré con su última columna el 8 de octubre de 2012. Un par de años antes en una Feria del Libro en Mérida opté por comprar Los Latidos de Caracas de Gisela Kozak en lugar de Pim Pam Pum, sin tener acceso a más obras de esa autora que me encantó. El libro de Rebolledo llegó a mis manos hace poco más de un año, lo terminé agradada y sin quererlo devolver. Ahora espero por la oportunidad de hacerme con The Night.

Me sorprende verlos en este debate. Estos escritores son para mí figuras etéreas de cuyos personajes y cuya obra me adueño a tal punto que ya no importa su opinión, sino el significado que tuvieron en mi vida. Gracias a los escritores venezolanos, por estar presentes para acompañarnos en este caos. Y feliz viaje a Rebolledo, sin duda se nos adelantó en el camino.

Olimar
31 de agosto, 2016

¿Pin Pan Pun vs The Night?

RG
31 de agosto, 2016

Felicitaciones Rodrigo, excelente que salieras a desmitificar lo que los nostálgicos recuerdan a retazos y a los que ya quieren colocar al autor en un pedestal. Una “novela” pésima y a la cual quieren defender hablando de lo buen DJ que era Rebolledo. Leí la novela recién salida, fui victima del marketing de Urbe y no solo me pareció mala por mal escrita y por su impostura sino que me molestó haberme dejado influenciar por el marketing de la época. La novela es tan mala, que me hoy no recuerdo absolutamente nada de su contenido y como dije en otra página, esa Caracas se me hace tan lejana que me parezco al replicante interpretado por Rutger Hauer en Blade Runner: esos recuerdos se perderan como lagrimas en la lluvia. Gracias por tu excelente atículo y aquellos que dicen que el autor aun está tibio, vayan a rezarles novenas, ni que el hecho de haber muerto lo convirtiera en mejor escritor.

Mercedes Mendez Castro
1 de septiembre, 2016

…”Ni siquiera un libro de cuentos”… Como si escribir un libro de cuentos fuese un acto menor al de publicar una novela… Ahí me perdiste…

Rodrigo Blanco
2 de septiembre, 2016

Hola, Mercedes.

No fue en absoluto mi intención desmerecer el cuento. Releo la línea que señalas y tienes razón, pudiera interpretarse así. Lo decía pensando en que los escritores de finales de los noventa y de lo que va de este s. XXI han tenido en el cuento un modo de iniciación en la escritura. Iniciación que luego se sostiene, como lo reflejan las mejores antologías de cuentos en Venezuela.

saludos

jose
5 de septiembre, 2016

yo vivi en la cuarta de los palos grandes, tengo 50, no lei el libro, solo fragmentos y me dije !a quien se le ocurrió contar estos secretos¡. todos estos personajes existieron, cosas asi pasaron y peor.

Julio
17 de septiembre, 2016

Me parece que esta crítica está impulsada por un resentimiento personal. ¿Cúal es el problema que la temática sea las andanzas y desventuras de la generación de los 80s/90s del este caraqueño? Cada novela toca una temática diferente y para ser válida no tiene que involucrar al oeste y a las clases más bajas. Sí me parece un registro válido ya que en la movida del este caraqueño, describe casi exactamente lo que sucedio (yo nací en 1975 en Caracas y tuve la fortuna de ser amigo de Rebolledo). Es como criticar a Bolaño por Los Detectives Salvajes por no incluír a la clase baja del DF y solo mostrar la movida poética de los 70s entre las clases media altas. Entiendo que no te guste la novela, pero quitarle la trascendencia y el mérito que tiene es por algo personal.

Oscar
25 de septiembre, 2016

El que quiera o el que pueda permitirse su lectura, hágase de un ejemplar para su kindle ($3) o en papel ($10) si creen que vale la pena: https://www.amazon.com/gp/product/B00CXY6TDI/ref=oh_aui_d_detailpage_o00_?ie=UTF8&psc=1 A partir de esta discusión me entró la curiosidad, lo compré y descargué y debo confesar que hasta ahora lo estoy disfrutando. Esperaré a “The Night” en el mismo formato. Vale casi 15.000,00 y no llego. Percibo que el artículo, como resultado de los comentarios, se ha vuelto un ejercicio de comparación.

Jorge Blanco
17 de octubre, 2016

Saludos,

Llevo años fuera de Venezuela y es solo ahora que me acabo de enterar de que murió Alejandro Rebolledo. Nunca lo conocí ni tuve ningún tipo de relación con él, pero leí la novela y me parecía simplemente la edición escrita de una mala película venezolana. Si el escribir de esa forma te hace punk o irreverente pues creo que esos conceptos deben ser revisados. Me pareció una novela para carajitos incluso cuando yo mismo tenía 16 años. Incluso cuando viví toda mi vida en el este de caracas pensé que era de lo más trivial. Imagino que ahora que ha muerto las ventas de la novela se dispararán, como todo en Venezuela.

Remo Gallegos
30 de marzo, 2017

A Pim Pam Pum no le fue tan mal en su época porque tuvo tres ediciones: dos con Libros Urbe y una con Punto cero. Se leyó, se consumió y se olvidó como tantos productos de la culura de masas ¿quién lo niega? Lo que no entiendo cuál es el rollo con una novela que se vendió pero ahora es un vago recuerdo de cuarentones.

Habría que preguntarse si obras como “Los invencibles” o “Rosa la piñata” trasciendan màs allá de sus fantasías adultescentes o post rave de sus autores que nunca tuvieron esa maquinaria comercial de Urbe,que el calendario nos le dio para ser parte de esa pseudofactory, ese tinglado utilizado para obtener dinero para pagar la fuga a Nueva York de uds saben quien. “¿Alguna vez han tenido la sensación de ser estafados?” jajajaj Sex Pistols.

Javier
5 de septiembre, 2017

Yo tardé años en leerla, en buena medida por lo estúpido que me pareciò la manera en que se regodean con el supuesto hecho del autor no haber leído a Gallegos y optar por el Premio, la ignorancia por delante. Eos lo dijo aquella chica de Loquesea.com, con su pelo verde o rosado, no recuerdo. Por fin la leì, me pareciò entretenida y la he olvidado por completo casi 15 años después.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.