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¿Qué nos espera en salud para el 2016? Dengue, zica, malaria y algo más; por Julio Castro Méndez

Por Julio Castro Méndez | 29 de diciembre, 2015

Qué nos espera en salud para el 2016 Dengue, Zica, Malaria y algo más por Julio Castro Méndez 640

Éstas son las épocas donde agoreros, pronosticadores, visionarios, charlatanes, futurólogos y científicos intentar ver a través de sus conocimientos y pretenden uno de los deseos más persistentes de la humanidad: predecir el futuro.

Los científicos de diferentes ramas usamos la historia, los patrones previos y el conocimiento para intentar ver hacia delante. Y mientras más lejos, más difícil.

En lo que a enfermedades infecciosas se refiere, los avances en epidemiología, computación, matemática aplicada, métodos diagnósticos y otras áreas han permitido cerrar brechas que lograron atenuar el impacto de virus como H1N1, sarampión, chikungunya y algunos otros. Sin embargo, persisten algunos como ébola, tuberculosis y HIV sobre los cuales, a pesar de los conocimientos adquiridos, la humanidad está en desventaja y su transmisión persiste, siendo área de investigación.

Venezuela, en los actuales momentos, se inserta en un contexto para enfermedades infecciosas muy particular:

— Nuestra geografía tropical, temperatura, humedad, ciclos de lluvia y sequía, además de ser el inicio de la cintura de América y alcabala entre las selvas de Centro América y el pulmón vegetal del mundo en las riberas de los ríos Amazonas y Orinoco, buena parte de los virus y parásitos que padecemos tienen como hábitat natural estas zonas selváticas y se mueven de norte a sur (y viceversa) afectando a los humanos cercanos a ellas en diferentes proporciones. Para beneficio o perjuicio, casi ninguna de estas circunstancias son manipulables por el hombre.

— La facilidad y rapidez de trasporte aéreo en la mayoría de los países permitiría mover efectivamente a humanos o animales infectados a través de todo el orbe. Pero no es el caso de Venezuela.

— Nuestra capacidad de vigilancia epidemiológica, a través del boletín epidemiológico (cerrado por el gobierno central hace más de un año), se encuentra tremendamente mermada. Atinar en este mundo sin tener las alertas encendidas es ciertamente más riesgoso.

— El déficit de medicamentos (desde los sencillos hasta los complejos) pone un acento en la angustia de los pacientes. Cualquier situación de salud o epidemia se acrecienta cuando no tienes medicamentos que permitan al menos tratar los síntomas.

— La incapacidad de controlar los vectores, en especial Aedes aegypti, vector de dengue, chikungunya, zica, virus del Nilo Occidental (West Nile), encefalitis equina venezolana, fiebre amarilla y otros menos conocidos, ha sido un denominador común en Venezuela. Los datos oficiales (MPPS) revelan en promedio que 21% de los domicilios en nuestro país tienen Aedes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) usa como referencia permisible hasta 1% y valores de 5% sólo se han reportado asociado a epidemias de estas enfermedades. Cuando se observan las cifras de porcentaje de Aedes en América, los valores oscilan entre 3 a 11%, lo cual es una diferencia muy significativa comparada con el 21% de Venezuela. Es importante resaltar que el control del vector tiene una eficacia muy marginal (por no decir ninguna). Cuando se realiza en medio de una epidemia, las campañas de control de vector sólo son eficaces cuando se realizan sistemáticamente en el tiempo y con cobertura geográfica amplia, especialmente en zonas urbanas. Este factor puede ser uno de los más importantes para explicar la razón en las diferencias de casos vistos recientemente con chikungunya en las Américas (Venezuela y República Dominicana llevaron la peor parte), a pesar de que el virus circuló por casi todo el continente.

Para que estas enfermedades se produzcan y se extiendan hacen falta cuatro factores:

1. Virus circulante (Dengue, Chikungunya, Zica, West Nile)
2. Población susceptible (pacientes sin anticuerpos protectores, ya sea por vacuna o por enfermedad)
3. Vector distribuido por el país (Aedes)
4. Movilidad poblacional.

Entendiendo estos determinantes de diseminación, quienes ocupan los primeros lugares en el ranking para Venezuela serían dengue, zica, chikungunya, West Nile y fiebre amarilla, en ese orden. El dengue se encuentra en uno de los picos de un megaciclo desde 2007, más de 100.000 casos en el año 2010, 94.000 casos en 2014 más de 100.000 casos 2015 (Datos MPPS y algoritmos matemáticos).

El virus zica está circulando activamente en norte de Brasil, Colombia y Centro América. Ya la OMS reporta casos autóctonos en Venezuela (aunque las autoridades no lo han reportado a nivel local) y entendiendo que tenemos las cuatro condiciones para una expansión importante, no sería raro tener como protagonista al virus del zica para el 2016. Se trata de un virus con bajo potencial de enfermedad severa, pero ya en Brasil se ha reportado una complicación temible: microcefalia (cerebro de poco tamaño) en los niños nacidos de madres que padecieron la enfermedad.

El chikungunya ha presentado ciclos trienales en otras latitudes. Pareciera poco probable un gran brote de esta enfermedad en nuestro país dado el gran impacto reciente que tuvo. De hecho, ha seguido circulando de manera bastante discreta. West Nile ya ha sido descrito en casos humanos desde estados del sur de Estados Unidos hasta Venezuela. La mortalidad en aves y equinos ha sido un predictor importante de circulación del virus y desde 2006 no se ha visto actividad significativa en la región.

La fiebre amarilla es una enfermedad atemorizante debido a su potencial de actividad urbana con impacto masivo y aterrador. Esta enfermedad está precedida por mortalidad en primates en zonas selváticas, una de las variables monitoreadas por nuestro sistema de vigilancia, que en estos momentos está apagado, como ya explicamos. Ésta es una de las pocas enfermedades virales epidémicas prevenibles por vacuna.

El resto de enfermedades virales no trasmitidas por vectores pero trasmitidas persona-persona (sarampión, rubeola influenza, H1N1, varicela, etcétera) tienen una dinámica menos predecible, pero los niveles de vacunación en Venezuela (entre los peores de la región, según la OMS) no son buenas noticias. Y aquí de nuevo la opacidad de la información epidemiológica atenta contra el ciudadano común.

La malaria es una historia de vergüenza. No sólo de la región, también del mundo: sólo 2 países han retrocedido en la lucha contra la malaria y sólo uno en la región. Cerrar el 2015 con más de 100.000 casos nos regresa a números similares a los de la década de los 40. En sus mejores momentos, la malaria había sido controlada hasta números de pocos miles de casos en todo un año. No sólo el gran número de casos representa un riesgo: la capacidad de reactivación de focos que habían sido controlados desde hace muchos años pueden activarse de nuevo.

A pesar de que el origen de la gran mayoría de los casos de malaria se circunscriben a un solo municipio del estado Bolívar (Municipio Sifontes), un número importante de ellos han sido “exportados” a otros estados donde hay condiciones para generar focos secundarios, sitios que habían estado “apagados” desde hace decenas de años. Y estos nuevos focos pueden tardar hasta un lustro en controlarse, aún tomando las medidas necesarias desde ahora. Las consecuencias son fáciles de entender.

En conclusión, las enfermedades con potencial epidémico han estado, están y (por lo visto) seguirán estando allí.

La diferencia en el impacto que tendrán sobre la población la hace nuestro conocimiento de la enfermedad, la capacidad de combatirla y prevenirla y las herramientas que tienen los sistemas de salud: mientras más robustos sean estos sistemas, mayor capacidad de controlar o mitigar la enfermedad.

La introducción del virus zica como agente poco conocido con impacto moderado en términos poblacionales, además de la persistencia de gran número de casos de malaria y dengue, estaría en la lista de prioridades. Pero la debilidad en nuestro sistema de monitoreo de enfermedades, el deficiente número de cobertura de vacunas, la poca disponibilidad de medicamentos, las políticas cambiantes y erráticas de los entes gubernamentales y los agentes vivos circulando en la región no son buenas noticias para 2016.

Julio Castro Méndez es Médico Cirujano (UCV) con postgrados en Medicina Interna (UCV) e Infectología (Hospital Vargas de Caracas). Research Fellow en enfermedades infecciosas Deaconess Beth Israel Medical Center y maestría en bioestadística en Harvard School of Public Health. Profesor UCV.

Comentarios (1)

Irma Sànchez de Dìaz
29 de diciembre, 2015

Mi comentario es: que laS enfemedades, desgraciadamente seguiràn haciendo de las suyas, por la falta de control y de Medicinas, VACUNAS SOBRE TODO, hay que atacar el mal antes que llegue, pero creo, que seguiremos de mal a peor, no quiero ser pesimista, pero una Paìs sin dinero y sin potencial Cerebral, como estamos actualmente, no podemos echar hacia adelante la SALUD.El dinero està en varios bolsillos, no en presupuestos para los Hospitales, estamos quebrado, y un Paìs quebrado, es como cuando una Empresa quiebra, bajar la SANTA MARIA, da tristeza pero ese es el caso. ES TODO.

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